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04-may-2013
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LA MONJA SANTA
DE JESUCRISTO,
Ó SEA,
LA MONJA SANTA
POR MEDIO DE LAS VIRTUDES PROPIAS DE UNA RELIGIOSA.
OBRA COMPUESTA POR
S. ALFONSO MARÍA DE LIGORIO,
obispo de santa Águeda de los Godos, y Rector mayor de la Congregacion de]
Santísimo Bedentor:
cujas doctrinas son de grande utilidad espiritual. no solamente para
las religiosas y religiosos, sino tambien para los seglares. pues qne
en ellas se trata de la práctica de las virtudes cristianas, las qne
sabemos qne se dirigen á todos los estados y personas.
TRADUCIDA DEL OIUG1SAL ITALUDO POR
9. NARCISO DE «IIOÍJÍOS, Fimo.,
ex—catedrático titular de Latinidad, Betórica y Poética. vocal de la Subdelegacioo
Greco-Latina, y Sociedad de Amigos del país en la provincia de Jaen, etc.
«bb.csra asieses: t
AUMEKMDA
con la insercion dt todos los textos originales Minos.
TOMO I.
Con aprobacion del Ordinario.
BARCELONA:
IMPRENTA DE D. PABLO RIERA,
53.


Es propiedad de su editor D. Pablo Riera.
EL TRADUCTOR.
Convencido por una parte del grande interés que presenta al pueblo católico la obra inmortal escrita en su propio idioma italiano por su autor san Alfonso María de Ligorio, obispo de Santa Águeda de los Godos, y Rector mayor de la Congregacion del Santísimo Redentor, bajo el título de La verdadera Esposa de Jesucristo, ó sea, la Monja santa por medio de las virtudes propias de una religiosa; y por otra parte del grande aprecio y provecho espiritual con que se generaliza su lectura entre las almas piadosas de los españoles, he emprendido la tarea de presentar al público esta nueva version castellana de la misma obra. Mas deberé advertir, que habiéndome propuesto hacer una traduccion rigurosamente literal, para poder así ajustarme en lo mas posible á los sublimes conceptos del original , me han parecido convenientes para ello dos cosas, que en mi juicio podrán tambien contri
buir á perfeccionar algun tanto este mi trabajo, cuales son: la de copiar todos los textos originales en latin, y la de añadir sobre el mismo original algunos pocos términos en mi traduccion : lo primero, porque siendo esta obra para toda clase de personas, como indica su respetable autor, hay entre ellas muchas adornadas de competente instruccion, y gustan de leer el texto como se halla en el original. (Sin que esto pueda servir de obstáculo para los que no entiendan el latin, porque el mismo autor acostumbra, no solamente traducirlo, sino tambien comentarlo). Y lo segundo, porque llega á hacerse casi forzoso á veces el añadir alguna expresion, para dar mayor fuerza á los conceptos que han de expresarse bien en nuestro idioma. Ningun hombre docto ha podido poner en duda que una de aquellas producciones literarias que ha dado la prensa, no solamente de las mas piadosas, sino tambien de las mas instructivas en el camino de la perfeccion cristiana, lo es en verdad la presente de san Alfonso de Ligorio. Y aun me atreveré á decir que no ha salido hasta ahora un tratado mas propio y mas completo que este para poder conseguir la santificacion de las almas. Y bien puede asegurarse, que aun antes de recorrer sus páginas se podrá formar juicio favorable acerca de cuanto pueda decirse en su alabanza, con solo recordar, de un lado las relevantes prendas del Santo que la escribió, y de otro las muy interesantes materias que ella contiene. Diré en compendio que estas son la sencilla y patética explicacion de todas las virtudes cristianas que pueden perfeccionar y santificar á cualquiera clase de personas que tengan la feliz suerte de bailarse dispuestas á practicarlas. Pero como las 31. RR. monjas se encuentran en la mas ventajosa posicion de poder llegar á tan alto grado, por esa razon se contrae el digno autor á esta predilecta grey, tratando con tanta maestría, claridad y cristiana uncion unos puntos de tan celestial sublimidad evangélica, que no puede menos el piadoso lector de conmoverse mas ó menos, segun la disposicion de su corazon, conociendo desde luego los bellos y encantadores caracteres de la verdadera virtud, sin dejar al mismo tiempo (y esto es lo mas particular) de sentirse estimulado á seguirla y abrazarla segun y en los términos que lo permita el estado en que se encuentra. No hay persona verdaderamente sabia, en. la que por lo tanto debe estar radicado el temor de Dios, que no se persuada al leer esta obra, que su autor conocía muy bien los resortes del corazon humano, que estaba prácticamente instruido en el camino seguro de la perfeccion evangélica, y que llenó perfectamente su propósito, cual fue el dejar escritas unas reglas, cuyo exacto cumplimiento pudiese hacer santos á los que fuesen celosos observantes de ellas. Concluyo, pues, con las palabras del apóstol san Pablo: Que ni el que planta es algo, ni el que riega; sino Dios que da crecimiento. Ñeque qui plantat est aliquid, iteque qui rigat: sed qui incrementum dat, Leus1. Por lo tanto, ninguno de los bienes espirituales que me he propuesto podré conseguir con este trabajo, si Dios, único dador de todo don perfecto, no se digna valerse de él como de instrumento para dispensar sus di vinas bendiciones. Quiera el mismo Señor que estas sean tan copiosas para todos como yo deseo.
1 ladCorinth. m,7.
ADVERTENCIA
DEL AUTOR Á LOS LECTORES.
La presente obra, segun aparece, va dirigida principalmente á las monjas; pero debe advertirse, que omitiendo lo poco que con especialidad pertenece á las mismas religiosas, en todo lo demás tambien se dirige aun á los religiosos, con respecto á lo mucho que les interesa la observancia de los votos, la regular disciplina y la perfeccion del estado; y aun tambien va encaminada á los seglares, por lo mucho que les importa la práctica de las virtudes cristianas.
Al fln de cada instruccion he procurado que vayan oraciones entremezcladas con diversos afectos de devocion, sabiendo que esto agrada mucho á las religiosas que son amantes de la perfeccion : y en verdad que tienen razon para ello, como lo comprueba san Dionisio Areopagita diciendo: que el amor divino mas bien consiste en los afectos del corazon, que en los co
nocimienlos de la mente. En las otras ciencias humanas el conocimiento produce el amor, mas en la ciencia de los Santos sucede lo contrario, que el amor produce el conocimiento: aquel que ama mas á Dios, mas le conoce. Fuera de que, no ya los conocimientos, sino los afectos son los que propiamente nos unen á Dios, y nos enriquecen de méritos para la vida eterna.
PROTESTA DEL AUTOR.
Cumpliendo con el decreto de Urbano VII, yo protesto, que acerca de las cosas prodigiosas que hicieron algunos siervos y siervas del Señor, y que se referen en la presente obra, no pretendo se les preste mas fe que aquella que acostumbra darse á las historias fundadas bajo la simple autoridad humana; y que cuando doy á alguno de ellos el-título de Santo ó de Beato, no intento conferírselo con mayor certeza que la que es conforme á las costumbres y ala opinion de los hombres, exceptuando solamente aquellas cosas y personas que ya están aprobadas por la Santa Sede apostólica.
LA VERDADERA ESPOSA
DE JESUCRISTO.
CAPÍTULO I.
DE LAS EXCELENCIAS CON QUE SE HALLAN ADORNADAS LAS VÍRGENES QUE SE CONSAGRAN Á DIOS.
1 Aquellas vírgenes que tienen la dichosa suerte de dedicarse al amor de Jesucristo, consagrándole el cándido lirio de su pureza, se hacen con preferencia amables á los ojos de Dios, como le son amables al mismo Señor sus dignos Ángeles. Erunt sicut Angeli Dei in coelo \ Ved cuánto puede la preciosa virtud de la castidad. Por eso dice san Ambrosio, que el que llega á conservar esta celestial virtud es un ángel, y el que la pierde es un demonio: castitas Angelos facit: qui earn servavit, Angelus est; qui perdidü, diabolus \ Cuenta Baronio 3 que al tiempo de morir una doncellita llamada Jorgia, se vió que volaban al rededor de ella una gran multitud de palomas, las cuales, llevado que fue después á la iglesia su cuerpo exánime, se pu
1 Matth. Mu , 30. — » s. Ambr. 11b. I de Offlc. - 3 Anno 480, num. «, ln Compend.
sieron en el techo, perpendicularmente sobre aquella parte que correspondia al sitio del cadáver, y aun se vió que permanecieron allí hasta que la virgen fue enterrada: y dice que por todos los concurrentes se tuvieron por Ángeles á aquellas palomas, los cuales estuvieron haciendo la corte á aquel cuerpo virginal. Con razon, pues, se llama la virginidad virtud angelical y celestial; pues que, como asegura el mismo san Ambrosio , ella ha encontrado en el cielo aquello que debe imitar sobre la tierra, porque en verdad, allí ha podido hallar su propio ejercicio, mediante á que no se mira sino en el cielo á su verdadero Esposo: E coelo qccersimt, quod imitaretur in tenis: usum quMsivit in coelo, quae spotisum sibi invenit in codo *.
2 Además de esto, una virgen que dedica su virginidad á Jesucristo, se hace verdadera esposa de Jesucristo; por lo que el Apóstol, escribiendo á sus discípulos, no puso en duda el decirles: Despondivos uni viro mrginem castam exhibere Christo6. Yo he prometido á Jesucristo el presentarle vuestras almas como si fuesen otras tantas castas esposas. Y aun el mismo Jesucristo , en el Evangelio que trae la parábola de las vírgenes, quiere que se le dé el nombre de su esposo: Exierunt obmam sponso... Introierunt cum eo ad nuptias«. Por eso tambien nuestro Salvador, dirigiéndose á otras personas, quiere llamarse ya maestro, ya pastor ó ya padre; mas cuando se trata de las vírgenes , solo quiere que se le dé el nombre de esposo. T esto fue lo que movió á san Gregorio Nacianceno á escribir aquel noble verso: Castaque virginüas decoratur conjuge Christo. Y es de advertir que un tan sublime desposorio se verifica por medio de la fe. Sponsabo te mihi in fide7. Puede tambien añadirse que esta virtud de la virginidad ha sido merecida á los hombres especialmente por Jesucristo, y por eso se dice que las vírgenes siguen al Cordero: Sequuntur agnum, quocumque ierit8. Y la divina Madre, Nuestra Señora, se lo declaró áuna alma devota, que una esposa de su Hijo Jesucristo debe amar todas las virtudes; pero singularmente debe amarla pureza; porque esta es la que con particularidad la hace semejante á su divino Esposo. Tambien san Antonio de Padua asegura que aunque todas las almas justas son esposas del Señor, segun que ya lo habia dicho antes san Bernardo: Sponsae nos ipsi sumus, et omncs simul una sponsa, el animae singulorum quasisingulae sponsae9, lo son sin embargo particularmente las vírgenes que se han consagrado á Dios: Omnes animae sponsae sunt Christi, specialius tamen virgines10. Y por eso san Fulgencio no duda llamar á Jesucristo el Esposo de todas las sagradas vírgenes. Unus omnium sacrarurn virginum sponsus ".
3 Vamos á ver ahora lo que practica una doncella que quiere tomar estado en el mundo: lo primero que procura, si está adornada de la prudencia, es informarse con grande diligencia, quién sea entre aquellos que la pretenden el mas digno, y el que pueda hacerla mas feliz en este mundo. Pues tambien la religiosa al tiempo de hacer su profesion se desposa con el mismo Jesucristo: y así se lo previene el prelado, segun que se lee en el ceremonial de obispos: Yo te desposo con Jesucristo, el que te conserve sin alguna impureza. Recibe, pues, como suparte quiere ser servido, y regaña aun con palabras injuriosas, si advierte que sus disposiciones no se ejecutan con brevedad y á su gusto; por otra parte los criados trastornan la casa, ya con disputas y contiendas, ya con importunos altercados; los hijos, si son pequeños, unas veces lloran, otras molestan con repetidas impertinencias; y cuando después llegan á grandes, ocasionan disturbios, temores y amarguras aun mucho mayores, ó bien por las malas compañías con quienes se juntan, ó bien por los peligros que trae consigo la juventud, ó bien por las enfermedades que suelen experimentar en algunas ocasiones. Cercada, pues, esta pobre mujer de tantas atenciones y embrollos, ¿podrá dedicarse al santo ejercicio de la oracion y á procurar su interior recogimiento? Por lo que respecta á la sagrada Comunion, apenadle será permitido el ¡r á recibirla los domingos. Yo concedo que ella en medio de e^to se encuentre con los mejores deseos, pero le será moralmente imposible el atender con mayor frecuencia y eficacia á los beneficios de su alma. Es verdad tambien que podrá merecer delante de Dios con aquella misma privacion de arbitrios (de que carece para atender á las cosas espirituales), si sufre con paciencia y resignacion á la voluntad divina el hallarse en aquel infeliz estado de tanto desasosiego y sujecion; podrá merecer repito; mas en medio de tantos disturbios y distracciones, sin oracion,sin leccion espiritual y sin la frecuencia de Sacramentos, será muy difícil y cuási imposible que ella tenga estas virtudes de la santa paciencia y resignacion cristiana. 7 Mas, ¡ pluguiese á Dios que las pobres casadas no

experimentasen otro perjuicio mas que el de verse imposibilitadas de cumplir con sus devociones de orar con mas frecuencia y de comulgar mas á menudo! El mayor mal para ellas, es el gran peligro en que continuamente se hallan las infelices de perder su alma perdiendo la gracia de Dios. Porque ellas deben presentarse al público con igual aparato que las de su clase, deben pagar sus criados, deben mantenerla casa, deben conversar con diferentes personas en otras casas (á lo menos por la razon de visita); y aun en su propia casa deben rozarse precisamente con los padres, parientes y amigos de su marido. ¡Oh cuántos peligros de perder á Dios en tan repetidas ocasiones ! Esto no lo entienden las doncellas, pero muy bien que Jo saben las casadas, las que por experiencia lamentan tan continuos peligros; y bien que lo saben tambien los confesores que en el confesonario las escuchan.
8 Dejemos ya, pues, aparte la vida miserablemente infeliz que sufren todas las casadas; y digo todas sin hacer excepcion. Porque yo mismo, que en tantos años ne oido las confesiones de infinitas mujeres que han tomado este estado, no solamente nobles, sino tambien plebeyas, no me acuerdo de haber encontrado una sola que esté contenta con su suerte. Malos tratamientos de sus maridos, sinsabores de sus hijos, necesidades de la casa, sujecion ó falta de libertad con los suegros y cuñados, dolores de parto (á los que va siempre acompañado el peligro de la muerte), celos de su esposo, escrúpulos y angustias de conciencia acerca de la necesidad de evitar las ocasiones, y en
órden á la educacion de los hijos: todo esto forma una horrorosa y continua tempestad de conciencia, en la que viven las pobres casadas, siempre gimiendo y lamentándose consigo mismas, por haber elegido de su propia voluntad un estado tan infeliz: y no permita Dios que agitadas con tan furiosa tempestad, no lleguen á ver tambien perdida su alma; y de esta manera tengan la desgracia de sufrir un infierno en esta vida, y después vayan á sufrir otro en la eternidad. Hé aquí la bella suerte que se procuran y en la que se encuentran, por su propio querer, aquellas doncellas que han querido seguir al mundo. Mas ¿qué es esto? replicará alguna; ¿por ventura entre todas las mujeres casadas no podrá hallarse alguna que sea santa? Yo respondo que sí, que se encontrará alguna que otra, pero ¿quién será? aquella que llegue a santificarse entre todos estos martirios, sufriéndolos todos ellos por Dios, con una paciencia inalterable, y ofreciéndolo tambien todo al mismo Señor, no solamente con paz de conciencia y en su amor, sino tambien sin inquietarse. Mas ¿cuántas casadas se encuentran adornadas de esta perfeccion? Es verdad que vemos alguna que otra; pero tan escasas como las moscas blancas. Y es de advertir, que aun estas pocas que hay no dejan de arrepentirse continuamente y llorar de sentimiento por haberse entregado al mundo, considerando que ellas podian haber consagrado su virginidad á Jesucristo, y ofrecídose del todo á Dios, con lo que ciertamente vivirían contentas (*).
(") Habiendo llegado á entender que algunas expresiones que aparecen en estos últimos números del presente capitulo


9 Por lo tanto, la verdadera fortuna y el estado mas sublime y feliz, es ciertamente el de aquellas doncellas , que habiendo renunciado al mundo , se consagran á Jesucristo, y enteramente se dedican á su divino amor. Ellas se ven libres de aquellos peligros en los cuales, por necesidad, se encuentran las casadas. Ellas tampoco se hallan ligadas con los afectos á
han dado margen á interpretaciones, que ni son muy ventajosas para el estado del matrimonio, ni tampoco para el buen espíritu con que su digno Autor hubo de escribirlas, me ha parecido conveniente formar de ellas una clausula, y despues explanar su verdadero sentido. La cláusula, pues, de las tales expresiones, y que sin duda parece á primera vista algo avanzada, viene á ser la siguiente: Todas las catadas están descontentas con su estado, y aun las que viven en el con perfeccion, se arrepienten de haberlo tomado, y sienten no haber abrazado la vida religiosa;porque es casi imposible que entre tantas atenciones domesticas se dediquen con libertad á los ejercicios espirituales. Y aunque pudiera salvarse cualquiera disonancia en las antedichas espresiones por la figura hiperbole, yo quiero además, como llevo indicado, hacer algunas reflexiones acerca de esto, sentando antes dos proposiciones innegables. La primera, y que siendo de fe no admite replica, que el estado de la virginidad es superior al del matrimonio. La segunda, que uno de los principales caracteres de la verdadera virtud es aspirar siempre á lo mas perfecto de ella, doliendose extremadamente el alma fervorosa cuando no puede abrazarlo. De aquí ha provenido en todos tiempos aquel noble padecimiento interior de los Santos, cuando imposibilitados, por seguir primero la obediencia de sus confesores ó por su ineptitud, consideraban no poder hacer grandes peregrinaciones, excesivas penitencias y hasta sufrir muchas veces el martirio; cuyos sentimientos han sido siempre hijos de aquella sed misteriosa de padecer mas por los hombres con que espiró en la cruz el Redentor del mundo. Bajo de este concepto, ¿que los hijos, ni á ningun otro hombre de la tierra; y mucho menos obcecadas con las joyas, con los trajes, ni con otras vanidades propias de las mujeres; porque con respecto á las casadas, necesitan de ricos vestidos y adornos, no solamente para presentarse ante las de su clase, sino tambien para complacer á sus maridos; mas una virgen consagrada á Jesucristo tiene lo bas

extraño podrá parecer que las mujeres casadas, y mayormente virtuosas, no sientan de continuo el no haber abrazado el estado de religiosas para haber podido tambien de este modo entregarse con mayor perfeccion al servicio de Dios? Y no quiere decir esto que estas almas hayan dejado de conocer que en el estado conyugal podían muy bien santificarse. como con efecto se han justificado; ni mucho menos debe entenderse este sentimiento, que experimentaban con las graves cargas del matrimonio un pesar mundano, acompañado del furor y despecho, sino un padecer amoroso, aunque fuerte como la misma muerte, por no poder servir á Dios con mayor perfeccion, cuyo sentimiento es de mucho agrado ante su divina presencia. Por otra parte, san Alfonso de Ligorio dirigía estas palabras exclusivamente á las reverendas monjas, con el honesto fin de que, conociendo el gran beneficio de la Providencia en haberlas llamado á la clausura, no solamente estuviesen contentas con su suerte, sino que tambien le diesen repetidas gracias por ella. Y nadie podrá dudar que siendo muy distinto en un discurso el contraerse á una clase determinada de personas, y el dirigir la palabra en general á otros estados, no se hubiera expresado el Santo en aquellos terminos hablando tambien con las mujeres casadas; y que por el contrario, hallándose en el caso de aconsejar á estas en particular, les hubiera dicho los infinitos beneficios que ocasiona á la sociedad el estado del matrimonio, habiendo sido tambien elevado por nuestro Salvador Jesucristo á uno de los siete Sacramentos de la Iglesia, distinguido despues por el santo Apóstol con el epíteto de grande, etc., etc. verdadera esposa, el anillo de la fe, para que sirviéndole fielmente en esta vida, seas coronada en la eterna. Preguntémosle, pues, á la Esposa del sagrado libro de los Cantares acerca de este divino Esposo, pues ella bien sabe quién es, y está bien enterada de todas sus bellas cualidades. Díme tú, ó sagrada esposa, ¿quién es tu amado, aquel que con preferencia á cualquier otro objeto, es el único digno de tu amor y de tu alegría, y el que te hace la mas afortunada de todas las mujeres? Qualis est dilectas tuus ex dilecto, ó pulcherrima mulierum1*? A cuya pregunta ella responde: Dilectus meus candidus et rubicundus electus exmillibus ". Mi amado, dice ella, es todo cándido por su inocencia, y tambien al mismo tiempo es todo rubicundo, por el amor con que se halla inflamado para con sus esposas: él es en suma, tan hermoso, tan perfecto en todas las virtudes, y asimismo tan cortés y tan afable, que entre todos los esposos no hay ciertamente alguno que sea ni pueda ser mas digno y mas amable que él. Illo nihil gbriosius, dice san Euquerio, nihilpulchrius, nihil magnificentius. Entiendan, pues, escribe san Ignacio mártir, aquellas vírgenes, ciertamente bienaventuradas por haberse consagrado á Jesucristo, entiendan, repito, que ellas han tenido la feliz suerte de lograr un esposo, que ni en el cielo ni en la tierra podrán jamás encontrar otro
'Oseae, it, 20. — « Apoc. xiv, 4. — "Serm. 2, In Dom. I post Bpiph. — ioS.Ant. Pad.Serm.de Vlrt. - » S.Fulg.ep.3,c.4.
i» Cant. v, 9,10. — » IMd. 10.

que sea tan bello, tan noble, tan rico y tan amable: Virgines agnoscant, cui se consecrarunt, sponso nimirum speciosissimo, nobüissimo, opulentissimo; amabiliorem nec in coelo, nec in tenis invertire numquam poterunt".
4 Convencida de estas verdades la beata Clara de Montefalco decia, que amaba tanto su virginidad, que estaña contenta con padecer las penas del infierno por toda su vida antes que perderla. Por eso tuvo tambien razon la gloriosa doncellita santa Inés, segun que refiere san Ambrosio, de responder, cuando le ofrecieron por esposo al hijo del Prefecto de Roma, que ella habia encontrado ya un esposo mucho mejor. Sponsum offertis? meliorern reperi. Esto mismo respondió santa Domitila, sobrina del emperador Domiciano, á ciertas mujeres, las cuales querian persuadirla á que se desposase con el conde Aureliano, diciéndole á este fin, que bien podia hacerlo sin detrimento de su conciencia, mediante á que, aunque él fuese gentil estaba convenido en que ella permaneciese cristiana. Decidme, pues, respondió la Santa, si á una doncella le presentasen por esposo á un monarca y á un aldeano, ¿á cual de los dos elegiría? Para casarme yo con Aureliano, tendría que renunciar las bodas del Rey de los cielos: y el hacer esto ¿no seria en mí una locura? Decidle por lo tanto á Aureliano que no me pretenda. Y fue tanta la constancia que tuvo en conservarse fiel á Jesucristo, á quien habia consagrado su virginidad, que por no perderla prefirió el ser quemada viva, muriendo entre las lla
11 S Ign. Mart. Ep. ad Antioc.
mas por órden de su bárbaro amante 1B. Esto mismo respondió la virgen santa Susana, cuando le llevaron la embajada del emperador Diocleciano, diciéndole, que trataba de hacerla emperatriz, desposándola con su yerno Maximino, á quien él había ya elevado á la dignidad de César "1; por lo que el Emperador irritado mandó que le quitasen la vida. A semejanza de lo dicho tambien otras santas vírgenes despreciaron á los monarcas por desposarse con Jesucristo: y la beata Juana, infanta de Portugal, desechó al rey de Francia Luis XI; la beata Inés desechó tambien al emperador Fernando II; Elisabet hija del rey de Hungría, heredera del reino, despreció igualmente el enlace con D. Enrique, archiduque de Austria, y por el mismo órden otras castas doncellas hicieron otro tanto.
5 Podemos aquí tambien añadir, que aquella virgen que se consagra á Jesucristo se hace toda de Dios, no solamente con el alma sino tambien con el cuerpo. Y esto puntualmente fue lo que expresó san Pablo cuando dijo: Mulier innupta eí virgo cogitat quae Domini sunt, ut sit sancta corpore, etspiritu; quaeautem nupta est, cogitat quae sunt mundi, et quonwdo placeat viroií. La virgen que ya se ha consagrado á Dios, no piensa sino en Dios y en ser toda de Dios; mas por el contrario, la mujer casada, perteneciendo al mundo, no puede dejar de pensar en el mundo, y dedicarse á complacer á su marido. A este fin añade el mismo santo Apóstol: Porro hoc adutilitatemvestramdico... idquod honestum est, et quod fwultatem praebeat sitie impedí
1« Crolsset á l2 de mayo. - >« ídem á 11 de agosto. — »* I Corinth. vii, 34.
menlo Dominum obsecrandi. Y así es que las pobres casadas tienen muchos impedimentos para hacerse santas ; siendo de notar que estos son tanto mayores, cuanto mas elevado es el rango á que ellas pertenecen en el mundo.
6 Para hacerse santa una mujer cualquiera, es necesario que adopte aquellos medios propios para ello, es decir, es menester que frecuente los Sacramentos, que dedique muchos ratos á la oracion mental, que practique muchas mortificaciones interior y exteriormente , que ame los desprecios, la humillacion y la pobreza; en suma, que se dedique enteramente á discurrir todos aquellos medios para los cuales pueda agradar á Dios; y por lo tanto es tambien preciso que ella esté desprendida del mundo, de todos sus respetos , de todos sus compromisos y de todos sus intereses. Mas ¿qué tiempo, qué oportunidad, qué proporcion , qué recogimiento puede tener una mujer casada para estar continuamente aplicada á las cosas de Dios? Nupta cogitat quae suní mundi. Ella debe discurrir sobre el modo de proveer á su familia, de educar á sus hijos, de complacer á su marido, y á todos los parientes que él tiene, como son padres y hermanos; los cuales acaso le sirvan de mas entorpecimiento que su marido; por todo lo cual, como asegurad mismo Apóstol, su corazon deberá estar dividido, repartiendo el amor entre el marido, los hijos y Dios. Porque ¿ qué tiempo puede tener una mujer casada para dedicar muchos ratos á la oracion ni para comulgar con frecuencia , si aun no tiene el tiempo necesario para atender á las necesidades de su casa? El marido por una tomo con un hábito para cubrir sus carnes, y por lo tanto, ella misma serviría de escándalo, si tratara de adornarse, y de manifestar vanidad en el pobre vestido de que usa. Además de esto, las sagradas vírgenes no tienen cuidados ni de casa, ni de hijos, ni de marido; pues que todo su pensamiento y su cuidado es el de solo agradar á Jesucristo, al que han consagrado gustosamente su alma, su cuerpo y todo su corazon. Ellas están libres de respetos humanos, de la sujecion que traen consigo el siglo y los parientes; y en una.palabra, están distantes del bullicio del mundo; por lo que tienen mas oportunidad y mas tiempo para frecuentar la sagrada comunion, para dedicarse á la oracion, y para leer libros devotos; y aun tienen el entendimiento mas desembarazado para ocuparlo en el bien del alma, y para estar recogidas y unidas con su Dios: Quae enim est virgo, diceTeodoreto, ab inutilibus cogitationibus liberam habet animam. Por este motivo, la virgen no tiene otra cosa que hacer, sino conversar de continuo y familiarmente con Dios. Y esto puntualmente significa, segun la opinion de Ecumemo, aquello que escribió el Apóstol cuando dijo: Utsit sancta corpore, et spiritu: Y continúa el antedicho intérprete haciendo esta explicacion: Corpore sancta propter castitatem, spiritu sancta propter familiar itatem cum Deo. Aunque las vírgenes, según afirma san Anselmo , no tuviesen ningun otro premio que esperar, debería bastarles para su satisfaccion, la ventaja sola de estar libres de los cuidados del mundo, para pensar solamente en Dios: Si nulla merces amplior virginem sequeretur, sufliceret haec sola praelatio •
cogitat quae Domini sunt'S. Y después añade el mismo Santo, que las vírgenes consagradas á Dios, no solamente habrán de tener una grande gloria en el cielo, sino que tambien aun en este mundo disfrutan ya de una paz continuada, como premio anticipado: Non solum in futuro saeculo gloriam, sed et in praesenti requiem habet virginitas".
10 Las sagradas vírgenes que se dedican enteramente á la perfeccion, son con preferencia las amadas de Jesucristo; por cuanto ellas le tienen ya consagrada su alma y su cuerpo , y no atienden en esta vida á otra cosa sino á complacerle. En confirmacion de esto sabemos que san Juan Apóstol tuvo por sobrenombre , el amado de Jesucristo, por ser virgen: Quem diligebat Jesus ". Por eso canta la Iglesia en su elogio: Virgo est dectus a Domino, atque inter ceteros magis dilectas ". Tambien se llaman las vírgenes, las primicias de Dios: Virgims enim sunt. Hi sequuntur agnum quocumque ierit. Hi empti sunt ex hominibus, primitiae Deo, etAgno". ¿Y qué motivo puede haber para que las vírgenes se llamen las primicias de Dios? A esto contesta Hugo cardenal diciendo: porque así como los primeros frutos son los mas apreciables á los hombres: Sicut primitiae fructuum delectabiliores sunt; así tambien las vírgenes consagradas á Dios es lo mas agradable y lo mas amado del mismo Señor.
11 Se dice además de esto en la sagrada Escritura, que el divino Esposo se apacienta entre las azucenas ó los lirios: Qui pascitur inter lilia ". Y estas azucenas
«8 S. Anselm. in I Cor. Vh. — '» Loc. Cit. — *1 Joan. xm, 83. — 11 In die 11 decem. Resp. noct. I. - » Apoc. Iit, 4. — » Cant. i, 16.
no son otra cosa que las vírgenes que conservan su pureza para agradar á Dios. Escribe un sagrado intérprete acerca de este lugar de los Cánticos, que así como el demonio se ceba con las inmundicias de la impureza; así Jesucristo se alimenta de las azucenas de la castidad: Sicut diabolus coeno libidinissagimtur, ita Chrisíus castimoniae liliis pascitur. Y el venerable Beda asegura que el canto de las vírgenes santas agrada mas al divino Cordero, que el canto de todos los demás Santos: Canlus a mrginibus modulati suaviorem Agnoharrnoniam e/fidunt, quam si omnes alii sancti caliere contenderent *.*. Pero lo que mas engrandece sobre todo á esta virtud de la virginidad, es el que, segun afirma el Espíritu Santo, no hay alabanzas bastantes para explicar el valor de ella: Non est digna ponderatio conlinentis animae ". Y por eso dice el cardenal Hugo, que en los otros votos se concede dispensa, mas no se alcanza acerca del voto de virginidad; y no es otra la causa, sino la de que para el precio de la virginidad no se encuentra otra cosa que moralmente pueda equilibrarlo: Inde est quod voturn continentiae non habet dispensationem, guia non habet compensationem. Muy bien que dió á entender esto mismo la santísima Virgen María con aquellas misteriosas palabras con que respondió al Arcángel: Quomodo fiet istud, quoniam virum non cognosco íe? manifestando con esto, que ella estaba pronta á renunciar la dignidad de Madre de Dios, antes que renunciar el precio de su virginidad. 12 Dice tambien san Ci priano que la virginidad es Ji Berta in Ap. xiv, 4. - "Eccl. vi, 13. — « Luc. i.»
la reina de todas la virtudes, como tambien la pose'sion de todos los bienes: Virginitas est regina virtutum, possessio omnium bonorurn ". Y tratando san Efren de la virginidad, escribe diciendo: Hanc si arnaveris, a Domino in omnibus prosperaberis 8s. Las vírgenes que se conservan intactas por Jesucristo son en todas las cosas favorecidas por él. A lo que añade san Bernardino de Sena, que la virginidad dispone el alma bien para que vea por medio de la fe á su Esposo divino en esta vida, y para que después lo goce por medio de la gloria en la eternidad: Virginitas praeparat animam ad videndum in praesenti Jesum Sponsum per fidem, et in futuro per gloriam. ¡ Ó qué gloria tan inmensa la que prepara Jesucristo en el paraíso á aquellas sus esposas que en este mundo le han consagrado su virginidad! A la gran sierva de Dios Lucrecia Orsini le permititó ver el mismo Señor el lugar tan sublime en que se hallan colocadas las doncellas que consagran á Jesucristo esta apreciable joya; por lo que después ella exclamaba: ¡Oh, cuan amables son las vírgenes para Dios y para María! Los doctores tambien enseñan en comprobacion de esto mismo, que las vírgenes están condecoradas en el cielo con una lauréola, la que consiste en una especial corona de honor y de gozo. Y por esto, hablando de las vírgenes, se dice en el Apocalipsis: Et nemo poterat dicere canticum-, nisi illa centum quadraginia quatuor millia, qui empti sunt de terra*9. Y comentando este sagrado texto san Agustín dice, que aquellos gozos inefables que Jesucristo concede á las
"S. Cypr. de virginitate. — *«Ve virtute, cap. 9. - «Apoc.
x1T.3.



vírgenes no se les permiten á las demás Santas que no le han conservado la virginidad. Gaudia propria virginum Christi non sunt eadem non virginum quamms Christi, nam sunt alia.
13 Mas para que una doncella llegue á ser santa y por consiguiente verdadera esposa de Jesucristo, no es lo bastante que ella sea virgen, sino que tambien es preciso que al mismo tiempo sea una virgen prudente, y que, como las que refiere el santo Evangelio, tenga el aceite necesario en la lámpara de su corazon para que esté siempre encendido en el amor divino hácia su Esposo. Las doncellas necias, aunque eran tambien vírgenes, por cuanto se descuidaron en hacer con tiempo prevencion de aceite, aunque quisieron entrar en la sala de las bodas, no fueron admitidas por el divino Esposo, que les respondió desde adentro: Nescio vos 30. Una virgen, pues, que quiere ser verdadera esposa del Redentor, no debe tener en este mundo ni mas cuidado ni mas pensamiento que el de amar y agradar á Jesucristo. De este mismo Salvador divino dice san Bernardo, que siendo Nuestro Señor, quiere de nosotros ser temido: que haciéndose tambien nuestro padre, quiere que le tributemos el honor debido; pero que constituyéndose, ó cuando toma el carácter de esposo, entonces solamente quiere ser amado. Si Sponsum se exhibeat, mutabit tocan et dicet: Si ego sponsus, ubi est amor meus? Exigit ergo Deus timen ut Dominus, honorariut Pater, ut Sponsus amari*1.
14 Aquí es necesario advertir, que para que esta virgen de que hablamos llegue á ser fiel en amar á su Esposo como debe, y á conservarle intacta la bella azucena de su virginidad, es necesario que adoptelos medios conducentes á tan altos fines. Estos medios son principalmente la oracion, la comunion, la mortificacion y el retiro. Y aunque acerca de ellos se tratará con extension en el contenido de esta obra, sin embargo será conveniente que ahora digamos alguna cosa de sus excelencias. El primer medio, como queda indicado, para amar á Jesucristo es la oracion mental. Esta puede asegurarse que es aquella feliz hoguera, en la que se inflama el alma devota en el amor divino: In meditatione mea exardescet ignis ". Además de que, en las tentaciones contra la pureza, es necesario acudir inmediatamente á Dios, invocando su auxilio por medio de la oracion. Por eso decia la venerable sor Cecilia Castelli: Sin la oracion no se conserva la pureza. Y aun antes que ella, ya lo habia dicho tambien Salomon: Et ut scim quoniam aliter non possem esse continens, nisi Deus det... adii Dominum **. El segundo medio es la sagrada Comunion. Esta es la bodega, segun afirma san Buenaventura, en la que el Rey de los cielos introduce sus esposas, y en la que ordena en sus corazones la santa caridad, para que amen al prójimo como á sí mismas, y á Dios sobre todas las cosas. El tercer medio es la mortificacion: Sicut lilium inter spinas, sic arnica mea inter filias »*. Así como la azucena se conserva entre las espinas, así tambien una virgen no podrá mantenerse pura, sino con la mortificacion. Lo mismo decia santa María Magdalena de Pazzis en la expresion siguiente: La castidad no florece sino entre
3*Psalm. xxxvm,i. - u Sap. vin, 22. - "Cantil, l.

las espinas. Es cosa imposible que una religiosa pretenda conservarse fiel á Jesucristo en medio delas diversiones ó cumplimientos mundanos, teniendo en el locutorio conversaciones comunes con los seglares, dando libertad á sus sentidos, bien sea al del paladar con los regalos, bien al de la vista con miradas innecesarias , ó bien al del oido con escuchar sin miramiento. Esta obligada, pues, como ya se ha dicho, á conservarse pura entre las espinas de la mortificación. Convencido san Basilio de esto mismo, dice hablando de las vírgenes: Nulla in parte moecharí conveni t virginem, non lingua, non aure, non oculis, non tactv, multoque minus animo 35. Una virgen si ha de mantenerse pura, es necesario que sea honesta con su lengua, usando de las palabras con suma modestia, y absteniéndose además de hablar con los hombres en cuanto le fuere posible: debe ser recatada con respecto al oido, huyendo como de la misma muerte de escuchar discursos que sean mundanos: debe ser honesta en los ojos, teniéndolos siempre cerrados y bien prevenidos para no dirigirlos jamás al rostro de ningun hombre; honesta en el tacto, usando de este sentido en todas ocasiones con la mayor cautela, ya sea con respecto á otra, ó ya sea en órden á sí misma: honesta, finalmente, sobre todo en su interior, procurando resistir con la mayor eficacia á todo pensamiento de impureza, al punto que se presente en la imaginacion, acudiendo desde luego á Jesús y María para implorar su ayuda. Del mismo modo que se porta una gran reina solicitada de un esclavo negro, la que sin responso S. BasH. de vera virg. .
derle, le vuelve la espalda y lo desprec»; así también es necesario que haga una esposa de Jesucristo al punto que se presente en su imaginacion cualquiera pensamiento impuro á molestarla. Tambien le es absolutamente necesario, para conservarse fiel y sin mancha de impureza, que mortifique su cuerpo con ayunos, abstinencias, disciplinas y otras penitencias. Mas, si por falta de salud se viese imposibilitada de practicar estas mortificaciones, es preciso que abrace con la mayor paz aquella enfermedad que padezca, juntamente con sus dolores, los desprecios y malos tratamientos que recibe de las otras sus compañeras. Las fieles esposas del Cordero divino lo deben seguir á donde quiera que él vaya: Sequuntur Agnum, quocumque ierit30. Nuestro adorable Redentor Jesucristo, mientras que vivió en este mundo, no anduvo por un camino de delicias, ni de honores; sino por el de las penas y los oprobios: y por esta causa, las vírgenes que han sido santas, han amado siempre los dolores y los desprecios , y aun han corrido alegres y risueñas á sufrir los tormentos y hasta la misma muerte.
15 El cuarto medio para amar á Jesucristo es el retiro. Hermosas como las de la tortolilla, dice el Señor, que son las mejillas de su esposa: Pulchrae sunt yenae luae sicut turturis ". Y usa de esta comparacion, porque la tortolilla huye de la compañía de las demás aves. y gusta de hallarse sola. Una monja, en tanto aparecerá mas bella y agraciada á los ojos de Jesucristo, en cuanto esté mas solitaria, y haga los mayores esfuerzos por esconderse de la vista de los hombres. Decia oportunamente santa María Magdalena de Pazzis que la castidad es una flor que no se desarrolla sino en los jardines que eslán cerrados y entre las espinas. Ademas de esto, una religiosa encerrada en su convento, debe unir tambien á esta clausura la de todos sus sentidos; y por lo tanto, no debe asomarse á la puerta, al locutorio, ni á la ventana sino solamente por dar cumplimiento á su oficio, ó por cumplir con la obediencia. Dice san Gerónimo acerca de esto, que Jesucristo es un esposo tan celoso, que no quiere que su esposa se deje ver la cara de otro alguno: Zelotyptis est Jesus, non vult ab alus videri faciem tuam". Por esta causa le desagrada mucho que su esposa cuide de comparecer y conversar con los seglares. ¥ muy bien que tratan de evitar tales escollos las vírgenes que aspiran á la santidad; ellas procuran siempre el esconderse , y siendo absolutamente preciso dejarse ver de los extraños, tratan en este caso de mas bien afear su persona que hermosearla; para ser tambien antes despreciadas que dignas de estimacion. Refiere Bulando acerca de esto, como santa Andregesina virgen, suplicó al Señor que le concediese ponerla muy afeada paru ser despreciada de todos: cuya oracion fue oida por su divina Majestad, pues que apenas fue concluida, cuando apareció llena de lepra, en tanto grado, que todos huian de ella. Tambien cuenta Santiago de Vitriaco " de santa Eufemia, que viéndose amada con exceso de cierto caballero, para verse libre de aquella ocasion, tuvo el atrevimiento de tomar un cuchillo y cortarse la nariz y los labios, hablando al mismo tiem 38 Ep. ad Eustoch. - 3>In Specul. Excmpl. 19.
38 Apoc. xiv, i. - 37 cant. 1,9.


po consigo misma de este modo: Vana hermosura mia, no me has de servir ya jamás de ocasion para el pecado. Refiere asimismo san Antonino y lo confirma Baronio '"1, que temiendo una invasion de bárbaros santa Eba, abadesa en el monasterio Colingamense, se cortó tambien con una navaja la nariz y el labio superior hasta los dientes; y que á su ejemplo hicieron lo mismo todas las otras monjas, que eran en número de treinta. Entraron con efecto los bárbaros, y viéndolas de aquel modo desfiguradas, llenos de furor aplicaron fuego al monasterio, y á todas las hicieron morir abrasadas; de lo que resultó que después la Iglesia tambien á todas las colocase en el catálogo de los mártires. Es verdad que el hacer esto no es lícito sino á aquellas Santas, que obraron por impulso del Espíritu Santo; pero se refiere para que se vea lo que han llegado á practicar las vírgenes amantes de Jesucristo, para evitar la ocasion de ser por los hombres solicitadas. Pero ya que á tanto no esté la monja obligada, debe á lo menos procurar con esmero ocultarse de la vista de los hombres. En el mismo dia en que cualquiera novicia se desposó con Jesucristo, no solamente renunció al mundo, sino tambien á todas sus vanidades; y este fue sin duda el pacto que ella hizo cuando entonces se le preguntó: Abrenuntias huic saeculo et omnibus vanitatibus ejus'l Y ella respondió: Abremntio. Si, pues, desde entonces, segun escribe san Gerónimo, has renunciado tú, ó esposa del Redentor, al mundo y sus vanidades , cumple con aquel pacto, y no quieras ya jamás conformarte con las pompas del siglo: Nunc autem,
guia saeculum reliquisli, serva foedus, quod spopondisti, et noli conforman huic saeculo *'.
16 Por lo tanto, si quereis conservaros en aquella pureza de que debe estar adornada una esposa de Jesucristo, evitad siempre las ocasiones: procurad con esmero tener una santa ignorancia de todas aquellas cosas que se oponen ála castidad: no leais jamás ningun escrito, ni mireis la mas pequeña cosa que después pueda inquietar vuestra imaginacion: si estando por necesidad en el locutorio, alguna vez se suscitan conversaciones que no son conformes á vuestro estado, huid de allí lo mas pronto que podais, ó á lo menos procurad con prudencia mudar al instante la materia del discurso; porque, de lo contrario, habréis de sufrir después mucho para vencer las tentaciones que han de acometeros: el fuego si no quema, á lo menos calienta. Ciertas cosas que á veces parecen muy pequeñas, como lo son, una mirada, una palabra afectuosa, un regalillo cualquiera, etc., pueden ser una chispa, que tomando después incremento, llegue á formar un incendio de infierno, en el que os veais abrasada eternamente. No os fieis jamás de vosotras mismas. En esta materia de impureza, nunca tendréis cautela demasiada ó excesiva. Creed al que ya sabe mil casos desastrosos acerca de este punto. No os confieis con decir: yo no pasaré adelante: porque, sin saber cómo, os hallaréis en el precipicio cuando menos lo penseis. Y cuando en semejantes casos salgais victoriosa de la tentacion, tributadle áDios las debidas gracias, quedando llena de temor para lo sucesivo. Porque si los
*1 S. Hier. Ep. 8 ad Demetriad.
3 TOMO I
Santos han tenido que internarse en los desiertos para poder conservar la castidad, ¿ habeis de querer vos exponeros voluntariamente en las ocasiones? Y con mayor motivo todavía, si acaso sois jóven, pues estando en esta edad ¿pensais que podréis conservar la pureza, tratando tambien con jóvenes del otro sexo acerca de materias mundanas, usando de chanzas con ellos, y aun sonriéndoos de oir ciertas expresiones que ciertamente deberían cubriros de rubor? Huid por Dios. Y usad tambien después con el confesor de una explicacion sincera, para declararle bien, no solamente las tentaciones que habeis experimentado, sino tambien las ocasiones que habeis dado para ellas; pidiéndole al mismo tiempo un medicinal consejo para encontrar el modo de evitarlas en lo sucesivo.
17 No debeis ignorar que es grande el gozo que recibe Jesucristo en aquel dia en que llega á desposarse con una virgen; lo que se ex presa muy bien en los sagrados Cánticos diciendo: Egredimini, et videte filiae Sion Regem Salomonem in diademate, quo coronavit illum mater sua in die desponsationis illius, et in die laetitiae cordis c/'us". Pero esto debe entenderse de aquellas vírgenes que se han consagrado enteramente al amor de este divino Esposo, y de esta manera se disponen para celebrar con él las bodas. En tal caso, quiere tambien el mismo Señor que en un desposorio tan de su agrado, se alegre juntamente con él y que lo festeje todo el paraíso: Gaudeamus, et exultemus, et demus gloriam ei, quia venerunt nuptiae Agni, et uxor ejus praeparavit se ". Y nótese que los adornos con que
"Caiit.ui.il. — « Apoc. m,1.
quiere Jesús que estén ataviadas sus esposas, no son otros que las santas virtudes, pero con especialidad la caridad y la pureza. Murenulas aureas faciemus tibi, vermicuhlas argento ". Estas cadenillas de oro adornadas con plata, principalmente significan las antedichas virtudes de la caridad y la pureza. Ved aquí, pues, los ricos vestidos y las joyas preciosas con que el Señor atavia á sus esposas, segun que tambien lo expresó la virgen santa Inés, diciendo de sí misma: Dexleram mmm, et collum meum cinxil lapidibus pretiosis. Induit me Dominus cyclade auro texto, et immensis monilibus ornavit rne ".
18 Nadie ignora que las personas del mundo buscan a\ mundo, mas las esposas de Dios no buscan ninguna otra cosa sino á Dios: por lo que de ellas se dice con toda propiedad: Haec est generatio quaerentium eum •6. Esas religiosas que veis encerradas en lo interior de un monasterio, pobres y humildes, sabed que ellas son aquellas almas dichosas que no buscan ningun otro bien imaginable que no sea Dios. En esto, pues, ¡ó esposas del Redentor! les dice santo Tomás de Villanueva, en esto de servir á Dios debeis solamente tener vuestras controversias: no ya quién entre vosotras sea de mas noble linaje, de mas esclarecido talento, ó de mayor cautela; sino cuál sea mas amable para el divino Esposo, cuál le trate con mayor familiaridad, cuál sea mas humilde, mas pobre y mas obediente: In hoc ad invicem zelate: quaenam huic sponso carior, quaenam familiarior exsistat, quae humilior, quae obedientior. Y tambien san Gerónimo, escribiendo á la
»* Cant. i,10. — *»Resp. in íest. S. Agn. 21 jan. - *6 Ps xxm.o.

virgen Eustoquio, que pretendia consagrarse á Jesucristo , le decía de este modo: Filia accedens ad servitutem Dei praemonet te Spiritus Sanctus: Sta in justitia, etpraepara animam tuam ad tentationem. In humilitate patientiam habe, quoniam in igne probatur awrum.... Nemo autem potest duobus dominis servire. Terram itaque jam despice, et Christo copulala cantabis: Pars mea Dominus ". Hija mía, ya que estás resuelta á servir á Dios, es necesario que tambien te prepares para padecer con humildad y paciencia; porque con el fuego se prueba el oro. Ninguno puede servir á dos señores, es decir, al mundo y á Dios. Supuesto, pues, que tú te hallas resuelta á servir á este, es indispensable que dejes aquel, y que haciéndote verdadera esposa de tu Redentor, le dirijas con frecuencia este cántico: Solo Dios es todo mi tesoro, y él es el único bien que yo tengo. Y el mudar el nombre á las monjas en el dia de su profesion, no se hace con otro fin, sino con el de hacerles entender que ya desde aquel dia quedan muertas al mundo, para vivir solamente con Jesucristo, el cual antes ha muerto por ellas. Y esto mismo que practican las religiosas deberían tambien hacerlo todos los hombres, segun lo previene san Pablo diciendo: Pro omnibus mortutts est Christus, ut qui vicunt, non jam sibi vivant, sed ei qui pro ipsis mortuus est*8. Pero ya que todos no tienen esta buena resolucion, debe tenerla á lo menos una religiosa, que por una gracia especial ha sido elegida por el Redentor para que sea su verdadera esposa. Bien convencida de esto la venerable sor Francisca
"S. Hier. Bp. 22 ad Eusloch. — «a II Cor. v, 13.

Farnese, no encontraba otro medio mas poderoso para enfervorizar á sus religiosas á la perfeccion, que el de recordarles que eran esposas de Jesucristo. No tiene duda, les decia, que cada una de vosotras ha sido elegida por Dios para que sea santa, supuesto que él mismo os ha elevado á un honor tan sublime de haceros nada menos que sus esposas.
19 Dirigiéndose san Agustín á una virgen consagrada al Señor, le escribe de este modo: ¡ Ó virgen afortunada! Si tú no conoces la feliz suerte que te ha tocado, considera lo que dicen de ella los Santos. Sabe que tú tienes un Esposo el mas agraciado entre todos los objetos del cielo y de la tierra; el que te ha dado una prenda expresiva del grande amor que te profesa, con haberte elegido entre otras tantas doncellas para que seas su amada esposa; de donde debes inferir el tierno afecto con que debes corresponderle: Si ignoras te, b nimis felix inter mulieres, ex judíelo Sanetorum perpende. Sponsum habes pulcherrimum. Misil pignus amoris, in ipso munere poteris agnoscere, quo affectu illum diligere debeas l9. A lo que tambien añade san Bernardo: Nihil Ubi, et mundo: obliviscere omnium, soli omnium serves te ipsam, quem ex omnibus Ubi elegisti 50. ¡Ó esposa de Jesucristo! Deja ya de pensar mas en tí misma y mucho menos en el mundo; entiende que tú ya no eres tuya, ni de las cosas terrenas; sino que eres de aquel Dios á quien tú te has consagrado. Olvídate, pues, de todas las cosas, continúa el mismo Santo, y piensa en conservarte pura solamente para aquel tu Esposo, el cual te ha elegido por una gracia especial en la presente vida: Elegit te Deus tuus; et quot abjectae sunt, quae hanc, quae tibi data est, gratiam consequi non potuerunt? Ómnibus illis Redemptor et Sponsus tuus te praetulit; non quia tu dignior illis, sed quia prae omnibus dilexit te. Es verdad que tú te has consagrado á Dios, mas esto lo debes á sus especiales auxilios, con los que el mismo Señor ya te habia elegido antes para que fueses esposa suya. ¿Y á cuántas otras doncellas ha dejado él en el mundo, las cuales no han podido alcanzar el beneficio tan especial que á tí te ha hecho? A todas aquellas te ha preferido ciertamente tu amable Redentor; y no porque tú seas mas digna que ellas, sino porque él se ha dignado de amarte á tí sobre tantas otras: Propterea dicit Dominus, concluye el mismo Santo: Ecce tempus tuum, ternpus amardium. Haec igitur recolens in cor de tuo, in eo reponens spem tuam, et dilectionem tuam, qui in caritate perpetua dilexit te, et attraxit te miserans Jesus Sponsus tuus. Por lo tanto, te dice el Señor, que todo el tiempo que te queda de vida es tiempo de amarle, esforzándote continuamente en poner toda tu esperanza y todo tu corazon en Jesús tu dignísimo Esposo, el que desde la eternidad te ha amado, y el que por solo un efecto de su bondad, no solo te ha puesto en el mundo, sino que tambien después, con tantas distinguidas finezas, te ha elegido para que le tengas aquel amor de preferencia propio de sus esposas.
20 Teniendo esto presente, ¡ ó esposa de Jesucristo! cuando el mundo demande tu afecto, respóndele con santa Inés: Discede a me pabulum mortis, quiajam ab alio amatore praeventa sum. Apártate de mí, pá
bulo de muerte; pues que pretendes el amor mio, no pudiendo yo amar ya ninguna otra cosa sino á mi Dios, el cual me ha amado á mí primero. Y esto mismo puntualmente es lo que dice una monja, luego que recibe el velo del prelado en el dia de su profesion: Posuit signum in faciem meam, ut nullum praeter eum cwnatorem admittam. Mi Esposo me ha cubierto con este velo el rostro, á fin de que, no viendo yo, ni pudiendo ser vista de nadie, no dé entrada en mi corazon á ningun otro amante que no sea el mismo Jesús, mi dulce esposo. Esta es aquella santa soberbia, que segun san Gerónimo, debe nutrir siempre el corazon' de una Esposa de Jesucristo. Dei sponsa proferas, así se explica el Santo, disce superbiam sanctam. Scito te illi esse meliorem, et dic: Inveni quem quaerebat anima mea, tenebo eum, etnon dimittam ". Ya que eres esposa de todo un Dios, dice el Santo, aprende á ser santamente soberbia. Las esposas del mundo se envanecen de haberse enlazado con personajes nobles y ricos: mas tu debes gloriarte de haber tenido una suerte infinitamente mejor que la de ellas, habiendo sido elegida por esposa nada menos que del Rey de los cielos. Di, por lo tanto, llena de júbilo y de un santo entusiasmo: Yo he hallado el amado de mi alma, lo estrecharé amorosamente entre mis brazos, y abrazada con él de esta manera, no permitiré que ya jamás de mí se aparte. Y el apóstol san Pablo comprueba esto mismo cuando dice, que el amor no es otra cosa sino aquello que enlaza las almas con Dios: rüatem habete, quod est mnculum perfectionis ".
"S. Hier. Ep. 11. - "Colos. m, 14.
21 Así que, es extremadamente grande la suerte de una virgen, la que llena de un santo envanecimiento puede decir: Ipsi sum desponsafa, cui Angelí serBiunt. Es mi verdadero Esposo aquel á quien los Ángeles del cielo se afanan por servirlo: Anulo suo subarrhavit me, et tanqnam sponsam decoravit me corona. Conmigo se ha desposado mi Criador, y siendo él Rey y Señor de todas las cosas, ha tenido la bondad de honrarme con la corona de reina. Pero advierte bien, ó religiosa que ahora estás leyendo, que esta tu corona, aun todavía no es eterna, y que la puedes perder por culpa tuya, mientras vivas en el mundo: Tene quod habes, ut nemo accipiat coronam iuam ". Por lo tanto, tenia fuertemente asida, para que ninguno te la pueda arrebatar; siendo indispensable, si has de conseguir esta victoria, que te desprendas de las criaturas, y que continuamente te unas mas y mas á Jesucristo con afectos amorosos, hijos de una oracion fervorosa, suplicándole siempre que nunca jamás permita que tú cometas la negra ingratitud de abandonarlo: Jesu mi Sponse, ne permitías me separar i a, te. Y cuando se presenten las criaturas solicitando tener entrada en tu corazon, y separarte de Jesucristo, acude á él llena de confianza esperando su proteccion divina, y diciendo con el Apóstol: Quis me separabit a charitate Christi? Ñeque mors, neque vita, neque crealura alia poterit me separare a charitate Dei.
»» Apoc. ni, 11.
ORACIÓN.
¡Ó Jesús mio! mi Redentor y mi Dios; ¿por qué causa he merecido yo este singular favor, de que mientras Vos habeis dejado que vivan en el mundo un tan crecido número de inocentes doncellas, hayais querido elegirme á mí, grande pecadora, para tan alta dignidad de ser vuestra esposa; á fin de que viva en vuestra casa aquí en la tierra, y darme después en el paraíso la corona eterna de la gloria? ¡ó Señor mio! Ya que Vos me habeis favorecido con una gracia tan sublime, concededme en estos instantes una divina luz para conocerla, y de este modo pueda yo ser agradecida y corresponder debidamente con mi amor á la infinita caridad que habeis usado conmigo. Vos me habeis preferido á mí, entre infinitas doncellas; pues razon será que yo tambien os prefiera á todo lo criado. Vos, Señor, os habeis dado a mí del todo; pues justo será tambien que yo me ofrezca toda á Vos, y que Vos seais mi único amado, y el solo amor de mi vida. Sí, Jesús mio; yo os amo sobre todas las cosas; y á Vos qniero amar solamente. Vos os habeis entregado á mí sin reserva; yo tambien sin reserva á Vos me entrego. Recibidme, pues, vida mia. Yo os suplico eficazmente, que no pongais reparo en que os ame este corazón ingrato, que por tanto tiempo ha amado á las criaturas, anteponiéndolas tambien a Vos, que sois el sumo Bien por esencia. Recibidme, repito, y conservadme en vuestra gracia; porque sin vuestra ayuda, yo no puedo hacer otra cosa que ofenderos. Ya que Vos habeis

tenido la dignacion de elegirme por vuestra esposa, haced, Señor, que yo sea una esposa fiel y agradecida á vuestros beneficios. ¡Ó encantadoras llamas, que ardéis en el corazon de mi Jesús, inflamadme vosotras , y consumid en mi corazon todos aquellos afectos que no vayan dirigidos á él! Haced que yo no viva sino para amar á este mi Esposo, tan digno de ser amado; y que quiso dar su vida para que yo tambien lo amase. ¡Ó Virgen María, Madre de mi Dios! Si yo soy la esposa de vuestro Hijo; Vos, Señora, sois no solamente mi Reina, sino tambien mi Madre. Y ya que Vos os declarais tan bienhechora mia, que con vuestra intercesion me habeis arrancado del mundo, me habeis tráido á esta casa, propiamente de Dios, y por último me habeis hecho esposa de vuestro divino Hijo, socorredme al presente, y ya nunca jamás me abandoneis: haced, finalmente, que mi vida y mi muerte sean dignas de una esposa de Jesucristo.
CAPÍTULO II.
DE LOS BIENES QUE LE SON PROPIOS AL ESTADO RELIGIOSO.
Con la mayor propiedad puede aplicarse á las religiosas aquello que se dijo del pueblo de Israel, cuando Dios lo libró de la tiranía de Faraon sacándolo de Egipto: Dux fuisti in misericordia populo qaem redemisti, et portasti eum in fortitudine tua ad habitaculum sanctum tuum'. Porque á la verdad, así como los hebreos eranen la ley antigua el pueblo amado de Dios, á diferencia de los egipcios; tambien del mismo modo lo son los religiosos, con respecto á los seglares, en la nueva ley de gracia. Y á la manera que los hebreos salieron del Egipto, tierra de fatiga y de esclavitud, y en donde Dios no era conocido; así tambien los religiosos abandonan el mundo, cuyos servidores no encuentran otro premio que amarguras y penas, y en donde á Dios bien poco se conoce. Finalmente, al modo que fueron guiados los hebreos en el desierto á la tierra de promision, por medio de una columna de fuego; tambien igualmente los religiosos son guiados con la luz del Espíritu Santo á la religion, la cual es semejante á la tierra que Dios nos tiene prometida, que lo es el cielo por su propio nombre. En el cielo sabemos que no se tiene apetito de riquezas terrenas, ni de placeres sensuales, ni aun se conoce la propia voluntad; pues tambien en la religion, por medio de los santos votos de pobreza, castidad y obediencia, se cierra Ja puerta á estos nocivos deseos. En él cielo no se tiene otro ejercicio que el de alabar á Dios; y lo mismo se hace tambien en la religion; porque todo lo que allí se practica se refiere á que el mismo Señor sea alabado : Laudas Deum, dice san Agustín, cum agis negotium: laudas, cuín cibum et potum capis: laudas, cum requiestís et dormis *. Que es como si dijera el Santo: tú religiosa, alabas á Dios siempre que te ocupas en los negocios del convento; como cuando asistes á la sacristía, al torno, ó á la portería; alabas á Dios, cuando vas al refectorio; alabas á Dios cuando vas al
* S. Aug. in Psalm. Cxlti.
reposo y cuando duermes; y para decirlo de una vez, alabas a Dios en todo cuanto haces por la obediencia. En el cielo, finalmente, se disfruta de una paz inalterable, mediante á que los bienaventurados encuentran en Dios todos los bienes; y esto sucede proporcionalmente en la religion; porque no buscándose en ella otra cosa fuera de Dios, en este Señor se encuentra aquella paz que excede á todas las delicias y contentos que puede ofrecer el mundo. Por lo tanto, tenia razon santa María Magdalena de Pazzis en decir, que la religiosa debe tener á su estado una grande estimacion , mediante á que la vocacion al estado religioso es la mayor gracia que Dios puede dispensar á un alma después del bautismo.
2 Debeis, pues, tener mayor estimacion á vuestro estado, que á todas las grandezas y reinos de la tierra. Porque ese estado en que os hallais os defiende de aquellos pecados que cometeríais estando en el mundo; os ocupa eu continuos ejercicios de santidad, os hace cada dia merecedoras de eternas coronas, os constituye esposas de Dios, y finalmente, os hará reinas del eterno reino del paraíso, después de vuestra corta vida. Y ¿por qué causa habeis merecido este gran beneficio de que Dios os haya preferido á tantas otras doncellas, que mejor que vosotras lo merecían? No cabe duda de que tambien vosotras seríais para con Dios muy ingratas, si en todos los dias no le diéseis las gracias con todo vuestro afecto por un tan señalado beneficio. Nadie describe mejor que san Bernardo los grandes bienes que habeis conseguido en el estado religioso; pregunta, pues, el Santo de este modo: Non

ne haec est Religio sanela in qua homo vivit puritts, cadit rarius, surgit velocius, incedi t eautius, irroratur frequentius, quiescit securius, moritur confidentius, purgatur citiits, remuneratur copiosius *? Examinemos una por una estas excelentes expresiones, y veamos los grandes tesoros que contiene en sí misma cada una de ellas.
3 Acerca de la primera, la religiosa mmt purius. Debemos antes convenir en que todas las obras que practica cualquiera que sea verdadero religioso, hablando en general, son ciertamente las mas puras y las mas agradables á los ojos de Dios. Porque la pureza de la obra no consiste en otra cosa, sino en que se ejecute con el único fin de agradar á este Señor; de donde se infiere que nuestras acciones cuanto tengan en sí mismas mayor voluntad de Dios y menos de nuestro propio querer, tanto mas aceptas deberán serle al mismo Ser infinito. En las obras que practican las personas seglares, aun cuando estas sean santas y fervorosas, siempre se encuentra mayor parte de voluntad propia, que en las que hace una religiosa. La persona seglar tiene la oracion y recibe los Sacramentos cuando quiere; asiste á la misa, se ocupa en la leccion espiritual, en darse la disciplina, y en rezar el oficio divino siempre y cuando le parece conveniente. Mas la religiosa tiene que ocuparse en estos mismos ejercicios, no cuando á ella le agrada, sino cuando quiere la obediencia, y de consiguiente, cuando es voluntad de Dios; pues que por medio de esta virtud es el mismo Señor quien le manda. Y bajo este
1 S. Bern. de Bono Helig.
concepto, obedeciendo la religiosa á su regla y superiores , no solamente merece cuando hace oracion ú otra cualquiera obra espiritual, sino tambien, cuando se ocupa en otras operaciones comunes, como lo son, en andar por el convento, en asistir al locutorio, en conferenciar al tiempo de la recreacion; y aun tambien en los ratos que invierte en comer, en divertirse ó en el reposo; y es la razon, porque haciendo todo esto, no por voluntad propia, sino por la obediencia, en todo ello cumple con la voluntad de Dios, y por consecuencia tambien en todo se llena de merecimientos. 4 ¡ Oh cuántas veces las obras mas santas se ven malogradas por la propia voluntad! ¡Ay! á cuántas . personas, cuando en el dia del juicio digan, reclamando el premio de sus penitencias: Quare jejunavimus, el non aspexisti? humliavimus animas nostras, et nescistil? se les dará entonces por, respuesta: Ecce in diejejimii tsestri invenitur voluntas vestra 5. Que es decir, el Señor contestará á sus reclamaciones: ¿Qué es lo que vosotros pretendeis? ¿elpremio de vuestras obras? Este premio ya lo habeis recibido con hacer vuestra propia voluntad, mediante á que habeis obrado en vuestras penitencias, mas bien por complaceros á vosotros mismos que con el fin de agradarme á mí. Y dice acerca de esto Gilberto abad, que las obras mas pequeñas de un religioso exceden en mérito á las que son mayores en los seglares: Quod infimum est in vobis, fortius est saecularibus8. A lo que tambien añade san Bernardo, que si una persona del siglo hiciera la cuarta parte de lo que practica una religiosa, seria adorada como una . »Is. Ltiii, 3. - »ibid. - e Gil)), serm. 87.
santa: Credo nullum hic esse, qui si quartam partem eorum quaefacit, in saeculo actitaret, non adoraretur ut sanctus 7. Y con efecto, se ha visto muchas vece» por experiencia, que ciertas doncellas, las cuales resplandecían en el siglo como soles, habiendo entrado después en el claustro, apenas han aparecido como lucecitas pequeñas, en comparacion á las religiosas observantes que allí han encontrado. Por esta causa, pues, de que la religiosa, en todo lo que obra hace la voluntad de Dios, puede verdaderamente ella decir, que es toda de Dios. La venerable madre María de Jesús, fundadora del monasterio de Tolosa, decia, que estimaba mucho su vocacion por dos motivos; el uno, porque la religiosa siempre está con Jesucristo, cuyo Señor habita con ella dentro de la misma casa, en eJ santísimo Sacramento; y el otro, porque tambien la religiosa es toda de Dios, mediante el voto de la obediencia, habiendo sacrificado con esto al mismo Señor, no tan solamente su voluntad, sino toda su existencia.
5 Con respecto á la segunda expresion de san Bernardo: Cadit rarius. Nadie ignora que una religiosa está ciertamente menos expuesta á caer en la culpa, que si viviese mezclada en las cosas del siglo. San Antonio Abad vió el mundo lleno de lazos, y aun antes lo habia visto ya el apóstol san Juan, cuando dijo, que no se encontraba otfa cosa en él, sino concupiscencia de placeres sensuales, de riquezas y de honores terrenos: Omne quod est in mundo, concupiscentia carnis est (estos son los placeres), concupiscentiaocidorum (estas son las riquezas), et snperbia vitae (y estos son los honores que hacen al hombre soberbio en esta vida). Mas en la religion se obstruyen estas fuentes envenenadas, por medio de los sagrados votos: con el de castidad, se cierra la puerta á los placeres sensuales; con el de pobreza, se quita el deseo de las riquezas; y con el de obediencia, queda extinguida la ambicion de los vanos honores.
6 Es innegable, que aun viviendo en el siglo, podrá alguno verse desprendido de los bienes mundanos; mas, como suele decirse, el que toca la pez, fácilmente se encuentra manchado: Totus mundus in maligno positus est, afirma el mismo san Juan8. Y exponiendo san Ambrosio este texto, dice: Todos aquellos que viven en el mundo, viven bajo la miserable y tiránica potestad del pecado. El aire del mundo es un aire inficionado y nocivo para el alma; por cuya causa aquel que lorespira, fácilmente contrae cualquiera enfermedad espiritual. Los respetos humanos, los malos ejemplos, y las conversaciones mundanas sirven de poderosos incentivos que arrastran las personas al pernicioso apego de los bienes de la tierra, alejándolas de Dios al mismo tiempo. Nadie ignora que la causa de perderse tantas almas, son las peligrosas ocasiones, las que en el mundo tanto abundan. Pues la religiosa que vive en el claustro se ve léjos de tan lamentables tropiezos. Por lo que considerando santa María Magdalena de Pazzis tantos beneficios, no podia menos de abrazarse algunas veces á las paredes de su monasterio y besándolas, exclamar llena de gozo:/ Oh pare
8 lEp. v,19.
des! ¡oh paredes! ¡de cuántos peligros me defendeis vosotras ! Persuadida tambien de esto mismo la beata María Magdalena de los Orsinis, cuando veia reir en su monasterio á alguna religiosa, le decia: Rie hermana mia, rie; porque ciertamente tienes motivo de estar contenta al verte libre de los grandes peligros delmundo.
7 En órden ála tercera expresion de san Bernardo surgit velocius. Si alguna vez por desgracia llega á caer una religiosa en cualquiera culpa, tiene tambien para levantarse mayores auxilios que los seglares. La regla que la obliga á frecuentar los Sacramentos, la repetida meditacion, en donde advierte que se le recuerdan las eternas verdades, los buenos ejemplos de las compañeras, y las reprensiones de las su peñoras, son otros tantos poderosos auxilios para que se levante de su caida: Vae solí, dice el Espíritu Santo, quiacum ceciderit, non habet sublevantem se9. Aquel que se halla en el mundo, cuando comete algun pecado, difícilmente ^ncuentra quien le advierta ó le corrija; por cuya causa permanece por lo comun en el abismo de su cáida; pero en la religion: Si unus ceciderit, ab altero fuleietur16. Si cayera una religiosa en cualquiera error, presto será socorrida por sus compañeras para que salga de él: Juvatur asociis ad resurgendum, dice el angélico santo Tomás, hablando acerca de los religiosos.
8 En órden á la cuarta incedit cautius. Mirando la vida claustral en lo exterior: ¡oh cuántos mayores auxilios tiene una religiosa, que aun los mas distinguidos príncipes y monarcas de la tierra! Es verdad
a Eccl. iv, 10. — i» Ibid.
4 TOMO I.
que los monarcas disfrutan de grandes riquezas, satisfacciones, honores, ejércitos y señores que están dedicados a su servicio; mas no tienen una sola persona que les dirija alguna palabra de correccion, ó que á lo menos les avise acerca del cumplimiento desus deberes: todos tiemblan de hablarles, para advertirles cualquiera defecto que tengan, por temor de perder su real proteccion; habiendo por el contrario muchos, que por merecer mas su favor, aplauden y alaban hasta sus mismos desórdenes. En la religion sucede por la inversa; si una monja comete alguna falta, tiene sobre sí muchos ojos para corregirla y hacerla recatada. Las superioras, las celadoras, y aun las mismas compañeras no dejarán de advertirle sus defectos ó peligros : aquellos buenos ejemplos de sus hermanas, que no puede dejar de tener á la vista, serán capaces sin otro auxilio, de hacer la correccion de la fragilidad que haya tenido. Pues estos socorros con respecto á la salud del alma, que es el negocio mas importante que tenemos, ó por mejor decir, el que únicamente interesa en este mundo, son en realidad para el que tiene fe, unos bienes de mayor excelencia y estimacion, que todas las grandezas y dones de la tierra.
9 De aquí podemos inferir, que así como los seglares , viviendo en medio del mundo, encuentran muchos obstáculos para obrar el bien, de la misma manera las religiosas en la clausura tienen tambien muchos impedimentos para abrazar el mal. El cuidado especial que se observa en los conventos de evitar hasta las culpas mas leves, sirve como de grande pared y antemural para no llegar después á la culpa grave; porque ó vence la religiosa la tentacion en materia de culpa venial, y entonces ella.adquiere mayores fuerzas para resistir á la tentacion de los pecados graves; ó por el contrario, queda alguna otra vez vencida por su fragilidad; pues aun tambien entonces, aunque se pierda un rebellín de la plaza, no se pierde á lo menos la misma plaza. Y como por lo comun suele suceder, que la pérdida de aquel rebellín ayuda ó contribuye para que la plaza se custodie y se fortifique mas que antes; del mismo modo se verifica tambien, que con aquellas pequeñas caidas que ha experimentado ya la religiosa, advierte mejor su debilidad y flaqueza; y por lo tanto, no solamente se humilla mas, sino que tambien se hace mas desconfiada de sí misma en adelante; resultando al mismo tiempo, que ella aprende á recurrir con mas frecuencia y mayor confianza que anteriormente al amparo de Jesucristo, y al de su santísima Madre; y de esta manera viene á suceder que aquejas culpas no le ocasionan el mas leve daño espiritual porque el Señor, al ver que ella se humilla , acude pronto con su benéfica mano á socorrerla: Cum ceciderü (justus) non collidetur, quia Dominus supponü mamm mam ". Y aun tambien podrá decirse, que las mismas faltas le sirven de provecho en cierto modo, contribuyendo, como se ha dicho, á que después desconfie mas de sí misma, y ponga al mismo tiempo en Dios su mayor confianza. Decia, en confirmacion de todo esto, el beato Gil, religioso franciscano, que era mejor tener un solo grado de gracia en la religion, en donde este grado fácilmente crece, y con
11 Psalm. xxxvi, 44.
dificultad se pierde, que tener diez grados en el mundo, en donde por el contrario, difícilmente crecen, y con facilidad se pierden.
10 Sobre la quinta expresion de san Bernardo: Irroratur frequentius. ¡Oh Dios! podemos aqui exclamar, ¡ y con cuántas luces espirituales, con cuantas dulzuras interiores, y con cuántas voces amorosas va Jesús perfeccionando á sus esposas dentro de los claustros, ya en la oracion, ya en la Comunion, ya en el coro á la presencia del santísimo Sacramento, y ya en la celda á vista del Crucifijo! Las almas que están en medio del siglo, puede decirse que son unas plantas puestas en tierra árida, en donde pocas veces desciende el benéfico rocío del cielp, y aun este tambien poco se deja ver; porque faltan los medios para ello. ¡Pobres seglares! Quisieran ellos ejercitarse mas en la oracion, recibir con mas frecuencia la sagrada Comunion, querrían oir mas á menudo la palabra de Dios, querrían disfrutar un poco de la soledad para estar mas recogidos y poder unirse mas con Dios; pero nada de esto les es permitido. Los negocios del mundo, los parientes , los respetos humanos, las visitas de los amigos y las sujeciones propias del siglo se lo impiden generalmente. Las religiosas, por el contrario, son como unas plantas felices puestas en tierra fértil, en donde con mucha frecuencia abunda el celestial rocío. El Señor continuamente asiste en los conventos á sus esposas con luces interiores, inspiraciones y espirituales consolaciones que ellas reciben, bien en las meditaciones, bien en la predicacion, bien en la leccion de los sagrados Libros, y aun tambien además de esto, con solo ver aquellos ejemplos de edificacion en sus compañeras. Con razon, pues, la madre Catalina de Jesús, monja teresiana , cuando alguno le recordaba los trabajos que había sufrido para la fundacion del monasterio, contestaba de este modo: Pues Dios me ha premiado muy bien todo eso con una hora sola de religion en la casa de su santa Madre.
11 Sobre la sexta expresion: Quiescit securius. Es indudable que los bienes del mundo no pueden satisfacer ó llenar nuestro corazon. Las bestias sí que están contentas con los bienes de la tierra, pero es la causa que ellas han sido criadas para la tierra; mas el hombre , que para Dios solamente es criado, solo el mismo Dios puede contentarlo. Y esta verdad tambien se hace palpable con la experiencia , la que nos enseña que si estos bienes temporales dejasen al corazon humano plenamente satisfecho, los ricos y príncipes de la tierra , que abundan en dinero , en honores y en placeres sensuales , deberían por cierto ser felices; pero nosotros vemos lo contrario , conociendo que estos viven mas inquietos y mas atribulados que los demás; porque es constante que en donde abundan mas las riquezas y dignidades , allí tambien se encuentran con mayor exceso los temores , las amarguras y las angustias. Habiendo entrado un dia disfrazado el emperador Teodosio en la celda de cierto monje solitario, después de haber hablado con él sobre otras materias, le dijo de este modo: Padre, ¿sabes quién soy yo? yo soy el emperador Teodosio. Y después añadió: / Ó dichosos los que disfrutais aquí en esta soledad de una vida contenta, separados de los disgustos del mundo! Yo es verdad que soy un gran señor de la tierra, que soy un emperador, pero yo mismo te aseguro tambien, padre mio, que no hay para mi un solo dia en el que llegue á comer con tranquilidad.
12 Pero ¿qué tiene de extraño que el mundo no pueda dar la paz, si él no es otra cosa que un lugar de engaños, de celos, de temores y de inquietudes? Se encuentran en él, es verdad, ciertos miserables placeres; mas estos afligen, por cierto, al alma mas bien que la contentan; porque si por unos breves momentos deleitan los sentidos, dejan para después en el corazon mil espinas que producen las mayores amarguras. Y de aquí nace, que aquellos que son mas elevados en dignidad y mas honrados en el mundo, vivan por lo tanto mas afligidos, porque hasta los mismos honores de que gozan cuanto mas altos son los grados de su elevacion, otro tanto mas se van circundando de mayores temores y disgustos. Convengamos, pues, en que el mundo no es lugar de placeres, sino de inquietudes y de martirios; mediante á que reinan en él las pasiones humanas, como lo son, la ambicion de los honores, la codicia de las riquezas, la ansiedad de los deleites; y porque tambien, aun estos mismos bienes aparentes no pueden jamás llegar á poseerse en aquella cantidad y calidad que se apetecen; manifestando además de todo esto su nulidad, en que, cuando llegan á conseguirse, no satisfacen ó llenan el corazon; sino que por el contrario, llevan consigo mil amarguras y pesares; y así sucede, que el hombre que se alimenta con los bienes del mundo, puede asegurarse que se mantiene de hiel y de veneno.
13 Dichosa, pues, aquella religiosa que ama á Dios, y sabe conocer agradecida la gracia especial que el Señor le ha dispensado en segregaría del mundo y colocarla en la religion; en cuyo sagrado recinto, si procura por medio de la santa mortificacion el vencer animosa sus pasiones, y negarse á sí misma, goza de aquella paz, que segun expresion del Apóstol, excede á todas las delicias que pueden complacerá los sentidos: Pax Dei, quae exsuperat omnem sensum ". ¿ Será posible encontrar, pregunto yo ahora, entre Jas personas mas afortunadas del mundo, ni aun entre las mayores princesas y reinas, alguna que se halle mas contenta ni que sea mas feliz, que aquella religiosa que despojada ya de los afectos mundanos, solamente atiende al modo de agradar á su Dios? Es seguro que á ella no le causa angustia la pobreza; porque esta misma es la riqueza que voluntariamente ha elegido para sí, y se complace cuando llega á probar sus dulces efectos. No le causa tampoco pena la mortificacion de los sentidos; porque con este fin ha venido ella gustosa á la religion, para mortificarlos y crucificarlos: no la sujecion de la obediencia; porque este es el sacrificio que ella ha conocido poder hacer mas agradable á Dios, el de sacrificarle su propia voluntad: no le aflige á esta religiosa el ser humillada, pues que ha venido á la casa de Dios con este objeto. Elegí abjectus esse in domo Dei mei magis quam habitare in tabernaculis peccatorum13. No le aflige la clausura , sino que mas bien esta la consuela: por cuanto la liberta de los disturbios y peligros que trae consigo '2 Püil. iv, 1. — 13 Psalm. Lxxxui, 11.
el mundo. No le aflige el servir á la comunidad, ni el ser despreciada, ni aun el estar enferma; supuesto que todo esto la hace mas agradable á los ojos de Jesús, su dulce Esposo. No le aflige, finalmente, la fiel observancia de las reglas religiosas; mediante á que todas las fatigas é incomodidades que ellas ofrecen, son ciertamente un peso como el de las alas, que en vez de ser gravoso, se conoce con satisfaccion cuán necesario sea para volar hácia Dios, y poder unirse á él. ¡ Oh qué bello contento es para una religiosa el encontrarse en aquel feliz estado, en el que no teniendo su corazon dividido, puede exclamar con san Francisco: Deus meus et amma.
14 Es verdad tambien que, por desgracia, hay algunas religiosas que aun dentro del claustro pasan una vida descontenta; mas pregunto yo ahora: ¿por qué sucede esto? Porque no viven como tales religiosas. Pues deben saber, que el ser buena monja y el estar contenta con su estado, todo ello es una misma cosa. Por lo tanto, es necesario entender que la felicidad de una religiosa consiste en tener siempre unida toda su voluntad á la voluntad divina. Aquella, pues, que no se una animosamente á la voluntad de Dios-, no es posible que esté contenta, porque no puede el Señor consolar á las almas que repugnan ó se oponen á sus disposiciones santas. Y este es el motivo que yo tengo para decir algunas veces, que una religiosa dentro de su convento, ó goza de un paraíso anticipado , ó está ya padeciendo anticipadamente el infierno. Porque ¿qué cosa es infierno? Es el vivir léjos de Dios, el no poder hacer la propia voluntad, el ser tratado con aversion por aquella sociedad con quien se vive, el ser despreciado, reprendido y castigado, el estar encerrado en un lugar del que no.es posible salir; el infierno, en suma, consiste en vivir en un continuo padecer, sin disfrutar jamás ni por una hora de una paz verdadera. Pues cabalmente le sucede todo esto á una mala religiosa; y así es que aun en esta vida comienza ya la miserable á padecer un infierno anticipado. Mas por el contrario: ¿Qué es lo que constituye el paraíso? Lo constituye el vivir distante de los disturbios y amarguras del mundo, el conversar con los Santos, el estar unido con Dios, y el gozar en el mismo Dios de una paz continuada. Y todos estos bienes en verdad disfruta ya una buena religiosa; y por lo tanto, aun en esta vida puede decirse, que ella esta ya gozando de un anticipado paraíso.
15 Pero tambien es cierto, que aun cuando sean buenas religiosas, sufren aquí en la tierra sus cruces; mediante á que, siendo este nuestro destierro el lugar de adquirir los méritos para la vida eterna, debe ser tambien por lo mismo el lugar de los padecimientos. Y así sucede entre ellas muchas veces, que las incomodidades propias de la vida comun atormentan: las reprensiones de las superioras, y aun la repulsa acerca de lo que se les pide desagradan; las mortificaciones de los sentidos incomodan; el amor propio se resiente, cuando tiene que sufrir, á pesar suyo, los disgustos y los desprecios de aquellas mismas sus compañeras. Mas para una religiosa, que quiere ser enteramente de Dios, todos estos padecimientos le ocasionan grandes consolaciones y delicias, considerando que da gusto á su Dios con abrazarlos. Por eso dice san Buenaventura que el amor de Dios es como la miel, que convierte en dulces las cosas mas amargas. Y el venerable César de Bustis escribió una vez á un sobrino suyo, que era religioso, estos bellos consejos: « Cuando mires al cielo, sobrino mio, le decía, acuér«date del paraíso: y cuando veas el mundo, acuérdate te del infierno, en donde se padece siempre, sin te«ner un momento de paz: mas cuando dirijas la vista «á tu convento, acuérdate del purgatorio, en donde «es verdad que se padece; pero este padecimiento se «tolera en paz, y con la seguridad de la salud eter«na.» ¡ Olí qué padecer tan recomendable, si acaso puede dársele este nombre, el padecer con una conciencia tranquila! Padecer, repito, en gracia de Dios, y con la certeza de que cada una de las penas se convertirá algun dia en una piedra preciosa para adornar vuestra corona en el paraíso. Porque es constante, que las joyas mas bellas que tienen-las coronas de los bienaventurados en el cielo, son los trabajos sufridos en esta vida con paciencia y resignacion cristiana.
16 Además de todo esto, es nuestro Dios sumamente agradecido y fiel en sus promesas; por lo que sabe él muy bien recompensar de cuando en cuando, aun en esta vida, todo aquello que por su amor se sufre con paciencia, comunicándonos ciertas dulzuras interiores y de un valor infinito. La experiencia nos hace ver que aquellas religiosas que procuran satisfacciones y consuelos de las criaturas, son las que viven mas descontentas: por el contrario se advierte, que las que viven mas mortificadas, disfrutan de una vida mas

feliz y satisfactoria. Persuadámonos, pues, que solamente Dios es el que contenta, y no las satisfacciones de los sentidos, no los honores, no las riquezas, no el mundo con todos sus falaces bienes: solo Dios contenta. Aquel que encuentra á Dios, lo encuentra todo. Por eso decía santa Escolástica, que si los hombres conociesen la paz que disfrutan los buenos religiosos en sus conventos, todo el mundo se convertiria en una sola casa de religion: á lo que añadia santa María Magdalena de Pazzis: escalarían los conventos, y dejarían todas las delicias que el mundo les presenta. Y san Lorenzo Justiniano dice tambien: que de intento oculta el Señor á los hombres la felicidad del estado religioso; porque si todos la conocieran, todos acudirían á los claustros pidiendo el hábito: Consulto Deus gratiam religionis occultamt: nam si ejus felicitas cognosceretur, omnes relicto saeculo, ad eam concurrerent. 17 Si consideramos solamente aquel retiro, acompañado del silencio y del sosiego que ofrecen las comunidades religiosas, debemos convenir en que todo esto es aquí en la tierra, para una alma que ama á Dios, una semejanza del paraíso. El P. Carlos de Lorena de la Compañía de Jesús, oriundo de sangre imperial , no dudaba afirmar, que con un solo momento de aquella paz que él disfrutaba en su celda, le pagaba Dios muy bien todo cuanto él habia dejado en el mundo; y era tanto el gozo que en algunas ocasiones experimentaba, estando dentro de ella, que no podia menos de ponerse á danzar rebosando de júbilo y contento. Tambien decía el beato Serafín de Ascoli, religioso capuchino, que él no cambiaría un palmo solo de su cordon, por todos los reinos de la tierra. Arnolfo cisterciense, haciendo comparacion entre las riquezas y honores que él habia dejado en la corte, y las consolaciones interiores que sentia dentro del monasterio , exclamaba de esta manera: / Ó Jesús mio, y con cuánta verdad habeis prometido de dar el ciento por uno á aquel que por Vos todo lo deja! Es indudable que los monjes de san Bernardo tenian una vida de rigorosa penitencia; mas en medio de aquella soledad en que estaban, se veían tan enriquecidos de celestiales gracias , que llegaban á temer si quedarían ya recompensados por Dios en este mundo por aquellos pocos servicios que le prestaban... En vista de todo esto, yo os aconsejo encarecidamente, que tambien vos procureis uniros mas y mas con Dios; que abraceis con verdadera paz la cruz que él os ofrece; que aspireis á la mayor perfeccion; y que os hagais violencia en aquellas ocasiones que intenten oponerse á tan altos fines. Mas para poder hacer esta santa violencia, suplicad en todo tiempo, suplicad en la meditacion, suplicad en la sagrada comunion, suplicad en las visitas al santísimo Sacramento, y especialmente suplicad cuando sufriéreis alguna tentacion del demonio; y estad segura que de este modo seréis contada en el número de las personas mas afortunadas, y que viven en este destierro mas contentas, que no lo son por cierto todas las princesas , las reinas y las emperatrices de la tierra.
18 Suplicad tambien al Señor que os conceda el espíritu de verdadera religiosa, con el que se consigue obrar, no segun las inclinaciones de nuestra corrompida naturaleza, sino solamente segun los impulsos de

la divina gracia; es decir, con el único fin de agradar á Dios. Y esto es en realidad tener el espíritu de una verdadera monja. ¿De qué sirve llevar el hábito de la religion, y después vivir segun el espíritu del mundo, conservando un corazon propiamente de seglares ? Esto es lo mismo que tener un corazon apóstata, segun escribe san Bernardo : Apostasia cordis, sub habitu religionis cor saeculare gerere ,k. El espíritu de religiosa exige en verdad que se tenga una obediencia la mas exacta á sus reglas? y al mismo tiempo á las órdenes de las superioras, con un grande afecto de servir exactamente á la religion. Se ven algunas monjas que ellas querrían hacerse santas, y que esto fuese á su gusto, como dedicándose al silencio, á hacer oracion, á leer libros devotos; pero sin estar ocupadas en ningun oficio propio de.la comunidad; de donde resulta, que si después les dan el oficio de tornera, ú otro cualquiera empleo que las distraiga de sus devociones, se inquietan, se lamentan, y acaso con obstinacion rehusan el admitirlo; pretextando para ello, que en aquel destino hay ocasiones de pecados: esta conducta no es conforme al verdadero espíritu de religiosa ; porque no quieren entender las que obran de esta manera, que cualquiera ocupacion que se tenga en cumplimiento de la voluntad de Dios, no puede jamás ella por sí ocasionar algun detrimento espiritual. Además de esto, el espíritu de buena religiosa lleva consigo mismo el tener un total desprendimiento del comercio del mundo, un grande afecto á la oracion, un grande deseo de sufrir humillaciones, un grande
1* Serm. S in Psalm. xc.
amor al silencio y al recogimiento, un grande celo por la observancia reglar, un grande aborrecimiento á los apetitos sensuales, una grande caridad para con todos, y finalmente un grande amor á Dios, pidiéndole de continuo que dominemos siempre con su gracia todas nuestras desregladas pasiones. Este es el espíritu que las religiosas perfectas tienen; y todas las que carezcan de él, es necesario que á lo menos conciban un eficaz deseo de llegar á conseguirlo, haciéndose violencia para ello, y pidiendo siempre los divinos auxilios con la mayor instancia. En pocas palabras, el espíritu de una buena religiosa consiste en arrancar del corazon todo aquello que no es Dios, y no querer después ninguna otra cosa que no sea el mismo Dios. 19 Sobre la séptima expresion de san Bernardo: Maritur confidentius. Algunas doncellas no se resuelven á tomar el hábito de monja, temiendo que después, acaso tendrían que arrepentirse. Mas yo quisiera que las tales, al tiempo de hacer la eleccion de su estado, pusiesen ante los ojos de su consideracion, no el tiempo de esta miserable vida, sino aquel punto terrible de la muerte, del que depende ó su eterna felicidad ó su infelicidad sin fin; y después de esta consideracion , desearía tambien preguntarles, ¿ si pueden jamas persuadirse en tener una muerte tranquila, espirando en una casa del mundo, rodeadas de seglares, inquietas por la pasion de los hijos que dejan enredados con los pensamientos del siglo, y afligidas con mil escrúpulos de conciencia? y convencidas ya de esto, ¿ si preferirían una tal muerte á la que experimenta una religiosa, que da el último suspiro en la casa de Dios, asistida de sus santas compañeras, que continuamente le hablan del mismo Señor, que le piden con eficacia por ella, y que la animan para el gran paso de la eternidad? Figuraos el ver, de la una parte, á una gran princesa que muere en su palacio, en un aposento ricamente adornado, cercada de muchos criados y criadas, asistida del marido, de los hijos y demás parientes: y de la otra parte, imaginaos que veis á una religiosa que espira en su convento, y en una pobre celda, mortificada, humillada, separada de sus parientes, desprendida de los afectos terrenos, y despojada, no solamente de bienes de fortuna, sino también de su propia voluntad: decidme ahora, ¿cuál de estas dos pensais que muere mas contenta? ¿aquella rica princesa, ó aquella pobre monja? ¡ Ah 1 que el haber gozado en este mundo de riquezas, honores y placeres, no son verdaderamente las cosas que consuelan en el terrible paso de la muerte; sino que por el contrario, ellas ocasionan la afliccion de espíritu, y la desconfianza acerca de la salud eterna. Pero sí podemos afirmar que son diametralmente opuestos los efectos que producen la pobreza, las humillaciones, las penitencias, y el verdadero desprendimiento de la tierra; pues que todo esto forma aquellos principios fundamentales que ocasionan una dulce y amable muerte, aumentando al mismo tiempo la consolante esperanza de ir á gozar de aquella bienaventuranza, que además de no tener fin, debe con toda propiedad llamarse la felicidad verdadera.
20 Ya sabemos ser una promesa, hecha por nuestro divino Maestro Jesucristo, que aquel que deja por su amor á su casa y á sus padres, gozará de la vida eterna: Omnis qui reliquerit domum, vel fratres, aut patrem, etc., propter nomen rneum centuplum accipkt, et vitam aeternam possidebit ". Esto lo sabia muy bien un religioso de la Compañía de Jesús, el cual reia alegremente en los últimos instantes de su vida; cuando vieron otros religiosos que le asistían aquella novedad, en tan triste lance, temiendo si el moribundo padecería alguna ilusion, le preguntaron la causa de su risa. Á lo que él respondió lleno de gozo: ¿ cómo es posible que yo deje de reir, si estoy seguro de verme pronto en el paraíso? ¿no es el mismo Señor el que ha prometido de dar la vida eterna á aquel que deje el mundo por su amor? yo lo he dejado ya todo por seguirlo : y no pudiendo Dios faltar á ninguna de sus promesas, mi corazon rebosa de contento, haciendo resaltar á mis labios la risa la certeza en que estoy de verme cerca de la eterna gloria. Mas esto mismo lo habia ya dicho mucho antes san Juan Crisóstomo escribiéndole á un religioso de este modo: Impossibile est mentiri Deum. Promisit autem Ule vitam aeternam istarelinquentibus. Tu reliquisti omnia ista, quid igitur prohibet de hujusmodi promissione esse securum,6? Sabemos que Dios no puede mentir. Él mismo ha prometido la vida eterna á quien deje el mundo por su amor: vos lo habeis dejado ya todo por seguirlo; ¿ qué cosa, pues, podrá haceros dudar acerca de una promesa tan solemne?
21 Asegura tambien san Bernardo en sus escritos, que es una cosa fácil el pasar desde la celda al cielo; 15 Matth. xix, í9. - i« s. GUrysost. Lib. de Prov.
porque es muy difícil, continúa el mismo Santo, que deje de salvarse un religioso que muere en su celda; supuesto que tambien es muy difícil que persevere en ella hasta la muerte, sino solamente aquel que ya está destinado para el cielo: Estfacilis via de celia in coelum; moriens enim vix unquam aliquis é celia in infernum descendit, quia vix unquam nisi a coelo praedestinatus in ea usque ad mortem persistit". Por esta misma causa decia san Lorenzo Justiniano, que la religion es la puerta del paraíso, mediante á que el ser religioso es un poderoso indicio de ser elegido por compañero de los bienaventurados: Illius coelestis civitatis iste est introitus; magnum quippe electionis indicium est, hujus fraternitatis habere consortium18. Mucha razon, pues, tenia para morir cantando en su monasterio un hermano del citado san Bernardo, llamado Gerardo; pues que el mismo Dios tiene dicho: Beati mortui qui in Domino moriuntur". ¿Y quiénes son, pregunto yo ahora , estos muertos que mueren en el Señor, sino los mismos religiosos, los que por medio de los santos votos, y especialmente por el de obediencia, mueren para el mundo y para sí mismos, renunciando enteramente su propia voluntad? Por esta causa, estando para morir el P. Francisco Suarez, y recordando en aquellos últimos instantes que todo cuanto habia hecho en la religion habia sido por obediencia, no pudo menos que exclamar diciendo: Que nunca pudo él imaginarse que la muerte habia de presentársele tan dulce y tan amable.
"S. Bern. de Vita sollt. - 1s s. Laur. Just.«. 1, de Discipl. Mon. — «9 Apoc. xrv, 13.
5 TOMO I.
22 Acerca de la octava expresion del repetido Santo: Purgatur citius. Enseña santo Tomásso, que en virtud de la profesion religiosa, se les perdona á los novicios, en el mismo dia que hacen los votos, la culpa y tambien la pena de todos los pecados cometidos en el siglo: Rationabiliter autem dici potest, quod etiam per ingressum religionis aliquis consequatur remissionem omnium peccatorum. Y la razon que hay para esto, segun el mismo Santo, es que, con entrar una persona en la religion se consagra enteramente al servicio de Dios: In satisfactionem pro omnibus peccatis sufficit, quod aliquis se totcditer dioinis obsequiis mancipet per religionis ingressum, quae excedit omne genus satisfactionis. Concluye, pues, el santo Doctor diciendo, que se lee en la vida de los Padres, que reciben los religiosos en aquel dia la misma gracia que los que reciben el bautismo. Unde legitur in vitis Patrum, quod eandemgratiam conseqwntur religionemintrantes, quam consequuntur baptizati. A esto podemos nosotros añadir , que los defectos que cometen después en la clasura las buenas religiosas quedan bien purgados con la misma vida que observan, ejercitándose en las obras mas piadosas de oraciones, de comuniones y mortificaciones que practican diariamente. En consecuencia de todo lo dicho puede tambien piadosamente creerse, que si una religiosa no acaba de satisfacer en esta vida por sus culpas, poco tiempo deberá estar después en el purgatorio; pues que los muchos sacrificios de misas que se le aplicarán después de su muerte, las fervorosas oraciones de la comunidad, y las de sus hermanasen
i» S. Thom. 2, 2, q. ult. a. 3, ad 3.
particular, pronto la habrán de sacar de aquella cárcel de penas.
23 En órden á la expresion nona y última del mismo Santo: Remuneratur copiosius. Bien puede asegurarse que los mundanos están ciegos por sus pasiones, y que esta es la causa de que no conozcan la suma importancia de la vida eterna; con respecto á la cual la vida presente no es mas que un punto imperceptible. Si comprendiesen ellos esta verdad con la viva luz de la fe divina, sin duda que abandonarían, no solamente las propias casas, sino tambien los reinos por retirarse con plena libertad á cualquiera claustro religioso , á fin de atender solamente en él al grande negocio de la eterna salvacion; á cuya obligacion, siendo tan importante, es muy difícil dedicarse como se debe, permaneciendo entre los lazos que presenta el mundo. Por muy dichosas, pues, debeis consideraros vosotras; y siempre estais obligadas á dar gracias á vuestro Dios, porque os ha dado las luces y las fuerzas necesarias para salir del Egipto del siglo, y después os ha recogido en su santa casa; debiendo tambien procurar que vuestro reconocimiento corresponda en lo posible á tan sublime gracia, esforzándoos para ello á servirle con la mayor fidelidad. Formad á este fin un paralelo, poniendo en una parte todos los bienes que el mundo puede daros, y en otra la eterna felicidad que Dios concede á quien renuncia los dichos bienes por su amor, y veréis que hay mayor proporcion entre un grano de arena y toda la tierra, que entre el valor de estos bienes mundanos que tan pronto desaparecen, y los bienes celestiales que eternamente se gozan. 24 El mismo Jesucristo ha prometido el dar el ciento por uno en este mundo, y después la vida eterna en el cielo, á aquel que todo lo deja por servirlo conforme á la perfeccion evangélica. ¿ ¥ quién podrá jamás dudar de esta su promesa? ¡ Ah! que este Señor es muy fiel en cumplir aquello que promete; y aun mas liberal para premiar las buenas obras, que para castigar las malas. Y si tiene prometido en su Evangelio de no dejar sin la debida recompensa un solo vaso de agua que se da en su nombre ó por su amor: Quisquis enim pohtm dederit vobis calicem aquae in nomine meo, non perdet mercedem suam ". ¿Cómo podrá dejar sin un grande premio tantas obras buenas, tantos actos de caridad, tantas abstinencias, oraciones, oficios y lecciones espirituales como practica en cada dia una religiosa que por su estado aspira á la perfeccion? Y aquí es necesario entender, que estas obras que van acompañadas de la obediencia y de la observancia de votos que ya se han hecho, tienen en verdad mucho mayor mérito que las buenas obras de los seglares. Se lee que un hermano de la Compañía de Jesús llamado Fr. Lacci, se le apareció después de muerto á una persona y le dijo, que tanto él como el rey Felipe II se habian ya salvado; pero que cuanto mayor habia sido la grandeza de Felipe que la suya en este mundo, otro tanto mayor era la gloria de que él gozaba en el cielo, que la que disfrutaba el mismo rey Felipe.
25 No puede dudarse que sufrir el martirio perdiendo la vida por la fe, es una heroicidad muy re
« Marc. ix, 40.
comendable; mas el estado religioso parece que tiene alguna cosa aun todavía mas excelente que el martirio. El mártir, es verdad que padece los tormentos por no perder su alma; pero la religiosa los sufre por hacerse mas agradable á Dios; de donde se infiere, que si el que padece el martirio es mártir de la fe, la religiosa es mártir de la perfeccion. Y aunque es cierto que al presente ha perdido mucho de su primer esplendor el estado religioso; pero sin embargo, bien puede asegurarse todavía, que las almas que hay en la actualidad mas agradables á Dios, las que caminan con mayor perfeccion, y que edifican mas la Iglesia del Señor con su buen olor de santidad, generalmente hablando, no se encuentran sino en Jas comunidades religiosas. Y con efecto; ¿cuántas son-, y eu dónde se hallan aquellas personas, que aun cuando sean espirituales en el mundo, se levanten de noche á hacer oracion, y á cantar las divinas alabanzas , y que empleen cada dia cinco ó seis horas en estos y semejantes devotos ejercicios? ¿En dónde aquellas que tengan tantos ayunos, abstinencias y mortificaciones? ¿En dónde las que observen tanto silencio de regla, y que estén tan atentas para obedecer la voluntad de un superior, y no la propia? Pues aquí se halla compendiado todo lo que practican puntualmente las religiosas de los conventos observantes, y aun tambien de los que no lo son; porque en toda comunidad, por relajada que sea, siempre se encuentran aquellas almas que en el dia del juicio habrán de servir de fiscales ó jueces de las otras; las cuales aman la perfeccion, y cumplen con las reglas, además de otras obras de supererogacion que tambien ejecutan después en particular. Es por lo tanto cierto, como ya se ha dicho, que todo lo que hacen bueno ordinariamente en el mundo las almas piadosas, no puede ponerse en comparacion de lo que practica una buena religiosa. Con razon, pues, dice san Cipriano , que las vírgenes consagradas a Dios son las flores del jardin de la Iglesia, y la porcion mas noble del rebaño de Jesucristo: Flos est iste ecclesiastici germinis... illustrior partio gregis Christí ". Y san Gregorio Nacianceno afirma , que los religiosos son las primicias de la grey del Señor, las columnas y corona de la fe, y las piedras preciosas de la Iglesia: Sunt gregis Domini primitiae, columnae et corona fidei, margaritae templi". Yo tengo tambien por cierto, que la mayor parte de las sillas de los infelices Serafiaes, que como compañeros de Lucifer dejaron vacías en el cielo, no será ocupada sino por las personas religiosas. Sabemos en prueba de esto, que en el siglo anterior décimoséptimo, de sesenta personas que la Iglesia colocó en el catálogo de los Santos ó de los Beatos, no se ven mas que cinco ó seis que no pertenezcan al estado religioso. / Ay del mundo, le dijo un dia Jesús á santa Teresa, sí en él no hubiese religiosos **/ Rufino igualmente juzga que no debe ponerse en duda, de que el mundo subsista por los méritos de los que han abrazado la religion: Dubitari non debet ipsorum meritis adJiuc star e mundum S8. Convencidas, pues, vos
"S. Cypr. lib. de Hab. Vlrg. - »3 s. Greg. Nazianz. Orat. ult. in Julian. - s* Riber. lib. I, ylt. c. 12. — « Ruffln. Prol. in vita Patr.
otras de todo esto, cuando el demonio intente espantaros, presentándoos de un golpe de vista la observancia de la regla, la abnegacion de vosotras mismas, y la vida mortificada que debeis seguir para salvaros, alzad entonces los ojos al cielo, y sola la esperanza de aquella bienaventuranza eterna os dará valor y fuerzas para sufrir todo cuanto se presente. No olvideis que en un dia, que no debe estar muy distante, habrán de tener fin las angustias, las mortificaciones y todas las demás miserias de esta vida presente; y que en el mismo dia han de suceder á estas penalidades las encantadoras delicias del paraíso, las que además de ser infinitas en sus perfecciones, son tambien eternas, y libres por lo tanto del menor temor de que jamás puedan tener fin ó acabarse.
ORACIÓN.
¡Ó Dios de mi alma! Ya veo que Vos quereis salvarme por todos conceptos. Yo, infeliz, estaba ya perdida por mis pecados, habiéndome yo misma condenado obstinadamente al infierno. Mas Vos, Señor mio, en vez de arrojarme á aquel lugar de tormentos eternos, segun que yo lo merecía, extendisteis esa vuestra mano amorosa, con la que, compadecido de mi suerte, no solamente me habeis librado del infierno y del pecado, sino que tambien me habeis arrancado casi por fuerza de en medio de tantos peligros como ofrece el mundo, para colocarme en esa vuestra casa y al lado de vuestras queridas esposas. Yo no puedo, Esposo de mi vida, daros aquí las debidas gracias por tan distinguidos beneficios, y espero por lo tanto, que me llevaréis al cielo, para cantar eternamente estas misericordias tan especiales que habeis usado conmigo. ¡ Oh Jesús mio, quien nunca os hubiera ofendido! Ayudadme ahora, supuesto que ya quiero amaros mucho, y estoy resuelta á hacer cuanto pueda para complaceros. Vos no habeis omitido nada por ganar este amor mio, pues tambien es muy justo que yo toda me ocupe en agradaros. Vos os habeis entregado á mí sin reserva alguna; pues tambien yo sin alguna reserva á Vos me entrego. Ya que esta mi alma es eterna, quiero estar unida con Vos eternamente. Y mediante á que el amor es el lazo con que el alma se une á Vos, yo os amo sumo Bien mio, yo os amo Redentor mió, yo os amo Esposo mio, yo os amo único tesoro mio, único amor mio: yo os amo, yo os amo, y espero siempre amaros. Vuestros infinitos méritos son toda la esperanza de mi alma. ¡ Ó María santísima , gran Madre de Dios y madre mia! tambien en vuestra proteccion pongo toda mi confianza. Cuando yo estaba ciega en el pecado, Vos, Señora, compadecida de mí, me alcanzásteis el perdon: ahora que concibo la dulce esperanza de estar en gracia de mi Dios, y que además de este imponderable beneficio, disfruto tambien el de ser religiosa; Vos misma aun habeis de alcanzarme ahora otra gracia 73 CAPÍTULO III. 73
LA RELIGIOSA DEBE SER TODA DE Sü DIOS.
1 Refiere Plutarco 1 que cuando en Roma llegaba la esposa á la casa del nuevo esposo, estaba obligada á decirle esta expresion: Ubi tu Cajus, ego Caja. Cuyo significado era el siguiente: En donde tú, esposo mio, estuvieres con tu voluntad , allí estaré yo tambien con la mia. Y esto mismo puntualmente es lo que Jesucristo exige de cualquiera virgen que celebre con él los espirituales desposorios: Praebe cor tuum mihi \ Hija y esposa mia, lo que yo quiero de tí es que me dés tu corazon, esto es, la propia voluntad. Dice el Eclesiástico , que cuando Dios crió á nuestros primeros padres Adan y Eva: Posuit oculum suum super corda Ulorum '. No dice que puso Dios los ojos sobre sus manos, que son los miembros propios para obrar; sino que los puso sobre sus corazones. Y el motivo de esto fue, que todas las obras exteriores, si no proceden del corazon, y van acompañadas del afecto interno, nada valen delante de Dios. De donde se infiere, que toda la gloria ó conato de una buena esposa debe ser el estar enteramente unida con el interior, es decir, con su propio corazon, al corazon de Dios: Omnis gloria ejus ab intus *. Y esto es lo que hace que una religiosa sea toda de Dios.
1 Quaest. Rom. 49. — » ProT. xxui, 26. - »Eccli. xvn, t — * Psaliu. xuv, 14.
2 Dice san Bernardo á este intento, que considerado Dios como nuestro Soberano, pide de nosotros el temor; que considerado como Padre nos exige el respeto ; pero que considerado como Esposo ninguna otra cosa quiere sino que le amemos: Exigü Deus tirneri ut Dominus, honorariutPater, utSponsus amar¡'. De aquí proviene, el que Jesucristo sufra con menos disgusto cualquiera otro defecto en una virgen esposa suya, que la falta de amor; lo que sucede cuando ella comete la infidelidad de nutrir en su corazon cualquiera afecto á otros objetos que se opongan al mismo Señor. A este fin quiere tambien que la religiosa, al tiempo de consagrarse por su esposa, en el acto de la profesion, reciba el sagrado velo, y que le diga entonces el prelado: Accipe velum, ut nulIvm amatorem praeter eum admitios. Recibe este velo, á fin de que de hoy en adelante no mires mas á las criaturas; debiendo tambien desarraigar de tu corazon todo afecto que no se dirija á Dios. Por esta misma causa quiere la Iglesia que la monja se mude el nombre, y con tal mutacion entienda, que debe olvidarse del mundo, y considerarse ya como muerta á todas las cosas que á él pertenecen; para que de esta manera diga verdaderamente con el corazon aquello que ya ha proferido con sus labios: Regnummundi, et omnem ornatum saiculi conlempsi propter amorem Domini mei Jesu Christi, quem vidi, quem amavi, in quem credidi, quem dilexi. Yo he despreciado el mundo y todas sus pompas por el amor de Jesucristo, mi dulce Esposo; al cual, después que he tenido la dicha de conocerlo como el objeto mas digno y mas amable entre todas las cosas, todo mi corazon gustosamente le he entregado: Discede á me pabulum mortis, quia ab alio amatare praeventa sum. Esto es lo que debe decir toda religiosa con la virgen santa Inés. De allí en adelante, cuando cualquiera objeto de la tierra pretenda entrar en su corazon, para apoderarse de alguna parte de aquel afecto que ella enteramente ha consagrado á su divino Esposo; retírate, debe decirle entonces, malvado afecto, pues que con tu malicia oculta tratas de envenenarme el corazon para causarme la muerte: retírate, vuelvo á decirte; porque inútilmente me pretendes , mediante á que otro amante mas noble, mas fiel y mas agraciado que tú, me ha manifestado antes sus amores, y ha tomado ya posesion de todo mi corazon. Tú no eres mas que una criatura vil y miserable, y yo estoy ya desposada nada menos que con aquel Señor tan grande, que él es el Rey del cielo y de la tierra: Ipsi desponsala sum, cui Angelíserviurtt.
5 Serm. 81 in Cant.
3 Aquí es necesario advertir que nuestro corazon no puede existir sin ejercitarse en el amor. De donde se infiere, que precisamente ha de amar á Dios, ó á las criaturas; y que si no ama á las criaturas, ha de amar á Dios sin duda. Por esta causa nos exhorta el Espíritu Santo á poner todo el cuidado en conservar nuestro corazon libre absolutamente de los afectos que no fuesen dirigidos á Dios: Omni custodia serva cor tuum, quia ex ipso vita proceda 8. Siempre que el corazon ame á Dios, disfrutará de la vida: mas si colocare sus afectos en las criaturas, en ellas encontrará
l Prov. ív, 13. „
la muerte. Por lo tanto, para poder un alma santificarse , es necesario que desaloje del corazon cualquiera otra cosa que no fuere Dios. A este intento, los antiguos Padres del desierto, siempre que se les presentaba alguno solicitando que lo admitiesen en su compañía, le preguntaban de este modo: Affers ne cor vacmm utpossit illud Spiritus Sanctus implere? Y con mucha razon le hacían esta pregunta, porque aquel corazon en el que todavía hay tierra, no puede llenarse del amor divino: como sucede con el que lleva á la fuente un cántaro lleno de arena, que por mas que se fatigue, jamás podrá verlo lleno de agua, si primero no le saca la tierra. ¡Oh mi Dios! ¿y porqué sucede que tantas religiosas vayan á la oracion y á la comunion , y consigan tan poco aumento en el amor divino? Porque viven con el corazon lleno de tierra; es decir, poseido de afectos, ó acerca de la propia estimacion , ó acerca de la vanidad, ó acerca de la voluntad propia, ó acerca de los parientes, ó acerca de otra cualquiera criatura; pues entiendan, que mientras que en verdad no se desocupe de toda esa tierra, no será posible que ese mismo corazon se vea poseido del amor hácia su Dios. Presentadme un alma que no ame cosa alguna de este mundo, y yo doy por cierto que ella habrá de estar llena del amor divino. Es indispensable, por lo tanto, suplicar al Señor continuamente, y decirle con David: Cor mundum crea in me Deus '. Dadme, Señor, un corazon que esté vacío de afectos, hácía cualquiera otra cosa que excogitarse pueda, fuera de Vos. Vae duplici corde, dice Dios8. Cuyo ¡
'Psalm. L.,11. — Seccií. ii, 14.
do texto expone san Agustín de este modo: ¡ Ay de aquel, que de su corazon, que es uno solo, hiciese dos corazones y los divida, dándole á Dios el uno, y el otro al demonio! Vae duplici corde, qui de suo partem faciunt Leo, partem diabolo 9. Porque, añade el mismo Santo, justamente Dios se indigna con el que se atreve á igualarlo con su enemigo; y en castigo, el mismo Señor se apartará de semejante corazon, y lo dejará todo en posesion del demonio: Iratus Deus, quia sit sibi pars cum diabolo, discedit, et totum diabolus possidet. A lo menos, concluye el santo Doctor, no puede ser toda de Dios aquella alma, que ama cualquiera cosa fuera de Dios, y tanto menos amará á este Señor, cuanto mayor fuere el afecto que profesare á tal objeto: Mims te amat, qui tecum aliquid aliud amat.
i Podemos inferir de todo lo dicho, que aun el mas pequeño apego que se tenga á las criaturas, impide que un alma sea enteramente de Dios. Mientras que santa Teresa abrigó en su corazon cierto pequeño afecto desordenado, auoque no de impureza, hácia un pariente suyo, no fue toda de Dios; mas cuando después se desprendió de todos los afectos tenidos á las criaturas, y consagró su corazon enteramente al amor de Dios, entonces mereció oir que el Señor le dijese. Teresa, ahora eres tú toda mía, y yo soy todo tuyo. Decia á este intento san José de Calasanz, que nada le da á Jesucristo aquel que no le entrega su corazon todo por entero. Y justamente se expresaba de este modo, porque, si nuestro corazon es muy pequeñitoe es la de hacerme santa. Así lo espero, Señora mia, y así sea. para amar aun Dios que se merece un amor infinito; ¿qué podrá quedarle que ofrecer después, á aquel que quiera dividir una porcion tan diminuta, dándole una parte á Dios, y otra parte á las criaturas? No, exclamaba el beato Gil, cuando decia: Una uni: esta alma sola y este único corazon que tenemos, es ciertamente un deber que los entreguemos, no divididos, sino por entero, á solo aquel que merece todo nuestro amor, y que tanto ha hecho y padecido por obligarnos á que le amemos. No habia una necesidad, segun escribe el P. Nieremberg, de que Jesucristo hiciese tantos sacrificios para salvarnos; bastaba solamente que hubiese derramado una gota de sangre, una sola lágrima, ó hubiese dirigido una sencilla oracion; pues que cualquiera de estas ofertas era mas que suficiente para redimir á todo el mundo, y á infinitos mundos que hubiese; mas á pesar de esto, el divino esposo Jesús ha querido derramar toda su sangre hasta perder su vida, no solamente por salvarnos, sino tambien para ser amado de nosotros con todo el corazon. Tambien podia muy bien haber mandado un Ángel para que nos hubiese redimido del pecado; pero no, dice Hugo de san Víctor; á fin de que no dividieses tú entonces tu amor entre el que era tu Criador, y entre el Angel tu redentor, ha querido ser á un mismo tiempo Criador y Redentor tuyo: Neamoremdwideres Ubi factus est Crealor, ct Redemptor "1.
S De todos quiere el Señor ser amado con todo el corazon, intimándonos á cada uno aquel divino precepto: Diliges Dominum Deum tuum ex tolo corde luo,.1. Mas este amoroso mandato lo intima especialmente á sus esposas. Habiéndole oido decir á uno de sus hermanos san Juan José de la Cruz, aleantarino, que él habia tomado el hábito de religioso por salvar su alma , le respondió de este modo: No, hijo mio, no dices bien con eso de que por salvar mi alma : di mas bien, por hacerme un santo; pues este debe ser el único fin del religioso, el de amar á Dios en un grado elevadísimo. ¡Ó Dios de mi vida! Y si una religiosa no ama á Jesucristo con todo el corazon, ¿quién habrá que esté mas obligado á cumplir con este deber que ella misma? ¡Ah! ¡cuántas elecciones ha tenido que hacer el Señor para llegar á constituiros por esposa suya en la religion! Primeramente ha tenido que elegiros entre el número infinito de las criaturas posibles, ó que no han llegado á la existencia. Después ha tenido que escogeros entre tantos otros que nacen en medio de los infieles y herejes, haciéndoos hija de la santa Iglesia desde vuestro nacimiento, por medio del santo Bautismo. Después ha tenido que entresacaros del crecido número de tantos seglares, que viven en el bullicio del mundo, que es como decir del continuo tropiezo de infinitos peligros y ocasiones de perder la eterna salud para siempre; y con este piadoso intento se ha dignado de favoreceros con tantas inspiraciones, dulces llamamientos y gracias especiales hasta reduciros á tomar el hábito de religiosa. Y si vos, después de todo esto, no amais á vuestro Dios con todo el corazon, y no sois del todo suya, ¿ quién habrá que lo sea? Haec est generaíio quaerentium Dominum11. Inú"Psalm. xxxiit, 6.
10 In lib. Sent. - ti Matth. un, 31.
til seria buscar en el mundo esta predilecta grey. Mas al considerar aquellas delicadas vírgenes, que. descendientes de noble linaje, con cuantiosos bienes de fortuna , y pudiendo por consiguiente disfrutar mejor que otras muchas de las delicias mundanas, lo han abandonado todo y se han encerrado en un claustro, para vivir en él pobremente, ¿ qué otra cosa podrá jamás pensarse ni decirse en este caso, sino que: Haec est (jeneratio quaerentium Dominum? Estas son de aquel linaje de personas, que no buscan ya otra cosa sino á Dios.
* 6 No será fuera de propósito que tambien aquí se repita el consejo de san Bernardo. Dice, pues, este Santo: Ya que Dios ha tenido la dignacion de llamaros para que seais sus esposas, es necesario que no penseis en amar otra cosa sino á Dios: Nihil Ubi et mundo; obliviscere omnium: solí omniuin serves te ipsam, quem ex omnibus tibi elegisti '3. \ con efecto, habiéndose ya consagrado una monja á Jesucristo, ¿ qué tiene que tratar jamás con el mundo?Separaos, pues, de todas las criaturas, y procurad conservar el corazon todo entero, solo para aquel Señor, á quien con preferencia á todos los demás objetos habeis elegido para ofrecerle vuestros afectos. He dicho el corazon todo entero; por cuanto Jesucristo quiere que la que llegue á consagrarse por su esposa, sea un huerto cerrado, y tambien una fuente sellada: Jíortus conclusus, fons signatus, soror mea sponsa '*. Un huerto cerrado, quiere decir, que no admita ya con el afecto, para que habite en su corazon, á ninguna otra cosa
13 S. Bern. Serm. 40 in Cant. - '* Cant. iv, 11.
fuera de su divino Esposo: Hortm conclusits, qui neminem nisi dilectum admittit"1. Una fuente sellada; por cuanto este Esposo es muy celoso, y no permite que en el corazon de una esposa suya tenga entrada otro amor que no sea el suyo;. y por eso le manda á ella de este modo: Pone me ut signaculum super cor tuum, ut signaculum super brachium tuum, quia fortis utmors dilectio ''. Yo quiero, le dice el mismo Esposo, que me coloques como un sello sobre tu corazon, y sobre tu brazo; á fin de que no ames en adelante á ninguno otro sino á mí, ni tampoco ejecutes cualquiera de tus operaciones con alguna otra mira que la de complacerme á mí solo. Y así puntualmente se explica san Gregorio , cuando dice: Super cor, etsuper brachium sponsae Dilectus ut signaculum ponitur, quia in sanela anima, quantum ab ea diligatur, et voluntate, et actíone designatur. Se coloca el Amado como un sello sobre el corazon y el brazo de la esposa, mediante á queelalma santa, ya con la voluntad, y ya con las obras, da bien á conocer el amor que á su Esposo le profesa. Y muy bien que sabe el amor santo, cuando es fuerte, . desalojar del alma cualquiera otro afecto que á Dios no va dirigido. Quia fortis ut mors dilectio. A la manera que no hay potencia criada que resista á la muerte, luego que llega el tiempo determinado para su venida; así tambien puede decirse, que no hay algun impedimento ó dificultad, por grande que sea, que no quede vencida por el amor divino, cuando él ha llegado á tomar posesion del corazon humano. Si dederitkomo omnem substantiam domus suae pro dilectio"Gilbert. Serro. 85 in Cant. — i« Cant. vm, 6.
6 TOMO I.
ne, quasi nihil despiciet eam ". Un corazon enamorado de Dios, desprecia todo lo que el mundo le ofrece y lo que puede darle; desprecia, para decirlo de una vez, todo aquello que no es Dios. Cuando se pega fuego en una casa, segun que observa san Francisco de Sales, arrójanse por las veritanas todos los muebles que hay dentro de ella; con cuya expresion quiere significar el Santo, que luego que un alma llega por su buena suerte á arder en el amor divino, no necesita ya para un verdadero desprendimiento, ni de sermones, ni de lecciones espirituales, ni del consejo de su director; porque ella por sí misma, sintiéndose abrasar de las divinas llamas de la caridad, se despoja con valor de todos los bienes criados, para no poseer ni amar ya otra cosa, fuera de su único bien que es Dios. .
7 ¿Y acaso, pregunto yo ahora, hermana mia, no merece todo este amor vuestro divino esposo Jesús, después de haber dado su vida en una cruz. por salvaros, y de haberse introducido tantas veces este mismo Redentor divino en vuestro pecho por medio de la sagrada comunion ? ¿ Y con cuántas otras gracias y ;especiales favores, además de todo esto, habeis sido enriquecida , cuyos beneficios no se les han concedido á otras? Considerad, dice san Juan Crisóstomo, que él se os ha dado á sí mismo, y que nada se ha reservado para sí: Totum tibi dedit, nihilsibi retinuit. Y esto era lo que principalmente inflamaba á san Bernardo en el amor de su Dios, y le hacia exclamar: Tolus mihi Aatus, Mus in meos usus expensus. Mi Señor se ha dado todo á mí, y se ha sacrificado todo por mi amor; razon será tambien que yo me sacrifique todo por amarle. Dilectus meus mihi, etegoilli 18. Mi Amado es todo para mí, y yo soy toda para mi Amado. Y decia á este intento santa María Magdalena de Pazzis, que siendo llamada una religiosa para ser la esposa del Crucificado, no debe mirar otra cosa en toda su vida y en cuantas oraciones hiciere, que no sea á Jesús crucificado; y que tampoco debe ser otra su ocupacion , que el considerar el grande amor que le ha manifestado siempre este su divino Esposo. Él mismo, cuando ya estaba para consumar la obra admirable de la redencion, se expresó de este modo: Nunc Princeps kujus mundi ejicietur foras 19. Y hablando san Agustín de este sagrado texto, pregunta como admirado: ¿Qué cosa, por ventura, nos quiso decir Jesucristo, con que el demonio debia salir fuera del mundo, después de su afrentosa muerte? Non ita, sed extra corda credentium so. No como suena la expresion; sino que con las palabras fuera del mundo, quiso darnos á entender, que debia salir fuera de los corazones de todos los fieles. Mas tambien debemos advertir, que aunque Jesucristo ha muerto por todo el género humano, especialmente ha muerto por las vírgenes sus esposas. Si, pues, un Dios se ha dado todo sin reserva á vosotras, seria demasiadamente grande vuestra ingratitud, si aun todavía repugnáseis el darle todo el corazon, y anduviéseis con maliciosa reserva para amarlo. Decidle, pues, con la mayor frecuencia: Vos, Jesús mio, os habeis dado á mí sin la menor reserva;
«» Cant. u, 18. — i» Joan. ni, 31. — s» Tractalus i ¡n Epad Joan.
me habeis hecho amorosa donacion de toda vuestra sangre, de todoS'Vuestros sudores, de todos vuestros méritos; y en suma, no os ha quedado ya nada que darme; yo por lo tanto, me doy tambien á Vos del todo; os doy todos los bienes que puedo esperar de la tierra; os doy todas las obras satisfactorias que yo pueda practicar; os doy mi cuerpo, mi alma, mi voluntad, mi libertad : «o me queda ya mas que daros; si mas tuviera, mas os daría de buena gana. Renuncio absolutamente de todo lo que el mando pueda darme, Y hago una solemne declaracion, deque con solo Vos tengo lo bastante de cuanto pudiera desear y poseer. ¡Ó qué cambio tan bello, decía santa Teresa, el de darle á Dios nuestro amor, y recibir el suyo! Mas al mismo tiempo hacia la Santa esta advertencia. Dios nos ha dado ya primero todo el tesoro de su amor; para que nosotros no dejemos en ningun tiempo de darle tambien enteramente nuestro afecto.
8 Una esposa de Jesucristo no debe cantar tampoco otro cántico, sino aquel cántico nuevo, del cual habla David cuando dice: Cantate Domino canticum novum t'? Y pregunta aquí san Agustín: Quid habet canticum nomm, nisi amorem novum "? ¿Qué cosa significa un tal nuevo cántico, sino un amor nuevo? Las canciones viejas son los afectos á las criaturas , y nuestro pernicioso amor propio, el que desde nuestro nacimiento llevamos con nosotros mismos, á causa de aquella inclinacion al mal, que el maldito pecado ocasionó en nuestra naturaleza, segun que el Espíritu Santo nos lo advierte por estas
» Psalm. xcv, 1. - » Serm. 23G De Temp.
palabras: Sensus enim, et cogitatio hitmani cordis prona sunt ab adolescentia sua ". La cancion nueva, por otro concepto, es el amor de nuestro corazon, que á Dios le consagramos. Prosigue por lo tanto exhortándonos el mismo san Agustín: Vox hujus cantoris est sancti amoris; ipsum amemus propteripsum. La voz de nuestro corazon, con la que debemos alabar á nuestro Dios, debe ser el fervor del amor santo, amándolo solamente porque merece ser amado, y despegando del corazon otra cualquiera cosa que no sea Dios. Jesucristo , este divino Esposo crucificado, quiere tambien que sus esposas estén crucificadas á todas las cosas de este mundo. Y cuando este pérfido adulador nos presente á la \ista de la imaginacion sus pompas y sus delicias, debemos con san Paulino alzar nuestra voz y decirle: Habeant sibi divitias suas divites, regna sua reges; nobis Christus regnum, et gloria est. Que gocen en buen hora los ricos de sus bienes, y los reyes de sus reinos: nuestra reino y nuestra gloria sea solamente Jesucristo, á quien nos importa amar, mas que adquirir el dominio de toda la tierra. La esposa del mismo Jesucristo no debe desear ninguna otra cosa sino su amor; no debe vivir de otra cosa sino de su amor; no debe buscar otra cosa sino el crecer continuamente mas en su amor: debe estar siempre "desfalleciendo de amor, bien sea que ande por el coro, bien por la celda, bien por el dormitorio, bien por el jardin, ó bien por otro lugar cualquiera. Y debe ser, además de esto, tan grande el ardor del amor que tenga á su Amado, que se extiendan las "Gen. Tiii , 21.
llamas, no tan solamente por su convento, sino tambien por defuera. A este mismo amor la exhorta y la convida con su ejemplo su querido y dignísimo Esposo: ¡Oh feliz-mil veces aquella religiosa, que puede repetir en verdad, loquedeciasan Francisco! Deus meus et omnia. Dios de mi vida, después de que con tantas finezas amorosas Vos me habeis obligado á la correspondencia, ¿cómo podré ya jamás andar buscando los falaces bienes de la tierra: y mayormente habiendo mi alma encontrado á Vos mismo, que sois el conjunto de todos los verdaderos bienes? Deus meus et omnia. ¿Qué quiere decir para mí eso de honores? eso de riquezas? eso de placeres? Vos solo sois todo mi honor, toda mi riqueza, todas mis delicias; Vos, en fin, sois para mí todas lascosas. Quidmihi estin coelo, et a te quid voluisuper terram? Deus cordis meietpars mea Deus in aeternum ". T ¿qué podré yo encontrar jamás ni en el cielo, ni en la tierra, fuera de Vos, que sea mas digno de amor, y que mas me haya obligado á amarle que Vos mismo? Yos solo, por lo tanto, es razon que seais el único Señor de mi corazon; Vos solo debeis reinar en él, y dominarlo para siempre; y este corazon mio solo debe obedecer á vuestro amor, ejercitándose todo en aquello que á Vos mas agradare. Inwni quem diligit anima mea, tenui eum, nec dimitlamTM. Sí, yo he hallado verdaderamente al que ama mi alma, y el único que puede contentarme. Que venga todo el mundo con sus placeres, que se presente el infierno con todos sus esfuerzos para separarme de Vos: yo resistiré valerosamente contra todo, con «»Psalm. Lxxii ,»6. — «s cant. m, 4.
vuestra divina gracia, y jamás os abandonaré ya, Jesús esposo mio. Tenui eum, nec dimittam. Yo quiero teneros siempre ligado con mi amor, y nunca jamás permitiré que os separeis de mí; quiero, finalmente, vivir y morir unida siempre, y del todo identificada con Vos.
9 Ahora conviene añadir aquí, que para llegar á la perfeccion, y poder gozar de una verdadera paz de conciencia, es indispensable morir al mundo, y aun á nosotros mismos: Beati mortui qui in Domino moriuntur 16. Mas como no se puede morir naturalmente sin experimentar dolores, de aquí es, que para morir al mundo, y desprenderse de sus bienes, es necesario resolverse á padecer. No por otra causa es comparado el reino de los cielos en las divinas Escrituras, ya áun tesoro, por adquirir el cual es necesario venderlo todo: ya á una ciudad, en donde para entrar se necesita sufrir la fatiga y diligencia, por cuanto la puerta del paso es estrecha: ya á un palacio, en el que las piedras, que son las almas qué lo forman, deben ser labradas á golpe de martillo: ya á un convite, al que no es posible asistir, sin dejar todos los demás negocios: ya á un premio, para ganar el cual es indispensable correr hasta el fin: ya, por último, áuna corona, la cual, si se ha de obtener, es preciso sufrir combates y conseguir victorias. En compendio, para morir al mundo, es necesario hacer morir en nosotros al amor propio. Dice san Agustín á este intento, que cuanto mas va faltándonos el amor propio, tanto mas se nos aumenta el amor divino: y que la muerte del amor propio forma la perfeccion de la caridad: Nutrimentum caritatis est diminutio cupiditatis; perfectio, nulla cupiditas 2Í. Y no se entienda que la caridad ha de medirse por los tiernos afectos que ella produce, sino por la fortaleza con que se obra: siendo tambien cierto, como añade el mismo santo Doctor, que el amor ardiente vence todo obstáculo que se le oponga, por trabajoso que sea: Nihil tam durum, quod non amoris igne vincatur M. Y en otro lugar tambien se halla escrito por el citado Padre: In eo quod amatur, aut non laboratur, aut ipse labor amatur !9. Un alma que ama de veras á Dios, ó no padece con los trabajos sufridos por su divina Majestad; ó si padece , ama verdaderamente el mismo padecer. Escribe tambien el repetido santo Doctor en sus Confesiones, que cuando él se convirtió á Dios y se dedicó á su servicio, llegó á hacérsele amable la misma privacion de los placeres terrenos; y que así como antes experimentaba temor en perderlos, después por el contrario, se llenaba de gozo, por haberlos ya dejado: Quam suave tnihi subito factum est carere suavitatibus nugarum, et quas amittere metus fuerat, jam dimitiere gaudium erats 0. Lo mismo sucede á una religiosa que ha puesto en Dios todo su amor, á la cual se le hace todo fácil, la pobreza, la obediencia, la mortificacion y todas las demás obligaciones pertenecientes á su estado; mas por el contrario sucede con alguna otra que no se contenta con tener á Dios solo; pues que á la que tiene esta desgracia , todo se le hace duro é insoportable.
« Lib. 81, q. 36. - »s s. Aug. in Jo. Iract. 48, 3. - "De Bono Yiíuit. cap. 21. - ao Lib. 9 conf. cap. 1.
10 Y aunque nadie debe dudar, que cuanto pue da imaginarse de bueno en nuestras operaciones, todo ello viene de Dios, y que sin la asistencia de su gracia no podemos ni aun pronunciar dignamente el dulce nombre de Jesús, como afirma el Apóstol; sin embargo de esto, quiere el Señor que nosotros pongamos de nuestra parte, y cooperemos á la adquisicion de nuestra eterna salud. Muchas almas desearian ser santas; mas quisieran tambien que Dios'lo hiciese todo, colocándolas en el mas alto grado de perfeccion, sin que hubiese que sufrir incomodidades ni fatigas por su parte, lo cual es imposible. Estas almas deben observar que la divina Ley se llama yugo, y que la'etimología de este nombre nos da bien á entender, que es un instrumento conducido por dos; para significarnos , que si esta Ley ha de observarse, es necesario que Dios nos ayude de la una ¿parte, y que nosotros nos ayudemos de la otra; siendo tambien indispensable á cada paso, qae para que nosotros llevemos la parte que nos es correspondiente de este yugo, y consigamos el reino de los cielos, nos hagamos violencia: Regmm coelorum vim patitur, et violenti rapiunt illud 31. Y san Pablo tambien afirma, que no recibirá la corona aquel que no peleare cuando fuere necesario, para vencer á los enemigos de nuestra salud eterna. Por lo tanto, ¡oh esposa bendita del Señor! yo te digo ahora con el apóstol san Juan: Tene quod habes, ut nenio accipiat coronam tuam s3. Ya que Jesucristo ha tenido la dignacion de hacerte esposa suya, procura de mantenerte fuerte, y de no permitir que los enemigos te arrebaten aquella corona eterna de reina que Dios en el cielo te prepara, con hacerte semejante á tu divino Esposo; pues que tambien es indispensable que todos los predestinados hayan de tener la semejanza de estesoberano Maestro: Quos praescivit, etpraedestinavü conformes fieriimaginis filiisui ". El va delante coronado de espinas, agobiado con la cruz á cuestas, llagado y escarnecido^ y en tan lastimoso estado , convida al que quiera seguirlo, negándose antes á sí mismo: Quis vnlt venire post me, abneget semetipsum »4. Observad que camina el divino Jesús de este modo al Calvario, y que va á morir por vos; pues tambien es necesario que vos igualmente os sacrifiqueis á la muerte por su amor, y que le digais con el enamorado san Francisco: O bone Jesu, moriar amore amoris tai, qui amore amoris rnei dignatus es mori. Ó buen Jesús, es justo que yo muera por el amor de vuestro amor, ya que Vos habeis muerto por el amor del amor que me teneis. Sí, dice el Apóstol, es mucha razon que murais á vos misma, y solo vivais para aquel Dios que por vos ha muerto: Qui vivunt, jam non sibi vivant, sed ei qui pro ipsis mortuus est35. Yo confieso que sois débil para practicar todo esto; mas la virtud divina no podrá dejar de ayudaros, si en la bondad de vuestro divino Esposo colocais vuestra esperanza. Cuando el demonio llegue á tentaros, y pretenda haceros desmayar en el camino de la virtud, diciéndoos: ¿Cómo es posible que dure esta vida tan mortificada, negándose siempre á sí misma, y á todas las satisfacciones que son propias de la naturaleza? Res"Rom. vm, 29. - »» Matth. xvi, 24. — w II Cor. v, 15.
31Mattl). xi, 12. - 8i Apoc. in.ii.
pondedle entonces, llena de valor con el santo apóstol Pablo: Omniapossumin eo qui me confortat ". Yo, es verdad que no tengo fuerzas para hacer nada; mas aquel Señor que me ha elegido por suya, y que tambien á su amor me llama, él me dará fortaleza para que yo practique todo aquello que de mí quiere. Dice santa Teresa acerca de esto: Si la falta no proviene de nuestra. parte, nó temamos que por la parte de Dios nos faltenlos auxilios, aun para hacernos unos santos. ¡Oh Dios de mi vida! y ai una religiosa no se hace santa, ¿quién habrá que deba santificarse? Convencida, pues, ya de esta obligacion tan interesante, no dejeis de ofreceros continuamente á Dios con una voluntad resuelta de complacerle en todo, ni menos os olvideis de suplicarle siempre que os preste la asistencia de su divina gracia. El mismo Señor tiene prometido que concederá todo aquello que se le pida con la debida confianza: 'Omnia quaecumque orantes petitis, credite quid accipietis, et venient vobis ".
11 ¿Qué temor podeis tener ya en vista de esta promesa? Llenaos, pues, de valor. Recordad que Dios ya os ha arrancado de en medio del mundo, os ha librado de sus malignos lazos, os ha llamado á su amor, y ya tambien os prepara mil gracias y divinos auxilios, si vos agradecida le correspondeis con fidelidad. Vos habeis dejado ya el siglo; y habiendo con esto practicado lo mas (os repetiré lo que decia santa Teresa á sus hijas), lo menos es lo que os queda que hacer para ser santas. Resolveos, pues, desde este instante, á despreciar y aborrecer siempre al mundo. Mas y a
M pwi. iv, 13. - w Marc. xi, ?4.
conozco que no puede esperarse menos que esto, después que ya lo habeis dejado; después que habeis renunciado á los falaces bienes que él os ofrecía; después de haberos privado voluntariamente de vuestra libertad, encerrándoos para siempre dentro de cuatro paredes. ¿Y no seria la mas abominable cobardia el que ahora, habiendo precedido tantos sacrificios, llevadas del falso atractivo de miserables satisfacciones ó caprichos, quisiéseis voluntariamente poneros á peligro de perderlo todo, el alma, el paraíso y hasta el mismo Dios? ¿No seria, repito, la mas abominable cobardia y desgracia la de venir á convertirse una esposa del Rey celestial en una infeliz esclava de Lucifer, el que no se contentaría con haceros miserable y desgraciada en esta vida, sino que tambien os baria mas desdichada en la otra? Resolveos desde este instante, vuelvo á deciros, y temblad, no sea que acaso estas palabras que estais ahora leyendo, sean la última llairfada ó aviso que os haya de enviar el Señor. No resistais, pues, ya mas á la voz divina. ¿Quién sabe si resistiéndola en este momento, en este mismo os abandone ya Dios? Resolucion , resolucion. De las almas verdaderamente resueltas, dice santa Teresa, que tiene temor el demonio. Animaos pues. Muchas almas, segun afirma san Bernardo, no llegan á ser santas por no esforzarse. Animaos repito, y confiad en Dios. Una voluntad resuelta todo lo vence. Oh qué dichosa seríáis, si obedeciendo á la divina voz que os llama, os entregáseis del todo á Jesucristo, y pudiéseis en la hora de la muerte darle gracias, y repetirle aquello que le demandaba la gloriosa virgen santa Águeda en los últimos instantes de su vida: Dominequiabstulisti a me amorern saeculi, accipe animara mearn. ¡ Oh mi Dios! Vos que me habeis librado del amor al mundo, á fin de que yo colocase solamente en Vos todos mis afectos, recibid ahora el alma mia, para que yo vaya á vuestro reino á amaros con todas mis fuerzas, sin temor de poder ya jamás separarme de vuestra presencia. Hacedlo así, | oh inmenso é infinito bienl
12 ¡ Ah, si llegasen todas las religiosas á imitar el ejemplo de la venerable sor Francisca Farnese 1 Esta monja, que antes habia tenido una vida imperfecta, humillóse un dia, por su buena suerte, á tomar un libro y leer el martirio que en el Japon habian sufrido ciertos Santos franciscanos; con cuya lectura, sintiéndose extremadamente compungida , comenzó á exclamar: y nosotras, hermanas mias, ¿ qué hemos de hacer en vista de esto? Yaque hemos abandonado nuestra casa, nuestros parientes, y- las comodidades del siglo, ¿nos habrémos de condenar, después de todo esto , encerradas aquí entre cuatro paredes, por tener apegado el corazon á las cosas del mundo, las cuales tampoco poseemos? Y desde aquel momento se resolvió á separar enteramente del mundo todos sus afectos, y entregarse toda á Dios; lo que después se vió cumplido con la institucion de aquella admirable reforma, de la cual fue ella la directora. ¡Cosa digna de admiracion! dice san Gerónimo, que todos los hombres hayan de procurar perfeccionarse en la ciencia ó arte que profesan, y que en la verdadera é interesante ciencia de los Santos, un tan crecidísimo número se contenten solo con los primeros conocimientos: Inomnibus mundi studiis hon satiantur hornines, <et in virtute, tantum coepisse su/ficiet 38; ya que todo cristiano está obligado á aspirar á la perfeccion^*). Christiamm cum dico, perfectum dico, escribe san Ambrosio 39. Esta obligacion nace de aquel precepto, deque todos debemos amar á Dios con todas nuestras fuerzas. Además de esto, estando nosotros obligados á conservarnos en gracia de Dios, es claro que tambien lo estamos á perfeccionamos siempre en el amor divino; pues que en el servicio del Señor es indudable, que el que no camina para adelante, se vuelve atrás, y se pone en peligro de caer en el pecado. Y si esta doctrina obligatoria se extiende á todos los cristianos, con mayor motivo deberá extenderse á los religiosos, los que tienen mayor obligacion de caminar á la perfeccion cristiana, no solamente por las mayores gracias y auxilios divinos que ellos tienen para satisfacerse, sino tambien por causa de los votos y de las reglas de la religion que libremente han prometido cumplir.
13 Mas para aspirar como se debe á la perfeccion, no es bastante el tener un deseo cualquiera simple é ineficaz; sino que es preciso fatigarse, y emprender resueltamente los medios para conseguirla. Aunque tampoco es necesario para llegar á tan dichoso fin emprender obras muy extraordinarias y excesivas; basta solo el perfeccionar con diligencia y atencion los ejercicios ordinarios, observar la regla con fidelidad, y practicar las virtudes cristianas. Es tambien cierto que, no obstante esto, para una religiosa que quiere hacerse santa, no será suficiente aquello poco que ordena la regla comun: pues que sabemos que esta tiene que acomodarse aun á las almas débiles; de donde se infiere, que debeis aumentar con la oportuna licencia del director otros ejercicios de oracion, de caridad, de mortificacion, etc., «te. Por eso dicesan Bernardo: Perfectwi mon potest esse nisi singulare. Aquella religiosa que no quiere hacer nada mas que lo que comunmente practican las otras, no podrá jamás llegar al alto grado de la perfeccion. Es indispensable, pues, que os hagais violencia, y que abraceis los medios conducentes para conseguir vuestra perfeccion con un ánimo grande y decidido.
38 S. Hier. ad Demetr.
(*) A primera vista parece avanzada esta expresion rpero el Santo la declara bien en el cap. siguiente, y con especialidad al n.° 4. 3» Scrm. lí in Psalm. «xiii.
14 Los medios mas principales para tan digno objeto, son los siguientes: 1.0 Tener uu ardiente deseo de llegar á ser santa: 2.0 Abrigar acerca de esto una gran confianza en Jesucristo y en su santísima Madre: 3." Huir hasta del mas pequeño pecado y defecto plenamente voluntario; mas después que alguna vez por flaqueza hayais cometido alguna falta, no desmayeis, arrepentios, y continuad la carrera: 4." Arrancad del corazon todo apego á las criaturas, y aun el que tengais á vuestra propia voluntad y estimacion: S.0 Procurarresistir siempre á vuestras inclinaciones: 6.0 Observar con fidelidad vuestras reglas hasta en lo mas mínimo: 7." Cumplir con vuestros ordinarios ejercicios con la mayor perfeccion que os fuere posib'e: 8.0 Procurar con la debida licencia del director, de comulgar con frecuencia, de hacer mucha oracion mental, y todas aquellas mortificaciones corporales que él os conceda: 9." Obrar siempre con preferencia toda accion que conozcais ser mas agradable á Dios y mas contraria al amor propio: 10. Abrazar con alegría, como venidas de la mano de Dios, todas las contradicciones que os sobrevengan: 11. Amar y hacer bien á los que os persigan: 12. Procurar de invertir para gloria de Dios todos los instantes del tiempo: 13. Ofrecer todo cuanto hiciéreis á-Dios, unido con los méritos de Jesucristo: 14. Ofreceos tambien vos misma siempre al Señor con especialidad, á fin de que tanto en vuestra persona cuanto en todas vuestras cosas, obre todo aquello que fuere de su agrada: 13. Protestar continuamente á Dios, que no quereis otra cosa, sino el cumplimiento de su voluntad, y servirlo por su amor: 16. Por último y sobre todo, suplicar y encomendarse con la mayor frecuencia y confianza a Jesucristo y á. la santísima Virgen María; y con respecto á esta Señora , deberéis tener una devocion especial y amorosa confianza. Concluyo con deciros aquellas mismas palabras que el venerable P. Dr. Antonio Torres dirigió á una religiosa penitente, al volver en sí de un éxtasis amoroso: Hija mía, ama á tu divino Esposo, que es el único objeto que merece ser amado.
ORACIÓN.
¡Oh Dios mio! ¡oh amante sobremanera amable! ¡oh amor infinito, digno de un infinito amor! ¡ayl ¿cuándo llegará aquel venturoso dia en que yo os ame, como Vos me habeis amado á mí? Vos, Señor, habeis agotado ya las mayores pruebas que podíais darme para persuadirme de que me amais: nada habeis omitido; basta el decir que habeis derramado vuestra sangre, hasta perder la vida, para obligarme á mí á que tambien os ame. ¿ ¥ me portaré yo mezquina con Vos, no queriendo hacerlo? Perdonadme ya, Jesús mio; yo confieso que en mi vida pasada he sido contra Vos demasiadamente ingrata, prefiriendo en tantas ocasiones mis malditos placeres al amor que por tantos títulos debiera tributaros. Pero, Señor mio y esposo de mi vida; ¿habrá por eso de desmayar mi esperanza? No, dulce bien de mi alma. Descubridme siempre mas y mas las grandezas de vuestra amabilidad , á fin de que yo tambien siempre me enamore mas de Vos , y atienda solo á complaceros, como Vos lo mereceis. Me mandais Vos que yo os ame; pues yo no deseo ya otra cosa sino amaros. Loquere, Domine, quia audit serous tuus. Hablad, Señor, decidme todo aquello que quereis de mí, que yo resuelvo en todo obedeceros: ya no quiero resistir mas á vuestras finezas y á tantas misericordias como habeis usado conmigo. Vos, Señor, os habeis dado todo ámí; yo tambien á Vos toda me doy. Aceptad por vuestra piedad esta miserable ofrenda, no me desecheis. Bien merecía , lo confieso, que no me diéseis buena acogida, por las infidelidades sin número que he cometido contra Vos. Mas este deseo que me habeis dado de que yo sea toda vuestra, este mismo me asegura de que Vos va váis á recibirme compasivo. Yo tambien os amo "¡ó bien infinitamente amable! os amo sumo bien mio. Vos sois ya, y habeis de ser para siempre el único amado mio, y el único amor mio. Y ya que Vos mismo habeis prometido, con aquel Petite et accipietis, el conceder cuanto se os pida, yo os suplico con san Ignacio de Loyola que me otorgueis solamente esta gracia: Amorem tui solma cum gratia tua rnihi dones, et dives sum satis. Dadme vuestro amor y vuestra gracia; es decir, concededme que yo os ame, y que tambien sea amada de Vos, y esto solo me basta. No quiero ni deseo de Vos ninguna otra cosa. | Oh dignísima María! ¡ dichosa Vos mil veces, pues que siempre fuiste toda de Dios! Alcanzadme, Señora mia, por aquel amor que siempre os tuvo vuestro Señor, la especial gracia de no amar yo tampoco de hoy en adelante ninguna otra cosa fuera del mismo Dios.
. . CAPÍTULO IV.
DEL DESEO DE 1A PERFECCION CRISTIANA.
1 El primer medio de que debe valerse una religiosa para llegar á conseguir la perfeccion cristiana, y ser toda de Dios, es un vivo deseo de la misma perfeccion. A la manera que un cazador que tira al vuelo, para que el tiro llegue al pájaro, es necesario que siempre dirija el punto ó la mira mas adelante de esta misma presa, así tambien para llegar á cualquiera grado de perfeccion, es muy conveniente poner con el deseo la mira á la mayor santidad á que pueda arribarse. Esto estimulaba al real profeta David á que exclamase: Quisdabümihipenrmssicut columbae: volabo, etrequiescam1. ¿Quién me dará alas como de paloma, para volar á mi Dios, y reposar en el mismo Señor, libre ya de los afectos terrenos? Son, pues, los santos deseos las dichosas alas con que las almas virtuosas se elevan sobre el mundo y vuelan al sublime monte de la perfeccion, en donde encuentran aquella paz que en el bullicio del siglo no puede encontrarse. Mas ¿de qué modo, pregunto yo ahora, el santo deseo hace volar hácia Dios á un alma? San Lorenzo Justiniano responde á tal pregunta con estas palabras: Vires subministra!,, poenam exhibet leviorem. El buen deseo da fuerzas por una parte, y por otra hace mas soportable la fatiga para llegar al monte del Señor. Todo lo contrario sucede con el que no desea la perfeccion cristiana desconfiando de poder conseguirla; pues que este jamás hará tampoco esfuerzos, ni menos obtendrá un bien tan excelente. Aquel que viendo un alto monte, no desea subir hasta su cima, en donde sabe que se halla un tesoro, no dará siquiera un paso para llegar á ella, sino que se quedará á la falda de dicho monte ocioso y descuidado. De la misma manera sucede al que no desea cooperar para la adquisicion del rico tesoro de la perfeccion, pareciéndole muy penosa la fatiga que para ello ha de experimentarse; pues que siempre permanecerá perezoso en medio de su tibieza, sin dar jamás un paso en el camino de su Dios.
1 Psalm. Ut, 7.
2 Además de esto, aquel que en el camino del Señor no desea y no se esfuerza a caminar siempre para adelante, andará tambien siempre hácia atrás, y se pondrá en gran peligro de perderse, segun que lo afirman todos los maestros de espíritu y como tambien l,o enseña la experiencia. Y esto puntualmente es lo que nos avisa Salomon diciendo: Justorum autem semita quasi lux crescit usque ad perfectum diem; vía impiorum tenebrosa: nesciunt ubi corruant». El camino de los santos siempre se adelanta ó crece, como acostumbra aumentarse la luz de la aurora hasta el mediodia; la senda de los pecadores, por el contrario, siempre va cubriéndose mas de tinieblas, hasta que los miserables se ven obligados á caminar sin saber á donde van á precipitarse. Non progredi, revertí est, nos dice san Agustín. Eq el camino del espíritu, es lo mismo el no dar los pasos para adelante, que el dirigirlos para atrás. Muy bien explica esto san Gregorio con la comparacion del que se mira en medio de un rio. Si alguno estuviese, dice el Santo, en un rio dentro de un barquichuelo, y no procurase conducirlo hácia adelante, remando contra la corriente, sino que quisiese permanecer en un mismo sitio, abandonando los remos , él necesariamente volvería para atrás, porque la fuerza de la misma corriente le llevaría consigo. El hombre, después del pecado de Adan, ha quedado desde su nacimiento naturalmente inclinado á lo malo: Sensus enim, et cogitatio humani cordis in malum prona sunt ab adolescentia sua 3. Si él no se dirige hácia adelante con el buen deseo, y no se hace violencia con las virtudes, para constituirse mejor de aquello que es, la misma corriente de la humana concupiscencia naturalmente habrá de conducirlo hácia atrás. Pregunta aquí san Bernardo: Non vis proficere? vis ergodefice''«? Nequaquam *. Alma, dice el Santo, ¿tú no quieavanzar en el aprovechamiento espiritual? ¿quie

- a Gen. vni, ai. - * Ep. 453 ad GariTum

res volver atrás? Tú respondes á esto que de ninguna manera. Puesdime, sigue el Santo preguntando: ¿qué es lo que quieres hacer? Quid ergo vis? inquis: Viverevolo, etmanerequoperveni-;necpejorfieri patior, nec imlior cufio. Tú dices: Yo quiero quedarme en el mismo estado en que me encuentro; no pretendo ser ni mejor ni peor. Hoc ergo vis, responde el mismo san Bernardo, quod esse non potest. Tú, pues, quieres una cosa que es imposible; porque en el camino de Dios, ó es necesario andar hácia adelante, aprovechando en las virtudes, ó volverse para atrás, y precipitarse en los vicios.
3 Es, pues, absolutamente indispensable, segun que tambien enseña el Apóstol, no solamente no pararse jamás en el interesantísimo negocio de la salvacion eterna, sino que tambien se debe correr, por medio de las virtudes, hasta-que se consiga ganar el premio de la bienaventuranza: Siccurrite, ut comprehendatis 6. Y tengamos entendido que si no se consigue tan dichoso fin, habrá de estar la falta en nosotros; porque Dios á todos generalmente nos quiere santos y perfectos: Haec enim voluntas Dei sanctificatio vestra 6. Ved con mayor claridad como el mismo Dios nos manda qne seamos perfectos y santos: Estote ergo vos perfecti, sicul et Pater vester coelestis perfectus est'. Sancli eritis, quoniam ego sanctus sum8. Tambien sabemos, •jjue en todas las cosas que el Señor nos manda, nos tiene prometida su asistencia, la que no puede faltar á nadie que humildemente la pida, segun que nos lo enseña el concilio de Trento: Deus impossibilia nonjubel, sedjubendo monet et facere quod possis, et petere quod non possis, et adjuvat utpossis s. Dios, pues, no manda cosas imposibles, porque cuando nos impone sus preceptos, nos previene que hagamos solo aquello que podamos con la gracia comun ú ordinaria: y en donde se necesiten mayores grados de esta gracia, nos exhorta á pedirla en todo aquello que no podamos con nuestras propias fuerzas; y luego que nosotros imploramos debidamente su auxilio, no es posible que el mismo Señor deje de concedérnoslo, á fin de que consigamos de este modo cumplir todo aquello que nos ordena. Tened, pues, buen ánimo; y oid para ello las bellas expresiones que escribia el venerable P. Torres, pio operario, á una religiosa hija suya de confesion; decíale de este modo: Hija mia, pongamos alas á nuestros deseos, para que remontándonos con ellas sobre la tierra, volemos al divino Esposo, á nuestro Amado, al que lleno de clemencia nos espera en la bienaventurada patria de la eternidad.
'I Cor. ix, 24. - s II Thess. iv, 3. - 'llatth. v, 48. - 8 Lev. 11,44.
4 Dice tambien san Agustín acerca de esto: que la vida de un buen cristiano es un continuo deseo de la perfeccion: Tota vita christiani boni sanctum desiderium estl0. Bajo este concepto, aquel que no conserva en su corazon el deseo de santificarse, será cristiano es verdad; pero no será buen cristiano. Y si esto se entiende con respecto á todos en general, debe dirigirse especialmente á los religiosos, loscuales, aunque no están obligados á ser perfectos, deben á lo menos de un modo particular aspirar á la perfeccion. Así tambienlo enseña santo Tomás cuando dice: Qtti statum religionis assumit, non tenetur habere perfectam caritatem, sed tenetur ad hoc tendere ". Y del modo que una religiosa deba aspirar á la perfeccion, lo declara el mismo angélico Doctor por estas palabras: Non tenetur (religiosus) ad omnia exercitia, quibus ad perfectionem pervenitur, sed ad illa quae determínate sunt ei taxata secundum regulam, quam professus est'*. No está, pues, obligada la religiosa á practicar todos los ejercicios que ayudan á conseguir la perfeccion; pero sí tiene un estrecho deber de no omitir aquellos, que particularmente se hallan prescritos en la regla que ha profesado. De donde se infiere, que una religiosa, además de cumplir con los votos obligatorios, debe asistir con la mayor exactitud á la oracion, á las comuniones, á las mortificaciones ordenadas por la regla, al silencio, y últimamente á todos los demás ejercicios que se practican por la comunidad.
5 Dirá tal vez acerca de esto alguna religiosa: aunque debamos observar la regla de nuestra religion, segun ella misma previene, no nos obliga bajo de pecado. Mas yo respondo á tal propuesta, que sin embargo de que así sea, convienen comunmente los doctores ea que, aun cuando la regla no obligue á culpa por sí misma, puede creerse que aquel que la quebranta , sin tener una causa justa que sea bastante para eximirlo, segun enseña la misma práctica, difícilmente quedará exento de cometer pecado venial á lo menos. Y la causa que alegan para esto es, que cuando se falta voluntariamente á una regla, y sin motivo
i'2,2,q. 180, a. 2. - 'Mbid.
razonable para ello, no viene á cometerse esta transgresion por otro origen, que no sea alguna pasion desordenada ó de pereza; por lo que, no puede excusarse de culpa, á lomenos ligera, la misma transgresion. Esto movió á san Francisco de Sales á que escribiese en sus Entretenimientos, que aun cuando la regla de las monjas llamadas de la Visitacion no obligaba bajo culpa alguna, el Santo no sabia-cómo excusar de culpa venial sus transgresiones; por cuanto en el mismo hecho de quebrantar la dicha regla, la religiosa deshonra la casa de Dios, traspasa su propia profesion, perturba la comunidad, é inutiliza los frutos del buen ejemplo, que cada una de ellas está obligada á dar. Así que, segun se expresa el mismo Santo, cuando se quebranta la regla en presencia de las demás religiosas , se cometerá á mayor abundamiento el pecado de escándalo. Y adviértase tambien que cuando la transgresion frecuente de cualquiera regla ocasionase grave daño á la comun observancia, podrá llegar á cometerse aun el pecado mortal. Verificándose esto mismo, si alguna por desprecio traspasase la regla: sobre lo que nota santo Tomás ", que el quebrantar la regla con frecuencia, dispone prácticamente al desprecio de ella. Y esto tambien-es lo que ha de responderse á aquellas monjas tibias, que con decir que la regla no obliga, bajo de culpa, se excusan de su observancia. A lo dicho puede tambien añadirse la conducta que siguen las monjas exactas en el cumplimiento de sus deberes: estas no se ocupan en discurrir si la regla obligue ó no bajo de pecado; bástales á ellas pa
t»?,«,q. 186, a. 6,
ra observarla con la mayor diligencia, el saber que aquella misma regla es ordenada por Dios, y que este Señor se complace de verla puntualmente cumplida.
6 En suma: á la manera que no se encuentra hombre alguno que llegue á la perfeccion de cualquiera ciencia ó arte, si antes no desea ardientemente el adquirirla; del mismo modo no puede decirse que ha existido jamás algun Santo, que haya llegado á su justificacion, sin que hubiese tenido anteriormente un gran deseo de alcanzarla. Decía santa Teresa, que Dios ordinariamente no hace muchos señalados favores, sino á aquel que ha deseado mucho su amor. Y el real Profeta dejó escrito: Beatus vir, cujus est auxilium o6s te: ascensiones in cor de suo disposuit invaUe lacrymarum... Ibuntde vir tute in mrtutem '». Bienaventurado el hombre que ha resuelto interiormente dfr invertir toda su vida, subiendo de grado en grado en este destierro, por la práctica de las virtudes, hasta llegar á la perfeccion; porque él será de Dios abundantemente favorecido, y siempre de una en otra virtud caminará progresando. Esta ha sido la conducta que eu todos tiempos los Santos han seguido; y especialmente un san Andrés Avelino, el cual llegó hasta obligarse, por medio de un voto, de ir adelantando siempre en el camino de la perfeccion cristiana. In via christianae perfectionis semper ulterius progrediendiis. Por eso decia santa Teresa: Dios no deja sin premio, aun en esta vida, cualquiera buen deseo. Así sabemos tambien que muchos Santos, por medio de los buenos deseos, después de poco tiempo han llegado á un gra
"> Psalm. Lxxxiii, 6. - "Lect. OWc. in die Festl.
do muy sublime de perfeccion: Consummatus in brevi explevit tempora multa 16. De este modo un san Luis Gonzaga se halló en una vida tan corta, pues que no vivió mas que veinte y tres años, tan elevado en el camino de la perfeccion, que viéndolo en espíritu en el cielo santa María Magdalena de Pazzis, dijo que le parecía, en cierto modo, no haber en el paraíso un Santo que gozase de mayor gloTia que Luis; y en aquel mismo punto entendió tambien la Santa, que él habia ganado un grado tan sublime de gloria, por el grande deseo que tuvo, mientras vivió, de crecer mas y mas en el amor divino, hasta amar á Dios tanto como merece ser amado; y que viendo el santo jóven que no podia conseguir esto, por cuanto el amor que Dios merece es infinito, habia tenido que sufrir en este mundo un duro martirio de amor, el cual lo habia elevado después áuna tan grande gloria.
7 Muchos otros bellos documentos, además de los ya referidos anteriormente, nos da santa Teresa en sus obras, acerca de este punto. En uno de los lugares de ellas nos dejó escrito: Sean grandes nuestros pensamientos; pues que de aquí proviene nuestro bien. En otro lugar dice: Jamás conviene acobardarse- en los deseos; sino confiar en Dios, de que esforzándonos nosotros, poco á poco podrémos llegar á donde los Santos llegaron con la divina gracia. Tambien dice en otro lugar: Su divina Majestad tiene por amigas suyas á las almas generosas; porque estas caminan desconfiadas de si mismas. Y aseguraba tambien la Santa, enseñada por la experiencia, que no habia visto ninguna alma cobarde que hubiese andado tanto camino en la perfeccion, después de muchos años, como en pocos dias otras que eran animosas habian adelantado. Para adquirir, pues, este digno valor, mucho ayuda el leer las vidas de los Santos, y especialmente las de aquellos que del estado de pecadores han tenido la dicha de llegar á un alto grado de santidad; como una santa María Magdalena, un san Agustín, una santa Pelagia, una santa María Egipcíaca, y con particularidad una santa Margarita de Cortona; la que hallándose por muchos años en el miserable estado de condenacion, no obstante eso, conservó en todo aquel desgraciado tiempo el deseo de ser santa, cuyo buen deseo ella nutría en su corazon, hasta que con efecto, habiéndose ya convertido a Dios, se esforzó de tal manera á volar en el camino de la perfeccion, que mereció entender antes de morir, segun que el Señor le reveló, que no solamente era del número de los predestinados, sino que tambien en el cielo le tenia preparado un lugar distinguido entre los Serafines. Tambien en otra parte dice la misma santa Teresa, que procura el demonio que nos parezca un acto de soberbia el tener grandes deseos, y querer imitar á los Santos; pero que esto, añade la Santa, debe temerse por un grande engaño. Sí, es un grande engaño; porque tales deseos no pueden considerarse hijos dé la soberbia, cuando el alma, desconfiada de sí misma, y fundando su esperanza solo en Dios, se resuelve y esfuerza para caminar valerosa por la senda de la perfeccion, diciendo con el santo Apóstol: Omnia possum in eo qui me confortat ". Yo nada puedo con mis propias fuerzas; mas con la ayuda de Dios, todo lo puedo: por lo tanto, animada yo con su divina gracia, me resuelvo á quererlo amar, como los Santos lo han amado.
8 De todo esto se infiere, ser muy importante elevar nuestros deseos á cosas grandes ; como de querer amar á Dios mas que todos los Santos; de padecer por su amor mas que todos los Mártires; de sufrir y perdonar generosamente todas las injurias que recibamos; de abrazar toda fatiga y toda pena, por salvar una sola alma de nuestro prójimo; y otras cosas por este órden. Porque en primer lugar, estos buenos deseos, aunque son de cosas que no han de suceder, son con todo eso de un grande mérito en la presencia de Dios, el cual así como odia la voluntad perversa, así también se complace de la buena. En segundo lugar, porque por medio de estos buenos deseos y empresas grandes y difíciles, llega un alma á ser mas valerosa para ejercitarse en las cosas mas fáciles. A este intento es muy del caso el proponerse, desde por la mañana, el hacer siempre en el dia todo cuanto se pueda por Dios, el sufrir con paciencia todas las contradicciones y adversidades que se presenten, y el estar siempre recogida y ocupada en hacer actos amorosos hácia Dios. Así lo practicaba san Francisco, de quien refiere san Buenaventura: Se proponía el hacer, con la gracia de Jesucristo, cosas grandes. Añade tambien santa Teresa á lo dicho: El Señor se complace tanto con los buenos deseos, que los recibe como si hubiesen llegado ya á practicarse realmente. ¡ Oh cuánto mejor es servir á Dios que al mundo! Para llegar á conseguir los bienes de la tierra, las riquezas, los honores, los aplausos de los hombres, etc., no son bastantes los deseos; antes por el contrario, se aumenta la pena con desearlos, cuando no pueden lograrse; mas en el servicio de Dios, basta el desear solamente su gracia y su divino amor, para tenerlo ya conseguido. Esto mismo vino á decir puntualmente aquel cortesano del emperador, cuya bella resolucion nos refiere san Agustín. Dice, pues, este Santo, que hallándose dos cortesanos del emperador en un monasterio de solitarios, uno de ellos tomó un libro y se puso á leer la vida de san Antonio, abad: Legebat, escribe el santo Doctor, et exuebatur mundo cor ejus. Leia, y entre tanto su corazon iba desprendiéndose de los afectos mundanos. Dirigiéndose entonces á su compañero le dijo de este.modo: Quid quaerimus? major ne esse potest spes ñostra, quam quod amici imperatoris simus? Et per quot pericula ad majuspericulumpervenitur ? et quarndiu hoc erü? Amigo, le dice, somos unos necios. ¿A qué podemos nosotros aspirar, con servir al emperador, á fuerza de tantas atenciones, temores y angustias? ¿ Podrémos conseguir, después de todo esto, otra cosa mas, que llegar á ser amigos suyos? Y cuando al fin logremos esta fortuna, no harémos otra cosa, sino poner en mayor peligro nuestra eterna salud. Mas aun tampoco lográramos la tal fortuna; porque difícilmente llegaríamos alguna vez á tener al César por amigo. Y concluyó diciendo: AmicusautemDei, sivoluero, eccemnc fio. Mas, si yo quiero, le dijo, ser amigo de Dios, al punto lo soy; con lo qne pretendió declararle, que la amistad de Dios se obtiene en el mismo instante que
se quiere con un verdadero y resuelto deseo de lograrla.
9 Nótese que digo: con un verdadero y resuelto deseo; porque de poco sirven aquellos ineficaces deseos con los que algunas almas perezosas se mantienen, las cuales siempre están deseando; pero entre tanto no dan jamás un paso para adelante en el camino de Dios. De estas mismas almas habla Salomon, cuando dice: Vult, et non vult piger18. Y en otro lugar tambien se expresa de este modo: Desiderio, occidunt pigrum ". La religiosa tibia desea la perfeccion; pero nunca se resuelve á emprender los medios necesarios para conseguirla; por una parte la quiere, considerando por cuántos títulos ella es deseable; pero por otra parte no la quiere, al reflexionar la fatiga que es indispensable sufrir para su adquisicion; por manera, que la quiere y no la quiere; la desea sí, mas no la desea eficazmente; y en el caso que desee obteneí la santidad, la desea por unos medios que no se encuentran al alcance de su propio estado; y dice con ilusion: ¡ Oh si yo estuviese ea un desierto! allí sí que querría yo vivir siempre ocupada en la oracion y en la penitencia; si yo me viera en otro convento, procurara encerrarme en una celda, y solamente pensar en Dios: si yo disfrutase de una verdadera salud, quisiera ejercitarme en muchas mortificaciones: quisiera, quisiera; y en el entretanto, no cumple la miserable aquellas obligaciones que, segun su estado presente, tiene contraidas; hace en particular oracion, y aun tambien omite muchas veces la oracion de comunidad; deja la comunion
i8 ProT. x, 4. - « Ibld. xxi, 23.
frecuente; tiene poca asistencia al coro, y acude por el contrario con frecuencia al locutorio y al mirador; las incomodidades propias de su enfermedad las sufre con poca paciencia y resignacion cristiana: en suma, comete innumerables defectos con plena deliberacion, ó á ojos vista, como suele decirse; pero á pesar de todo esto , jamás procura el enmendarse. ¿De qué le servirá, pues, á esta religiosa desear tantas cosas, que son imposibles al estado presente en que seencuentra, mientras que entre tanto deja de cumplir las obligaciones actuales que tiene? Desiderio, occidunt pigrum. Tales deseos inútiles mas bien habrán de contribuir á su perdicion, supuesto que se alimentará de ellos inútilmente; y contentándose con esto, dejará de emprender los medios que para su perfeccion al presente le son indispensables, y aun tambien precisos para la consecucion de su salud eterna. Muy bien que san Francisco de Sales dice á este propósito: Yo no apruebo que una persona, ligada ya con cualquiera obligacion ó vocacion que haya tenido, se ocupe en desear otra suerte de vida, fuer,a de aquella que es conveniente á su propio oficio , ni que se mezcle en otros ejercicios incompatibles á su estado presente, porque esto disipa por una parte el corazon, y por otra lo constituye en cierta languidez acerca de aquellos ejercicios que le son necesarios. Es preciso, pues, que la religiosa ponga su mira solamente al cumplimiento de aquella perfeccion, que es propia del estado ó del oficio presente; ya de superiora, ya de súbdita, ya de sana ó enferma, ya de jóven ó de anciana, y esto con una voluntad resuelta de emprender los medios necesarios para ello. Acerca de esto nos presenta santa Teresa las advertencias siguientes *0: El demonio suele hacernos creer que tenemos una virtud, v.g. la paciencia, porque nos hemos determinado á padecer mucho por Dios; y nos parece verdaderamente qw con efecto, sufriríamos cualquiera tribulacion; con lo que estamos ya muy contentos; porque tambien el demonio ayuda á hacérnoslo creer de este modo. Yo os advierto que no hagais ningun caso de esta tal virtud, ni penseis que se posee, sino solo de nombre, hasta que lleguemos á ver la prueba. Porque podrá suceder, que con sola una palabra desagradable que se os diga, vaya por tierra la tal figurada paciencia.'
10 Vengamos ahora á los medios que deberán practicarse para llegar á la perfeccion cristiana; pues que esto es lo que nos importa. Estos medios son: 1." La oracion mental, considerando en ella especialmente, cuánto merece Dios ser amado, y el infinito amor con que este Señor se ha portado con nosotros, con particularidad en la grande obra de la redencion humana, en la cual, un Dios de infinito poder ha querido, en medio de un mar de dolores y de desprecios, sacrificar su vida por nosotros; y aun no contento con esto, se ha anonadado hasta el extremo de hacerse nuestra comida, por conquistar nuestro amor. Mas estas verdades no llegan á enfervorizar las almas, si no son consideradas frecuentemente: In meditatione mea exardescet ignis ". Cuando yo me detengo-, decia David, á meditar la bondad de mi Dios, todo me siento inflamado para amarlo. Y por el contrario, decia el santo jóven san Luis Gonzaga, que jamás llegará un alma á un alto grado de perfeccion, si por medio de la oracion no ha procurado conseguirlo: 2.0 Es necesario renovar siempre el propósito de adelantarse en el amor divino. Y por esto es conveniente figurarnos que cada dia que se nos presenta es el primero en que principiamos á andar por el camino de la perfeccion. Así lo hacia el rey David replicando con frecuencia: Et dixi, nunc coepi ". Y este fue tambien el último recuerdo que san Antonio abad les dejó á sus monjes: Hijos míos, les dijo, figuraos que cada día es el primero en que os dedicais á servir á Dios: 3.0 Es necesario que la persona haga un continuo escrutinio de los defectos en que su alma se encuentra; mas un escrutinio que sea rígido, y como decía san Agustín, sin amalgamar la conciencia: Fratres mei, discutite vos sine palpatione. Semper displiceat tibi quod es, sieis pervenire ad id quod non es '-3. Es preciso que siempre estés nada satisfecha de aquella que eres, á fin de que llegues á ser aquella perfecta que no eres al presente. Porque de otra manera, continúa el santo Doctor: Ubi tibi píacuisti, ibi remansisli: en donde te complaciste del grado á que ya habias ascendido, allí tambien te paraste; porque hallándote contenta contigo misma, perderás al mismo tiempo el deseo de pasar mas adelante. Y después concluye con aquella su célebre expresion , que debe llenar de espanto á aquellas almas que complaciéndose de sí mismas, poco se cuidan de adelantar mas: dice, pues, el mismo san Agustín: 5» autem dixeris, sujpcit, periisti; si has llegado á decir: bástame ya la perfeccion que tengo, eres perdida; porque
« Psalm. LxxTi.11. — "De Verb. Apost. Serm. 15. 8 TOMO I.
el no adelantar en el camino de Dios, es lo mismo que volver para atrás, como ya hemos referido anteriormente; y como tambien, en pocas palabras, muy bien que san Bernardo así lo declara: Profecto nolle proveere, descere est s\ Por eso igualmente nos dice san Juan Crisóstomo, que debemos pensar con frecuencia en las virtudes de que carecemos, y no fijar nunca la consideracion en lo poco buena que hayamos hecho; porque, añade el Santo, el pensar en nuestras buenas acciones, Segniores facit, et inarrogantíam extollit ". No nos servirá de otra cosa, sino de hacernos mas perezosos en el camino del espíritu, y de envanecernos acaso con cierta vanagloria, la cual nos pondrá á peligro de que perdamos todos nuestros adelantos: Qui curtit, continúa hablando el Crisóstomo, non reputet quantum confecerit, sed quantum desit. Aquel que corre por llegar á la perfeccion, no haga ya cuenta del camino andado, sino de lo mucho que le falta que andar para obtenerla. Las almas fervorosas, cuanto mas se acercan al fio de su vida, tanto mas van creciendo en el fervor. Quasi effodíentes thesaurum; segun la expresion de Job »,8. Y aquel que hace excavaciones para sacar un tesoro, conforme explica san Gregorio, cuanto mas adelantados ve sus trabajos, tanto mas se esfuerza á profundizarlos, animado del gran deseo de adquirir pronto su riqueza. Así tambien aquellos que aspiran á la perfeccion, tanto mas se afanan para caminar al logro de su adquisicion, cuanto ven que mas hácia adelante han caminado.
** Ep. 253 ad Garnrum. - nflom. lí in Ep. ad Phil. — »e joto,
41 El i." medio para llegar a la perfeccion cristiana , es aquel de que usaba san Bernardo, y que con efecto sirve mucho para enfervorizarse. Nos dice Surio en sus escritos, acerca de este Santo, lo siguiente: Hoc semper in corde, frequenter etiam in ore habebat; Bernarde, adquid venisti? Tenia siempre en su corazon , y en su boca con frecueucia, el estímulo de hacerse á sí mismo esta pregunta: Bernardo, ¿ qué has venido tú d practicar aquí en la religion? Esto igualmente debería toda religiosa decirse tambien á sí misma: yo que he dejado ya el mundo, y todas las cosas que él me ofrecía, per venir á este convento á santificarme: ¿qué es lo que practico para conseguir este fin? Con esta vida mia de .tanta tibieza, no solamente no puedo llegar á la justificacion, sino que tambien me pongo en peligro de perderme. Y aquí conviene referir el ejemplo desanta Jacinta deMarescotti. Esta monja tenia una vida muy tibia en el monasterio de san Bernardino de Viterbo; mas habiendo ido allí, como confesor extraordinario, el padre Bianquetti, franciscano , y queriendo ella confesarse, se presentó á este mismo Padre; el que, con severidad, preguntóla de este modo: ¿ Es usted monja? Pues tenga entendido, que el paraíso no es para las monjas vanas y soberbias. A lo que respondió la santa Madre: ¿ Acaso yo he dejado el mundo para ir después al infierno? Sí, le replicó el Padre: esa es la estancia que corresponde á todas las que tienen una vida como la suya; allí van á parar aquellas religiosas que en el convento viven como seglares. Reflexionando acerca de esto sor Jacinta, compungióse, se confesó llorando dolorosamente su vida pasada, y desde aquel momento principió á caminar por la senda de la perfeccion. ¡Oh cuáu provechoso es aquel pensamiento, de haber dejado el mundo á fin de santificarse , para despertar á una religiosa, y para animarla á caminar hácia adelante, haciendo que supere las dificultades que en la religion se le presenten! Por lo tanto , hermanita mia, luego que sintais dificultad en cualquier acto de obediencia, replicad á vos misma, diciéndoos interiormente: Yo no he venido á este convento para hacer mi voluntad; pues para obrar con esta libertad, hubiera permanecido en el siglo; he venido, pues, á cumplir la voluntad de Dios en la persona de mis superiores, obedeciéndoles ciegamente; y esto es lo que en todas ocasiones quiero hacer. Cuando tambien experimenteis cualquiera incomodidad nacida de la pobreza, decios igualmente: Yo no he venido aquí para disfrutar las comodidades de la riqueza, sino para ser pobre por el amor de mi Jesús, el cual quiso ser mas pobre que yo soy, por el amor que me tiene. Cuando recibais cualquiera desprecio, ó fuéreis reprendida , decios tambien: Yo no he venido á la religion, sino para ser humillada, como tengo merecido por mis pecados; y hacerme de este modo amable para mi dignísimo Esposo, que durante su vida tanto fue despreciado. E¡sto podrá decirse que es vivir para Dios, y morir para el mundo. En vista de todo lo dicho, deberéis concluir, preguntándoos á vos misma: ¿De qué, pues, me servirá el haber dejado el mundo, el haberme encerrado entre cuatro paredes, y el haberme privado de mi libertad, si no me hago santa? y si loque es mucho peor, por tener una vida negligente y reíajada, me pongo tambien en peligro de condenarme?
12 El 5." medio para la perfeccion. Ayudará mucho para conseguir tan digno objeto, que la religiosa considere y renueve aquellos buenos deseos antiguos y actos fervorosos que ella tuvo cuando entró en el convento. Habiéndole preguntado un monje al abad Agaton, cómo debería portarse para llenar los deberes de la religion, le fue contestado: Vide qualis fueris primo die, quando existí de saeculo, et talis permane. Reflexiona cuál eras en el primer dia que dejaste el mundo. y consérvate de aquel mismo modo. Acuérdate, pues, ¡oh esposa bendita del Señor! de aquellos propósitos que hiciste, de no buscar ninguna otra cosa fuera de Dios; de no querer en tus operaciones, sino aquello que ordenase la obediencia; de sufrir todo desprecio y toda incomodidad por el amor de Jesucristo. Este poderoso recuerdo hizo volver á su antiguo fervor á un jóven religioso. Cuéntase, pues, en la vida de los Padres *7, que este jóven, luego que trató de tomar el hábito en la religion, encontró desde entonces oposicion en su madre, la cual alegábale muchos motivos, por los que decia, no debia él abandonarla; mas el jóven, á todas aquellas reflexiones, siempre le respondia: Yo quiero salvar mi alma. Y manteniéndose así con digna fortaleza, llegó ya finalmente á ser religioso. Mas después de algun tiempo, desmayó de espiritual languidez este miserable, y comenzó á vivir con gran tibieza. Murió por entonces tambien su madre; y ocasionándole á él todo esto una grave enfermedad, en uno de los síncopes que experimentaba, vióse un dia presentado en el divino juicio, en el cual tambien se le hizo presente su madre, que echándole en cara su tibieza, le decia: mira, hijo mio, ¿dónde se han ido aquellas tus palabras: Yo quiero salvar mi alma? En verdad que ese fue el motivo que tuviste para entrar en la religion: pero ¿cuál es la vida que ahora traes? Volviendo en sí el religioso, principió á experimentar alivio en sus padecimientos, hasta recuperar otra vez su salud. Mas hízole tanta impresion aquel recuerdo que de su madre habia recibido, acerca de su antiguo propósito, que se entregó á una vida de verdadera santidad, y comenzó á emprender tales penitencias, que los otros compañeros le aconsejaban después que en algun tanto las moderase; á cuyas amonestaciones él siempre respondia: Si yo no he podido sufrir la reprension hecha por mi madre, ¿cómo podré sufrir laque Jesucristo habrá de hacerme en su terrible juicio, si yo no correspondo á su llamada?... El traer á la. memoria estos grandes hechos de la vida espiritual, no deja de producir en nosotros buenos efectos. Por eso ayuda mucho tambien leer con frecuencia la vida de los santos, cuyos admirables ejemplos nos estimulan á humillarnos , y á conocer nuestras propias miserias. Los pobres no conocen bien el estado miserable en que se hallan, sino cuando ven la opulencia de los ricos.
13 El 6." medio para la perfeccion. Conviene que no se desanime una persona, porque vea no haber podido todavía arribar á la perfeccion que desea. Esta es una de las grandes tentaciones del demonio. Debe recordarse, como dice san Felipe Neri, que la empresa de llegar á ser santo, no es negocio de un dia. Refiérese en las historias de los Padres, que un cierto monje, después de haber tomado el hábito con un grande fervor, llegó á verse en mucha tibieza pasado ya algun tiempo; y deseando recobrar aquel primer camino fervoroso, y hallándose por otra parte muy afligido, porque no sabia encontrar medio alguno para conseguirlo, formó la resolucion de irá tomar consejo de cierto Padre antiguo. Este buen religioso le consoló desde luego, y para animarlo, le propuso el ejemplo, ó llámese parábola, de un padre, que le mandó á un hijo suyo fuese á limpiar un terreno que estaba lleno de espinas y abrojos; mas este hijo, al ver la mucha fatiga y trabajo que tan grande empresa presentaba, decayendo de ánimo, entregóse al sueño, sin hacer nada, y volviendo después á su padre, se excusó diciéndole que él no era capaz de avanzar á comision tan ardua. Compadecido el padre de su ignorante desaliento , le dijo: hijo mio, no desmayes al ver tanto terreno inculto; sábete que yo no quiero de tí otra cosa, sino que cada dia limpies solamente aquel pedazo de tierra, que puede ocupar ó contener un cuerpo humano. Animóse el hijo con esta respuesta, y principiando á trabajar de la manera que le fue ordenado, poco á poco, y pasado ya cierto tiempo, llegó á verse todo el terreno limpio de todas las yerbas é inútiles plantas que en él habia, ¡ Cuán bello es este ejemplo para que nos animemos á avanzar mas y mas en el camino de la perfeccion! Basta que una persona conserve siempre un vivo deseo, y se esfuerce á caminar hácia adelante, para que poco á poco, ayudada tambien con el divino auxilio, llegue al fin algun dia á conseguir la perfeccion cristiana que tanto deseaba. Y aun se atreve á decir san Bernardo, que aquel esfuerzo continuo que hace un alma, á fin de llegar á la perfeccion, viene á ser la perfeccion misma, que puede conseguirse en la vida presente: Jugis conatus ad perfectionem, perfectio reputatur ".. Por lo tanto, es necesario estar con mucha atencion, para no omitir jamás los espirituales ejercicios de costumbre; como la oracion, las sagradas comuniones y mortificaciones, que tienen ya sus tiempos prefijados, con dictámen del director. Y aun debe observarse mayor puntualidad acerca de esto en el tiempo de sequedad; en cuya época de aridez y desconsuelo, son probadas por el Señor las almas fieles, para ver si con toda aquella pena y tedio que sienten, cercadas de oscuridad, siguen sin embargo con fidelidad á poner en práctica todo aquello que antes ejecutaban en la abundancia de las celestiales consolaciones.
14 Por último, es un poderoso medio para llegar á la perfeccion, en una religiosa que vive en comunidad , el dirigir siempre la vista hacia aquellas compañeras que son mas observantes, con el digno fin de imitarlas en las virtudes mas particulares, con que ellas dan un buen ejemplo. Así como las abejas, decía san Antonio abad, van recogiendo la miel de diversas flores, del mismo modo también la religiosa santa, debe percibir los buenos ejemplos de virtudes de sus compañeras; de una de ellas la modestia, de otra la caridad, de esta el afecto á la oracion, de aquella la frecuencia en la sagrada comunion; y así tambien de 58 Ep. 283 ad Garivum.
las demás virtudes. Y este debe ser el santo empeño que toda buena religiosa ha de tener en el convento, el de imitar y aun de exceder á todas las compañeras enlasvirtudes que ellas practicaren. En el siglo obran como por un oculto desafío los mundanos, á ver el que puede ser mas rico, mas honrado, ó mas colmado de terrenos placeres. Tambien en la religion deben las monjas, aunque en un sentido contrario, formar un desafío, á ver la que puede ser mas humilde, mas paciente, mas afable, mas caritativa, y mas amante de los desprecios, de la pobreza, de la pureza, y de la obediencia; en suma, la emulacion de ellas ha de ser, el ver quien ama mejor y da mas gusto á Dios. Y á este digno fin deben encaminar todas sus acciones ordinarias , y principalmente por agradar á Dios; y después de esto, por dar buen ejemplo á sus hermanas; á fin de que ellas tambien de él se aprovechen, y tributen mayor gloria al Señor: Sic luceat lux vestra corar» hominibus, ut glorificent Patrem vestrum qui in coelis est**. De aquí se infiere, que deben tener mucho escrúpulo aquellas religiosas que dan su voto á alguna doncella, cuyo comportamiento acerca de su vida pasada no ha servido en el convento de buena edificacion; pues que es indudable que los buenos ejemplos ayudan mucho para enfervorizar á las demás; así como tambien, por el contrario, los malos ejemplos les ocasionan mucho daño, induciéndolas fácilmente á cometer aquellos mismos defectos que con frecuencia observan en las otras.
» Matth. v, 10.
ORACIÓN.
¡Oh corazon divino de mi Jesús! corazon enamorado siempre de los hombres, corazon criado expresa, mente para amar á los hombres! ¿ y cómo es posible que, después de esto, seais de los mismos hombres tan despreciado? ¡Ay desdichada de mí! pues que yo tambien soy una de estas almas ingratas, habiendo vivido en el mundo por tantos años, y sin haberos amado. Perdonadme, Jesús mio, esta grave culpa, de no haberos amado á Vos que sois tan amable, y que á mí me habeis amado con tanto extremo, que nada os ha quedado ya que hacer para obligarme á que yo tambien os ame. Merecía ciertamente ser condenada á no poder amaros ya jamás, en justo castigo de haber por tanto tiempo despreciado vuestro amor. Mas no, Esposo de mi vida; dadme todo otro castigo, cualquiera que sea, y no me deis este; concededme la gracia de que yo siempre os ame, y después haced de mí cuanto quisiéreis. Pero, ¿ cómo puedo temer un tan lamentable castigo, cuando veo que Vos, Señor y Dios mio, continuais intimándome el dulce precepto de amaros? Diliges, oigo decir de vuestra divina boca, Dominum Deum tuum ex fofo carie tuo. Vos mismo, pues, quereis que yo con todo el corazon os ame, y yo no deseo ninguna otra cosa sino amaros con todo el corazon. ¡ Oh corazon enamorado de mi dulce Jesús! ¡ ay! encended Vos en este pobre corazon mio aquel sagrado fuego que del cielo trajiste para inflamar la tierra. Destruid Vos mismo todos los afectos impuros que se hallen en mí, y me impiden de ser toda vuestra. Ea, pues, amado Señor mio, no os desdeñeis de permitir que ya os ame este corazon ingrato, que en otro tiempo tantas amarguras os hubo ocasionado: ¡ah! no permitais , dueño de mi vida, que de aquí en adelante llegue á verme privada, ni por un solo momento, de vivir solo de vuestro amor, ya que Vos á mí tanto me habeis amado. ¡Oh amor de mi dulce Jesús! Vos únicamente sois el amor mio. Espero que yo siempre habré de amaros, y que siempre Vos habréis de amarme; y que este grande amor, entre Vos y esta vuestra indigna esclava, no ha de apagarse ya jamás, permaneciendo constante por toda la eternidad. ¡Oh dignísima María! madre del bello amor, que tanto deseais ver amado á vuestro divino Hijo, ligadme y estrechadme mas y mas con este mi Jesús, siendo tan íntimo el enlace que hagais, que yo llegue á ser enteramente toda suya, segun que él tambien me lo desea.
CAPÍTULO V.
HEL PELIGRO EN QDE SE HALLA DE PERDERSE UNA RELIGIOSA IMPERFECTA, QBE PONE POCO CUIDADO EN REPARAR SUS DEFECTOS.
1 Para formar un bello jardin, es necesario arrancar primero las espinas y demás yerbas nocivas, y colocar después en él aquellas plantas que han de ofrecer los buenos frutos. Esto puntualmente le significó el Señor á Jeremías, luego que le confirió la grande em
presa de que cultivase su Iglesia: Ecce constituí te hodie super gentes, et super regna, utevellas, et destrttas, et aedifices, et plantes '. Pues tambien del mismo modo , para que una religiosa llegue á hacerse santa, es indispensable que atienda primero á desarráigar de su alma los defectos, y después se dedique á plantar en ella las virtudes. La primera ó mas principal devocion de un cristiano consiste, segun dice santa Teresa, en desterrar los pecados. Yo no hablo ahora de los pecados graves, de los cuales concedo que está libre la religiosa que lea en este mi libro: quiero suponer que ella jamás en toda su vida haya perdido la divina gracia , ó al menos que al presente la tenga ya recobrada; y que además de esto se halle resuelta á morir mil veces, antes que volver de nuevo á perder á su Dios. Mas á pesar de tan buenas disposiciones, para evitar una tal desgracia, le suplico que tenga siempre delante de los ojos aquella gran sentencia, enseñada por san Basilio, san Gerónimo, san Agustín y por otros santos Padres, y aun tambien tan fundada en las divinas Escrituras, á saber: que Dios tiene ya determinado cuantos son los pecados que quiere perdonar á cada persona; pero como nosotros no sabemos el número de ellos, debemos cada uno temer que estando ya este cumplido , con un solo pecado que añadamos á las demás culpas cometidas, Dios nos abandone, y quedemos para siempre perdidos. ¡ Oh qué poderoso freno es este excelente pensamiento, para desterrar el engaño con que el demonio induce á los pecadores á recaer en la culpa, con la esperanza del perdon, dicién'Jer. i, 10.
doles interiormente: Después te confesarás. ¡ Oh! si todos Jos cristianos tuviesen delante de sus ojos este tan justo temor, á saber, que aquel nuevo pecado acaso no les será ya perdonado jamás, ¡ cuántos se abstendrían de volver al vómito de sus culpas! en tanto que muchas almas, alucinadas con la falsa esperanza del perdon, se ven ya miserablemente perdidas, sin que sea posible encontrar algun remedio en su eterna ruina. 2 Tampoco hablo yo aquí de aquellos pecados veniales , que no son plenamente voluntarios, sino cometidos por sola la fragilidad humana; pues que no hay en el ' mundo quien de esta suerte se halle exento de culpas: ínnmltis offendimus omnes *. Todos los hombres, incluyendo tambien á los Santos, han cometido defectos. Si decimos, escribe el apóstol san Juan 3, no haber en nosotros culpa alguna nos engañamos y mentimos. Todos, pues, llevamos con nosotros mismos , por causa de la naturaleza inficionada con el pecado, una tan fuerte inclinacion al mal, que nos hace imposible, sin una gracia especialísima, que solo á la divina Madre se le ha concedido, el evitar por toda la vida todas las culpas veniales, aunque no cometidas con plena advertencia. Dios tambien permite tales manchas, aun en aquellos siervos suyos que están enteramente dedicados á su amor, para conservarlos humildes, y hacerles así entender, que del mismo modo que ellos caen en aquellas ligeras culpas, á pesar de todos sus buenos propósitos y promesas, así tambien caerían en las graves, si no tuviesen á su favor la divina mano que los mantiene. Por lo tanto, luego
«Jac Ep. 3,í. - MEp.1,8.
que nos veamos caidos con alguna de estas faltas, es necesario que nos humillemos, y que confesando nuestra flaqueza, procuremos aumentar y aun multiplicar nuestras súplicas, pidiéndole á Dios que nos tenga de su mano, y no permita que nos hallemos sumergidos en defectos mayores.
3 Aquí, pues, solamente quiero yo hablar de aquellos pecados veniales deliberados, y plenamente voluntarios. Estos, muy bien que pueden evitarse todos con la ayuda de Dios, segun que se ven libres de ellos las almas santas, las que viven siempre con la lirme resolucion de sufrir la muerte, antes que cometer con previo conocimiento un solo pecado venial. Decía santa Catalina de Génova, que para una alma que con un amor puro ama á su Dios, cualquiera culpa, por mínima que sea, le es mas intolerable que el mismo infierno: por lo que, ella tambien protestaba, que se arrojaría á un mar de fuego, antes que cometer á sabiendas un pecado venial. Y con razon podemos decir, que los Santos hablaban de esta manera, porque iluminados ellos con la luz divina, saben conocer bien, ser mayor mal cualquiera ofensa que contra Dios se comete, que la muerte y la destruccion de todos los hombres y de todos los Angeles: Quod peecatum, escribe san Anselmo, peccator audebi t dicere pamtm? Deum enim exhonorare, quando est parvum? ¿Quién jamás se atreverá á decir: este pecado no es un mal grave, por cuanto es un pecado leve? ¿Cómo jamás, pregunta un Santo, podrá decirse ser un mal leve el deshonrar á un Dios? Si un súbdito le dijese al Rey: yo obedeceré á V. M. en otras cosas, mas en esta no quiero obedecer, porque es de poco momento; ¿ qué reprension y qué castigo no merecería? Convencida de esta verdad santa Teresa, decia: ¡Pluguiese á Dios que tuviésemos temor, no del demonio, sino de todo pecado venial, que puede ocasionar mas daño que todos los demonios del infierno! Por esto mismo exhortaba la Santa á sus hijas con estas palabras: Dios os libre de pecado con advertencia, por pequeño que sea. Y esto debe decirse especialmente á una religiosa, á quien tambien hace san Gregorio Nacianceno esta advertencia: Non ignores rugam Ubi unam turpiorem esse, quam máxima vulnera iis qui in mundo vivunt *. Sabe, dice el Santo, que una sola ruga en tu alma te pone á tí mas diforme, que á los seglares suelen afear las grandes llagas. Si una criada de cocina comparece á la presencia del Rey llena de manchas, ó el Rey no la reprende', ó mas bien la compadece por la disposicion en que la mira; mas si ve á la Reina, su esposa, con una sola mancha en su rico vestido, se indigna, y de ella forma grande queja. Esta misma conducta observa Jesucristo con respecto á las culpas que cometen los seglares, y las que se notan entre sus esposas. ¡Desgraciada aquella religiosa que de leves defectos no hace caso! No solamente no podrá llegar jamás á la santidad , sino que tampoco encontrará jamás la paz tan deseable. Mientras tuvo santa Teresa una vida imperfecta, nada pudo adelantar en el camino espiritual, experimentando además de esto, una vida de aflicciones continuas, sin consolacion alguna, ni en el espíritu ni en el cuerpo. Y esta es tambien la causa de que tantas monjas pasen una vida infeliz, sin encontrarla paz en su propio estado; pues que de una parte, se ven privadas de las diversiones del mundo; y de otra, jamás experimentan espirituales consolaciones; y así sucede, que siendo ellas escasas para con Dios, justamente Dios tambien se muestra escaso para con ellas. Démonos, pues, á Dios del todo; y Dios entonces del todo se dará á nosotros: Ego dilecto meo, et ad me conversio ejus".
í Mas podrá replicar alguna, en vista de esta doctrina: Los pecados veniales, por muchos que sean, concedo que me servirán de impedimento para hacerme santa, pero jamás todos ellos podrán hacerme perder la gracia de Dios, y de consiguiente, mientras yo no cometa culpa grave, habré de salvarme; y para mí esto solo es bastante. Pues la que llegue á discurrir de este modo, oiga lo que san Agustín le contesta: Ubi dimsti sufficü, ibiperiisti. Dijiste que te bastaba el salvarte; pues cuando creiste que esto te bastaba, entonces principió tu perdicion. Para entender esto mejor, y ver el gran peligro que llevan consigo los pecados veniales, al menos cuando son deliberados y habituales , conviene no perder de vista, que el hábito vicioso de las culpas leves inclina al alma á las culpas graves; por ejemplo, el hábito en los odios pequeños inclina á tener graves odios; el hábito de los hurtos diminutos inclina á cometer los grandes; el de los afectos carnales en lo venial, inclina á tenerlos en lo mortal: sobre lo que dice san Gregorio: Numquam illic anima, quocadit, jacet6. El alma no permanece en el sitio don«Cant. vil, 10. — « Moral, lttv, il.
de cae, sino que siempre va declinando mas para abajo. 3Iuchas de las enfermedades mortales no se crea que provienen de graves desórdenes, sino de la repeticion de desórdenes pequeños; y así tambien igualmente , muchas graves caidas traen, con mucha frecuencia, su origen de los pecados .veniales. Dice el P. Álvarez acerca de esto: «Aquellas pequeñas malee diciones continuadas, aquellas menores aversio«nes, culpables curiosidades, impaciencias, intempe«rancias, es verdad que no matan al alma; mas la de«bilitanen tanto grado, que sobreviniendo después «el insulto de cualquiera grave enfermedad, es decir, « de cualquiera fuerte tentacion, ella no habrá de tees ner entonces fuerzas para resistir, y será infalible su «caida.» Los pecados veniales, concedo que no separan al alma de su Dios; mas la retiran de este sumo bien; y con esto la ponen en un gran peligro de perderlo. Luego que Jesucristo fue preso en el huerto, es verdad que san Pedro no quiso abandonarlo; pero se puso á seguirlo á lo léjos: Petrus autem sequebatur eum a longe 7. Muchos no quieren separarse de Jesucristo por medio de los pecados mortales, mas pretenden por lo menos seguirlo á lo léjos, no tratando de abstenerse de las culpas ligeras. ¿I á cuántos de estos no les sucede después la desgracia que experimentó este santo Apóstol, el cual, habiendo entrado en la casa del Pontífice, apenas fue acusado de ser discípulo del Redentor, cuando lo negó hasta tres veces con juramento? Dice muy bien por eso san Isidoro, que Dios permite justamente, que aquellos que no hacen caso de los pecados veniales, en pena de su voluntaria transgresion y el poco amor que le profesan, vengan después á caer en los mortales. Y aun antes que el Santo , lo habia ya dicho el Eclesiástico con estas palabras: Qui spernit modica, paulatim decidet*. Aquel que desprecia las pequeñas caidas, poco á poco llegará á caer en el precipicio.
'Matth. Xxvi , S8.
9 TOMO I.
5 No digais, pues, advierte san Doroteo sobre esta materia, que aquel hábito de culpas veniales sea un mal de poca consideracion; sino mirad las consecuencias que trae: la mala costumbre, ella por sí sola, es una úlcera que infesta el corazon; y del mismo modo que lo debilita para no poder resistir á las tentaciones pequeñas, así tambien al mismo tiempo le va quitando las fuerzas, para que tampoco pueda hacer resistencia á las grandes. Teniendo san Agustín esto presente, nos dejó escrito: Noli illa contemnere, quia minora sunt, sed time, quia plura sunt: timenda est ruina multitudinis, etsi non magnitudinis. No hagas poco caso , dice el Santo, de estos defectos que tienes, porque son pequeños; sino teme, porque son muchos; pues el crecido número de tus culpas podrá precipitarte después en aquella ruina, á la que ahora su peso todavía no te arrastra. Tú procuras, dice el Santo en otro lugar, no quedar oprimida con el peso de cualquiera grande piedra; pues tambien debes guardarte de no quedar ahogada con un monton de arena, es decir, de las culpas ligeras, las cuales, siendo muchas, habituales, y no poniendo cuidado de enmendarlas, nos hacen perder el temor de cometer las culpas gra
«ECCl. xIx, 21.
ves. Aquel que no teme mucho el pecado, no eslá muy léjos de cometerlo. Y por esto llegó á decir san Juan Crisóstomo, que en cierta manera debiamos temer mas á los pecados veniales de costumbre, que á los que llegan á ser mortales; porque estos llevan consigo el horror naturalmente; pero los veniales, no se hace caso de ellos, y la continuacion eu cometerlos reduce al alma á un estado de tan débil condescendencia, que del mismo modo que ya se ha acostumbrado á no hacer caso de los menores males, así tambien insensiblemente va dando entrada y no haciendo mérito de los males mayores. Por eso dice el Espíritu Santo: Capitenobisvulpes parvulas, quae demoliuntur vincas ". Advertid que dice: Capite nobis vulpes parvulas: No dice , prended á los leones, á los leopardos, etc., sino á las raposas pequeñas: es evidente que por lo natural, se ha de temer á los leones y á las demás fieras, y por lo tanto, se toman aquellas prevenciones necesarias para guardarse de ellas, y evitar el daño que puedan hacernos ; mas á las zorras pequeñas no se les teme, y en el entre tanto ellas van asolando la viña; porque haciendo sus hoyos junto á las cepas, dan con esto lugar á que se les sequen las raíces. De la misma manera las culpas continuadas, y permitidas á ojos vista, aunque sean pequeñas, ellas dan la ocasion para que se sequen los buenos deseos, que son las raíces de la vida espiritual, y de este modo conducen á una alma á la inevitable ruina.
6 Convengamos, pues, en que los pecados veniales voluntarios y habituales constituyen á una alma en 9 Cant. Ims.
un grave peligro de perderse; en primer lugar, por lo mucho que la inclinan á caer en los pecados mortales, debilitándola para que no pueda resistir á las tentaciones; y esto ya lo dejamos explicado. Y en segundo lugar, porque nos ocasionan la falta de los divinos auxilios. Nosotros miserables, necesitamos de continuo en nuestra mente de una luz divina, capaz de mover la voluntad hácia lo bueno, y tambien necesitamos del divino auxilio en esta misma voluntad, para hacerla dócil y obediente á los movimientos de la gracia. Además de esto, tenemos necesidad de la continua proteccion de Dios, contra las fuerzas del infierno: y á no ser así, todos sucumbiríamos á las tentaciones del demonio, á las que, de nuestra parte, no tenemos fuerzas para resistirlas. Dios ciertamente es el que, ó nos suministra estas fuerzas, ó bien impide al demonio que nos acometa con aquellas tentaciones, en las que nosotros quedaríamos vencidos: y por esto Jesucristo nos enseñó á que le pidiésemos: Et.ne nos inducas intentationem; es decir, que Dios nos libre de aquella tentacion , en la que nosotros hubiéramos de quedar vencidos. ¡ Oh lamentable ignorancia! ¿Y los pecados veniales, qué es lo que hacen? Ellos hacen que nos falte esta luz divina, estos auxilios, esta divina proteccion; por manera, que llegando á quedar el alma envuelta en las tinieblas, débil y árida, habrá de perder el gusto á las cosas divinas, y de aficionarse á las terrenas; y esto con gran peligro de renunciar la gracia de Dios por consecuencia. Además de esto, los pecados veniales son causa de que Dios permita al demonio que avance á presentarnos mas fuertes las tentaciones. Y en verdad, que bien merece aquella alma que se porta escasa con Dios, que Dios tambien se manifieste escaso con ella: Qui parce seminat, parce etmetet "1. El que poco siembra, es justo que poco recoja. En la vision de los peñascos que tuvo el beato Enrique Suson ", dice, que vió en el primer peñasco á muchos que estaban allí detenidos; 'y que entonces preguntó á Jesucristo, quiénes eran aquellos? á lo que el Señor le respondió con las siguientes palabras: Estos son los tibios, á quienes les basta el vivir sin pecado mortal, y se contentan con esto solamente. Volvió á preguntar el beato Enrique, si los tales llegarían á salvarse? A lo qne el Señor le respondió: Si mueren sin culpa grave, es cierto que se salvarán; pero están estos en mayor peligro que ellos se imaginan; porque han llegado á pensar que pueden servir á Dios y á los sentidos, lo cual apenas es posible; y tambien es muy difícil el perseverar en gracia de Dios, hallándose en semejante estado.
1 De propitiato peccato noli esse sine metu 's. Nos advierte aquí el Espíritu Santo que debemos estar con temor del pecado perdonado; ¿y cuál es la causa de un tal temor, cuando ya hemos recibido el perdon? Sí, debemos estar siempre con temor; porque sin embargo del perdon de la culpa, nos queda tambien siempre la obligacion de pagar la pena temporal: cuya pena suele ser con frecuencia la privacion de los auxilios divinos. Por eso los Santos no dejaban de llorar jamás sus pecados, aunque fuesen leves, y les hubiesen sido ya perdonados; porque siempre estaban con el justo temor, de que en castigo de ellos, Dios les privase de
» U Cor. ix, 6. - «Vitac. l2. — "Eccl. v, S.
las gracias que necesitaban para la adquisicion de la eterna salud. Cualquiera favorito del Príncipe, después de haberle ocasionado á este algun disgusto, aunque se lo perdone, no volverá á obtener aquel anterior lugar de su aprecio, si primero no da grandes muestras de arrepentimiento, y de querer recompensar el disgusto que le habia dado con mayores obsequios que le haga¡ Esto mismo sucede con Dios: cuando un alma le desagrada con la culpa, si no se duele de ella de corazon, y no trata de satisfacerla con otras buenas obras, el Señor retira justamente su mano, y deja de comunicársele con aquella familiaridad que antes acostumbraba. Y cuanto mas aumente el alma estos disgustos, tanto mas habrá de retirarse el Señor de ella; de modo, que la dejará, cuando por una parte se encuentre mas débil y mas inclinada al mal, como ya se ha dicho antes; y por otra parte se vea menos asistida del auxilio divino; con cuyos antecedentes fácilmente caerá en culpa grave, y habrá de perderse. 8 Y si vemos que se halla en peligro de eterna perdicion toda persona que habitualmente comete pecados veniales deliberados, con llegará creer que esto le basta para salvarse, segun que ya hemos visto; con mucho mayor motivo se encuentra en este mismo peligro una religiosa que se relaja en la repeticion de muchas culpas ligeras, á vista de ojos ó con advertencia, sin pensar en la enmienda, sin dársele ya de ello cuidado, y diciendo en su interior: Yo tengo lo bastante con salvarme. Una religiosa, en el mismo hecho de ser llamada á la vida claustral, es tambien llamada para salvarse como santa. Y dice á este intento san Gregorio, que aquel que es llamado á salvarse como santo, si no se santifica, tampoco se salvará. Hablando el Señor un dia con la beata Ángela de Foliño se expresó de este modo: Aquellos que por mí son iluminados para caminar por el sendero de la perfeccion, y entorpecen su alma, queriendo ellos caminar solo por la via ordinaria, de mí serán abandonados. Pues tambien es cierto que toda religiosa ha sido llamada, y está obligada á trabajar en el camino de la perfeccion, y á este fin Dios tambien la ha favorecido con muchas gracias y luces especiales. Mas si ella quiere estar habitualmente descuidada, viviendo entre los defectos, y sin tratar de enmendarlos, será privada justamentede aquellos auxilios que le son necesarios para cumplir con las obligaciones de su propio estado; y de este modo, no solo no llegará á hacerse santa, sino que tampoco conseguirá su salvacion. Dice san Agustín acerca de esto, que Dios acostumbra abandonar á estas almas negligentes, que faltan con deliberacion á sus obligaciones, sin hacer cuenta de darles cumplimiento, no obstante que las conocen: Deus negligentes deserere consumí.
9 Y esto tambien quiso el Señor significar con aquella terrible amenaza que dirigió al apóstol san Pedro: Si non lacero te, non habebis partem mecum ". No pretendió ciertamente Jesucristo, al decir esto, hablar de un lavatorio material, sino acerca del espiritual de los pecados veniales; con respecto' á los cuales, el alma que ha sido llamada á la perfeccion, corre gran peligro de perderse, si no se purifica de ellos.
"Jiiiiu. Xiii. 8.
Vió santa Gertrudis en una ocasion al demonio que estaba recogiendo todos los copos de lana que ella dejaba perder, como defectos contra el voto de pobreza. Otro religioso, el cual dejaba caer en tierra, contra la regla, las migajas de pan que sobraban en la mesa, vió á la hora de su muerte al demonio que le presentaba un saco lleno de ellas, y que por este defecto pretendía hacerle desesperar. ¡ Oh qué bien sabe el demonio lo mucho mas estrecha que es la cuenta que Dios ha de exigir á los religiosos que á los seglares! Y aquí se advierte de paso, que muchas transgresiones de la regla, que para las súbditas, segun opinan comunmente los Doctores, no serán mas que culpas leves, para las superioras habrán de aparecer como culpas graves, si no las corrigen, y les ponen aquel remedio que está en sus alcances, cuando los defectos son machos, y tales que puedan relajar la comun disciplina: como son especialmente las faltas acerca del silencio, de la pobreza, de los ayunos, del locutorio y otras semejantes. Y no tan solamente están obligadas las superioras á corregir los tales defectos, luego que los advierten; sino que tambien es un deber suyo el celar y el vigilar para ver si los hay, y poder aplicar el remedio con mas tiempo.
10 Mas volvamos á nuestro intento de probar la obligacion que tiene toda religiosa de aspirar á la perfeccion, y de evitar hasta las culpas leves. Habia en la Compañía de Jesús, en tiempo de san Ignacio un hermano sirviente ó lego muy descuidado en el divino servicio: un dia lo llamó el Santo á solas y le dijo de este modo: Decidme, hermano mio, ¿qué habeis venido á hacer aquí en la religion? Él entonces le respondió: yo- he venido á servir á Dios. ¡ Oh hermano mio! ¡qué es la que habeis dicho! le replicó el Santo: si hubiéseis contestado que habiais venido á servir á un Cardenal, ó á un Príncipe de la tierra, seríais mas excusable en vuestra conducta; pero decís que habeis venido á servir á Dios, y sin embargo de esto ¿lo servís de esa manera? Es preciso entender que para hacerse santos un religioso ó una religiosa, necesitan de ciertas gracias particulares y abundantes; mas ¿cómo habrá de querer Dios ser liberal con aquella religiosa, que habiendo entrado en el convento para solo servirlo , mas bien lo deshonra que !é tributa honor; en tanto que con su vida negligente y llena de imperfecciones quiere dar á entender que el mismo Dios no merece ser servido con mayor atencion que la suya? Pudiendo tambien afirmarse de esta religiosa que, con su modo imperfecto de vivir, pretende probar que en el servicio del Señor no se encuentra ya aquella felicidad que se predica, y que se dice ser bastante para tener á un alma contenta; quiere probar, en suma, que su divina Majestad no es digna de tanto amor, que nos obligue á preferir su voluntad á todas nuestras propias satisfacciones.
11 Es verdad, segun el dictámen del P. Álvarez, que tambien las almas espirituales, y que solo están dedicadas al divino amor, no se hallan libres de defectos; pero tambien es cierto, que estas procuran siempre ir enmendando su vida con disminuir esforzadamente todas estas faltas; mas aquella que ya los comete por un hábito vicioso, y continúa repitiéndolos, sin dársele cási ningun cuidado ni sentimiento, y sin pensar tampoco en corregirlos, ¿cómo podrá jamás librarse de ellos, y evitar el gran peligro de caer en otras culpas mas graves? Decia el venerable Padre Luis de la Puente: Yo he cometido muchos defectos, pero nunca he firmado las paces con ellos. Mas ¡ ay de aquellas religiosas que cometen los defectos, los conocen y hacen con ellos las paces! Mientras que una persona que ha caido en algunas faltas las detesta, dice san Bernardo, que hay esperanza de que algun dia se enmiende, y se dedique á la vida devota; pero cuando las comete y las deja reposar en su alma, sin manifestarles tampoco aborrecimiento, andará miserablemente siempre de un mal en otro mayor: Muscae morientes perdunt suavitatem unguentiu. Estas moscas que mueren, dice el Cartujano, son cabalmente aquellas culpas que han quedado en el alma; es decir, aquellos rencores habituales, aquellas aficiones desordenadas, como vanidad, golosina, inmodestia en los ojos, ó en las palabras; las cuales se cometen, y después no se detestan. Pero estas cosas, ¿qué males nos ocasionan? Hacen perder la suavidad del ungüento; esto es, la devocion en los piadosos ejercicios, como en las sagradas comuniones, en las oraciones, en las visitas al santísimo Sacramento, etc., etc., y así sucede que el alma no encuentra ya en esto ni uncion, ni consolacion alguna.
12 Tales defectos habituales, dice san Agustín, que son como una sarna, que quitándole al alma toda belleza, la ponen horrorosa en tal manera, que no
1* Eccl. x, i
pueden menos de alejarla de los dulces abrazos del divino Esposo: Sunt velut scabies, et nostrum decus ita exterminará, ut á sponsi amplexibus separent ". Con k> que sucederá después fácilmente, que no encontrando ella ya ningun pábulo y confortamiento en aquellos devotos ejercicios, los irá disminuyendo, y al fin los abandonará; y omitiendo de este modo todos los medios que habian de servirle para la consecucion de su eterna salud, fácilmente irá á estrellarse en su propia perdicion. Porque, aunque supongamos que ella continúa las sagradas comuniones, la oracion, las visitas al santísimo Sacramento, etc., poco ó ningun fruto sacará ya de tales ejercicios; y así vendrá á cumplirse en la desgraciada lo que dice el Espíritu Santo: Seminasti multum, et intülisti parum... et qui mercedes congregavit, misit eas in sacadum pertusum ". Tal es puntualmente la monja tibia é imperfecta: todos sus ejercicios espirituales los echa en un saco roto; de modo que á la infeliz no le queda de todos ellos ningun mérito; siendo lo peor, que practicándolos con tantos defectos, se va cada vez haciendo mas delincuente , y digna de ser castigada con la privacion de aquellos abundantes auxilios que el Señor le hubiera dispensado, si ella hubiese correspondido á las inspiraciones recibidas: Omnia habenti dabitur, et abitndabit: ei autem, qui non habet, etquod mdetur habere, auferetur ab eo ". Á. aquel que conserva, con su buena correspondencia, la ganancia adquirida con los beneficios y talentos que Dios ha tenido á bien dispensarle, leserá aumentada maravillosamente la divina gra
1»S. Aug. bom.50,c.3. - '«Aggaei,ii,C. —
cia y la gloria; más, por el contrario, el que se haya servido malamente de su talento, teniéndolo ocioso, y sin darle ninguna ganancia, se verá privado de él, por la poderosa mano de Dios, que no tan solo habrá de quitárselo, sino que tambien lo dejará desnudo de aquellas gracias celestiales que le habia preparado.
ORACIÓN.
Aquí me teneis, Señor; yo confieso que soy una de aquellas almas infelices que merecía verme ya abandonada de Vos, y permanecer en el miserable estado de tibieza en que vivo tantos años, debiendo verme privada al mismo tiempo de vuestra divina luz, y desamparada de vuestra gracia. Mas advierto, Dios de todo consuelo, una celestial luz, con que en estos instantes me iluminais; siento vuestra dulce voz, que de nuevo me llama para amaros; estas son unas señales nada equívocas de que aun no me habeis abandonado todavía. Y ya que Tos, Señor, no me habeis desamparado, después de tantas ingratitudes como yo he cometido, ya no quiero seros mas ingrata. Vos quereis perdonarme; pues yo me arrepiento de todas las ofensas que os haya hecho. Sí, Jesús mio, perdonádmelas , que yo las detesto y las abomino mas que todos los males, y quisiera haber muerto antes que haberos ofendido. Y pues Vos quereis el amor mio, yo no deseo ya otra cosa sino amaros. Os amo; ¡ oh sumo bien de mi alma! Os amo; ¡oh Dios, digno de un infinito amor! Aumentad, Señor, en mí esta divina luz, y este deseo que ahora me concedeis de ser del todo vuestra. Vos sois omnipotente; pues bien podeis renovarme , y de una criatura rebelde, como yo he sido á vuestros beneficios, hacerme comparecer otra de aquellas mas amantes de vuestra bondad soberana. Tal quiero yo ser, Dueño de mi vida, y tal espero ya convertirme con vuestro divino auxilio. Vos habeis prometido oir al que de veras os invoca; pues la gracia que yo os pido en estos momentos es que yo sea toda vuestra, y no ame cosa alguna fuera de Vos. ¡ Ay Jesús mio y esposo mio! por los méritos infinitos de vuestra sangre, haced que os ame ya una pecadora como yo lo soy, á la que Vos tanto habeis amado, y con tanta paciencia y por tantos años habeis sufrido sus ingratitudes. Yo espero, pues, animada de una firme confianza, y esperanzada en vuestra infinita misericordia, amaros con todo mi corazon en esta vida, y después tambien en la otra; en donde espero igualmente alabar. por toda la eternidad las grandes y repetidas misericordias que habeis usado conmigo: Misericordias Domini in aeternum cantalo. ¡Oh santísima María, mi dulce madre! Todas estas gracias, estas celestiales luces, estos deseos, esta buena voluntad , que Dios me concede al presente, todo ello lo reconozco como un efecto de las súplicas que Vos compasiva habeis ofrecido por esta pecadora. Continuad, continuad, dulce esperanza mia, rogando por mí; y no dejeis de suplicar, hasta tanto que consigais ver en mí una vida enteramente consagrada á vuestro divino Hijo Jesucristo, segun que tambien Vos misma me la deseais. Así lo espero, así sea.
CAPÍTULO VI.
CONTINÚA EL MISMO ASUNTO.
Aunque hemos visto ya hasta aquí las fatales consecuencias de las culpas leves voluntarias, conviene especialmente que tiemble. porul grande peligro en que se halla de su perdicion, aquella religiosa que comete sus faltas, á causa del afecto desordenado de cualquiera pasion. ¡Oh Dios! y ¡cuántas monjas .por no desprenderse de ciertos afectos terrenos, no llegan jamas á ser santas, y ponen, además de esto, en gran peligro su eterna salud! El fin, pues, que ha de proponerse una religiosa en todos sus devotos ejercicios, ya de comuniones, ya de oraciones, ya de lecciones espirituales y otros semejantes, no debe ser otro que el de vencer sus pasiones, de desterrar las afecciones terrenas, y en suma, de aniquilar todos los impedimentos que en el camino de la perfeccion se le opongan. Á este intento está obligada á dirigir todas sus devociones y todas las súplicas que haga; pidiéndole continuamente á Dios, le conceda un verdadero desprendimiento de todo lo criada, y una perfecta victoria de sus malvados apetitos. Debe procurar, sobre todo, la mortificacion de los sentidos, y especialmente de la vista, del paladar y de la lengua. Es un deber suyo , además de esto, el atender á desprenderse de las pasiones internas; es decir, del afecto á la propia estimacion , al bello traje, y á otro cualquiera objeto de licioso. Tambien debe ejercitarse en contradecir su propia voluntad. Debe, finalmente, procurar hacer todo esto con facilidad y alegría: en lo que siempre encontrará algo que moderar y que mejorar. Algunas almas atienden, es verdad, á continuar sus comuniones y devotas oraciones; mas no buscan otra cosa en estos ejercicios, sino un cierto recreo en la devocion, y una cierta sensibilidad espiritual; á conseguir la cual se dirige secretamente todo su intento; de donde nace , que siempre quedan ligadas con sus afecciones terrenas, que les impiden progresar en el espíritu, y ademas de esto, les hacen siempre andar de mal en peor. 2 No es por lo tanto un incidente raro, el que muchas de estas almas se encuentren al fin perdidas en la desgracia de Dios, el mayor de todos los males. Y para que no llegue este caso, deben estar bien advertidas de que el arte astuto que usa el demonio con las almas espirituales, no es el de tentarlas desde un principio á cometer males de gravedad; se contenta él por las primeras veces, como dice san Francisco, con que el alma se deje atar con un cabello; porque muy bien conoce su maligna astucia, que si desde un principio intentase ligarla con una cadena de esclava, ella debería horrorizarse y ponerse en fuga; mas consintiendo la incauta en dejarse ligar con aquel pequeño cabello, mas fácilmente conseguirá el enemigo atarla después con un hilo, después con una cuerda, y finalmente la amarrará con una cadena de infierno, y la hará esclava suya. Explanemos esta lamentable verdad con los ejemplos: Después que aquella religiosa tuvo alguna pendencia con otra hermana suya, llega á conservar en su ánimo un pequeño rencor, ved ahí el cabello: pasado algun tiempo, no querrá hablarle, ni aun saludarla, ved ahí el hilo: después pasará mas adelante, hablando mal de ella é injuriándola, ved ahí la cuerda: y por último, acrecentándose la indignación con cualquiera otro motivo, concebirá un odio mortal contra ella, ved ahí la cadena, con la cual finalmente quedará hecha una infeliz esclava del demonio. De un modo semejante sucederá, que alguna otra religiosa concebirá cualquier afecto humano hácia cierta persona, y comenzará en un principio á fomentar esta aficion bajo el pretexto de justa gratitud: de allí se seguirán algunos regalos, de allí mediarán palabras afectuosas; y de allí, finalmente, algunotro ataque de la pasion, con. el que vendrá á quedar la miserable ligada ya con una cadena de eterna muerte. En pocas palabras: lo que acontece al jugador, que después de haber perdido muchas pequeñas cantidades, dice finalmente: naya todo, y acaba de perder cuanto le quedaba; esto tambien sucede con un alma tibia: después que ella haya sufrido voluntariamente muchas pequeñas pérdidas en el espíritu, encontrándose ya por último enferma y 'débil para poder resistir á las tentaciones, dirá: vaya todo, y perderá á Dios, y.se perderá á sí misma. ¡Oh qué fuerza adquiere el demonio contra nosotros, cuando nos mira ya ligados con una pasion cualquiera! Oigamos á san Ambrosio: Tune maxime insidiatur adversarius, quando videt in nobis passiones aliquas generan:, tune fomites movet, laqueos parat. El enemigo está siempre indagando cuál es el placer que mas nos deleita, y presentándonoslo con
bellos colores en la imaginacion, mueve al mismo tiempo la concupiscencia, y de este modo nos prepara la red para cazarnos.
3 Cuando lleguemos á notar, dice Casiano, que desgraciadamente se encuentra sumergida en cualquiera precipicio un alma dedicada al espíritu, no pensemos que ella haya caido á la primera tentacion, sino que debemos suponer, que en un principio fue enredada con ligeras culpas, y después precipitada en las graves. Afirma san Juan Crisóstomo haber él mismo conocido muchas personas, que le parecieron adornadas de todas.las virtudes; y después, por no haber hecho mérito de los pecados veniales, llegaron á caer en un abismo de vicios. La venerable sor Ana de la Encarnacion vio condenada el alma de una persona, á la que ella y la generalidad tenían por una santa; y notó en la vision que muchos animalillos andaban sobre su rostro, los cuales representaban los primeros defectos que ella tuvo, y que habia consentido, sin hacer caso; entendió al mismo tiempo, que algunos de aquellos animalillos decían: Por nosotros comenzaste; otros, por nosotros continuaste; y otros, por nosotros te perdiste... Convencida también de esta verdad la M. María Victoria Estrada, se expresaba de este modo: El demonio, cuando no puede lograr lo mucho, se contenta con lo poco, y con aquello poco consigue después lo mucho. La serpiente no tentó á Eva, en el principio, para que comiese la manzana, sino para que solamente la mirase; de allí pasó á formar su discurso, luego á hacerle dudar acerca de la amenaza de muerte que el Señor le habia hecho, y después la hizo 10 Tomo i.
caer. Por eso dice santa Teresa, que el demonio se contenta con que un alma le principie á abrir la puerta del corazon; porque después ya discurrirá él la manera de hacérsela abrir del todo. Y esto mismo tambien lo habia dicho ya san Gerónimo, con estas palabras: Diabolus non pugnatcito contra aliquemper grandia vitia, sed parva, utpossit, quomodocumque intrare, et dominan homini, ut postea in majora vitia eum im~ pellat1. El enemigo no acomete de pronto á una persona, para que principie á cometer los pecados graves , sino los que son leves; con el fin de poder de alguna manera tener entrada en el alma, y comenzar á ejercer dominio en ella, para tratar después de inducirla á los pecados mayores. Ninguno desde un principio, dice igualmente san Bernardo, llega de pronto á cambiarse de bueno en un malvado; principia sí por aquellos defectos mas pequeños; los que después llegan á precipitarlo en los que se practican de mayor gravedad: Nemo repente fit turpissimus; a minimis incipiunt, qui in maxima proruunt *. Una pequeña chispa, no cuando en un principio se presenta, reducirá 'á fuego toda la selva: Ecce quantus ignis quam magnam silvam incendit * 1 Lo que significa, que una pasion no mortificada conducirá al alma á una eterna ruina.
4 Y aquí es necesario tambien advertir, sobre todo lo dicho, que cuando una religiosa llega á tener la desgracia de caer en un pecado mortal, cualquiera que sea, esta su caida habrá de ponerla en un grave peligro de verse abandonada de Dios; porque el tal pecado que ella ha cometido, no será como el de los se1 Epist. 40. - s s. Ber. Tract. de Ord. Titae. - 'Jacob, m, 5. glares, que infringen la divina ley bajo las densas tinieblas del mundo; sino que será un pecado de malicia, mediante á que ha verificado su realizacion en medio de la luz divina recibida por el conducto de tantos sermones, comuniones, meditaciones, ejemplos edificantes de sus hermanas, advertencias de sus padres espirituales, y tambien de las superioras; por manera, que no es dable que ella pueda alegar ignorancia 6 debilidad, despuésde haber sido favorecida con tantas luces celestiales, y de haber tenido tan poderosos medios para haberse hecho fuerte, si ella hubiese querido. Segun enseña santo Tomás, este pecado de la religiosa es propiamente uno de aquellos que se llaman de malicia, que consisten en que se haga eleccion de ellos, con un pleno conocimiento de la deformidad que tienen. Y por lo tanto, una culpa de esta naturaleza lleva consigo una terrible ruina; pues que cuanto mayor hubiere sido la luz ó el auxilio que tuvo el alma, que después la ha cometido, otro tanto mayor debe ser, por razon natural, la pertinaz obcecacion en que se halla. Y en otro lugar dice tambien el mismo angélico Doctor, que el pecado va aumentando su malicia, á proporcion que crece la ingratitud en el infractor. Pues preguntemos ahora: ¿Qué gracias y favores no ha dispensado Dios á una religiosa? El mismo Señor la ha sacado de en medio de los grandes peligros del mundo, y le ha dado lugar de acogida en su santa casa, pues que son verdaderamente casas de Dios todos los conventos: él la ha separado de la multitud de sus siervas, y la ha elegido por su propia esposa; y habiéndola elevadoá tan alta dignidad, la ha enriquecido después con repetidas luces celestiales, é infinidad de auxilios externos é internos; todo con el fin de hacerla una santa: él tambien se ha introducido amoroso tantas veces en su pecho, por medio de la sagrada Comunion; la ha hablado familiarmente con frecuencia en las meditaciones, en las visitas, en las lecciones espirituales; la ha sublevado, en una palabra, del peligroso valle, y la ha colocado sobre el dichoso monte. Y ella, en correspondencia de tan señalados beneficios, ha querido volver la espalda á su divino Bienhechor, y declarársele por su enemiga. ¡Ah miserable! esta su caida no será para ella, como para la gente del siglo, una simple caida; sino que le servirá de ruina. Aquel que sufre una caida en tierra llana , difícilmente experimenta grave daño; mas el que llega á caer desde lo alto de un monte, no se dice con toda propiedad que ha caido, antes mas bien podrá afirmarse que se ha precipitado: Ruina quae de alto est, graviori casu colliditur, dice san Ambrosio. Y esto mismo quiere Dios significarnos por medio de Ezequiel, cuando nos dice: Posui te in monte sancto Dei, etpeccasti, et ejeci te de monte Dei, et perdidi te \ Ingrata, dirá Dios á esta religiosa, yo te he colocado en mi santo monte, y tú desde allí has querido precipitarte en el pecado; permanece, pues, perdida, en justo castigo; pues que yo, por tu negra ingratitud, ya te he separado de mi dulce presencia... Razon puede asegurarse que tuvo la gran sierva de Dios sor María Estrozzi en expresarse de este modo: Dios quiere que las personas religiosas sean el espejo de todo el mundo. Por lo tanto, y siendo tambien llamadas á una perfeccion que no es ordinaria, deshonran á Dios en gran manera, teniendo una vida imperfecta. El pecado de una religiosa, añade después, causa horror al paraiso, y obliga al mismo Dios á volverle las espaldas; pues que no puede dejar de repudiar á las esposas infieles, que faltan al pacio que hicieron en su profesion; y por esta razon las abandona miserablemente al imperio de sus pasiones. ¡ Oh cuán difícil es la conversion de un alma, que primero ha gustado las delicias de Dios, y después le vuelve las espaldas!
* Ezecb. xzTiii, 14 et seq.
5 Retrocedamos otra vez á nuestro asunto. Es necesario, pues, que la religiosa tiemble solamente de pensar dejarse ligar del demonio con cualquiera pasion, y con el mas mínimo pecado, que pueda llevar consigo la menor consecuencia de ruina; tiemble, vuelvo á decir, de que todo pequeño apego á lo terreno puede llegar á ser causa de su eterna condenacion: la que voluntariamente se pone entre los precipicios, ella tambien será precipitada, decía santa Teresa; y con mucha razon se expresaba la Santa de este modo; pues que ella misma, sin embargo de no haber cometido jamás culpa grave, con todo eso, Dios le hizo ver el lugar que en el infierno le tenia preparado, si no se hubiese desprendido de cierto afecto, aunque no era impuro, que profesaba á un pariente suyo. En el instante que el pájaro se ve suelto, extiende su vuelo; mas cuando está sujeto, aunque no sea mas que con un hilo delgado, permanece y permanecerá siempre inerte, como vil escuerzo dentro del lodo. Del mismo modo tambien una religiosa; cuando ella se mira libre de toda afeccion terrena, vuela y volará siempre cada vez mas á su Dios; pero en todo tiempo, que estuviere ligada con cualquiera afecto mundano, no se elevará jamás de la tierra, y caminará siempre de mal en peor, hasta llegar á verse del todo perdida. En suma, es necesario persuadirse, que la salvacion de una religiosa depende de huir con resolucion, aun de las culpas ligeras, especialmente cuando estas son muchas y habituales; porque tantos pequeños arroyuelos llegarán á formar un rio, en el que desgraciadamente será ahogada. Estos defectos suyos continuados , y de los que no hace caso, la irán conduciendo poco á-poco áun estado miserable de tibieza; del cual, tratando el Señor, escribió por medio de san Juan, al obispo de Tarsis de este modo: Seto opera tua; quia neque frigidus es, neque calidus \ Hé aquí el estado de una religiosa tibia: ella no se atreve á volver las espaldas á su Dios; pero entre tanto no hace mérito de las culpas ligeras; y sucede que con el tiempo comete infinidad de ellas; ya impaciencias, ya mentiras, ya murmuraciones, ya golosinas, ya imprecaciones, aversiones ocultas en el corazon, apego á los bellos trajes, al locutorio, á la curiosidad, á la estimacion propia, á la propia voluntad, etc.: y de todas estas sus imperfecciones no concibe pena alguna, ni el mas ligero pensamiento de enmendarse: Utinam frigidus esses, añade el Señor en el citado lugar, sed quia lepidus es, neque frigidus es, neque calidus, incipiam te evomere ex ore meo'. Adviértase que dice: Utinam frigidus esses, que viene á declarar: mejor te
"Apoc. Hl,13. - 6 Ibid. I0C. dt.
seria el verte privado de mi gracia; porque entonces pudiera haber mas esperanza de remedio; mas permaneciendo tú en tu propia tibieza, te encuentras en mayor peligro de condenarte; mediante á que con esta , fácilmente caerás en algun vicio mortal, quedando entonces poca esperanza de que te levantes de una tan funesta caida.
6 Hablando san Gregorio de un pecador, que todavía no se ha convertido, manifiesta esperanzas de que consiga la amistad de Dios; mas tratando acerca de una alma tibia, que ya no tiene temor de su propia tibieza, desconfia de su conversion: Tepor qui á fervore defecit, in desperatione est. ¥ la razon que da el Santo consiste en aquella expresion, con que continúa el Señor hablando en el citado lugar: Sed quia tepidus es, iwipiam te evomere. Guando una bebida está fria ó caliente del todo, fácilmente se traga; mas no sucede así cuando está tibia; porque la misma tibieza mueve á vómito. Este es el gran peligro en que se encuentra una alma tibia, en el de ser de Dios vomitada, es decir, en el de ser abandonada ya de su divina gracia. Y esto es lo que puntualmente significa este vómito: incipiam te evomere; porque todo aquello que se vomita, causa horror, por lo natural, el volverlo al estómago. Y ¿de qué manera, pregunto y o ahora, comienza Dios á vomitar á un alma? Dejará el mismo Señor de inspirarle, como antes acostumbraba, aquellas luces de viva fe, aquellas espirituales consolaciones , aquellos santos deseos, y aquellas amorosas llamadas; y con la falta de tan poderosos auxilios, comenzará ya la infeliz alma á dejar las oraciones, las comuniones, las visitas al santísimo Sacramento, las súplicas, etc.; y dado caso que continúe con estos santos ejercicios, los practicará con gran tedio, soñolencia y distracciones: en fin, todo lo hará á la fuerza, disipada, inquieta y sin devocion. Hé aquí cómo el Señor principiará á vomitarla: viniendo á suceder, que no encontrando ya jamás la miserable consuelo alguno en todos sus devotos ejercicios, sino por el contrario, penas y cansancio, finalmente lo abandonará ya todo, y vendrá á precipitarse en los pecados mortales. La tibieza, en pocas palabras, es una calentura tísica, la que apenas se advierte, pero que al mismo tiempo conduce al sepulcro sin remedio alguno. El alma que por desgracia ha caido en esta sima de la tibieza , no piensa en corregir sus culpas; mas estas, con el tiempo la van haciendo tan insensible á los remordimientos de la conciencia, que al fin llegará un dia en que se encuentre ya perdida, sin que tampoco haya advertido el peligro de sa eterna condenacion.
7 Al oir esta doctrina aquella pobre religiosa que se encuentre en tan miserable estado de tibieza, podrá acaso preguntarme de este modo: pues ¿qué para mí no hay ya ninguna esperanza de espiritual salud? Parece, en verdad, que esto debe inferirse, habiéndose dicho que me es casi imposible el salir de estas miserias en que me encuentro. Mas oid lo que á esta pregunta os responde por mí Jesucristo: Quae impossibilia sunt apud homines, possibilia sunt apud Deum '. Aquello que es imposible á los hombres, no es imposible á Dios. Aquel que suplica, y se vale de los verdaderos medios, todo lo alcanza. Vengamos ahora á tratar de los medios. Si las culpas son indeliberadas y nacidas de fragilidad, estas tales, como hemos dicho en un principio, no causan un gran daño, siempre que con humildad las detestemos. Y aquí es necesario advertir, que acerca de los defectos que cometemos, se presenta la humildad en dos sentidos contrarios; por lo que podemos decir, que hay una humildad santa, que es la que Dios nos comunica, y otra humildad maligna que inspira el demonio. La santa es aquella, por medio de la cual el alma conoce sus imperfecciones, se confunde y anonada en la presencia de Dios, se duele de corazon de ellas y las detesta; pero todo esto con paz de conciencia: y así sucede, que al ver sus miserias , no se desanima ni se inquieta; sino que poniendo en Dios toda su confianza, se enfervoriza para recompensar sus defectos con mayores obsequios y obras de verdadera piedad. La humildad maligna, por el contrario, es aquella que pone el alma en agitacion, y la llena de inquietudes y desconfianzas; y de este modo consigue hacerla débil, y casi incapaz de hacer nada bueno. Oigamos lo que nos dice santa Teresa acerca de este punto8: La verdadera humildad hace, que aunque el alma se reconozca culpable, no se hallen á pesar de esto en ella alteraciones; ni tampoco inquieta el corazon, sino que por el contrario, lo consuela. Es verdad que por una parte la aflige, por las ofensas cometidas contra Dios; mas por otra parte le dilata los senos, para que espere en su misericordia. El alma entonces disfruta de una luz, que le sirve para confundirse s Vida, c. 30.
á sí misma, y para alabar á Dios que con tanta paciencia la ha sufrido. Mas en esta otra humildad, que inspira el demonio, no se encuentra luz para nada bueno: parece que Dios quiere llevarlo todo á sangre y á fuego. Y esta es una invencion del demonio, y de las mas sutiles que yo he llegado d conocer en él.
8 Acerca de esta suerte de culpas, que atendiendo á la humana debilidad, son enteramente inevitables , advierte con oportunidad san Bernardo, que de la misma manera que es culpable la negligencia, así tambien es reprensible un temor excesivo. In hujusmodi quasi inevitabilibus (culpis) et negligentia culpabilis est, et timar immoderatus9. Debemos por lo tanto detestar semejantes culpas, mas no debemos por ellas decaer de ánimo; pues que el Señor, cuando el alma las aborrece, fácilmente nos las perdona. Septies canil justus, et resurgit10. El que cae por fragilidad, fácilmente se levanta; cadit et resurgit. Dice san Francisco de Sales, que los defectos cotidianos, del mismo modo que indeliberadamente se cometen, asi tambien indeliberadamente se quitan. Y santo Tomás nos dejó escrito esto mismo anteriormente, diciendo: que tales culpas implícitamente se cancelan ó perdonan, cum aliquis ferventer movetur in Deum ". Esto es, por aquellos actos buenos que suele hacer un alma espiritual, ya sean de amor hácia Dios, ya de resignacion , ya de ofrecimiento, y otros semejantes. Añade igualmente el angélico Doctor, en el lugar citado, que causan tambien la remision de tales pecados leves los actos que llamamos sacramentales, como el rezar el Padre nuestro, la confesion, el golpe de pechos, la bendicion episcopal, el tomar agua bendita, la oracion que se hace en iglesia consagrada; y sobretodo lo dicho , se perdonan los mismos pecados veniales, por medio de la recepcion de los Sacramentos, y especialmente por la sagrada Comunion; de la cual escribe san Bernardino de Sena: Contingerepotest, quod tanta devotione rnens per sumptionem Sacramenti absorbeatur, quod ab omnibus venialibus expurgetur ".
9 S. Ber. Serm. 1 in CoenaDom. — 1» Prov. xxiv, 16. — "3 p. (¡. S7,art.3.
9 Ya se entiende, que lo que acaba de decirse ha sido con respecto á los pecados indeliberados. Pero si, por desgracia, sucede que una persona comete cualquiera culpa venial con deliberacion , aunque raras veces, no por esto debe decaer en el ánimo y perturbarse. Procure, pues, en semejante caso, salir inmediatamente al reparo con el arrepentimiento, y con la firme resolucion de no volver jamás á repetir su caida. Y si sucede que esta se reproduce con nueva culpa, renueve siempre de corazon el arrepentimiento y el propósito, confiando en nuestro.Dios; el cual, viendo compasivo que un alma continúa obrando de este modo, al fin habrá de librarla de tales voluntarias caidas. Decia sanFelipe Neri, que no es negocio de un dia el de hacerse una persona santa; pero el que no deja el camino verdadero que ba emprendido para llegar á la perfeccion, no dé jamás entrada á la desconfianza, porque con el tiempo habrá de conseguirla. El mismo Dios permite algunas veces que cometamos tales faltas, para hacernos conocer nuestra
"Serm. 4, a. 5, c. 2.
fragilidad, y para que además de esto experimentemos que caeríamos en las maldades mas abominables, si nos dejase de su mano. Y aunque esta clase de culpas son deliberadas, no cometiéndose con frecuencia, no acarrean un gran daño, ó á lo menos, no ocasionan ruina. Pero aquella otra clase de culpas, que como ya hemos antes considerado, se practican deliberada y habitualmente, aunque ellas sean veniales, pueden con la mayor facilidad conducirnos á una eterna ruina, y especialmente si se cometen por cualquier exceso de una pasion, sin hacer detestacion de ellas, y sin tomar en cuenta el enmendarlas; y la razon que hay para temer tan fatales consecuencias, es la de suponer á un alma, que obra con tan criminal indiferencia, sumergida ya en el lamentable atolladero de la tibieza; del cual, segun que ya hemos visto, será muy difícil que pueda salir. Mas si por desgracia, alguna vez llega á encontrarse una religiosa en tan miserable situacion, veamos los medios de que se ha de valer para verse libre de ella.
10 De tales medios será el primero: Que tenga un verdadero deseo de libertarse de semejante esclavitud. Y si ella reconoce que le falta el tal deseo en los grados de eficacia que se necesita, al menos debe suplicar á Dios que se lo conceda, confiando en la promesa que el mismo Señor nos tiene hecha por estas dos palabras: Petite, et accipietis... Segundo: Que procure conocer bien sus defectos, y principalmente el vicio predominante de que ella adolece: por ejemplo, si tiene demasiada estimacion de sí misma, si advierte tener deseos de dejarse ver, si acostumbra proferir ciertas palabras de autoridad ó de alabanza propia, si experimenta turbacion ó inquietud en cualquiera humillacion ó desatencion que recibe, bien puede conocer que en todo lo dicho la domina ya la soberbia. Otra podrá tambien conocer que tiene dominio sobre ella el amor propio, -si se aflige de la mas pequeña enfermedad , si se fastidia de cualquier incomodidad que se le presenta, si procura tener buen trato en la comida, no pudiendo sufrir otra clase de alimentos que no fueren aquellos que son conformes á su propio gusto. Otra, del mismo modo, podrá conocer que la domina la cólera, si en cualquiera cosa contraria, se inquieta, murmura y se lamenta. Otra, finalmente, conocerá que la domina la pereza, si por toda causa, aunque ligera , que se le presente, omite la oracion, la sagrada Comunion, la asistencia al coro, y otras cosas semejantes.
11 El tercer medio será este: Luego que haya llegado á conocer su vicio predominante, debe formar una firme resolucion de librarse de él, y de vencerlo á todo trance, sin omitir los mayores esfuerzos hasta verlo enteramente destruido. Percuties eas usque ad internecionem ". Decía santa Teresa: El Señor no quiere de nosotros mas que una fuerte resolucion, para hacer él después todo lo que corre de su cuenta. En otro lugar dice la Santa, que el demonio tiene temor de las almas resueltas. Por consecuencia, no puede temer el demonio á aquellas almas que tienen ciertos buenos deseos, mas no se resuelven á practicarlos. Al contrario decia la citada Santa que sucede con toda el alma, por perdida que ella se encuentre, la cual, con una verdadera resolucion, se dedica toda al amor de Dios; pues que esta recibirá del mismo Señor abundantes auxilios para triunfar de todos sus enemigos. Y estas son aquellas resoluciones que deben hacer las religiosas en la oracion. Y añadia tambien la misma santa Teresa: Yo quiero una oracion de poco tiempo, que produce grandes efectos, mas bien que aquella de muchos años, y en la que un alma no acaba de resolverse. Y á la verdad, ¿de qué sirven unas oraciones en las cuales nos contentamos solamente con dirigir algunos afectos devotos, y ciertas súplicas generales que se leen en el libro, si jamás nos resolvemos á enmendar aquellos defectos-, que ya conocemos servirnos de impedimento para llegar á la perfeccion?
1£ El cuarto medio. Una de las resoluciones mas necesarias que debemos hacer, es la de quitar las ocasiones de nuestras caidas. El demonio se rie de todos nuestros propósitos y promesas, mientras que no huyamos de las ocasiones. Siendo preguntado el mismo demonio en una ocasion, sobre cuál era la clase de sermones que mas le desagradaban entre todas, respondió: que los que exhortaban á huir de las ocasiones. Considere, pues, la religiosa, cuál es la ocasion que sirve de incentivo á sus defectos; si la familiaridad con aquella persona, que se halla fuera ó dentro del convento, si el entretenerse en aquel lugar, si el mantener aquella correspondencia por escrito, por medio de regalos, y cosas semejantes. Dice tambien santa Teresa , que si el alma no se retira de las diversiones del mundo, volverá pronto á desmayar en el camino del Señor. Y por el contrario, añade, que quitadas las malas ocasiones, el alma se resolverá á amar á Dios inmediatamente. Da tambien la misma Santa otra bella regla ó documento, diciendo que las religiosas no deben comunicar sus tentaciones sino con aquellas almas que aman la perfeccion; porque si descubren sus defectos á las personas imperfectas, ocasionarán daño espiritual á ellas mismas y á las otras que los oyen.
13 El quinto medio. La religiosa debe atender especialmente á practicar actos de aquellas virtudes que son opuestas á las malas inclinaciones que mas la molestan, y le hacen caer en los defectos. Por ejemplo, la que se siente inclinada á la soberbia, debe proponerse y procurar, con un particular cuidado, humillarse con todos, y sufrir con la mayor paciencia las humillaciones que reciba; la que advierte propension á la gula, procure abstenerse cuanto pueda en satisfacerla; y así del mismo modo, con respecto á los demás vicios. Y ayuda mucho para esto el aprovecharse de la advertencia de Casiano, que consiste en representarnos en la oracion aquellas-ocasiones contrarias que pueden presentársenos., como de recibir algun ultraje, ó que se nos haga cualquiera otra injuria; y allí entonces es muy conveniente humillarnos, y proponer resignarnos con la divina voluntad, cuando se nos presenten tales tropiezos. Estas preparaciones, principalmente en materia de incontinencia, ¡oh, cuánto ayudan á tener el alma pronta y fuerte, para sufrir los asaltos ó tentaciones que improvisamente le acometan! De esta manera se ve que los Santos se encuentran en las ocasiones siempre prontos á sufrir,
con paz y alegría, todos los escarnios, las injurias, persecuciones y demás injusticias que se cometen contra ellos.
14 El sexto medio. Ayuda mucho el hacer un examen particular acerca de aquel vicio que mas nos domina, imponiéndonos al mismo tiempo alguna penitencia, para todas las veces que cáigamos en él. ¥ es tambien necesario no dejar de combatirlo esforzadamente, hasta que ya veamos al mismo vicio abatido, animándonos para ello con el divino auxilio; á fin de que podamos exclamar con David: Persequar inimicosmeos, et comprehendam illos; et non convertar, donee defictant1*. Yo habré de perseguir á mis enemigos, y los abatiré; y no cesaré de combatirlos hasta que los mire destruidos. Pero á pesar de todo esto, oigamos á san Bernardo que nos dice: «Vos os engañais, si llegais «á pensar que por cualquiera adelanto que tengais «en la virtud, vuestros vicios están ya muertos, mien«tras que vivais en este cuerpo mortal; porque debeis « advertir, que ellos estarán reprimidos por algun tiem« po, pero siempre habrán de retoñar en lo sucesivo: « Quantumlibet in hoc corfore manens profeceris, erras ««' mtia putas mortua, et non suppressa ".» Por esto advierte tambien Casiano, que es necesario velar siempre, á fin de que el vicio no vuelva á poner el pié sobre nosotros; porque debemos tener entendido que, si desmayamos en el rigor contra él, volverá indefectiblemente; y en este su regreso presentará mayor fuerza que antes para dominarnos.
18 Es preciso, sobre todo lo dicho, desconfiar en
1* Psalm. Xxth, 38. — '» S. Ber. Serm. 58 In Cant.
teramente de nuestras fuerzas y diligencias, para poder vencer cualquiera defecto que tengamos, poniendo al mismo tiempo en Dios toda nuestra confianza, y diciéndole con David: Non enim in arcu meo sperabo, et gladius meus non sakabit me ". No colocaré yo la esperanza en mi arco, ni mi espada será bastante para salvarme. Si ponemos la confianza en nuestros propósitos y combinaciones, será un trabajo perdido; por lo tanto, es necesario que nos esforcemos siempre á rogar, para conseguir la divina proteccion, repitiendo continuamente: Señor, misericordia; asistidme, Dios mio. Y no olvidemos, que es una promesa hecha por el mismo Dios, el dar á quien le pida, y el dejarse encontrar de quien lo busca: Petite, etaccipietis, quaerite et invenietis ". Mas, repito tambien ahora, que es necesario rogar siempre, y no dejar la oracion: Oportet semper orare, et non deficere 18. En el mismo tiempo en que dejemos de orar, nos verémos vencidos. Y al contrario, si perseveramos constantes en nuestras súplicas, con un verdadero deseo de no perder jamás la gracia, aunque no podamos en la actualidad tenernos por vencedores, no por esto dejará después de declararse la victoria de nuestra parte.
ORACIÓN.
¡Oh benignísimo Jesús mio! no mireis álas muchas ingratitudes con que yo he correspondido á vuestros grandes beneficios; pero sí mirad á vuestros méritos, y á las penalidades que sufristeis por mí desde el pesebre hasta la cruz. Yo me arrepiento ya con todo co1« Psalm. xLuí,1. — "Luc. xi, 9. — »» Luc. mu, t.
11 TOMO I.
razon de todos los disgustos que os he dado. Desde hoy en adelante os consagro enteramente mi vida; y en toda ella quiero ocuparme en hacer cuanto me fuere posible, para no dejar ya nunca de obedeceros y amaros. Os amo, pues, ya ¡ oh Redentor de mi vida! ¡ mas ay! ¡que os amo poco todavía! Aumentad, Vos, Señor, en mí vuestro divino amor, por vuestra gran piedad. Oidme, Jesús mio, y concededme la gracia de continuar siempre repitiendo esta misma súplica de ahora,. ¡ Oh dulce amor de mi alma! ¡ oh si yo pudiese tener la feliz suerte de que este corazon mio continuamente ardiese abrasado en vuestro amor! Así lo espero, Redentor amoroso; porque aunque es verdad qne yo os he ofendido mucho, tambien yo quiero amaros mucho en adelante; y además de esto, á Vos solamente quiero amar, porque solo Vos sois digno de ser amado sobre todas las cosas. Y no por otro fin quiero yo amaros, sino porque todo amor que sea, Vos lo mereceis. ¡Oh santísima María! mi dulcísima Madre y la esperanza de mi alma, ayudadme Vos, señora mia.
CAPÍTULO VII.
DE LA MORTIFICACION INTERNA, Ó NEGACION DEL AMOR PROPIO.
1 Conocemos dos especies de amor propio; uno que es bueno, y otro que es vicioso. El amor bueno es aquel, con el cual nosotros procuramos conseguir la vida eterna, para la cual sabemos que Dios nos ha criado. El amor vicioso es aquel anhelo con que trbajamos por la adquisicion de los bienes de este mundo, en daño de nuestra alma, y desagradando á Dios al mismo tiempo. Dice san Agustín: Coelestem civitatem aedificat amor Dei, usque ad contemptum sui: terrestrem aedificat amor sui, usque ad contemptum Dei,. La ciudad celestial viene á edificarse con el amor de Dios, hasta despreciarnos á nosotros mismos: mas la terrestre viene á ser edificada con nuestro amor propio , hasta despreciar á Dios. Por eso dice Jesucristo: Qui wlt venin post me, abneget semetipsum '. Héaquí en lo que consiste la perfeccion de un alma: en cumplir estas dos palabras, abneget semetipsum, en negarse á sí misma. Aquel, pues, que á sí mismo no se abandona, no puede caminar detrás de Jesucristo: Augmentum caritatis, escribe san Agustín, dimimtio cupiditatü; perfectio, nulla cupiditas 3. Quiere decir, que cuanto menos desea una persona contentar sus pasiones, otro tanto mas ama á su Dios; y si llega á no desear cosa alguna fuera de Dios, entonces ama ya á Dios perfectamente. Mas segun el estado presente de nuestra naturaleza, viciada con el pecado, no nos es posible estar enteramente exentos de las molestias del amor propio. Solo Jesucristo entre los hombres, y la Virgen María Nuestra Señora entre las mujeres, se han visto libres de tan contagiosa mancha. Fuera de estos dos, todos los Santos, hasta los mas perfectos, se han visto en la indispensable necesidad de combatir contra sus desregladas pasiones. Por lo tanto, todo el cuidado de una religiosa debe dirigirse á refrenar los movimientos desordenados de nuestro amor propio; este ha de ser ya el oficio de su mortificacion interna, como dice el mismo san Agustin, regere motus animi.
1 S. Aug. t. 4, de Civil.c.28. - » Mattb.svi,24. - JS. Aug. lib. 8i,q. 36.
2 Bien podemos aquí exclamar: ¡ Infeliz aquella alma que se deja gobernar desus propias inclinaciones! Magis nocet domesticus hostis, escribe san Bernardo \ Son, es verdad, enemigos nuestros el demonio y el mundo; mas el mayor enemigo que tenemos, es nuestro amor propio. Por eso decia santa María Magdalena de Pazzis: El amor propio ocasiona en el alma lo que el gusano que roe la raíz de una planta; el, cual la priva, no solamente de los frutos, sino tambien de la vida >. Y en otro logar tambien dice: El mayor traidor que tenemos es el amor propio, el que d imitacion de Judas, nos da el beso de paz, y luego nos entrega á la muerte. El que llega á vencerlo á él, todo lo vence. Por eso, el que no pueda matarlo de una estocada, que le dé veneno (*). Conviene por lo tanto clamar continuamente al Señor, con aquella súplica de Salomon: Animae irreverenti, et infrunitae ne iradas me '. No me abandoneis, Dios mio, en manos de mis locas pasiones, las que no solamente quieren hacerme perder vuestro santo temor, sino tambien hasta la razon misma.
3 Toda nuestra vida es preciso que sea una con
* S. Ber. de Anim. c. 15. — » Vit. p. 3, nott. pr. t
(*) Quiere decir la Santa, que no se omita medio alguno para vencer el amor desordenado que tenemos á nosotros mismos; y que cuando no podamos conseguirlo por aquellos arbitrios ordinarios que sabemos, usemos de los extraordinarios y mas eficaces; pero siempre con el dictamen de nuestros directores espirituales. 6 Eccli. Xxiii, 6.
tinua guerra: Militia est vita hominis swper terram \ Y así no olvidemos que aquel que se halla al frente de los enemigos, es iudispensable que esté siempre con las armas en la mano para defenderse; porque en el dia en que se descuidase, omitiendo esta defensa, en aquel mismo quedaría vencido. Es tambien necesario advertir, además de esto, que por mas victorias que llegue á conseguir un alma contra sus pasiones, no debe cesar jamás de combatir contra ellas; pues la humana propension al mal, aunque muchas veces quede vencida, jamás sufre la muerte. Credite mihi, escribe san Bernardo, et putatarepullulant, ete/fugata redeunt*. Estas malvadas plantas d&nuestras pasiones, por mas que se poden, siempre han de volver á retoñar de nuevo , y aunque parezca que ya son destruidas, otra vez se reproducen. De donde se infiere, que no podemos conseguir otra cosa en combatirlas, sino que se rebelen mas de tarde en tarde, y con menor violencia, de modo que mas fácilmente podamos sujetarlas. Un monje fué a buscar al abad Teodoro, lamentándose en su presencia, de que llevaba ya ocho años de hacer fuerte guerra á sus pasiones, y de que aun todavía no hubiese podido extinguirlas. A. lo que le respondió Teodoro: «¡ Oh hermano mio! os lamentais de haber sufri«do esa guerra por el espacio de ocho años; ¡y yo «que he pasado ya sesenta en esta vida solitaria, pue«do aseguraros que en tanto tiempo no he experimen«tado un solo dia sin tener que sufrir el penoso disturbio de alguna de mis pasiones!» Convengamos, pues, en que habrán de seguir estas mismas pasiones 7 Job, Tu , i. — s in cant. Serm. 58.
molestándonos; pero atendamos á que dice san Gregorio: Aliud est bestias aspicere, aliud intra cordis caveam (enere 9. Una cosa es mirar estas fieras fuera de nosotros, y oir sus rugidos; y otra es el tenerlas dentro de nosotros mismos, y sufrir que nos devoren.
4 Nuestro corazon, podemos decir que es como un huerto, en el cual continuamente nacen yerbas silvestres y nocivas; es necesario, por lo tanto, no dejar de la mano el azadon de la santa mortificacion, para destrozarlas y echarlas fuera; pues que de otra manera, vendrá á ser el alma dentro de poco un bosque de malezas y espinas: Vince te ipsurn. Este era el excelente documento que continuamente repetía san Ignacio de Loyola; y era tambien este el tema de que usaba en los sermones familiares que dirigia á sus religiosos: Venced el amor propio, destruiítvuestra propia voluntad. Si quereis saber, añadia el Santo para corroborar la importancia de esta máxima, cuál es la causa de que pocas de las personas que se dedican á la oracion llegan á ser santas, es porque tambien son . pocas las que atienden á vencerse á sí mismas: de cien personas de oracion, estas eran sus palabras, mas de las noventa se gobiernan por su propio dictamen. De donde el Santo sacaba después fundamento para decir, que hallaba mayor mérito en un acto de mortificacion de la voluntad propia, que en muchas horas de oracion llenas de espirituales consolaciones. Escribe tambien Gilberto, acerca de esta materia: Quid proficit clausos esse aditus, si intus hostia, fames, cuneta contristatio? ¿De qué sirve que en una plaza sitiada, se hallen 'Mor. lib. 0, cap. 16. - 1<> Serm. 26 In Cant.
sus puertas cerradas, si por dentro el enemigo, esto es el hambre, todo lo consterna? Queriendo decir con esto: ¿de qué aprovechará el mortificar los sentidos externos y tener otras devociones, si se llega á conservar al mismo tiempo en el corazon aquella pasion desordenada, aquel afecto á la propia voluntad , aquel apego á la estimacion propia, aquella ambicion, aquel rencor, ú otro enemigo semejante, que todo ello lo arruina?
8 Aseguraba san Francisco de Borja á este propósito, que á pesar de ser la oracion la que introduce en el corazon el amor divino, la mortificacion es la que prepara al mismo amor el lugar para ello, quitándole á aquel la tierra, que ciertamente impediría en 61 la entrada. Es necesario que el que va por agua á la fuente con el cántaro lleno de tierra, antes lo desocupe; pues que de lo contrario, no llevará agua, sino fango. El P. Baltasar Álvarez escribe tambien sobre esta materia una gran sentencia, cuando dice: La oracion sin mortificacion, ó es una ilusion, ó dura poco. Y san Ignacio añadia, que mas se une con Dios un al ma mortificada en un cuarto de hora de oracion, que otra que no esté mortificada en muchas horas. De aquí provenia, que cuando el Santo oia alabar á cualquiera persona de que hiciese mucha oracion, contestaba: Esa es una señal de que tambien es persona de mucha mortificacion.
6 Hay , á la verdad , algunas religiosas que se ocupan en muchas devociones, en frecuentes comuniones, repetidas oraciones, ayunos y otras penitencias corporales; mas después de todo esto, se descuidan en vencer algunas pasioncillas que tienen, por ejemplo: ciertos resentimientos de enojo, ciertas aversiones, ciertas curiosidades, ciertas afecciones peligrosas; no se acostumbran á vencerse en cualquiera contradiccion con el sufrimiento, ni saben desprenderse de algunas personas , ni someter su propio querer á la obediencia y á la voluntad divina. Estas tales, ¿qué adelantos pueden hacer jamás en la perfeccion? Se encuentran las miserables en el dia tan defectuosas como antes, y siempre fuera de camino: Bene currunt, sed extra mam, dice de ellas san Agustín: correrán bien, ó por mejor decir, se lisonjearán de que corren bien, continuando en la práctica de aquellos sus devotos ejercicios; pero siempre se hallarán fuera del camino de la cristiana perfeccion; la cual consiste en vencernos á nosotros mismos. Tantum proficies, quantum tibivim intuleris, escribe Tomás de Kempis: tu aprovechamiento será tanto en la virtud, cuanta fuere la violencia que por ella te hicieres. Yo no me opongo aquí á las oraciones vocales, ni á las penitencias, ni á los demás ejercicios de espíritu; mas estos deben dirigirse por el alma para obtener la gran victoria de las pasiones, mediante á que todas las obras devotas no son sino medios para practicar las virtudes. De donde se deduce, que en las mismas comuniones, meditaciones, visitas al santísimo Sacramento, etc., le debemos siempre pedir al Señor, que nos dé fuerzas para ser humildes, mortificados, obedientes, y en todo conformes á su divino beneplácito. ¥ ciertamente que es un defecto para todo cristiano, el no llevar en sus buenas operaciones otro fin que el de su propia satisfaccion;'mas esta falta es mucho mayor en una religiosa, que ya tiene hecha su particular profesion de aspirar a la perfeccion, y de vivir mortificada. Deas, dice Laclando, vocat advitam per laborem, daemon ad mortem per delicias ". Dios llama á la vida eterna por medio de la mortificacion, y el demonio por el contrario, llama ála eterna muerte por medio de las propias satisfacciones.
7 Aun cuando nuestras obras sean propias de la mayor santidad, es necesario que siempre las emprendamos con un espíritu enteramente desprendido; por manera, que no saliéndonos con nuestra empresa, ó viéndonos por la obediencia impedidos de poder seguir adelante, la dejemos de buena voluntad, y sin inquietarnos por ello. Es indudable, que todo apego hácia nosotros mismos nos impide tener con Dios la union perfecta. Este gran negocio, pues, de contradecir á nuestras propias pasiones, y de no dejarnos arrastrar de ellas, debemos perfeccionarlo á todo trance, y con la voluntad mas resuelta. Y aunque es cierto que la mortificacion , tanto externa como interna, son necesarias ambas para la perfeccion, siempre se nota esta diferencia: que en la práctica de la externa debemos usar de discrecion; mas con respecto á la interna, sin miramiento alguno, y con el mayor fervor hemos de portarnos. Y á la verdad , ¿ de qué sirve mortificar el cuerpo, si no mortificamos las pasiones internas? Quid prodest, pregunta san Gerónimo, tenuctri abstinentia, si animas superbia intumescit; quid vinum non bibere, et odio inebrian "? De qué nos servirá extenuarnos con los ayunos, y después estar hinchados de soberbia, no pudiendo sufrir una palabra de desprecio, ó una justa repulsa en alguna de nuestras pretensiones? ¿Qué aprovechará que nos abstengamos del vino, y luego nos embriaguemos de indignacion contra el que nos hace algun insulto, ó contradice nuestro dictámen? Con mucha justicia se compadece san Bernardo del infeliz estado de aquellos religiosos, que visten humildemente por defuera, y al mismo tiempo, en su interior están nutriendo sus pasiones. Estos tales, decia el Santo, no se despojan jamás de sus vicios, sino que se cubren con aquellas señales exteriores de penitencia. 8 Todo lo contrario sucede cuando atendemos á mortificar nuestro amor propio; en breve tiempo podemos hacernos santos, sin peligro de quebrantarnuestra salud, ni de ensoberbecernos, pues que solo Dios es testigo delos actos interiores. El sofocar en su nacimiento aquellas sospechas, aquellas afecciones, pendencias . curiosidades, dichos graciosos y otras cosas semejantes, ¡ohqué bella miés compone todo esto de actos de virtudes, y de merecimientos! Cuando veais que os contradicen en cualquiera cosa, ceded voluntariamente, siempre que no haya de resultar menoscabo en la gloria de Dios. Acerca de aquel punto de propia estimacion, haced un agradable sacrificio á Jesucristo. ¿Recibis alguna carta? refrenad la ansiedad de abrirla, y no le rompais la oblea, sino después que haya pasado algun tiempo. ¿Deseais leer en cualquiera libro el fin de aquel suceso en que se interesa la curiosidad? omitidlo por entonces. ¿Os viene al deseo el decir alguua expresion graciosa, de coger una flor, ó de mirar aquel objeto? privaos de ello por el amor de Jesucristo. De esta clase de actos podemos ofrecerle mil cada dia. Refiere el P. Leonardo de Puerto Mauricio, que una siérva de Dios, al tiempo de comerse un huevo, practicó ocho actos de mortificacion ;> y que luego le fue revelado, que por ellos se le habian concedido ocho grados de gracia, y otros ocho grados de gloria. Tambien se dice de san Dosíteo, que con semejantes mortificaciones internas, llegó en poco tiempo á una grande perfeccion. Hallándose enfermo este jóven, no le era posible el ayunar, ni dar cumplimiento á los demás ejercicios de la comunidad. Conociendo los demás monjes, que á pesarde todo esto, habia adelantado extraordinariamente en la union con Dios, llenos de admiracion, le preguntaron cierto dia, ¿cuál era el ejercicio de virtud que él practicaba? A lo que respondió, que el ejercicio á que principalmente él se dedicaba, era al de mortificar en todo su propia voluntad.
11 Lib. 0 de Prov. cap. 18. - i» Epist. ad Laetam.
9 Decia san José de Calasanz: El dia que se pasa sin mortificacion, es un dia perdido. Y con este fin de hacernos entender cuán necesaria sea para nosotros la mortificacion, quiso Jesucristo pasar una vida toda llena de penalidades, privada de toda sensible consolacion, y colmada de angustias é ignominias; por lo que el profeta Isaías lo llamó: El varon de dolores, Virum dolorum. Bien podia nuestro divino Salvador haber redimido al mundo, viviendo en medio de los honores y las delicias; pero quiso mas bien redimirlo entre los dolores y los desprecios: Proposito sibi gandio, sustmuit crucern 13. Habiéndosele ofrecido el goto, 1» Hefor. xxn, 2.
lo renunció, por damos ejemplo, y abrazóse con la cruz. Volve et revolve vitam Jesu, dice san Bernardo, semper eum invenies in cruce. Considera y contempla toda la vida de Jesucristo, y siempre la encontraras entre los padecimientos y la cruz. El mismo Señor reveló á santa Catalina de Bolonia, que desde el vientre de María santísima comenzó ya a sufrir los dolores de su pasion. Después, en su nacimiento, escogió la estacion, el lugar y la hora mas á propósito para padecer. Mientras que vivió, hizo eleccion de un estado de vida todo pobre, desconocido y despreciado; y para morir, abrazó la muerte mas penosa, ignominiosa y desamparada que pudiera padecerse. Acerca de esto dice santa Catalina de Sena, que á la manera que una madre, que está criando su niño enfermo, toma la medicina amarga para sanarlo; así tambien Jesucristo, para curarnos á nosotros, pobres enfermos con las culpas, sufrió voluntariamente todas las penalidades de su vida.
10 Por esta causa, el mismo Señor nos hace saber por boca de Salomon, que se retira al monte de la mirra, es decir, al lugar de las amarguras y de los dolores: Vadam admontemmyrrhae 1*. Y allí es ádonde nos convida á seguirlo, si queremos disfrutar de su dulce compañía: Venis ad Crucifixum? dice san Pedro Damian, crucifumsvenies, aut crucifigendus ". ¿Tú vienes, religiosa, á abrazarte con el Crucificado? Pues, es necesario que vengas, ó crucificada ya, ó dispuesta para ser crucificada. Y el mismo Jesucristo, hablando especialmente de las vírgenes sus esposas, le dijo á la beata Batista Varoni: El esposo crucificado quiere crucificada á su esposa. Es preciso, pues, que las monjas, para ser sus verdaderas esposas, vivan siempre mortificadas y crucificadas: Semper rnortificationem Jesu in cofpore nostro circumferentes ". Quiere decir, que en todas sus acciones y deseos, no busquen ellas jamás la propia satisfaccion; sino el único fin de agradar á Jesucristo, mortificando gustosas por su amor toda la propia voluntad: Quisunt Christi, carnean suam crucifixerunt curn vitiis, et concupiscentiis suis ". Finalmente, las esposas del Redentor es indispensable que tengan crucificadas todas sus pasiones; de otra manera, él no las reconocerá jamás por esposas suyas.
11 Vengamos ahora á la práctica, y veamos cuáles son las reglas que han de guardarse para llegar á conseguir la verdadera mortificacion interna. La primera de ellas es el observar y conocer cuál sea en nosotros la pasion que mas nos domina, y que con mayor frecuencia nos hace caer en los defectos, y procurar desde luego destruirla con resolucion. Dice san Gregorio , que de la misma astucia ó arte de que se vale el demonio para vencernos, debemos usar también nosotros para vencerlo á él. Ya sabemos que él siempre se esfuerza por encender, cada vez mas, en nosotros aquella pasion, á la cual somos carda uno mas inclinados: pues tambien nosotros debemos fijar la atencion principalmente en esta misma pasion para abatirla. El que consigue vencer su pasion dominante, vencerá ya fácilmente todas las demás: pero si sucede lo contrario, dejándose dominar de ella, es cierto que jamás habrá de poder adelantar nada en la perfeccion: Quid prosurd aquilae alae capto pede? dice san Efren. ¿De qué le sirven á una águila real las grandes alas que tiene, si se encueutra el pié-atado con una cuerda, y no puede volar? ¡ Oh cuántas religiosas existen en los conventos, que pudieran, á semejanza de águilas reales, dirigir grandes vuelos en el camino del Señor; mas por hallarse sujetas con algun apego terreno , ni extienden su vuelo, ni avanzan jamás en la perfeccion cristiana! Dice oportunamente san Juan de la Cruz, que cualquiera hilo es muy bastante para detener un alma, y que no pueda volar á Dios. Además de que, y esto es aun peor, aquel que se deja dominar de alguna pasion, no solamente en el espíritu no mejora, sino que tambien se pone en gran peligro de perderse. Es necesario, pues, que la religiosa procure con esfuerzo abatir aquella pasion, á la que se siente mas inclinada", pues que de lo contrario, el mortificarse en otras cosas poco habrá de servirle. Una, por ejemplo, no será aficionada al dinero, pero será celosa de su propia estimacion; y si esta no atiende á vencerse en Jos vilipendios que reciba, poco le aprovechará el desprecio que hiciere del oro. Por el contrario , alguna otra no será celosa de su estimacion propia, pero tendrá desordenado deseo por el dinero; y si esta no se dedica tambien á mortificar su codicia, el sufrir paciente los desprecios, de poco le servirá.
1« IT Cor. iv, 10. - 1'Gal.v, 24.
12 Resolveos, por lo tanto, mi bendita hermana, y venced con una voluntad resuelta aquella mala inclinacion que mas os predomina. Esta voluntad resuelta, protegida con el divino auxilio, el cual nunca falta, todo lo vence. San Francisco de Sales era muy inclinado á la ira; mas con la violencia que se hizo-para vencerla, llegó á ser un ejemplo de mansedumbre y de dulzura, segun leemos en su vida; la que nos refiere tantos lances como se le presentaron, en los cuales permitió el Señor que fuese acometido de injurias y de infamias. Vencida que ya seauna pasion, es necesario que la persona pase sucesivamente á vencer otra; pues que de otro modo, una sola que le quede en el alma, será muy bastante para arruinarla. Decía san José de Calasanz: Aunque triunfes de todas las demás pasiones, con una que en tí reine, siempre vivirás inquieto. Y san Cirilo nos dejó escrito: Navis quantumcumque integra, nihil prodest, si parvum fundo foramen relinqaat18. Si en una nave se deja de tapar un pequeño agujero que tenga en el fondo, habrá de naufragar y perderse, por mas completa y fuerte que ella sea. Por eso dice tambien san Agustin: Calca jacentem, conflige cum resistente 10. Has echado ya por tierra una pasion, pisotéala, y pasa á combatir con la otra que aun se resiste. SI, pues, vos teneis deseo de haceros santa, os aconsejo que supliqueis á la superiora y á vuestro director que os guien por aquel camino que mejor les pareciere. Decidles desde luego, que en nada os traten con miramiento, y que antes mas bien, en todo contradigan vuestra propia voluntad, siempre que lo consideren útil para vos. Una voluntad rota, es una voluntad perfecta, escribe el gran sier18 Apud S. Aug. Ep. 20G. — "In cap. 8, Rom.

vo de Dios llamado el cardenal Petrucci. Y santa Teresa refiere, que uno de sus confesores atendía sobre todo á contradecirle sus deseos; y después afirma la Santa, que este fue el director que mas la ayudó para el bien de su alma. Añade tambien, que el demonio la tentó muchas veces para que lo dejase, pero que siempre que ella se adhería á esta sugestion, Dios fuertemente la reprendía: Cada vez que me resolvía a dejarlo, así escribe la Santa, sentía dentro de mí una reprension, la cual me apretaba masque todo aquello que el confesor me decia.
13 La segunda regla para conseguir la interna y verdadera mortificacion es, que la persona procure hacer resistencia á las pasiones y abatirlas antes que ellas tomen fuerza: pues que descuidándose acerca de esto, si alguna de ellas se robustece con el mal hábito , después habrá de ser muy difícil el superarla: Ne cupiditas robur accipiat, cum parvula est, allide illam, nos dice san Agustín *0. Una religiosa, por ejemplo, en cualquiera injuria que reciba, sentiráse inclinada á responder con alguna palabra de resentimiento, ó bien en cierta ocurrencia, a criticar el genio de otra persona; pues es necesario que resista estos primeros ímpetus, aunque se funden en la razon; pues de lo contrario, como dice san Efren, aquella pequeña llaga, que entonces comienza á abrirse, si no se cura pronto para que se cierre, vendrá después á hacerse una úlcera incurable: Nisicitiuspassiones sustulerisulcus efficiunt ". Esto mismo enseñó un monje antiguo con un hecho ingenioso, segun lo refiere san Doroteo. 10 la Psalm. cxxxvi. — "s. Epbr. de Perfect.
Dice, pues, este Santo, que dicho monje mandó á un discípulo suyo, que arrancase un ciprés pequeñito; y cumpliendo con su precepto, arrancólo al instante. Ordenóle después al mismo discípulo que arrancase otro ciprés, el cual era mayor que el primero; y entonces tuvo necesidad el discípulo de emplear toda su fuerza para verificarlo. Finalmente le ordenó por tercera vez, que arrancase otro, que ya tenia profundas raíces; y aquí fue en donde, por masque se fatigase el discípulo, no le fue posible extraerlo de la tierra. En seguida le dijo su maestro: Sabed que de esta manera son nuestras pasiones; cuanto es mas fácil el arrancarlas en un principio, es otro tanto mas difícil poderlo hacer después que ellas han tomado ya fuerza con el mal hábito. Y con efecto, vemos esto mismo por la experiencia. Pongo por ejemplo: en la ocasion de recibir una religiosa cualquiera afrenta, sentirá al pronto en su interior un movimiento de indignacion: si ella desde un principio hace un esfuerzo y apaga aquella chispa con reprimir la lengua, ofreciéndole á Dios este sacrificio, el fuego de la ira se verá extinguido enteramente, ella quedará ilesa, y además con mérito; mas si por el contrario, la misma religiosa se va tras de aquel ímpetu, se detiene á fomentarlo, y comienza tambien, á resentirse en lo exterior, hé aquí aquella chispa, no apagada en un principio, que formará con el tiempo un incendio de mortal odio. Nace tambien en el corazon de alguna otra una pequeña aficion hácia cualquiera persona, si desde luego la desecha y corrige, desaparecerá aquel desordenado afecto; pero si continúa condescendiendo con su genio y dándole pábulo, vendrá á resaltar, sin que transcurra mucho tiempo, un afecto pecaminoso y una mortal culpa. Conviene por lo tanto, que con todo el cuidado posible, nos guardemos de nutrir las fieras que hayan después de devorarnos.
14 La tercera regla sobre la interna mortificacion consiste, como dice Casiano, en procurar que nuestras pasiones muden de objeto, viniendo á suceder, que á la manera que ellas nos han sido nocivas y viciosas , así tambien lleguen después á convertírsenos en provechosas y santas; v. g.: Una religiosa se ve inclinada á amar las personas que le dispensan favores; mude de objeto, y esta su pasion la ejercite en amar á Dios, que es infinitamente amable, y que mas que todos la ha favorecido. Otra se siente con propenr sion á indignarse contra aquellos que le son contrarios; retroceda esta su indignacion, y conviértala en odio de sus pecados, que son en verdad, los enemigos que le han hecho mas daño que el que pudieran ocasionarle todos los demonios del infierno. Aquella otra es aficionada á recibir honores y adquirir bienes temporales; pues resuélvase desde luego á desear solamente los bienes y los honores que son eternos. Mas para poder ejecutar tales actos con perfeccion, es necesario también meditar continuamente las verdades de la fe, leer con frecuencia en los libros espirituales, hablar á menudo de las verdades eternas; y especialmente es precico tener siempre impresas en nuestra mente ciertas máximas fundamentales de espíritu, como por ejemplo: Nada merece ser arnado sino Dios: El pecado es el único mal que debe odiarse: Todo oquelio que Dios quiere es ciertamente bueno: Todas las cosas de este mundo desaparecen. Vale mas mover una pajilla por voluntad de Dios, que convertir todo, el mundo sin la voluntad suya. Conviene hacer aquello que quisiéramos haber hecho cuando venga la muerte. Debemos vivir en este mundo, tomo si en él no hubiese mas que Dios y nosotros. Aquel que tiene su mente enriquecida de semejantes buenas ideas y máximas santas, poco molestado se ve de los objetos terrenos; y siempre encuéntrase mas fuerte para resistir á las malvadas inclinaciones. Así lo han practicado tos Saatos, y de este modo, se han visto después en las ocasiones que se les han presentado, como si fuesen insensibles á los bienes y á los males de la tierra. Sobre todo, para vencerse a-sí mismo, y no dejarse dominar de las propias pasiones, es indispensable orar de continuo, y pedirle á Dios la ayuda de su divina gracia. Aquel que suplica todo lo alcanza: Omnis qui petit, accipit". Supliquemos especialmente á Dios, que nos conceda su santo amor: nada hay difícil para aquel que ama á Dios. Es verdad que mucho nos ayudan las consideraciones y los medios para practicar las virtudes; pero también es innegable, que vale mas una centellita de amor hacia Dios para poder hacer cosas que son de su beneplácito, que si usásemos de mil arbitrios y consideraciones. Para obrar con la fuerza de las razones, se necesita la violencia y la fatiga; pero aquel que ama, no se cansa en hacer todo aquello con que sabe que complace á su amado: Qui amat non laborat.
"Lúe. 11,12.
\ ORACIÓN.
¡Oh Dios, mio! con tantos auxilios como yo he recibido de vuestra divina gracia, con tantas comuniones, tantos sermones, tantos buenos ejemplos de mis hermanas, tantas luces interiores, y tantas aldabadas como habeis dado á este mi pobre corazon, debería yo á estas horas haber llegado á convertirme toda en un incendio de amor hácia Yos mismo. Mas. ¡ ay! que á pesar de tantos y tan distinguidos beneficios, imperfecta y miserable me encuentro, segun que antes lo era. Yo confieso, Señor, que en Vos no ha estado la falta, y que se encuentra todo este atraso por culpa mia, y por los impedimentos que yo he puesto á vuestra gracia , queriendo adherirme á mis pasiones. Ya conozco, Jesús mio, que no solamente no os he dado el honor debido con esta mi vida, sino que mas bien os he deshonrado , cuando otros hayan visto á una esposa vuestra tan apegada al mundo y á sí misma. Vos compasivo me sacásteis del mundo; y yo rebelde he amado al mismo mundo mas que los seglares. Pues, Señor mio, tened piedad de mí; no me desampareis, porque yo quiero ya enmendarme. Me arrepiento con todo el corazon, sumo Bien mio, de todas las veces, que por satisfacer a mis pasiones, á Vos he disgustado. Yo quiero comenzar ya de veras á amaros; y desde este mismo día, me resuelvo á principiar. Baste ya el mucho tiempo en que yo he abusado de vuestra paciencia; ahora os amo con toda el alma mia. Yo resuelvo que desde hoy en adelante, Yos seais, y hayais de ser siempre el único objeto de todos los afectos de mi corazon. Quiero, pues, Señor, dejarlo todo, y hacer cuanto pudiere para complaceros. Decidme aquello que de mí quereis; y dadme vuestra gracia para ejecutarlo, porque ya estoy pronta á daros gusto. No permitais, Dueño de mi alma, que yo sea mas desconocida á tan repetidas finezas de amor, con las cuales confieso que me habeis encadenado, y obligada me veo enteramente £ amaros.'Vo me ofrezco de buena gana á verme privada de toda consolacion terrena, y á llevar la cruz de todos los trabajos que tengais á bien mandarme: disponed, pues, de mí, segun que os agrade. Yo, divino Jesús mio, quiero ser ahora, y espero ser después toda vuestra, y siempre vuestra; amando solamente á Vos, y ninguna otra cosa mas que á Vos por toda la eternidad. ¡Oh dulcísima María, mi poderosa madre! suplicad a vuestro divino Hijo que oiga esta oracion itíia; pues que, como verdadero Hijo vuestro, nada os niega.

§ I. — Del desafecto d la voluntad propia.
1 No hay cosa que ocasione mayor daño á las monjas , las cuales han consagrado ya su voluntad á Jesucristo,que el gobernarse por esta su propia voluntad, y segun que lo piden sus inclinaciones. Por esta causa, las religiones todas se han fortificado contra esta enemiga del espíritu humano, digo contra la propia voluntad, con el voto solemne de obediencia. Nadie puede separarnos de Dios: ni todos los hombres de la tierra, ni todos los demonios del infierno, sino solamente nuestro propio querer: Cesset propria voluntas, escribe san Bernardo, el infernas non erü1. Haced que los hombres no tengan mas voluntad propiaf y no habrá mas infierno para ellos. Por el contrario, esta misma voluntad propia es la que destruje todas las virtudes: Destructrix magna virtutum; así la llama san Pedro Damiano. Y san Anselmo dice, que así como la voluntad de Dios es la fuente de donde dimanan todos los bienes, así tambien es la fuente de todos los pecados la voluntad del hombre: Voluntas Dei fons totius boni, voluntas hominis fons totius mali. ¿Y qué buen fin podrá tener jamás el que se hace discípulo de un maestro que está privado de juicio, como sucede con el propio querer? Afirma san Bernardo: Qui se sibi magistrum constituü, stulto se discipulum subdit. Aquel que se hace maestro de sí mismo, condescendiendo con lo que le dicta el amor propio, se pone bajo la obediencia de un loco. Decia san Antonio abad, que nuestro amor propio es como aquel vino que nos embriaga, y nos priva enteramente de conocer , ya el precio de las virtudes, ó ya la brutalidad de los vicios.

2 Asegura san Agustín en sus escritos, que el demonio se halla convertido de ángel de luz en espíritu de tinieblas, no por otra causa que por la propia voluntad; Diabolus propria voluntate factus diabolus invenitur: y de esta voluntad propia se valen los demonios, especialmente para arruinará los religiosos. Respondiéndoles que es tos mismos enemigos, para hacer la guerra á los grandes del mundo se valen de la soberbia; para hacerla contra los negociantes, usan de la avaricia; y contra los jóvenes echan mano de la intemperancia; pero que contra los religiosos, las principales armas que ellos manejan son las propias voluntades que tienen; con estas los asaltan, y con ellas frecuentemente los abaten. Decia tambien el abad Pastor, segun refiere Rufino: Non pugnant daemones nobisam, quando voluntates nostras fatimus, quia voluntates nostrae daemones facíae sunt». Cuando nosotros seguimos nuestras propias voluntades, dejan los demonios entonces de combatirnos, porque estas mismas voluntades propias se convierten en demonios, y son peores que todos los demonios. Lo mismo asegura san Juan Clímaco, segun Gerson, hablando de los religiosos: Qui sibi dux essemlt, spreio duce proprio, nonjamindigetdaemone tentante, quiaipse faclus est daemon sibi *. El religioso que en lugar de obedecer, desprecia la guia de su superior, y quiere dirigirse por sí mismo, no tiene ya necesidad de ningun demonio que lo tiente, mediante a que él se ha hecho ya un tentador de sí mismo.
3 Por lo tanto, nos amonesta el Espíritu Santo, diciéndonos: Post concupiscentias tuas non eos, et a volúntate tua aeertere *. No vayas detras de tus deseos, y huye siempre de seguir tu voluntad. Y esto se dice especialmente ajos religiosos, que han sacrificado ya su voluntad propia á Dios, con haber prometido obediencia á las reglas y a sus superióres ; así como tambien para los religiosos debe ser el mismo Dioselúm
» Ap. Ruffln. lib. 3. - 3Gers.deVis,cap.3. - 4Eccll-x-vii1.TM

co motivo que los estimule á amarle. El mayor precio ó valor que puede tener cualquiera accion de una persona religiosa, es el ser practicada por la obediencia. Se cuenta en la vida de la venerable Catalina de Cardona , la cual habiendo abandonado la corte del rey de España, se internó «n un desierto, en donde vivió por muchos años en medio de tantas penitencias, que causa horror el leerlas, se cuenta repito, que viendo ella en una ocasion que un fraile carmelita descalzo llevaba por obediencia un haz de leña, y conociendo la venerable al mismo tiempo, por divina inspiracion, que por ser él ya viejo, caminaba lamentándose en su interior de tal mandato, ella le dijo para animarlo de este modo: «Llevad, hermano mio, llevad alegremente esa leña; y sabed, que mereceis vos con esta obe«diencia que ejercitais, mas que he llegado yo á me«recer con todas mis penitencias.» Per el contrario, el mayor defecto que puede tener cualquiera obra de una monja es el que se haga de propia voluntad. Por eso escribe Tritemio, que no hay cosa mas odiada del demonio, que el ejercicio de la obediencia: Nihü est quod diabolus plus oderit, quam obedientiam 0. Santa Teresa tambien decia, hablando de esta virtud: Sabe el demonio que en obedecer consiste el remedio de un alma; y por eso se esfuerza mucho para impedirle los actos de obediencia. Cuando san Francisco de Sales estaba trazando en su imaginacion las reglas que deberían seguir las monjasgle la Visitacion , hubo una de ellas que le dijo, que seria bueno fuesen de las descalzas; á lo que el Santo respondió: Vos quereis principiar por
» In Prol. Reg. S. Bonav.
los piés, y yo quiero principiar por la cabeza. Semejante á esto era lo que san Felipe Neri repetia con mucha frecuencia á sus penitentes, diciéndoles, que toda la santidad consiste en cuatro dedos de frente, es decir , en mortificar la voluntad propia. Y san Gerónimo escribió: Tantum adjicies virtuti, quantum subtraxeris propriae voluntad. Tanto habrás aumentado á la virtud, cuanto hayas quitado á la voluntad propia. Por esto de vivir bajo la obediencia, se han resuelto á tomar el hábito de religiosos tantos sacerdotes, aun sienda párrocos y obispos; no obstante que en el siglo han observado una vida ejemplar; conociendo ellos que no podían hacer á Dios mayor sacrificio, que el de ofrecerle la propia voluntad, sometiéndola á las constituciones religiosas de un instituto. '
4 ¡Ohqué feliz seria cualquiera religiosa, que pudiese decir á la hora de la muerte aquella expresion que proferia el abad Juan: Yo jamás he hecho mi voluntad! Decia tambien santa María Magdalena de Pazzis, que el único arbitrio para tener una feliz muerte, es el dejarse conducir con simplicidad de los superiores» El mortificar la propia voluntad, asegura igualmente Casiano, que es el fin principal que debe tener y conservar siempre toda religiosa: -Fmis coenobitae est omnes suas voluntates crucifigere. Por lo tanto, aquella religiosa que no atiende á tan estrecha obligacion, no puede decirse con propiedad ser ella tal religiosa, sino mas bien una mujer sacrilega. ¿Y que mayor sacrilegio que el de volver á apropiarse de aquella voluntad que ya hubo consagrado á Dios ? San Bernardo se expresa de este modo: Nuttum sacrilegii cri superiores, por hacer cosas santas de propia voluntad ordinariamente ocasiona mayor daño; por cuanto las acciones viciosas, practicadas con la máscara de virtud , se corrigen con mayor dificultad: A remediis longiora sunt, vitia quae sub specie virtutum videntur emergere 8. Tales religiosas, que quieren hacerse santas á la medida de su capricho,, son puntualmente aquellas almas de quienes dice Isaías, que en el dia del juicio preguntarán á Jesucristo: Quare jejunavimus, etnon aspexisti9. Señor, ¿nosotros hemos repetido los ayunos y las demás penitencias, y Yos no lo habeis recompensado? Y darásele entonces por respuesta, que á tales obras no corresponde premio alguno, porque no se hicieron por la voluntad de Dios, sino por su propio capricho: Eece in diemjejunii vestri invenitur voluntas vestra ". ¡ Oh qué gran mal, exclama aquí san Bernardo, es la voluntad propia! pues que ella es la causa de que las obras mas.bellas, pero practicadas con solo vuestro propio querer, y contra el dictdmen de la obediencia, no solamente dejen de ser buenas, sino tambien os sean defectuosas. Grande malum propria voluntas , qua fit, utbona tua tibi bona non si ni. Por el contrario , la mayor prueba que puede tener una religiosa de que cualquiera de sus acciones es agradable á Dios, consiste en que ella esté practicada por la obediencia. Refiere Nicéforo, que viendo aquella vida tan penitente y extraordinaria que hacia san Simeon Estilita, permaneciendo constante de dia y de noche sobre una coluna, á campo descubierto, quisieron los superiores cerciorarse si todo aquello fuese á Dios agradable; ¿y cuál fue la prueba que hicieron? mandaron un mensaje al Santo, intimándole, que inmediatamente descendiese de aquella coluna, y viniera á habitar con los demás religiosos, compañeros suyos. AI oir san Simeon este precepto, inmediatamente extendió su pié para bajar al suelo: mas entonces se le añadió: permaneced , padre, en este sitio, que ahora ya se conoce ser la voluntad de Dios, que persevereis en esta gran penitencia. De todo esto se infiere, que aun las cosas mas santas, es necesario quererlas sin el apego á la voluntad propia. Decia san Francisco de Sales: Yo quiero pocas cosas, y aun estas las quiero muy poco. Con lo que quería dar á entender, que aquello no lo quería por un amor propio, sino solo por agradar á Dios; por lo que estaba pronto tambien á dejarlo, al momento que hubiese conocido que no era conforme á su divina voluntad que él lo tuviese.
6 ¡Oh qué deliciosa paz es la que disfruta una religiosa, que no quiere otra cosa sino solamente aquello que ordena la obediencia! Habiendo san Dositeo consagrado á esta virtud toda su propia voluntad, gozaba el Santo de una paz no interrumpida; mas temiendo si acerca de aquella tranquilidad padecería algun engaño inspirado por enemigo, le preguntó un día á-san Doroteo, su maestro, de este modo: «De«cidme, padre mio, ¿cuál pensais sea la causa de que « en medio de la jida penitente que sabeis que yo ten«go, experimente tanta tranquilidad, que ya no en«cuentro otra mayor delicia, que en este mundo se «pueda desear? Hijo mio, respondióle su maestro, esta « dulce paz de que tú gozas, sabe que toda es fruto de «la obediencia...» Y á la verdad, ¿qué mayor contento puede darse para una religiosa que ama a Dios de veras, que saber con certeza, que en cuanto se ocupa, en todo ello cumple la voluntad de este mismo su Dios? Con mucha razon, pues, en este caso podrá ella llamarse dichosa, y decir con el Profeta: Beatisumus Israel; quae Leo placenta manifestó, sunt nobis ". Yo soy muy feliz, porque obedeciendo en todo, estoy ya cierta de hacer la voluntad de mi Dios. / Oh qué dulzura, decia santa María Magdalena de Pazzis, se encierra en esta palabra, voluntad de Dios! Y san Pedro Damiano dejó escrito: Gravissimum a se onus rejecit, qui suam repulit voluntatem. Aquel que ha llegado á despojarse de su propia voluntad, se ha quitado de encima un insufrible peso. Quis tyrarmus erudelior, continúa el mismo Santo, prapria voluntate? ¿Y qué mayor tirano puede tener una religiosa, que su propio querer, cuando este la domina ? Porque esta infeliz, estando eu el convento, habrá de querer muchas cosas, que no le será posible el conseguirlas, y de aquí resultara que haya de vivir la miserable cási siempre perturbada, y aun llegará no pocas veces áexperimentar dentro de sí misma un infierno pequeño. Pregunta san Euquerio acerca de esto: Quidprodest, si inloco quies et silentium sit, et in habitatoribus colluctatio passionum; si exteriora serenüas teneat, et interiora tempestas "? ¿De qué sirve á aquella religiosa el observar en el convento la quietud y el silencio, si al mismo tiempo se encuentra en su corazon un gran tumulto de pasiones? Podrá entonces decirse, que en lo exterior se nota el sosiego, pero que interiormente se halla la tempestad.
1,Baruch, iv, 4. - "Hom. 9 ad Monac.
7 ¿Y de dónde nacen, pregunta san Bernardo, nuestras inquietudes, sino de estar obcecados en procurar satisfacer nuestro propio querer? Unde turbado, nisi quod propriam sequirnur voluntatem? Refiere Casiano, que los Padres antiguos acostumbraban decir: el religioso que no sabe vencer la propia voluntad, no puede permanecer en el monasterio. Yo añado á esto, que á lo menos no puede perseverar con aprovechamiento de su alma, y con la paz de conciencia; porque es indudable que este apego á la propia voluntad, es la única causa que hay para que muchas religiosas pasen una vida desdichada. La una está inquieta, porque no puede encontrar aquel confesor y aquella superiora que se acomoden á su genio. La otra está disgustada, porque queria aquel oficio de comunidad, y no se lo han dado; y hace por esto tantos extremos lamentándose, que al fin tiene la superiora que contentarla, para mitigarle su pena; pero después de todo, ella tampoco encuentra paz en su espíritu: ¿ y cómo quiere la infeliz encontrar esta paz, si en vez de obedecer k la superiora , hace que esta tenga que someterse á ella? Aquella otra se halla incómoda al contrarío de la anterior; murmurando porque le han dado un oficio que ella no queria. Aquella otra clama, porque le han prohibido aquel tráfico ó aquella correspondencia. Aquella otra se resiente, porque le han impuesto aquel mandato que le es repugnante; y por esto se levanta contra los superiores, y trata de sublevar tambien álos parientes, y aun hasta la comunidad, para que la protejan; y todo esto con desórden y escándalo extraordinario; cuyo delito bien merecía el castigo que recibieron aquellos dos religiosos de cierto convento, los cuales cuenta Surio ,3, que no queriendo reconocer por abad á un virtuoso monje, llamado Filiberto, el uno de los dos fue abrasado de un rayo, y al otro le arrancaron los intestinos. Y á este intento dice san Bernardo: Habeto pacera cum-praelatis tuis: non detrahas eis; nec libenter audias olios detrahenks, quia specialiter Deus hoe vitium puntó in subditis etiam in praesenti 1*. Ten paz con tus superiores; no digas mal de ellos ni dés pidos á otros que los murmuren; porque Dios castiga de un modo especial este vicio en los súbditos, aun en la vida presente. Y añade san Gregorio: Facía superiorum oris gladio ferienda non sunt, qmmvis reprehendenda videantur ". No debe murmurarse de las acciones de los superiores, aun cuando parezcan ellas reprensibles. Diis non detralies ie. No quiero que hables mal de los dioses, dice el Señor; esto es, de los superiores, que están en lugar mio.

8 Mas oigamos ahora lo que dice santa María Magdalena de Pazzis, hablando sobre la ruina que el amor propio ocasiona á muchas religiosas. Arrebatada la Santa en uno de los éxtasis que tuvo, se expresó en estos términos ": « Veo, dijo, una multitud de almas, «entre las cuales descubro una, que en el tiempo que «trata de unirse con Vos, ó dulce Verbo, se halla «recogida; pero apenas suele pasar una hora, cuan«do ofreciéndosele cualquiera lance contrario á su vo
* Tom. i, 20 Aus. — 1* Opuse. Ad quid ven. — i» In Registror. 1. 1», c. 3. - 1«Exod. xxii,i8. — "Vila part. 4, c. »,

«hmtad, toda se ve conturbada. Veo al mismo tiempo «otra, que cuando asiste al santo sacrificio de la Mi«sa, centellea en el amor divino; mas si después ad«vierte que le descubren alguno de sus defectos, no «quiere creerlo, y ved aquí en ella la soberbia y el «amor propio. Veo tambien otra, que en la austeri«dad de su vida, parece que quiere igualarse con un «san Antonio; pero si la obediencia le prohibe esta «su austeridad, es pertinaz y no quiere obedecer. Advierto que hay otra, que en el refectorio manifiesta «mortificacion y gravedad; pero al mismo tiempo se «deleita en esta misma mortificacion, y gusta deque «la tengan por mas santa que á las demás. Cuando se « usa de discrecion con ella, le parece que se exceden; « mas luego que después le falta alguna cosa, ya juzga «que abandonan la discrecion en favor suyo. Noto que «no falta alguna, que en el locutorio quiere mamifes«tar tanta sabiduría, que parece trata de aventajar en «ella á un san Agustín; usando además de esto, de «cierta cautela en la conversacion, para dar á cono«cer así su perfeccion, etc. Hallo, finalmente, otra, que «en los ejercicios de caridad se manifiesta pronta á de«jar todas sus comodidades para servir al prójimo; «pero finalizada esta buena obra > quisiera ella que le «diesen las gracias, y que todas las otras la alaba«sen.» Hablando el Señor enotra ocasion con la misma Santa, acerca de tales religiosas, y otras que son semejantes, le dijo de este modo: Quieren mi espíritu, mas lo quieren de aquel modo que á ellas les agrada, y cuando les parece; y asi vienen á hacerse inhábiles para recibirlo Pero contraigámonos en este particular á nosotros mismos: Vos, bendita hermana mia, si quereis haceros santa y gozar de una paz continuada, procurad contradecir á vuestra propia voluntad, siempre que pudiéreis; y observad la misma regla que practican aquellas religiosas amantes de la perfeccion, no haciendo nunca nada llevada de la propia satisfaccion, sino que todo aquello que obreis solamente sea por complacer á Dios; y por lo tanto, desterrad todos los vanos deseos y vuestras inclinaciones. Los mundanos discurren el modo de secundar, siempre que pueden, á sus apetitos; mas los santos, por el contrario, estudian para mortificar» siempre que pueden, la voluntad propia, y aun buscan tambien las ocasiones de mortificarla. Sabemos que san Andrés Avelino hizo voto expreso de resistir continuamente á su propia voluntad : Emisso voto suae ipsius voluntati jugiter obsistendi, segun se halla escrito en el oficio de su fiesta. Á lo menos, vos prescribios para cada dia un cierto número de abnegaciones de la voluntad propia. Decios á vos misma con frecuencia, aquello que san Bernardo tambien repetía, acerca de su persona, para enfervorizar su espíritu, como dejamos ya notado: Bernarde ai quidvenisti?Preguntaos, pues: ¿Quéhe venido yo á hacer en este convento? ¿Ha sido para obrar segun mi voluntad? no, de ninguua manera; porque si yo quería vivir á mi gusto, debia haberme quedado en el siglo: entrando, pues, en la religion, he consagrado á Dios mi voluntad, con haber prometido seguir la obediencia. Y ¿por qué motivo pretendo ahora hacer aquello que yo quiero, y me incomodo, si no 13 Tomo i.

se me concede lo que yo quisiera practicar? Consolaos, pues, en el espíritu, cuando por los superiores os son negadas vuestras peticiones, ó bien os ordenan alguna cosa á la cual vuestro amor propio repugnare; y sabed que entonces, uniformándoos al cumplimiento de la obediencia, habréis de ganar mucho mas que si llegárais á hacer extraordinarias penitencias y devociones á vuestro propio arbitrio é independencia. Decia sobre esto un gran siervo de Dios: «Vale «mas un acto de abnegacion de la propia voluntad, «que fabricar mil hospitales.» Tened tambien siempre presente aquel recuerdo que el venerable padre doctor Antonio Torres, pio operario, mandó por escrito á una religiosa, penitente suya,«n el que le decia, que un alma que se ha dado enteramente á Dios, vive sin querer nada, sin amar nada, sin buscar nada y sin desear nada.
10 Quiero ahora terminar este párrafo, copiando lo que escribió el mismo P. Torres ya citado, á otra religiosa, animándola á que se desprendiese de sí misma y de todo lo criado, para no amar sino solamente á'Dios: «Ya que el Señor, dice, le presenta «estas bellas ocasiones de sufrimiento y de abandono, «procure el acrecentar hácia el Amado la caridad di«vina, que con razon sellama fuerte como la muerte: «y en V. debe ser fuerte para separarla de todas las «criaturas, de todos los respetos humanos, de todo «aquello que en el mundo se aprecia, de sus apetitos, «y de sí misma enteramente; á fin de que en V. no «se encuentre ya cosa alguna que pueda impedirle vi«vir para el Amado, con todo el pensamiento, con
«todo el deseo, y con todo el afecto. Al Amado dirija «los suspiros el corazon: no en otro que en el Amado «se fije la voluntad; ninguna otra cosa fuera del Amando ocupe ya el pensamiento. Si la mano se afana, si « el pié dirige sus pasos, todo ello sea por el Amado «y con el Amado. Para conseguir, puesf este amor al « Ainado, quiero que postrándose V. á los piés del « Crucifijo, haga una renuncia general de todo cuanto «pueda ser apetecido por su corazon, despreciando los «honores, las comodidades, las consolaciones y los «parientes; prometiendo á este divino Señor resuel«tamente, no querer ya otros honores que sus igno«minias, ni otras riquezas que su caridad, ni otra «comodidad que su cruz, ni ningun otro objeto sino «solamente á él, como á su esposo escogido y dilectí«simo. Quiero tambien que con la mayor frecuencia, «ya cuando se dirija al huerto, ó ya mirando al cielo, «grite con el corazon, convidando á todas las criatu«ras á que amen al Amado. Deseo igualmente, que «huya de todas las conversaciones en donde no per«ciba algun olor del Amado; que no se ocupe en nin«gun destino ó empleo que no pueda ser de la conu «placencia del Amado; que aquellas acciones que no «hayan de redundar en mayor gloria del Esposo, tam«poco las practique, etc.»
ORACIÓN.
¡ Ay Dios mio, mi Señor y mi Esposo! Vos me habeis amado á mí con tanto extremo, y me habeis hecho donacion de la voluntad para que os amase; y yo ingrata me he servido tantas veces de esta misma vo

emplear mis dias en agraviaros? No, Dios mio, no; yo os amo, y espero siempre amaros. ¡Oh dulcísima María , esperanza de mi alma! alcanzarme Vos, ó la perseverancia, ó la muerte.
§ II. — De la obediencia.
1 La virtud de la obediencia ha de ser la mas amada de la religiosa; porque segun la opinion de san Buenaventura, toda la perfeccion de una comunidad religiosa consiste en la privacion de la voluntad propia: Tota Beligionis perfectio in voluntatis propriae subiractione consistit. No hay, pues, un sacrificio mayor, entre los que un alma puede ofrecerle á Dios, que el de obedecer la regla y las órdenes de los superiores; porque así como la cosa mas apreciable para nosotros es la libertad de nuestra voluntad propia, segun lo afirma el angélico Doctor: Nihil est homini amabilius libertate propriae voluntatis 1; del mismo modo tambien no podemos nosotros presentarle á Dios un don mas grato ó mas amable, que consagrarle la propia voluntad. Melior est obedientia, quam victimae, dice el Espíritu Santo *. Agrada mas á Dios la obediencia, que todos los sacrificios que podemos ofrecerle. Aquel que sacrifica á Dios sus bienes, distribuyéndolos en limosnas; ó le ofrece su honor abrazando gustoso los desprecios, ó le hace donacion de su cuerpo, mortificándolo con ayunos y con las demás penitencias, le ofrece solamente una parte de sí mismo; mas el que le sacrifica su voluntad, sometiéndola á la obediencia, jesus entrega todo cuanto tiene; y entonces puede decir á Dios: Habiendo yo, Señor, dado á Vos mi propia voluntad, ya no tengo mas que daros. Esto mismo viene á decir san Gregorio, cuando afirma, que por medio de las otras virtudes damos nosotros á Dios solo las cosas que son nuestras; pero que por medio de la obediencia llegamos á hacerle una total entrega de nosotros mismos: Per alias virtutes riostra Deo impendimus, per obedientiam rwsmetipsos8. Y en otra parte se halla escrito por el mismo Doctor, que la obediencia lleva consigo, y guarda en el alma del que la practica todas las demás virtudes: Obedientia virtus est, quaeceteras virtutes inmentemingerit, etcustodit*. Santa Teresa dice tambien lo siguiente: Dios no quiere de un alma que se halla resuelta á amarlo, otra cosa mas sino que lo obedezca. Y añade después la Santa, tratando tambien de esta virtud: Sabe el demonio, que en esto de obedecer, consiste el remedio de un alma; y por eso, para impedirlo mucho se afana.
2 Decia igualmente el venerable^*. Sertorio Caputo, que la obediencia llevaba tras de sí aun el mérito del martirio; porque á la manera que'en el martirio se sacrifica la cabeza, así tambien con la obediencia, sacrificamos á Dios nuestro propio querer, que puede llamarse la cabeza del alma. Por eso nos asegura el Sabio, que el hombre obediente habrá de conseguir la victoria contra todos los asaltos de sus enemigos: Vir obediens loquehtr victorias \ Sí, dice san Gregorio, con justa razon vencen todas las tentaciones de] infierno los obedientes; porque así como ellos someten a otros hombres su voluntad, por medio de la obediencia, tambien por este medio vienen á hacerse superiores á los demonios, los cuales cayeron por su desobediencia: Víctores sunt qui obediunt, quia dum voluntatem aliis subjiciunt, ipsis lapsisper inobedientiam Angelis dominantur 6. Y añade á esto mismo Casiano, que cuando una persona mortifica la propia voluntad, consigue por consecuencia el ir destruyendo en sí misma todos los vicios; porque de la propia voluntad provienen todos ellos: Mortificatione voluntatum marcescunt vitia universa. Tambien promete Dios á aquel que hace renuncia de la propia voluntad, el sublevarlo sobre la tierra y hacerlo semejante á un espíritu celeste: Si averteris facere voluntatem tuam... sustollam te super altitudinem terrae1. Y añade san Lorenzo Justiniano, que un alma que sacrifica á Dios la voluntad propia, llega á hacerse tan amable para el mismo Señor, que alcanzará de él cuanto le pida: Qui se Deo tradidit, voluntatem propriam inmolando, omne quod poposcerit, consequetur.
a ttb. 6 in Reg. c. 3. — * Greg. Mor. lib. 36, c. 22. - » Prov. xxi, 28.
3 Escribe asimismo san Agustín, que habiendo Adan perdidose á sí mismo y á todo el género humano por la desobediencia, quiso el Hijo de Dios hacerse hombre, principalmente con el fin de enseñarnos con su ejemplo la excelente virtud de la obediencia. Comenzó por lo tanto Nuestro Señor Jesucristo, desde sus primeros años, á obedecer á su santísima madre María, y á su padre putativo san José. Prosiguió después en toda su vida ejercitándose en la obediencia,
6 S. Greg. lib. 4 , in I Reg. c. 10. — 'Isal. LTOi, 13.
ritos inmensos; supuesto que tambien en todo ello hace la voluntad de Dios, en lo que ciertamente consiste todo nuestro mérito. Y este es, á la verdad, el grande provecho que la Religion proporciona, el de constituirnos en actitud de agenciar tesoros eternos en todas las" operaciones que por la obediencia ejecutemos ; llegando á ser tanta la excelencia de esta virtud, que hasta aquellos modales propios de nuestro genio nos sirven para adquirir grandes merecimientos, cuando son conducidos por nosotros con el fin de obedecer. Decia oportunamente san Luis Gonzaga, que la religion claustral es una nave dada á la vela, en donde se hace el viaje, sin necesidad de fatigarse. Y efectivamente que así sucede; porque la religiosa, no solo merece para con Dios cuando ayuna, cuando reza el oficio, ó cuando hace oracion, sino tambien cuando está reposando, dando de mano al trabajo por obedecer , cuando toma el alimento, ó cuando se halla en la recreacion; porque haciendo todo esto por obediencia, en todo ello cumple la voluntad de Dios. ¡Oh y cuánto vale cualquiera cosa que se practica por obedecer á la voluntad de los superiores!
7 Si, pues, quereis, mi bendita hermana, haceros santa, y en poco tiempo, dedicaos enteramente desde hoy en adelante á la obediencia, desnudándoos de la voluntad propia, y procurando obrarlo todo por obedecer á la religion y á la superiora, acerca de aquellas operaciones externas; y en órden á las cosas internas, á vuestro Padre espiritual. Observad que esta es la diferencia que hay entre las monjas perfectas y las imperfectas: que estas nada emprenden, ó

torbery, y no encontrando allí alguno que le fuese superior , consiguió que el Papa le designase en forma de superior á un capellan suyo, á quien debiese obedecer; lo que después el Santo puso en ejecucion para manejarse, y lo cumplía con tanta exactitud, que ninguna cosa emprendía sin que mediase el consentimiento de dicho capellan. Pues esto mismo, con mayor motivo conviene á vos que sois religiosa, y que por lo tanto, habeis consagrado vuestra voluntad á la obediencia.
ORACIÓN.
¡ Ay divino Jesús mio! Vos por salvarme á mí os habeis hecho obediente hasta la muerte, y muerte de cruz afrentosa; y yo ¡ingrata! tantas veces os he perdido el respeto y la obediencia, por no privarme de cualquiera miserable y vil satisfacción de mis sentidos. Merezco por lo tanto sufrir de Vos una fuerte repulsa. Pero no, Señor mio, esperadme un poco; no me abandoneis aun todavía. Yo me arrepiento ya con todo el corazon de cuantos disgustos os haya ocasionado. Ya veo lo mucho que de vuestra paciencia he abusado, y que por lo tanto, no merecía piedad para mí; pero veo tambien al mismo tiempo, que si Vos lleno de misericordia me habeis sufrido hasta el presente, ha sido para que al fin llegase un dia, en el que, volviendo sobre mí, me entregase á Vos toda y sin reserva. Pues ya me teneis aquí, Señor; yo espero que este sea ya ese mismo dia tan feliz para mí. Esa vuestra voz que me llama para que os ame, ha llegado ya á mis oídos , yo no quiero resistirla por mas tiempo. Vedme aquí postrada á vuestros divinos piés, á Vos me entrego, no me desecheis. Decidme lo que tengo de hacer para complaceros, que yo quiero cumplirlo todo. Os prometo lo primero no repugnar mas desde hoy en adelante á la obediencia de mis superiores. Yo os amo, Jesús mio; y por lo mismo, quiero hacer todo cuanto me sea posible para daros gusto; dadme Vos la ayuda que necesite para cumplirlo. Atraedme, y estrechadme siempsfc-mas y mas á vuestro amor. ¡Oh Padre eterno! yo os ofrezco la pasion de vuestro divino Hijo; y por esta os suplico que me concedais todas las gracias que me son necesarias para hacerme una santa, segun que Vos tambien me quereis. ¡ Oh María dulcísima, madre y esperanza mia! rogad Vos por mí a vuestro divino Hijo, y pedidle que yo nunca jamás sea ya mia, sino suya, y toda suya, y siempre suya.
§ III. — De la obediencia debida á los superiores,
1 El medio mas principal y de mayor eficacia para obedecer á los superiores, segun se debe, y de reportar en nosotros al mismo tiempo un grande mérito , es el hacerse cuenta de que obedeciéndoles á ellos se obedece tambien al mismo Dios; y que despreciando por el contrario su obediencia, se desprecia nada menos que á nuestro divino Maestro, el que hablando de los superiores dice de este modo: Qui vos audil, me audit; et qui vos spernit, me spernit1. Por eso, escribiendo el Apóstol á sus discípulos, les decia: Non
iLuc. x,18.
servientes, quasihominibusplacenles, sedutservi Christi fdetentes voluntatem Deis. Luego, pues, que á una religiosa se le impone algun mandato por el prelado, por la superiora o por el confesor, no debe ella cumplirlo con el fin de complacer á la humana criatura, sino principalmente por agradar á Dios, cuya divina voluntad por medio de los superiores se le declara. T no tiene duda que está la monja entonces mas segura de cumplir la divina voluntad, que si un Angel del cielo viniese ájnanifestársela. Veamos como «1 citado apóstol san Pablo escribiendo á los (iálalas en confirmacion de esto mismo les intimaba, que aunque viniese un Angel del cielo á decirles cosas contrarias a las que el mismo santo Apóstol les habia enseñado, no le diesen crédito *.
2 Tambien nos dice san Bernardo: Deus Praelatos sibi aequare dignatur, sibimet imputat itlorum reverentiam et contemptum. Obedtentia quae majoribus praebetur, Leo exhibetur; ipse enm dixit: Quivos audit, me audit; et qui vos spermt, me spermit k. Dios para nuestro aprovechamiento y seguridad, se digna igualar á los superiores á sí mismo; y la reverencia ó desprecio acerca de ellos la imputa tambien como ejecutada á su divina esencia. Por lo tanto ¡ oh mi bendita hermana! tened siempre delante de vuestros ojos esta gran máxima; que la obediencia que prestais á tos superiores, la tributais al mismo Dios. Decidme pues, ¿si viniese Jesucristo en persona y os designase cualquiera oficio ó particular incumbencia, os entrometeríáis entonces á alegar excusas y á resistir el prestarle pronta obediencia? ¿ tardaríáis un momento en cumplir su precepto? Pues oid lo que puntualmente continúa diciéndonos san Bernardo: Sive Deus, sive homo vicarius Dei mandatum tradiderit, parí profecto obsequendum est cura 6.Ó bien sea Dios, ó el hombre que está en lugar de Dios el que os haya impuesto cualquier precepto, debeis ciertamente cumplirlo con una misma diligencia. Refiere a este intento san Juan Clímaco 6, que en cierto monasterio sucedió, que estando el superior en la mesa llamó á su presencia á un monje, viejo de ochenta años, y para que sirviese de ejemplo á sus demás compañeros, le hizo permanecer en pié por espacio de dos horas continuas. Preguntándole después á este anciano, cómo hubiese podido sufrir aquella mortificacion, contestaba: Figurábame yo entonces que estaba en la presencia de Jesucristo, y que él mismo era el que me imponía aquella humillacion; y de este modo, ningun pensamiento tuve contra la obediencia.
3 Bien sabemos que el Señor quiere que nosotros en la vida presente dirijamos por medio de la fe nuestras operaciones para que esto sirva de nuestro mayor mérito; y por esta causa no acostumbra á hablarnos por sí mismo, sino que por medio de nuestros superiores nos manifiesta su divina voluntad. Así vemos , que cuando Jesucristo se apareció á san Pablo para convertirlo. bien pudo el mismo Señor entonces haberle dicho lo que queria de él; pero no convenía de este modo ; y solamente le dijo: Ingredere civitatem, etibi dicetur tibi, quid te oporteat facere 7. Eatra en la ciudad, dirígete á la presencia de Ananías, y él te dirá lo que tienes que hacer... Convencido el beato Egidio de estas verdades, decia, que mas se merece obedeciendo á los hombres por el amor de Dios, que con obedecer á Dios mismo. Añádese tambien á esto, que cuando una súbdita obedece á los superiores, está mas segura de cumplir con la voluntad divina, que si la misma persona de Jesucristo se le apareciese y le ordenase alguna cosa; y la razon es, porque compareciendo este Señor á su presencia, ella no tiene una certeza segura de que realmente haya sido Jesucristo el que le ha hablado, ó acaso pueda ser cualquier maligno espíritu, que bajo la semejanza del Redentor haya querido engañarla; mas no sucede así cuando los superiores la mandan; porque sabe de cierto que obedeciéndoles á ellos, obedece tambien á Jesucristo, segun aquellas palabras que salieron de su misma boca: Qui vos audit, me audit. Y tambien podemos añadir, que aun cuando en la disposicion que haya dado la obediencia quepa la duda de si es buena ó es mala, dicen comunmente los teólogos y los maestros de espíritu, que aun en este caso está obligada á obedecer la religiosa, y de este modo, no solamente queda segura de no cometer pecado, sino que tambien debe estar cierta de que agrada á Dios. Ved aquí lo que escribe san Bernardo, habiéndolo el Santo copiado de la regla de san Benito : Quidquid vice Dei praecipit homo, quod non sit tamen certum displicere Deo, haud secus omnino accipiendum est, quam si praecipiat Deus 8. Aquello que el hombre manda, estando en el lugar de Dios, á no ser una cosa que ciertamente desagrade al mismo Dios, debe cumplirse no de otro modo que si el mismo Señor la ordenase.
8 Loc. cit. — 6 Gradu 4. — i Act. u, 1.

* Lib. 3 de Disp.
14 TOMO I.

4 Por lo tanto, en el dia del juicio, los religiosos habrán de ser culpados solamente de las obediencias que no hayan cumplido; mas de aquellas acciones practicadas por la obediencia, segun tambien lo afirmasan Felipe Neri, están segurísimos de no tener que dar cuenta alguna; la cuenta ó el cargo de aquellas disposiciones, en el caso de que tengan alguna criminalidad, deberá recaer solamente sobre los superiores que las han dado. Hablando el Señor en una ocasion á santa Catalina de Sena, con especialidad de las monjas, puntualmente le dijo de este modo: «La religio«sa no está obligada á darme cuenta de aquello que «ha hecho por obediencia; á los superiores solamente haré yo cargo, si en ello me han ofendido.» Por esta causa tambien escribe el Apóstol: Obedite praepositis vestris, et subjacete eis; ipsi enim pervigilant quasi ratimem pro animabus vestris reddituri; ut cum gaudio hoc faciant, et non gementes: hoc enim expedit vobis 9. Obedeced á vuestros superiores, en tanto que ellos velan sobre vosotros; como que se hallan obligados á rendir cuenta de vuestras almas. Así que, en el caso de que vos, esposa bendita del Señor, pudiéseis en la hora de vuestra muerte ser interrogada por Jesucristo , de por qué causa habeis dejado de hacer mayores penitencias; por qué no os habeis dedicado mas á la oracion; por qué aquella accion la habeis ejecutado: siempre que en todo esto hubiéreis vos obrado
»Heb. xui, n.
por llenar la obediencia, libremente pudiérais responderle : Señor, esto ha sido porque Vos me habeis ordenado que así lo hiciese, habiéndome antes dicho que obedeciendo- á mis superiores, á Vos mismo en ellos obedecía; no me pregunteis á mí por lo tanto el por qué, sino solamente á mis superiores que tales cosas me mandaron.
5 Mas conviene hacer aquí alguna reflexion sobre aquellas palabras que añade el mismo san Pablo, arriba citado, y que son las siguientes: Ut cum gaudio hoc faciant, etnon gementes. En lo que quiere significar , que la religiosa debe obedecer prontamente, sin replicar palabra, y sin angustiar y hacer gemir á los superiores. ¡ Oh y cómo gimen en verdad los prelados cuando los súbditos resisten á la obediencia con vanas excusas, con pretextos enmascarados, con lamentos, y alguna otra vez aun con murmuraciones! ¡ Qué no padecen en varias ocasiones las pobres abadesas en la distribucion que tienen que hacer de los oficios! De la una parte se ven angustiadas por los escrúpulos, temiendo si acaso el humano respeto, ó el temor de disgustar á alguna religiosa, la mueven á designarle aquel oficio para el cual no tiene la aptitud necésaria la misma que lo desea; y de la otra parte, gimen tambien las dichas preladas al ver que hecha ya la distribucion de los destinos, la una monja se excusa, la otra se queja, esotra murmura, estotra positivamente repugna el admitirlo. Y de aquí nace que después la superiora se resuelve á dispensar los oficios de lan comunidad, no segun la razon y el bien de la casa , sino mas bien segun la prudencia humana; cuya causa tal vez excusará á la superiora, la que por evitar mayores males ha tenido por conveniente el adoptarla; pero no por esto serán excusadas las súbditas que ejercieron aquellos oficios que ellas mismas querian, no segun la obediencia, sino mas principalmente segun su capricho. Por esto dice el repetido Apóstol : Obedeced y someteos á lo que la obediencia quiere; á fin de que los superiores no giman en el determinar aquello que deba hacerse; y luego concluye diciendo: Hoc enim- expedit vobis; porque esto es conveniente por el bien de vosotros los que sois súbditos, para que todo vaya en debido órden, y vosotros adelanteis en el espíritu.
6 Porque á la verdad, ¿que desórden no es el ver que en la distribucion de los oficios de comunidad no sean ciertas religiosas las que obedezcan á las superioras, sino que mas bien las mismas superioras las obedezcan á ellas? Considerando san Bernardo sobre la pregunta que nuestro Salvador hizo al ciego de Jericó cuando le dijo: Quid vis ut tibi faciam 'o? ¿ Qué quieres que yo haga en beneficio tuyo ? reprende el Santo á aquel ciego, diciendo: Vere caecus, quia non exclamavit: Ábsit Domine, tu magis dic, quid me facere velis. Verdaderamente era ciego dice el Santo, porque él debia haber entonces respondido: No suceda jamás, Señor mio, que Vos hayais de tener que hacer lo que yo quiera, sino por el contrario, decidme Vos á mí qué es lo que yo habré de hacer por Vos. Apliquemos ahora á nosotros lo que quiere decir san Bernardo: Hay algunas monjas tan displicentes, que es necesario que la abadesa vaya preguntándoles é indagando cuál es el oficio que ellas desean desempeñar. Mas las que son buenas religiosas, no se portan jamás de este modo ; si alguna vez les pregunta la superiora cuál es el oficio que á ellas les agradaría teñerá su cargo, responden inmediatamente: No, madre mia, á mi no me corresponde el decir lo que quiero hacer; á vos es á quien toca el mandarme lo que quereis que yo haga.
7 Si quereis pues vos, bendita hermana mia, ser verdadera obediente, y verdadera religiosa al mismo tiempo, deberéis observar las reglas que siguen: En primer lugar: Considerad siempre á vuestros superiores (segun ya se ha dicho) como vicarios de Jesucristo , y procurad profesarles la mayor veneracion y el amor mas acendrado, y que esto no sea con algun interesado fin de hallarse estimada y preferida de ellos, ó por no verse reprendida de los mismos; sino solamente por agradar á Dios. Y lo mismo deberá entenderse, no solo en órden al prelado y á la abadesa, sí que tambien con respecto á todas aquellas oficialas del convento, á las cuales se deba obedecer en cumplimiento de la regla, como v. g. á la enfermera, refitolera, sacristana; porque para obedecer una religiosa á la abadesa, fácilmente puede suceder que se halle movida de los respetos humanos; mas aquella que obedece tambien á las oficialas, da mejor á conocer que tiene el verdadero espíritu de obediencia. San Francisco de Asis daba repetidísimas gracias al Señor por haberle concedido el beneficio de estar pronto á obedecer aun al mas ínfimo de los
novicios en todas aquellas cosas que le fuesen designadas por el superior, asegurando tambien el mismo Santo, que cuanto menor fuese la autoridad en el superior, y cuanto menos adornado se hallase de honores y distinciones, otro tanto mas podia merecerse en obedecerle; porque los actos de obediencia en este caso se encaminan solamente al fin de agradar á Dios con ellos.
8 En segundo lugar: No habréis de acompañaros jamás con aquellas hermanas imperfectas, y que aman poco la obediencia. En tercer lugar: Recibid con la mayor humildad las correcciones que os hagan, y dad libertad á la superiora para que os reprenda siempre que pueda ofrecerse; y no seais del número de aquellas monjas que á la menor advertencia se resienten; de manera que es necesario que la superiora se porte con ellas, siempre que es indispensable avisarlas de alguna falta, con la mas exquisita cautela, y que tenga que esperar el transcurso de meses y meses para poder encontrar el tiempo oportuno de amonestarlas, temiendo que no haciéndolo así le hayan de perder el respeto, y que pongan todo el convento en conmocion. Mas ¡ay de aquellas religiosas con quienes tengan las superioras que portarse con tal miramiento para hacerles alguna advertencia! es esta ciertamente señal inequívoca de espíritus muy imperfectos. En cuarto lugar: Cuando llegue el caso que os dirijan alguna correccion, recibidla humildemente, sin andar con excusas; y aun cuando el hecho que motiva la reprension de la superiora fuese distinto de como ella lo piensa, no le respondais acerca de esto,
sino cuando la misma superiora quiera saber el modo de haberse verificado; mas con respecto á este punto se hablará después mas largamente.
9 En quinto lugar : Desechad de vuestro corazon todos los pensamientos y sospechas que pueda abrigar contra la superiora, de la misma manera que se desechan sin algun discurso los pensamientos contra la castidad que nos asaltan; y cuando oigais hablar de cualquiera defecto aparente que ella tenga, procurad cubrirlo en cuanto os fuere posible. ¡ Oh qué desórden tan detestable es el ver que ciertas religiosas, en vez de venerar á su superiora, van escudriñando todas sus acciones y comportamiento, para después desacreditarla y llegar á hacerla un vil motivo de risa! Si, pues, el defecto viene á ser tan cierto, que pueda llamarse evidente é inexcusable, como v. g. si la abadesa no tiene paciencia para tratar á ninguna súbdita , debeis persuadiros que Dios permite en ella aquel defecto, no para vuestro daño, sino para vuestro aprovechamiento espiritual. Rogaba santa Gertrudis al Señor un dia que librase á su abadesa del defecto de impacientarse con frecuencia; y Dios tuvo á bien responderle, que él permitía en la prelada aquella falta, no solo por el bien de ella misma, para que así conservase la humildad, sino tambien por el bien de la Religion, á fin de que adquiriesen mayores merecimientos. Dice tambien san Bernardo: In quantum gravaris, in tantum lucraris. Cuanto mayor fuere el peso que sufras, tanto mayor será el mérito que adquieras. A lo que añade san Gregorio, que aun cuando los superiores no tengan una vida laudable, deben sin embargo honrarse sus disposiciones. Majorum imperta tune etiam veneranda sunt., cum ipsi laudabilem non habeant mtam ".Y esto ya lo habia dicho antes Jesucristo, hablando de los superiores que dieran mal ejemplo: Omnia ergo quaecumfue dixerint vobis, servate et facite: secundum opera vero eorum nolite facere ia.
10 Mas hablando ahora con especialidad de los oficios propios del convento, deberéis observar la bella regla de san Francisco de Sales, de jamás pretender ninguno, ni rehusar ninguno. Y si fuese preciso escoger , amad siempre mas aquel que es de menos honor, y de mayores incomodidades; teniendo presente, que la causa de que pocas monjas merezcan mucho en el desempeño de sus oficios, es la de que son pocas las que los aceptan y ejercen con la pura intencion de obedecer, y de dar gusto á Dios. Las religiosas imperfectas miran solamente en los oficios aquello que les puede ocasionar pena, ó reportarles incomodidad propia; mas las que son perfectas religiosas, atienden tan solo al agrado de Dios, y por eso no van estas buscando comodidades, sino mas bien abrazando los pesares y las fatigas. Procurad ser vos del número de estas segundas. No penseis que en la presencia de Dios pueda valeros la excusa de refutar aquel oficio, por el temor de no cometer defectos «n él; pues que debeis persuadiros, de que hallándoos ya de religiosa, estais obligada á servir al convento. Y si este temor vuestro de cometer defectos en aquel oficio, fuese justo motivo para serviros á vos de excusa, pudiera tam
g. u. — »« Matth. xxin, 3.
bien serlo para todas las demás compañeras; y en tal caso ¿quién habría de servir al convento, y mantener la comunidad? Abrigad, pues, en vuestro corazon una buena intencion de agradar á Dios, y el mismo Dios habrá de ayudaros.
11 Al entrar ya después en el desempeño de aquel oficio que se os hubiere designado, emprended su recto cumplimiento con espíritu de obediencia, y satisfaciendo sus cargos, no ya para dominar, dejándoos llevar de vuestro genio, ni buscando vuestra comodidad ó estimacion; sino teniendo solamente á la vista la obligacion que teneis de obedecer. Abrazadlo tambien con una santa confianza, no dando oidos al demonio, que acaso os dirá que no podréis permanecer en el mismo oficio. Siempre que tengais fe viva acerca de la obediencia, el Señor habrá de daros aquella fuerza que en vos no encontrais. No llegueis á pensar que por ofrecer mucha distraccion el tal oficio, os ha de hacer perder el recogimiento y el espíritu; pues que como vos lo ejerciteis solo por dar cumplimiento ¿ la obediencia, tene.d por bien sabido, que Dios os concederá entonces mayores gracias en un cuarto de hora de oracion, que en otro tiempo en un retiro de diez días. Procurad no obstante, mientras desempeñeis aquel destino, no Taltar nunca á recogeros á la oracion en el tiempo que teneis de costumbre, aun cuando no podais tenerla muy larga. Y no os excuseis diciendo que el buen desempeño de vuestro oficio no os permite este tiempo para orar; pues que las religiosas diligentes y amantes de la oracion bien saben proporcionarse la ocasion para lo uno, y tambien para lo otro. Conducida, pues, de esta buena intencion, procurad no cargaros, sin que haya una necesidad, como lo hacen algunas, de tantas ocupaciones, que después os impidan el poder recogeros en la presencia de Dios, aunque sea por un corto tiempo. Estad tambien atenta, después de todo esto , acerca del recto manejo en las incumbencias propias de vuestro mismo oficio, para no usar de ciertas parcialidades con las amigas, y mucho menos con vos misma, abusando de aquel destino, y no queriendo nunca proporcionaros, por medio de él, algunas mayores conveniencias que las que tienen las demás hermanas.
12 Conviene, por último, advertir ahora, que el voto de obediencia, y aun tambien la perfeccion de la misma obediencia, no se oponen á que una monja, cuando se destina para el desempeño de cualquiera oficio, ú otra incumbencia impuesta por la superiora, ella exponga las dificultades que le ocurran, y que no son conocidas por la misma superiora, como podrá ser cualquiera enfermedad propia que actualmente padezca, inaptitud para el buen desempeño del tal oficio, ú otro cualquiera impedimento; porque al fin la prelada no es algun ángel, sino una mujer; y por lo tanto ella quiere también ser informada de aquellas cosas que no sabe. Mas acerca de esto, es necesario que la religiosa.atienda á dos cosas importantes. La primera, á no exponer aquellas dificultades ó impedimentos que la abadesa no ignora; pues que entonces debe suponerse que ya de antemano las habia considerado, sin que haya una necesidad de que se le propongan de nuevo. La segunda, á que después que como súbdita haya hecho presentes sus dificultades, deberá aquietarse con aquello que la superiora le conteste: y tambien es necesario que demuestre exteriormente su resignacion para que la prelada quede con la paz de conciencia, y ella al mismo tiempo dé un buen ejemplo a sus otras compañeras. Para esto habrá de ser muy útil que la religiosa antes de exponer estos reparos , se figure que la superiora, no obstante de que sean justos, habrá de desatenderlos con la obediencia; y consentida ya en esto, vaya enteramente dispuesta á conformarse, sin la menor réplica, con aquello que la misma superiora hubiere de contestarle.
13 Conviene asimismo advertir acerca de esto, que el tener un discreto y prudente cuidado de conservar la salud para poder servir á Dios de mejor modo , no es ningun defecto, sino por el contrario un acto de virtud cristiana. Pero sí habrá de ser un defecto el metodizar por otra parte una solicitud demasiada ; porque entonces el amor propio le hará conocer fácilmente, que le parezca una necesidad verdadera aquella que no lo sea en realidad. Dice á este intento san Bernardo, que algunos religiosos pudieran con mas razon llamarse discípulos de Hipócrates y de Galeno ', que de Nuestro Señor Jesucristo. Puta quaeso, escribe el Santo, Monachum esse non Medicum 13. Y continúa después diciendo: Parce quieti tuae. Con lo que parece quiere preguntar: ¿ Cuánto mejor es para que disfrutes de una paz deliciosa, que sigas los ejercicios de la comunidad, y huyas de estas 220
13 S. Bern. Serm. 30 in Cant.

singularidades, siempre que no sean necesarias? Parce labori ministrantium: procura excusar el trabajo á las oficialas (como lo son la refitolera y la cocinera) , que tengan que hacer alguna cosa para tí solamente. Parce gravamini domus. Evítale al convento la carga de tener que solventar continuos débitos al médico, boticario, etc. Semejantes abusos movieron tambien á san Basilio á que exhortase á sus religiosos generalmente para que hiciesen un esfuerzo á fin de acomodarse á las cosas comunes y usuales, en cuanto les fuese posible. ¡ Oh cuánto mejor es acostumbrarse a esto, que dedicarse á los ayunos, á las disciplinas y á los cilicios, y después singularizarse en la comida! Estas singularidades sabemos que han sido los principios de relajacion en muchas religiones. Ni tampoco acerca de esto tenga ninguna que alegar el resultarle escrúpulos, temiendo no sea que acaso falte al cuidado que le es debido paca la conservacion de su salud, por usar de estas comidas comunes; porque es una doctrina corriente entre los doctores, que aun cuando no sea lícito abreviarse directamente la vida con el fin de no padecer; es sin embargo lícito y bien permitido el omitir cualquiera cosa, y especialmente las singularidades, aunque con ellas pudiésemos prolongar nuestros dias algun tanto: y aun puede añadirse, que este es un acto virtuoso, cuando se practica por el propio aprovechamiento espiritual, y por el buen ejemplo de otros. Sabemos que cuando se formó aquel célebre capítulo, llamado de las Esteras, vió san Francisco de Asís que los demonios celebraban tambien otro capítulo, y que entre sí convenían en que para la relajacion del espíritu.de la religion claustral (la cual se hallaba entonces en el mayor fervor), era el mejor medio procurar que en ella se admitiesen muchos jóvenes nobles y delicados; porque estos habrian de comenzar a tratarse con menos rigor de penitencia.; y de este modo poco á poco irian otros siguiendo sus pasos, y faltando el espíritu fervoroso, hasta llegar después á relajarse del todo. Ved ahí cómo discurrían entonces los demonios, y muy bien podemos creer que en esto expresaban la verdad. Guardaos, pues, de obrar de modo que por conservar con demasiada cautela la salud del cuerpo, llegueis á poner en gran peligro la salud del alma, ó que á lo menos os expongais á perder la corona de santa. Pensad, por último , que si hubieran sido los Santos tan cautelosos como vos lo sois para conservar la salud corporal, no hubieran llegado á santificarse.
ORACIÓN.
¡Oh Señor mio muy amado! Vos sois la misma belleza , la misma bondad, el amor mismo: ¿y cómo he de poder yo amar ninguna otra cosa fuera de Vos? Loca deberé reputarme por haberos dado tantos disgustos en el tiempo pasado. Confieso que hice muy mal, lo siento vivísimamente, quisiera morir de dolor. Misericordia, Jesús mio: estos son los gritos que siempre quiero dirigiros: misericordia Jesús mio; Jesús mio, misericordia; Si en tiempos anteriores he despreciado vuestro amor, sabed que ahora lo prefiero á todos los bienes de la tierra. Ya sois Vos, y habeis de ser para siempre el único blanco de todos mis afectos. ¡ Oh Jesús mio y amor mio! yo renuncio detodo , y no quiero otra cosa mas que á Vos. Lo digo en este instante, y prometo repetirlo en todos los momentos de mi vida: á Vos solo, Dios mio, es á quien yo quiero y nada mas. Pero ¿qué podré yo hacer por mí sola? Ayudadme Vos por lo tanto, para que pueda seros fiel. No mireis mis pecados, mirad sí el infinito amor que siempre me habeis tenido, y que os obligó á dar por mí la vida sobre una cruz afrentosa. Pues en estos méritos de vuestra pasion y muerte fundo yo todas mis esperanzas. Os amo, bondad infinita; os amo, Sumo bien mio; y ninguna cosa mas os pido, sino vuestra ayuda para amaros, pero no.-de un modo comun, sino con un amor muy grande, no amando tampoco de hoy en adelante ningun otro objeto fuera de Vos, mi tesoro y mi todo. Os entrego, Jesús mio, todo mi cuerpo, Vos habeis de guardarlo: os hago tambien donacion de mi alma, hacedla Vos toda vuestra. Consumid con vuestro divino fuego iluminador todos aquellos afectos mios, que se opongan á vuestro puro amor. ¡Oh dulcísima María y mi poderosa abogada! toda mi confianza está puesta, primeramente en los infinitos méritos de vuestro Hijo, y después en vuestra intercesion soberana.
§ IV. — De la obediencia debida á las reglas religiosas.
San Francisco de Sales se determinaba á proferir esta proposicion tan avanzada: La predestinacion de las monjas está ligada á la observancia de sus reglas. y santa María Magdalena de Pazzis tambien decía, que la observancia de la regla es el camino mas recto para llegar á la eterna salud y á la santidad. En suma , él único camino .que tienen las religiosas para hacerse santas, y aun para salvarse, es la fiel observancia de sus reglas; toda otra senda no puede ser la que haya de conducirlas al fin deseado. De donde resulta, que aquella religiosa que habitualmente quebranta cualquiera de las reglas, por mínima que ella sea, no dará jamás un paso para- adelante en la perfeccion, aun cuando hiciese muchas penitencias, oraciones, y otras obras espirituales. Habrá de fatigarse, pero sin fruto alguno, verificándose entonces en ella aquello que dice el Espíritu Santo: Disciplinam qui abjicit, infelix, et vacua est spes illorum, et labores sine fructu '. Aquellas que no tienen cuidado de la disciplina, esto es, de observar las reglas, son infelices, y en vano esperan en sus fatigas; porque estas habrán de quedar sin fruto alguno. Mas ¿qué grande locura es el obrar de esta manera? Oigamos lo que dice santa Teresa: Nosotros no observamos (así escribió la Santa en sus Sentencias) ciertas cosas fáciles de la regla, como lo es el silencio, que no nas ocasiona dolores; y después queremos inventar penitencias á nuestro capricho, para no cumplir al fin ni lo uno ni lo otro. Pero debe tambien notarse, que el menor mal para una religiosa en este caso, será el que no adelante en la perfeccion; pues que lo peor de todo habrá de ser, como dice san Bernardo, que después de haber traspasado las reglas ligeras, ella misma se vaya for1 Sap. ni, 11.
mando en su interior cierto impedimento ó imposibilidad para cumplir luego con las que son graves, y que pertenecen á la observancia de los votos.
2 i Qué miserable desgracia es el ver á ciertas religiosas , las que después que en el noviciado han sido bien educadas-, é instruidas en la observancia de las reglas, pasando después á hacer la profesion, no hacen ya mas cuenta de ellas; como si luego que se han consagrado á Jesucristo no estuviesen aun mas obligadas á cumplirlas! Pues tengan presentes estas palabras de un autor sabio: Melius est Aigitum esse, etesse incorpore, quam esse oculum, et evelli de corpore. Es mejor ser un simple dedo, y estar unjdo al cuerpo de la comunidad, que ser ojo, y estar separado de ella; pues que todos sabemos que el ojo separado de su cuerpo no es otra cosa que un poco de inmundicia. ¥ por lo tanto, aquella obra, que se presenta aparentemente virtuosa, pero que después se advierte que no se uniforma á la regla, no habrá de agradar á Dios ni tampoco servirá á la religiosa de medio, sino de impedimento para su perfeccion cristiana; pues que todas aquellas devociones y ejercicios que se oponen á la regla, son, como dice san Agustín, pasos fuera de camino, y tropiezos para el espíritu.
3 En vista de esto, mi bendita hermana; habiendo vos abandonado el mundo para guardar estas reglas y haceros santa, ¿no veis que por no saber venceros en unas cosas pequeñas, no solamente no conseguiréis este digno objeto de santificaros, sino que tambien os poneis en gran peligro de perderos? Oid lo que escribe san Gesario : Ad reliquendos dulces affectus fortissimi fuimus, et nunc ad dedinandas negligentias infirmi sumus *. Hemos tenido pecho varonil para renunciar á los afectos de los parientes, de los bienes, y demás atractivos del mundo; ¿y ahora hemos de ser tan débiles para no caer en las negligencias de la regla? Refiere Casiano 3, que mirando san Basilio á un cierto monge, el cual habiendo renunciado la dignidad de senador por hacerse religioso, luego no observaba las reglas, compadeciéndose el Santo de él le dijo de este modo: Senatorem perdidisli, eíMonackum nonfecisti. \ Oh miserable de vos! ¿qué es lo que habeis hecho ? Habeis perdido el ser senador para ser monje, y después de esto, ni aun habeis conseguido ser monje. Y Tertuliano hace tambien esta otra reprension semejante: Si veramputes seculi libertatem, rediisti in servitutem, et amisisti libertatem Christi v Como si dijera de este modo: Vos, religiosa , habeis salido de la esclavitud del mundo, y habeis conseguido la libertad de Jesucristo, librándoos de los afectos terrenos (infelices cadenas que tantas pobres almas arrastran en el mundo, viviendo como esclavas), y ahora, después de todo esto, ¿qué es lo que haceis ? Porque si vos teneis por verdadera libertad la independencia del siglo, habeis ya miserablemente vuelto otra vez á ser esclava, y tambien habeis perdido la libertad de hija de Dios, la que Jesucristo os había procurado.

4 Vemos que algunas religiosas se disculpan di ciendo que son de cosas mínimas las reglas á. que faltan. Yo respondo primeramente, que ninguna regla de la Religion debe considerarse por una cosa pequeña, y de la que no deba tenerse gran cuidado en su observancia. Por el contrario, todas las reglas deben mirarse por una cosa grande, lo uno; porque todas ellas son ordenadas por Dios. y aprobadas por la Iglesia , como unos medios para llegar á la perfeccion religiosa, á la cual continuamente deben aspirarlas personas consagradas á Dios ; y lo otro, porque la inobservancia de estas mismas reglas, aunque pequeñas, constituye en un desórden á toda la disciplina reglar y á toda la comunidad. Así se advierte, que reina el fervor monástico en aquellos conventos en donde se tiene gran cuidado de las cosas pequeñas: mas en los que de esto no se hace mérito, ó se advierte ya el espíritu perdido, ó á lo menos, si aun no se ha perdido del todo, poco á poco habrá de entibiarse, para perderse después. Refiere el P. Sanjuré ', que cuando gobernaba el P. Oviedo en Nápoles el colegio de la Compañía de Jesús, procuraba que se observasen puntualmente las reglas, por mínimas que fuesen; mas oponíasele para esto el P. Bobadilla, diciendo que no era conveniente estrechar á los súbditos á la observancia de tantas menudencias, y con esta contradiccion dió motivo á que desapareciese el rigor que primero se practicaba. El funesto resultado hizo conocer el grande error de tal condescendencia; pues que con el uso de aquella libertad comenzó á irse relajando el espíritu en tanto grado, que algunos de los monjes, no haciendo después caso de las reglas, ni pequeñas, ni » Erario ec. t. 4, c. 5, ses. 1.
1 Hom. 8. — > LU>. 1, Inst. c. 10. — * De corona mtlit. 15 TOMO I.

grandes, se adelantaron hasta el funesto extremo de abandonar la religion. Tales desórdenes, sabidos después por san Ignacio, fueron la causa de que mandase el Santo que todas las reglas se observasen con rigor; y de este modo fue establecida la antigua dis ciplina.
5 Aunque las religiosas tibias y negligentes no hacen caso de las faltas leves, el demonio entre tanto hace muy bien cuenta de ellas. Este implacable enemigo de nuestras almas con gran diligencia va notando todas las inobservancias de las reglas, para poder después algun dia acusar acerca de ellas en el recto tribunal de Jesucristo. El religioso san Ricardo, habiéndose una vez hecho cortar el pelo fuera del tiempo señalado , vió al demonio que estaba recogiendo, y que después contaba uno por uno, todos los cabellos que habian sido esparcidos por tierra 6. De igual manera observó santa Gertrudis que tambien el demonio recogia todos los copos de lana sucia que ella dejaba caer contra la pobreza, y que tambien numeraba todas las sílabas que se truncaban en el rezo del oficio divino, pronunciado con demasiada celeridad 7. Cuenta igualmente el B. Dionisio Cartusiano, que el demonio se dejó ver en otra ocasion de una religiosa, llevando en la mano una aguja y una hebra de seda que ella habia tomado sin licencia. Y así de esta manera va el mismo demonio notando todas las palabras que se dicen en los lugares y tiempos de silencio, todas las miradas curiosas, y todas las demás inobservancias de las reglas, en las que caen con frecuencia las religiosas negligentes. Y ved aquí de dónde nace que después estén siempre las miserables áridas, y entorpecidas con el tedio y sequedades que padecen en las oraciones, en las comuniones, y en todos los demás ejercicios devotos que frecuentan. Ya sabemos que santa Gertrudis, por solo una mirada curiosa que dirigió á una de sus hermanas, contra la inspiracion que habia tenido de no mirarla, recibió el castigo de una sequedad que le duró once dias. Es mucha justicia ciertamente que el que poco siembra, poco coja: Qui parce seminal, parce etmetet8. ¿ Cómo es posible que haya el Señor de querer comunicar abundantes gracias y celestiales consolaciones á aquella monja que se manifiesta tan escasa, indiferente y descuidada en su servicio? Dios acaso le tendría preparada una grande gracia, si ella hubiera sido fiel en observar aquella tal regla; mas por su culpable negligencia, justamente «1 Señor la ha privado de aquella. Bien penetrado de estas verdades se hallaba el B. Egidio cuando decía: Con una pequeña negligencia se puede perder; una grande gracia.
6 Admirado san Buenaventura de la fragilidad de muchos religiosos y religiosas, no puede menos de exclamar diciendo, que es una cosa grande la contradiccion que en ellos se nota : Multi pro Christo, dice el Santo, optantmori, qui pro Christo nolunt levia pati! Hay muchos que desean hasta dar la vida por Jesucristo , y luego después rehusan el sufrir una incomodidad momentánea para observar cualquiera regla de poco peso. Si entonces, continúa el mismo Santo, te se ordenase una cosa difícil y de incomodidad extraordinaria , parece que pudieras tener alguna excusa; mas en la transgresion de una cosa fácil ¿ qué excusa puedes alegar? Cuanto fuere mas ligera y fácil la observancia de cualquiera regla, otro tanto mas se deja conocer el defecto de la religiosa que la quebranta; pues que por esto mismo hace que tambien se deje ver mas apegada á la voluntad propia. Pero no permita Dios que, como ya queda antes advertido, haciendo así la monja poca mencion de las reglas pequeñas, tenga la desgracia de que llegue algun dia, en el que tenga en poca consideracion bastalos mismos votos, y así miserablemente llegue á perderse: Qui dissipat sepem, mordebit eum coluber 9. Aquel que rom pe el vallado de las reglas, en gran peligro se halla de recibir alguna mordedura venenosa de la serpiente infernal. Cuando llegueis á ver á alguna religiosa que en otro tiempo era de vida ejemplar, y que la encontrais después atollada entre los precipicios, ¿os figurais acaso que el demonio la hizo precipitarse de aquella infeliz manera á las primeras embestidas que le dió? no, no lo creais: antes de todo la indujo á traspasar las reglas, y á que hiciese poco caso de las cosas pequeñas, y después ha conseguido que tambien cayese en las cosas graves.
8 II Cor. ix, 6.
7 Es muy comun la excusa de otras religiosas el decir que la regla no las obliga bajo de pecado. Esto es un engaño, sobre el que hemos hablado ya en el cap. IV, n. 6; porque si bien es verdad que la regla no obliga á culpa, con todo, es comun sentencia en
'Eccl. x,8.
tre los doctores que la transgresion de ella, aunque se verifique en la mínima regla de la religion, siempre que no haya una causa suficiente á excusarla, á lo menos es pecado venial. Y santo Tomás enseñó ya esto mismo 10; el cual tratando de la regla de su Órden que igualmente no obliga á pecado, dice: Transgressio aliorum (fuera de los votos) obligat sohtm adpeccatum venidle. Y expresa á lo menos á pecado venial, porque cuando-la transgresion va acompañada de grave daño, y escándalo grave á la comunidad, como lo seria el perturbar habitualmente el comun silencio, entrarse en la celda delas compañeras, quebrantar á su presencia los ayunos de regla y otras cosas semejantes, podría entonces aun llegar á ser culpa grave. Pero que ella lo sea á lo menos venial, no puede negarse por muchas razones. Primera: por que la religiosa que falta á sus reglas claustrales, falta tambien á los medios de su propia santificacion, la que está obligada á procurar. Segunda : porque tambien es infiel á la promesa que hizo á Dios de observar las reglas, al tiempo de su profesion religiosa. Tercera : porque con su mal ejemplo desconcierta el buen órden de la comunidad. Cuarta y última (y esta es la razon mas cierta) porque en las transgresiones de cualquiera regla, no puede decirse que la persona obra sino segun el amor propio, y apartándose de la voluntad de Dios. Raciocinemos ahora lógicamente. Aquella transgresion no es por cierto una accion virtuosa : ni tampoco podrá decirse que sea indiferente: y ¿cómo podrá jamás llamarse indiferente una obra ejecutada por inclinacion propia, que da mal ejemplo, y que perturba el órden de la disciplina reglar? Luego si ella no es buena, ni tampoco indiferente, es ciertamente mala. Pero si aun todavía alguna replicase diciendo: al fin no es pecado mortal, y para mí esto me basta; á esta misma yo pudiera hacerle saber que se encuentra en un estado muy peligroso; á no ser que ya esté muerta, ó á lo menos agonizando espiritualmente: hállase, pues, la miserable inficionada de una calentura lenta, la que con el tiempo habrá de conducirla hasta la muerte. Vuélvase á leer lo que ya se ha dicho sobre esta materia en dicho capítulo VI, desde el número 3.
10 2,2, q. 186, a. 9 ad 1.
8 Tambien hay otras que se excusan diciendo, que ellas son ancianas, y que por lo tanto no pueden vivir con aquel rigor que naturalmente debe acompañar á las mas jóvenes. Respóndese á esto , que toda religiosa, bien fuere jóven, ó fuere vieja, hace daño á sí misma y tambien á sus otras hermanas con traspasar las reglas del convento. Dice oportunamente san Pedro Crisólogo, que un árbol que no produce fruto, con la sombra que forma, no solamente ocasiona daño á sí mismo, sino tambienálos otros árboles fecundos que se hallan á su rededor: Infoecunda arbor, dum fundit tmbram, inirnica non sibi solí, sed eliam palmitibus fit foecundis ". Y esto puede muy bien aplicarse á toda aquella religiosa que diere mal ejemplo en la observancia de las reglas. Y aun conviene también aquí advertir que las monjas antiguas están mas obligadas que las jóvenes á la perfecta ob
"Chrysol. Serm. 100.
servancia; en primer lugar, porque ellas han vivido mayor número de años en la religion. Y á la manera que aquel que haya estudiado mas, debe ser mas docto;.así tambien aquella religiosa que mas tiempo ha estado en el convento estudiando en el Crucifijo, mas adelantada debe hallarse en la ciencia de los Santos; esto es, en la perfeccion del espíritu. Secundariamente , porque el ejemplo de las antiguas tiene mayor fuerza para impresionar en las jóvenes, ya la observancia, ya la inobservancia de las reglas. Son por lo tanto las religiosas ancianas las antorchas que ilumiuan á la comunidad; ellas tambien son las colunas que sostienen la observancia, y después se llevan tras de sí á las jóvenes para mantenerla; pues que si estas advierten que las antiguas no hacen aprecio de una cosa, menos deberán hacerlo ellas. Hablando por lo comun, la relajacion de los conventos ha dimanado de la negligencia, no tanto de las jóvenes, cuanto de las ancianas; las cuales con su mal ejemplo han dado á las otras ocasion de relajar el justo rigor de la regla. ¿De qué servirá, pues, que las ancianas griten y exhorten á las otras la observancia de las reglas con solas las palabras, cuando ellas al mismo tiempo insinúan lo contrario con la accion de sus malos ejemplos? Citius, dice san Ambrosio, persuadent oculi, quam aures 1S. Mucho mas persuaden los ejemplos, que se miran con los ojos, que las amonestaciones que se perciben con los oidos.
9 Bien deberémos preguntar ahora: ¿Cómo podrán jamás las jóvenes quedar bien instruidas para mantener la observancia religiosa , cuando aquellas mismas que sirven de maestras, con su mal ejemplo están faltando á ella? Nemo inde strui potest, unde destruitur, dice Tertuliano 1S. Cuando Eleázaro sufrió aquella gran tentacion del tirano, que le obligaba á que comiese carne de puerco, quebrantando de este modo el decreto divino que tenían los hebreos, los amigos de aquel, movidos á compasion por el compromiso en que se hallaba un anciano tan venerable de noventa años, le propusieron, que para poder librarse de la muerte, á lo menos usase de la apariencia, fingiendo que la comia: mas el santo viejo respondió sabiamente: Paermitti se velle in infernum, non enim aetati nostrae dignum est fingere 1*. Dijo que antes mas bien preferiría el ser arrojado al infierno , que el dar en aquella su edad á los jóvenes el mal ejemplo de faltar á la ley, con fingir quebrantarla... Justi aspectus admonitio est, escribe san Ambrosio ". ¡Oh qué poderoso estímulo para los jóvenes, y mas eficaz que todas las advertencias hechas de palabra, el ver que una religiosa antigua observa con puntualidad todas las reglas grandes y pequeñas! Esta es la obligacion, y este es el celo que las buenas religiosas amantes de la perfeccion deben tener, el que se conserve con todo el rigor posible la observancia monástica. Luego que Jesucristo manifestó á santa Teresa que se desposaba con ella, alargándole su mano derecha, le dijo estas palabras: Deinceps ut vera sponsa meum zelabis honorem. De hoy en adelante has de
« De Praescript. — 1* II Machab. vi, 23. - « Serm. 10, Psalraus cxvin.
procurar el celar mi honor siempre, como verdadera esposa mia. Luego toda esposa de Jesucristo debe tener celo por el honor de su Esposo. Pues en ninguna otra cosa deben mas principalmente manifestar las religiosas este mismo celo que en la observancia de sus reglas , pues que ellas son en su comunidad el sosten de la perfeccion cristiana. Y esto no tan solo deberá entenderse con respecto á las superioras, sino tambien se dirige aun á las simples monjas, y especialmente si tienen alguna autoridad, al menos por ser las mas antiguas. Cuando san Andrés Avelino veia que se traspasaba la observancia de alguna regla, con grande valor dirigia sus amonestaciones, no solamente á los demás religiosos sus compañeros, sino tambien aun á los superiores. Esto mismo practicó con gran celo sor María Teresa Espinelli, monja de mucho espíritu en el convento de la santísima Trinidad de Nápoles. hija de confesion del P. Torres, segun se lee en la vida de este Padre i6: la cual viendo ciertos abusos que principiaban á introducirse en su comunidad, muchas veces se opuso á ellos con la mayor fortaleza, no teniendo miramiento político humano á ningun alto personaje , por elevado que fuese, pero sí teniendo delante de sus ojos el honor de Dios solamente; habiendo tenido que sufrir por su grande celo muchas amarguras y disgustos. Téngase aquí presente, que cuando se trata de evidentes abusos, y de relajaciones de observancia religiosa, no debe tenerse por acto de soberbia ó de temeridad, sino de virtud ó celo de Dios, el clamar, é impedir los desórdenes, aun cuando país Lib. O, C. 2, §1.
ra ello tengamos que pendenciar con los mismos superiores.
10 Tambien se excusan otras monjas diciendo, que ellas dejan de pedir las debidas licencias que la regla les previene, por no fastidiar demasiado á las superioras. Mas esta es una excusa de poquísimo fundamento, porque no se fastidian las preladas, antes mas bien se edifican de aquellas religiosas que son puntuales en pedirles las licencias toda vez que fuese necesario. Ni ¿cómo jamás pueden fastidiarse de esto, sabiendo que á las súbditas les está prohibido el practicar aquello sin que medie su licencia? Vos por lo tanto, pedid siempre permiso en todo aquello que la regla os obligue á demandarlo. Y cuando suplicáseis alguna dispensa á lasuperiora, y estaos fuere negada por conservar la observancia de las reglas, no os perturbeis resentida, sino mas bien dadle las gracias y consolaos. Todos los que se encuentran dentro de una nave, se alegran y aun dan gracias al piloto, al observar que él fija su atencion en procurar que todos los marineros, sin alguna excepcion, presten un exacto cumplimiento á sus oficios; porque'no siendo así, sino que por el contrario este buen órden se trastornase, pudiera la nave encontrarse en cualquiera peligro de perderse. Las reglas es verdad que sirven de peso; pero como ja hemos dicho en otro lugar, son un peso semejante al de las alas, que nos hacen volar para Dios. Sarcina Christi pennas hnbet, escribe san Agustín ". La carga de Jesucristo tiene sus alas, que nos ayudan á levantarnos en alto. Son ataduras las
17 In Psalm. tix.
mismas reglas, mas unas ataduras de amor, que nos unen al sumo Bien : por lo tanto, luego que nos veamos ligados debemos exclamar con David: Funes ceciderunt mihi in praedaris 1S. Son para mí estas ataduras , no ya ignominiosas, sino nobles, amables y esclarecidas; pues que ellas-me libertan de las pesadas cadenas del infierno. Y siempre que experimentemos alguna pena ó amargura, al ver que por las reglas nos vemos privadas de cualquiera cosa que nuestro amor propio apetece, esforcémonos para poder decir alegremente con el santo Apóstol-. Ego vinctus in Domino 19. Como si dijese: Yo me miro ligado, pero estoy contento con estas ataduras, porque ellas me estrechan aun mas con mi Dios, y además me proporcionan la corona eterna. Sobre lo que escribe san Agustín: Non tibiimponeret torquem aureum, nisi primum in compedibus ferreis te alligasset ". El Señor no te daria su cadena de oro de la gloria eterna, si antes no te hubiese tenido atada con las cadenas de las reglas.
11 Supuesta la importancia de lo que va expuesto , debeis ya abandonar muchos miramientos terrenos y peligrosos en el comportamiento con las demás hermanas ; y cuando alguna de estas os pida cualquier favor ó servicio que vos no debeis hacer sin pr^fslicencia, no tengais político miramiento en contestarla que no podeis hacerlo. Nunca temais avergonzaros de aparecer delicada, cuando se trata de evitar defectos, y especialmente acerca de la observancia de las reglas; antes mas bien es necesario el mostraros singular en
estado en que se hallan : Sivejusti, siveinjusti, utrum umsquisque proficiat; utrum Deo placeat, an displiceat; así habla Hugo de san Víctor exponiendo lo que dice dicho Santo : De modo, que al ver la religiosa como observa ó infringe las reglas, bien puede persuadirse si ama la perfeccion ó no la ama, si camina para adelante ó retrocede, y si agrada ó desagrada á Dios. Con venceos, pues, desde luego, que habiendo ya vos hecho la profesion de religiosa, para que llegueis á ser santa no es preciso que practiqueis muchas cosas, sino que solo basta con que cumplais exactamente las reglas: por ejemplo, en aquellos ratos que la regla manda que haya de asistirse, bien al trabajo, ó bien á la recreacion, no obrará bien la religiosa si se retira al coro, con el fin de hacer oracion, ó si se dedica á darse una disciplina. Acerca de estas devociones inoportunas decia el P. Álvarez, que son unos sacrificios de rapiña, y que Dios no los acepta. Se tiene noticia de un cierto religioso capuchino, que por atender á sus particulares devociones, abandonaba su asistencia en las fatigas comunes del convento: á la hora de su muerte apareciósele Jesucristo en forma de juez; el cual ordenó que todas sus oraciones vocales, y otras devociones tambien suyas, practicadas en el tiempo de los ejercicios de comunidad, fuesen distribuidas entre aquellos que se habían fatigado para cumplir las reglas; y que después á él nada de aquello le quedase. Ejecutado este mandato, entendió luego, que por divina misericordia se le prolongaba su vida: de donde provino, que habiendo recobrado la salud se dedicase desde entonces en adelante á concurrir puntualísimamente á todos los ejercicios de la comunidad. Decía tambien santa María Magdalena de Pazzis: «El «mejor modo para adquirir grandes méritos es el de «hallarse, en cuanto fuere posible, en todas las reu«niones de la comunidad.» Yo doy por cierto que alguna vez, mediando ciertas-circunstancias, como de enfermedad, ú ocupaciones importantísimas de vuestro oficio, no habreis cometido defecto con la inobservancia de alguna regla diminuta; pero tambien es verdad, que muchas veces, no tanto son la causa de la tal inobservancia las indispensables ocupaciones, cuanto lo es con mayor certeza la desidia , ó por mejor decir, el poco afecto que teneis á las reglas; pues que otras religiosas, estando tambien enfermas, y aun de mayor gravedad que vos lo estais, pero que son mas observantes que vos misma, no faltan sin embargo á ser puntuales en aquellas reglas que vos tan frecuentemente abandonais. La monja que de veras ama la observancia, bien sabe encontrar medios para hacer lo demás; pero por desgracia, se cumple con frecuencia esta expresion de santa Teresa: A veces el mal es poco, y entonces nos parece que á nada estamos obligados.

13 Para que os aficioneis á la exacta observancia de vuestras reglas, ayuda mucho, por lo tanto, que las leais con frecuencia, ó á lo menos muchas veces al año ; no olvidándoos jamás de leerlas y releerlas de cuando en cuando, con el recto fin de ir viendo en dónde habeis faltado, y en qué parte deberéis enmendaros: deberéis saber que esta es una de las mejores lecciones espirituales en que podréis ocuparos. Tambien ayuda que hagais cada dia un exámen particular sobre aquellas reglas, á las cuales habeis solido faltar con mayor frecuencia; no debiendo sonrojaros, siempre que llegueis á traspasarlas, de acusaros de ello en presencia de la superiora, y de pedirle la penitencia. Dijo el demonio á santo Domingo, que en el capítulo en donde los religiosos confesaban sus culpas, y recibian por ellas las reprensiones y penitencias, él perdia todo aquello que adelantara en el refectorio, en el locutorio y en los otros lugares del convento. Pero aun antes de ir á acusarós, disponeos para aceptar cualquiera reprension ó penitencia que haya de imponérseos. Os hago esta advertencia para que no imiteis á algunas, las que quieren acusarse de cualquier defecto , con el fin de manifestar que son humildes y delicadas en la observancia de las reglas, pero luego después no quieren verse corregidas de todo esto. Sobre todo, para observar bien las reglas, es indispensable, como notó san Ignacio de Loyola ", que se íes dé su cumplimiento in spiritu amoris, non in perturbatione timoris: en lo que quiso decir, que deben guardarse, no por solo el temor de las reprensiones que pueda dar la superiora, ó por la admiracion que acaso ocasione á las-demás compañeras, sino por un espíritu de amor verdadero; esto es, solo por dar gusto á Jesucristo. Y segun declaró el mismo Santo, esta fue la causa de haber él dispuesto que sus reglas no obligasen bajo de culpa mortal: Ut timori offensae succedat amor, para que en vez del temor de ofender á Dios, suceda el amor y el deseo de complacerlo. «Part. 6, Const. c. 1.
Dice tambien san Euquerio: Illmn tantum diem vixisse (ecomputa, inquorohmtatespropriasabnegasti, etqitem vine ulla regulae trünsgressione duoeisti ". Piensa haber vivido solamente aquel dia, en el cual te has negado á tus deseos, y lo has invertido sin traspasar ninguna regla : aquel solo dia, quiere decir el Santo, tenlo por dia de aprovechamiento para tí. Y santa María Magdalena de Pazzis daba estos tres bellos documentos acerca de la observancia de las reglas: Primero : Aprecia tus reglas, como estimas al mismo Dios. Segundo : Haz cuenta que tú estás puesta en el convento solamente para guardar tu regla. Tercero: Si las otras compañeras faltan á la observancia, procura tú suplir sus defectos.
íi En suma, vuelvo á decir, es necesario persuadirse que no consiste la perfeccion de una religiosa en hacer muchas y grandes cosas. sino en hacerlas bien. Grande fue en verdad aquella alabanza, que justamente hicieron las turbas de Jesucristo, cuando dijeron de él: Sene omnia fecit ". No es para todos el hacer cosas arduas y extraordinarias, ni tampoco es un negocio de todos los tiempos; pero las obras ordinarias, como el hacer la oracion de la comunidad, el exámen de la conciencia, la sagrada comunion, eloir la santa misa, el rezar el oficio divino, el desempeñar los destinos del convento, y otras ocupaciones cometidas á la obediencia, estas son cosas que por todas las monjas se hacen, y que se practican todos los dias: pues basta que vos las desempeñeis bien, aun cuando fuesen los oficios y encargos mas viles del mundo, pa
* Hom. 9, ad Monacb. — s3 Marc. vn, '¿7.

ra que con esto ciertamente llegueis á haceros áanta. ¥ así podemos afirmar, que no es lo bastante ejecutar aquello que Dios quiere, sino que tambien es necesario hacerlo de la manera que el mismo Oíoslo pide. Cuéntase en las crónicas de los Cistercienses, que estando los monjes una noche en los máitines, vió san Bernardo muchos Ángeles que notaban lo que hacían en el coro ; pero con la diferencia, de que las obras de algunos las escribian con oro, las de otros con plata, las de otros. con tinta, y las de otros con agua: denotando con esto la perfeccion ó imperfeccion con que cada uno de ellos oraba. Considerad, pues, cuán poco puede costaros el ser perfecta, si quereis; supuesto que podeis llegar á santificaros con aquellas mismas cosas que ordinariamente ejecutais, y sin hacer nada mas. Advertid que el Señor no pide de vos que os eleveis en alta contemplacion, no exige tampoco penitencias espantosas; quiere solamente que desempeñeis bien aquello mismo que haceis.
18 Hay muchas religiosas que en aquellos dias de mayor devocion, como en las novenas de Natividad, del Espíritu Santo, ó de María santísima, practican muchas devociones, ayunos, disciplinas, oraciones vocales, y otras semejantes: es verdad que todas ellas son buenas; mas para algunas de estas monjas, la mas apreciable devocion seria el cumplir en aquel mismo tiempo todos los ejercicios ordinarios de comunidad con mayor perfeccion que acostumbran. En dos cosas consiste esta perfeccion; la primera, en hacerlo todo con solo el fin de agradar á Dios; supuesto que la mayor perfeccion del cristiano no estriba en aquello que exteriormente se practica, sino en la rectitud interna con que se opera: Omnis gloria ejus filiae regis ab intus to. La segunda condicion es, que la obra se haga bien ; es decir, con presteza, con atencion y con exactitud. Y para desempeñar bien esto mismo que se practica, es el primer medio el ejecutarlo con una fe viva de la presencia de Dios; por manera que aquella accion puede decirse que es digna del divino acatamiento. Es el segundo medio, el desempeñar aquella obra como si ya no hubiese alguna otra mas que pueda ejecutarse: y así, mientras que se hace la oracion, solamente debe pensarse en orar bien: en el tiempo en que se reza el oficio, se piense solo en rezarlo bien : en tanto que se desempeña cualquiera cargo impuesto por la obediencia, se piense únicamente en su perfecto cumplimiento; sin ocupar entonces la imaginacion ó el discurso en algunas otras cosas ni pasadas, ni futuras. Cuando, por ejemplo, os dedicais ála oracion, es una tentacion del demonio el ocupar el pensamiento sobre el modo de cumplir aquel precepto de obediencia, el cómo habra de efectuarse aquella obra, y otras cosas por este órdeu. Se lee un escrito del P. M. Ávila en el que ácierta persona le dice: Cuando te se venga á la mente cualquiera pensamiento fuera de tiempo, di al instante: Dm no me manda ahora nada de esto, y por lo tanto, en ello no debo ocuparme al presente; cuando llegue á ordenármelo, entonces habré de cumplirlo. El tercer medio es, el desempeñar cada una de nuestras acciones como si aquella fuese la última de nuestra vida. Y este era
!G Psalm. Ulit, 1.

tambien el documento que san Antonio abad inculcaba á sus discípulos, á fin de que fuesen rectas todas sus operaciones. Escribe tambien san Bernardo: In omni opere suo dicat sibi: Si moriturus esses, ¡aceres istud " ? En cualquiera accion que cada uno practique , pregúntese á sí mismo : Si hubieses de morir en este instante ¿teocuparlas en esta obra, ó la practicarías de esta manera? Y así podréis vos ir discurriendo : Si .aquella fuese la última misa, ¿con cuánta devocion habria yo de oiría? Si este fuese el último oficio que yo hubiera de rezar, ¿con cuánta atencion me ocuparía en él ? Si esta fuera la última comunion ó la oracion postrera ; ¿con cuánto fervor invirtiera yo el tiempo en ellas? Leemos igualmente en san Basilio: «Cuando hagas la oracion de por la ma«ñana, piensa que ya á la noche no tendrás vida; y «cuando llegues á la noche, piensa que no has de «ver la mañana.» Se cuenta tambien de un religioso dominicano, el cual acostumbraba confesarse todas las mañanas antes de decir misa, que hallándose gravemente enfermo en una ocasion, ordenóle el superior que se confesase como para sufrir la muerte ; y que entonces, alzando las manos al cielo el tal enfermo dijo: «Bendito sea Dios, que han transeur«rido ya treinta años, en los que me he confesado toados los dias como si hubiese de morir en aquel ac«to.» Beatas Ule servus, dice nuestro Salvador, quem cum venerit Dominus ejus, invenerit sic facientem !8. Bienaventurado aquel siervo, á quien el Señor encuentra obrando de este modo, cuando haya de ve
« In Spec. Monac. - « Matth. xxi, 40.
nir á juzgarlo. Y bienaventurada, digo yo tambien, aquella religiosa, á la que asaltando la muerte de improviso, la encuentra ocupada en aquella buena accion , como si entonces estuviese para morir.
16 Aun hay otro medio que puede ayudar mucho á las almas débiles, para que desempeñen bien aquel negocio que en la actualidad tienen entre manos; y es el de no hacer cuenta sino del dia de hoy. Una de las cosas que suele ocasionar á muchos el decaimiento de su ánimo en el camino de Dios, es la aprehension de la pena que suele sentirse en tener que caminar hasta la muerte con una exactitud tan rigorosa, y resistiendo siempre al amor propio. Pues el mejor medio para que esta tentacion quede vencida, es el figurarse que ya no queda mas vida que la del dia presente. Y ¿quién seria aquel que sabiendo no tener que vivir sino en aquel solo dia, no se dedicase á hacer bien y perfectamente todo aquello en que se hallaba ocupado? Este medio, como ya se ha dicho, puede ayudar á las almas débiles; porque con respecto á las almas fuertes y fervorosas en el amor divino, no tienen necesidad de querer ocultarse los trabajos, pues que se gozan y anhelan padecer, solamente por complacer á Dios. Ayuda tambien otro medio á las religiosas que comienzan á emprender el camino de la perfeccion, cual es el pensar, como con efecto sucede, que aquello que en un principio es difícil y penoso, con el buen hábito ó ejercicio, después de algun tiempo se presentará fácil y gustoso. Oid como nos habla el Espíritu Santo: Ducam te per semitas aequitatis, quas cum ingressus fueris, non arctabuntur gressus tui, et currens
non habebis o/fendiculum ". Te conduciré, dice Dios, primeramente por los caminos estrechos de la virtud; pero después habrás de caminar por una senda espaciosa y apacible, por la cual correrás sin algun impedimento. ¥ esto mismo fue puntualmente lo que san Bernardo escribió al sumo pontífice Eugenio, diciéndole: Primum tibi importabile mdebitur diquid, percursu temporis (si assuescasj judicabis non adeo grave, paulo post nec senties, paulo post etiam delectabtí 30. A los principios os parecerá una cosa insoportable; después con el uso se os presentará ya no muy grave; poco después ni aun llegaréis á sentirla; y pasado algun tiempo mas aun vendrá á seros deliciosa, segun aquello que el Eclesiástico nos dice: Quia modicum laboravi, et inveni mihi multan requiem ". Me he fatigado un poco, y después he encontrado un gran reposo y una paz admirable.
ORACIÓN.
Yo soy, Dios mio, aquel árbol infructífero que hace ya mucho tiempo merecía haber oido la misma terrible sentencia del Evangelio : Succide illam, ut quid terram occupat? Quitad de aquí esta planta que no da fruto alguno, y arrojadla al fuego: ¿ de qué sirve conservarla ya por mas tiempo para que inútilmente ocupe terreno? ¡ Ay infeliz de mí! que tantos años há estoy viviendo en este convento, favorecida de Vos con tan repetidos auxilios y beneficios, dirigidos todos á santificarme , y hasta el presente, Señor mio, «» Prov. iv, 11, l2. - 30 Lib. I de Consid. - » Eccli.Li, 35. ¿cuáles son los frutos que de mí habeis reportado? ¡ Ay qué confusion para mí! Pero yo bien sé que Vos tampoco quereis que llegue al extremo de desesperarme y á desconfiar de vuestra infinita misericordia. Vos mismo habeis dicho : Petite et accipietis, pedid y recibiréis. Pues ya que me convidáis para que os pida gracias, la primera que yo os demando es el perdon de todos los disgustos que os he ocasionado; de los cuales con todo el corazon me arrepiento, llena de confusion al ver que he pagado vuestro exquisito amor, y los grandes beneficios que me habeis dispensado , con tantas y tan repetidas ofensas y amarguras como yo os he ofrecido. La segunda gracia que os pido , Señor de mi vida, es el apreciable don de vuestro amor; para que yo de hoy en adelante os ame, no ya con aquella frialdad y tibieza de que anteriormente he estado poseida, sino que os ame con todo el corazon , evitando el daros cualquiera, y aun el mas mínimo disgusto, y haciendo al mismo tiempo todo aquello que conozca ser de vuestro divino agrado. La tercera gracia que os suplico es la santa perseverancia en vuestro amor; pues que yo mas estimo este amor vuestro que todos los reinos de la tierra. Y supuesto que me quereis toda para Vos, yo tambien quiero ser toda vuestra: Vos, Jesús amoroso, os habeis entregado todo á mí sobre la cruz y en el santísimo Sacramento del altar ; pues yo tambien á Vos me entrego toda y sin reserva. Os doy gracias porque me hayais dado la presente feliz inspiracion de presentaros humilde esta mi pobre oferta; pues que cuando Vos teneis la dignacion de iluminármela, es una señal cierta de que ya la aceptais. ¡ Oh Jesús mio! yo soy vuestra, y espero que Vos habréis de ser tambien mio siempre y por toda la eternidad No quiero que viva ya mas en mí el propio querer, sino solamente vuestra santísima voluntad; y por lo tanto, yo os prometo, Señor mio, vivir muy cuidadosa de hoy en adelante en observar todas las reglas del convento, hasta las mínimas de ellas, sabiendo que tambien todas son de vuestro agrado. Ó amor mio, ó amor mio, os diré con santa Catalina de Génova, no mas pecados. Os ruego últimamente con todas las veras de mi alma, que me concedais una de estas dos cosas, ó que hagais que yo os ame, ó que me quiteis la vida. O amar, ó morir. ¡Oh María santísima y dulce Madre mia! Habladle Vos por mí á vuestro divino Hijo, y alcanzadmeesta gracia , ó de amarle, ó de morirme.
§ Y.—De cuatro grados de la perfecta obediencia.
1 Para que una religiosa llegue á ser perfectamente obediente, es necesario que dé cumplimiento á todos los preceptos superiores, con presteza, con exactitud, con alegria y con simplicidad: estos son los grados para subir y llegar á la perfecta obediencia. El primero de ellos es obedecer con presteza ó prontitud, prestándose á todo aquello que la obediencia le impone, al momento, sin réplica alguna, y sin la menor tardanza. Hay , pues, algunas religiosas que no se resuelven á obedecer, sino después de muchas excusas de su parte, y repetidas reconvenciones de la superiora. Pero no siguen esta conducta las obedientes: Fidelis obediens, dice san Bernardo, nescit moras, parat aures audttui, manus operi, itineri pedes 1. El verdadero obediente no sabe ser tardo para obedecer, sino que al instante que, aplicando el oido percibe aquello que le ha sido ordenado, acude tambien con las manos á ponerlo por obra, y presta sin dilacion los piés para ir á cumplirlo. La religiosa que tiene verdadero amor á la obediencia, al oir por la madrugada la campanilla que hace la señal de levantarse , no se entretiene á volverse de uno en otro lado sobre la cama, sino que, como dice santa Teresa, se levanta al instante para obedecer á la voz de Dios que la llama. De la misma manera sucede luego que percibe el encargo que la superiora le hace; no replica con alegatorias, no propone excusas, ni demuestra repugnancia con un brusco silencio, cosa que aflige á las superioras con frecuencia; sino que al punto y con alegre semblante le responde: Aquí estoy, madre; voy prontamente; dirigiéndose al instante á llenar el mandato. Ella de ninguna manera tiene necesidad de que la supliquen para convencerla á obedecer, ó que muchas veces le sea replicado el mandato, ó que le presenten algunas otras reflexiones; como sucede con algunas, las cuales con razon se llaman caballos de dura boca; que para que obedezcan al jinete, es preciso espolearlos fuertemente (y con lo que pierden la mayor parte del mérito en aquella obra que desempeñan con tanta violencia); sino que luego que ella oye la voz primera, sin la menor réplica se dirige á obedecer. 1 Serm. de Obed.que aquello en que han de ocuparse viene dispuesto de la obediencia; de modo que no teniendo que obedecer, lo practicarían de su propia voluntad, y tambien con presteza! No faltan asimismo algunas, que no es posible se reduzcan á desempeñar cualquiera incumbencia, si antes no replican muchas veces y con varios pretextos, diciendo al fin: No puedo, no puedo; pero yo respondo, que mejor dirian: No quiero, no quiero. Decía sobre esto san José de Calasanz: Aquel que en vez de decir, no quiero, responde, no puedo, no engaña al superior, sino que se engaña á si mismo.
2 ¡Oh y cómo premia el Señor esta prontitud en el obedecer! Bien ha demostrado muchas veces, aun con prodigios sobrenaturales, lo mucho que le agrada tan pronta obediencia. En ocasion en que estaba escribiendo el monje san Marco, fue llamado del abad Silvano, superior suyo; él quiso obedecer tan prontamente, que dejó aun sin concluir la palabra comenzada; al volver después á su estancia, encontró ya la misma expresion en su escritura concluida con letras de oro \ Refiere tambien Blosio que habiéndosele aparecido el divino Jesús en figura de niño á una monja, y siendo esta llamada en aquel mismo tiempo para cumplir con la observancia de cierta regla, por obedecer pronto retiróse inmediatamente, sin hacer cuenta de tan dignísima compañía: mas al volver luego a su celda , vió con mucha admiracion, que Jesucristo habia crecido en tan poco tiempo de un modo extraordinario, como si ya contase la edad de veinte y cuatro años, y oyó que le dijo: «Hija mia, tu pronta obediencia me ha «obligado á crecer en tu corazon de este modo.» Tambien se apareció Jesús niño en otra ocasion á un religioso , el cual oyendo tocar á Vísperas, lo dejó solo, por no faltar á la obediencia del rezo; volviendo tambien después á su celda, encontróse allí todavía al divino Niño, que le dijo de este modo: « Porque tú me dejaste «con tan buen fin, me has vuelto á encontrar en este «mismo sitio; si no te hubieras ido á obedecer, yo «tambien me hubiera ausentado de tí '.» Igualmente se cuenta, que queriendo san Columbano hacer prueba de la obediencia de algunos monjes que tenia en
» Vita Patrum de Obed, § i. — , Coron. S. Franc. c. 30.

*P. Plat. de Bono Stat. Reí. lib. 2, c. 5. - » Wading. Annal. Minor. ann. 1222,n. 11.
3 El segundo grado para llegar á la perfeccion de esta virtud que nos ocupa, es el obedecer con exactitud , esto es, puntualmente, y omitiendo las interpretaciones. Puntualmente quiere decir, sin que haya de robarse á Dios parte del sacrificio, menoscabando la víctima ; sino que ha de obedecerse con todas las circunstancias y atencion necesaria, empleando tambien todo aquel tiempo que la incumbencia impuesta deba exigir. Hay algunas religiosas que en presencia de la superiora son puntuales , mas estando esta ausente , aunque cumplan con la obediencia, lo hacen con tanta imperfeccion, que no llega á saberse si será mayor el demérito que el mérito que hahrán reportado de aquella obra. Decia sobre esto santa María Magdalena de Pazzis: La religiosa no ha cedido su voluntad á los hombres, sino á Dios; y esta no por pedazos V hecha partes, sino toda entera. Puntualmente y sin que medien interpretaciones. Hallándose santo Tomás de Aquino en Bolonia, se presentó cierto dia en su convento un fraile converso de otra comunidad, el cual debiendo salir inmediatamente para desempeñar un negocio importante, obtuvo licencia del prior para llevarse por compañero al primero que encontrase; y como en aquella ocasion se le presentase el mismo santo Tomás, el otro sin conocerlo le dijo que le acompañase sin la menor tardanza para cumplir un precepto del superior. El Santo obedeció inmediatamente ; mas como el converso caminaba de priesa, y santo Tomás, por el mucho peso de sus carnes no pudiese seguirle sino á paso lento, rogóle aquel que aligerase el paso, porque el tal negocio debia de ser urgente. Mas después que el converso tuvo noticia de quien era su compañero, doliéndose de la gran molestia que le hubo ocasionado, le pidió perdon repetidas veces; sobre lo cual el Santo no le manifestó el menor resentimiento6. Bien hubiera podido santo Tomás interpretar que aquella licencia concedida al otro por el prelado no debia entenderse acerca de él; mas no, no fue así; sino que él quiso obedecer sin alguna réplica y sin formar interpretaciones: y el mismo Santo respondía á los que después le decian que hubiera podido lícitamente excusarse, que el religioso no debe atender á otra cosa, sino á cumplir con toda exactitud la voz de la obediencia.
4 Refiere tambien Casiano 7, que habiendo el abad Juan mandado un dia á dos jóvenes religiosos con un canasto de higos regalados á un monje anciano que tenia muy léjos su monasterio, ellos equivocaron el camino, por manera que anduvieron por espacio de
< Ap. Sur. 1 Mart. — 'Instlt. lib. 5, C. 40.
muchos dias vagando por aquel desierto, y sin tener entre tanto con qué alimentarse. Podian ellos muy bien haber interpretado, que puestos en aquella grave necesidad , les era lícito, sin quebrantar la obediencia, usar de aquellos higos que conducían al monje, para su alimento; mas no consintieron en hacerlo, llegando á tal extremo su necesidad, que fueron hallados después muertos, y con el canasto de higos á su lado. No debe entenderse por esto, que yo quiero decir que ha de seguirse siempre la obediencia con el mismo rigor que suena la letra, y que no haya de ser lícito interpretar la voluntad del superior en aquellos casos en los que, segun el sentido del precepto, parezca ser j usto y necesario; pero sí debemos prevenir, que ciertas interpretaciones sofísticas, violentas y acomodaticias, no se diferencian mucho de una desobediencia formal. Por lo tanto, siempre que no se juzgue como una cosa cierta ser otra la voluntad del superior, debe el súbdito obedecerle como suena la voz del precepto; y no seguir la conducta de algunas religiosas. que aunque saben la intencion de la superiora en ciertos negocios, obran no obstante aquello que les dicta su capricho, queriendo quedar á salvo con decir que no tienen un precepto expreso en contrario. No, les responde Alberto Magno, no se portan las verdaderas obedientes de ese modo: Verns obedims nunquam praeceptum expectat, sed solum voluntatem praelati sciens, vel credens exsequitur pro praecepto 8. El verdadero obediente no espera el mandato expreso del superior, sino que, entendiendo la voluntad de este,
« De Vlrt. c. «.
ella es la que le sirve de precepto, y á la que solamente sigue. Y este es el modo de obedecer perfectamente; porque, segun nos enseña el angélico Doctor », el solo querer del prelado, de cualquiera modo que se entienda, debe reputarse por un tácito precepto, el cual está obligado á obedecer el perfecto obediente.
5 El tercer grado es obedecer con alegría; pues que obedecer de mala gana y murmurando de los superiores, léjos de ser un acto de virtud, es mas bien un defecto. Dice san Bernardo : Si coeperis dijudicare praelatum, murmurans in corde, etiamsi exterius impleas, non est virtus, sed velamentum malitiae 10. Si al intimarte el precepto, has principiado á murmurar interiormente del prelado, aunque después le obedezcas no puede llamarse virtud aquella obra tuya, sino que es un cierto vestido con el que se cubre tu malicia; pues que entonces obedeces tú por aparentar ser obediente, mas en verdad cometes un pecado, despreciando en tu corazon aquella obediencia. ¡ Oh qué desgracia es el ver que algunas religiosas no hayan de practicar de buena gana sino solamente aquellas cosas que ellas mismas han solicitado, ó cuando mas las que ha sido preciso rogarles y suplicarles! ¡y que tan solo hayan de abrazar voluntariamente aquellas incumbencias, en las cuales el amor propio encuentra su propia satisfaccion!
6 Y á la verdad ¿ cómo podrá llamarse jamás religiosa obediente aquella que va procurando que la superiora le ordene lo que es conforme á su inclinacion, y sobre lo que ella está solamente pronta á obe
nl,9,q. lS4,a. 2. - i» Serm. 3 de Circumci?.
decer, y no ninguna otra cosa? Decia san Ignacio de Loyola ser un engaño el pretender que se observe la obediencia, cuando el súbdito procura inclinar al superior para que le mande aquello que él desea; y cita á este propósito las palabras de san Bernardo que escribió de este modo: Quisque vel apene, vel occulte satagit, ut quod habet in voluntate, hoc ei spiritualis Pater injungat, ipse se seducit, si sibi quasi de obedientia blandiatur: neque enimin ea re ipse praelato, sed mmjis ei praelatus obedit. Aquel que directa ó indirectamente procura que el superior le mande solo lo que él mismo quiere obedecer, se engaña á sí mismo si llega á lisonjearse de cumplir con la obediencia; porque en este caso no es él quien obedece al prelado, sino que este se hace súbdito suyo. Tritemio se atreve á llamar monstruos del demonio, Monstra diaboli, k, las religiosas que obedecen de mala gana: porque el demonio, aunque es verdad que se somete, lo hace á pura fuerza. De la misma manera las tales religiosas que son obedientes á viva fuerza aun pueden llamarse en cierto modo peores que el demonio; pues que este maligno espíritu no tiene prometida á Dios la obediencia, segun ellas se han obligado á cumplirla por medio del voto que tienen hecho. Yo quisiera preguntar á las monjas de esta especie, ¿en qué consiste su obediencia? ¿Lo será en cumplir solamente con alegría aquellos actos que son conformes con su genio; y los que no lo son, desempeñarlos de mala gana, y con tantas inquietudes y disturbios que lleguen á traslucirse aun fuera del convento? Quis locus obedientiae, dice san Bernardo, ubi tristitiae cernüur amari
tudo ««? ¿Qué lugar podrá tener jamás la obediencia en donde los actos propios de ella no ocasionan otra cosa sino amargura y melancolía?
7 Eilarem datorem diligü Deus, dice el santo Apóstol l». Dios ama á aquel que le ofrece con alegría cuanto hace por su amor. Las religiosas que son verdaderas obedientes cumplen con mayor gozo aquellas disposiciones que son mas contrarias á su genio, porque entonces están mas ciertas de no seguir sü voluntad propia, sino solamente la de Dios. ¿ Y qué mayor contento podrá tener un alma que el poder decir en el desempeño de una accion cualquiera: Yo doy gusto á mi Dios con hacer esto? Si vos, mi bendita hermana, deseais agradar mucho á Jesucristo, suplicadá vuestra superiora que os mande á su arbitrio y sin reparo alguno; porque entonces ella habrá de tener mas libertad para invertiros en donde fuere necesario, y vos al mismo tiempo adquiriréis mayor mérito en secundar todas sus determinaciones. Y de este modo sí que podréis estar segura de adquirir igualmente merecimientos, tanto en aquellas cosas á que os conduce vuestra inclinacion, como en las que se opone vuestro amor propio. Tened siempre impresa en vuestro corazon aquella excelente regla de san Francisco de Sales sobre este punto de obediencia, de no querer nada, ni desechar tampoco nada.
8 Oigamos ahora lo que dice san Juan Clímaco 13: Obedientia est sepulmm propriae voluntatis. Sabemos que hay algunos que llaman á la obediencia muerte de la;¡propia voluntad; mas este Santo con mayor propiedad le da el nombre de sepulcro de la misma voluntad propia: y es la razon, porque un difunto, cuando está fuera de la sepultura, aunque ya no es mas que un tronco corrompido, al fin á lo menos se deja ver; pero cuando ya se ha enterrado, ni aun siquiera aparecen sus restos mortales. Algunas religiosas es verdad que tienen muerta la voluntad en obsequio de la obediencia, mas todavía la hacen comparecer por defuera ; lo que no sucede con las religiosas mas perfectas , pues estas no tan solamente han muerto á la misma voluntad propia, sino que tambien la tienen ya sepultada, y así es que ni aun le permiten dejarse ver por defuera. Santa María Magdalena de Pazzis fue especialmente admirable acerca de este punto; tanto, que jamás llegaron á conocer las superioras que tuvo cuáles fuesen las cosas de su agrado, ó á las que tuviera aversion. Hacedlo vos ahora de igual manera, manifestándoos siempre con una absoluta indiferencia en todos los oficios, ejercicios y empleos que pueden desempeñarse en cumplimiento de la obediencia: pero cuando se os confiera alguno de ellos, debeis aceptarlo con la mayor alegría. Y si quereis que esta llegue á ser esencialmente verdadera en el desempeño de vuestros cargos,, dadles su cumplimiento solo con el recto fin de agradar á Dios; porque si los desempeñais por miras humanas, como por ganaros la benevolencia de la superiora, ó por comprometerla á que no os niegue lo que después hayáis de demandarle, ó por no ser reprendida y notada de poco obediente; ejerciendo estos actos con los fines de propio interés que acaban de hacerse presentes, vos entonces contentaréis á la superiora, pero no contentaréis á Dios; resultando de aquí, que por una parte sufriréis la fatiga é incomodidad de la obediencia impuesta, y por otra permaneceréis todavía inquieta. Os prometo, en sentido contrario, que cuando vos no os propongais otro fin para obedecer sino el de dar gusto á Dios, llegaréis á cumplir alegremente la obediencia, no tan solo cuando la superiora haya de mandaros con agradable modo y con dulzura, sino tambien siempre que la misma os ordene alguna cosa con aspereza y con imperio. Y aquí es donde está el mérito. Refiere el P. Rodríguez, como ya hemos visto anteriormente, que santa Gertrudis le suplicaba al Señor en cierto dia que tuviese la dignacion de libertar á la abadesa de su convento de aquel defecto que tenia, cual era el de un genio áspero, impacientándose de continuo con sus monjas; mas Dios le respondió que permitía aquel defecto en su superiora, en primer lugar, para que ella permaneciese mas humilde; y en segundo, á fin de que las súbditas adquiriesen mayores méritos en sufrir aquel mal comportamiento de su prelada.
9 El cuarto y último grado que perfecciona la obediencia es el obedecer con simplicidad, segun exhorta el santo Apóstol por estas palabras: Obedite in simplicitat e cordis vestri1*. Consiste la simplicidad del corazon en someter el propio juicio al dictámen del superior, reputando por justo todo' aquello que este hubiere ordenado. Ved aquí cómo enseña el Espíritu Santo á su Esposa que habrá de obedecer, para que lo haga perfectamente; Si ignoras te, ó pulcherrima 1* Ephes. Ti, 5.
inter midieres, egredere, et abipostvestigiagregum". ¡Ó hermosísima entre las mujeres! si tú no sabes conocerte, esto es, si no llegas á comprender lo mucho que puedes agradarme con tus obras, yo mismo voy á decírtelo ahora : sal de tí misma,.y vé siguiendo las pisadas de las ovejas ; observa que cuando á estas se les conduce al campo para que allí pasteo, no preguntan al pastor por qué son dirigidas á tal lugar ó á aquella hora ; por qué las llevan con ligereza, ó por qué lentamente; sino que ellas obedecen al mismo pastor sin réplica alguna. De la misma manera debe portarse la buena religiosa, obedeciendo sin procurar saber el por qué la mandan. Decia aquel gran siervo de Dios de la Compañía de Jesús llamado el P. Pavon , que para que la obediencia fuese perfecta debia caminar con las dos piernas, es decir, con la voluntad y con el entendimiento; porque cuando se obedece con solo la voluntad, y no con el entendimiento, juzgando de distinto modo que el superior, una tal obediencia, añadia dicho Padre, no es perfecta , sino coja. De una manera semejante se expresa santa María Magdalena de Pazzis, cuando dice: La perfecta obediencia exige un alma sin voluntad, y una voluntad sin juicio. Y por esto asegurabala misma Santa, que para estimularse ella á obedecer perfectamente, procuraba lo primero el cautivar su propio juicio, y después pasaba á poner en práctica lo mandado. Mirando este punto bajo otro aspecto, bien puede afirmarse que aquel que no obedece tambien con el juicio, difícilmente habrá de someterse de
'» Cant. i, 8.
buena gana; de donde se seguirá que su obediencia será la de una esclava, la que se dirige por la fuerza, y no será la de una hija que tiene su estímulo del amor divino. Y esto es lo que el santo Apóstol quiere significarnos con estas palabras: Cum bona voluntate servientes, sicut Deo, el non hominibus 16. Obedeced de buena voluntad, como el que va persuadido en servir no á los hombres, sino á Dios solamente. Así que, jamás obedecerémos de buena gana sino cuando estemos persuadidos de que es á Dios á quien servimos, el que no puede errar en aquello que manda, ni tampoco habrá de ordenarnos sino todo lo que se dirija á solo nuestro bien.
10 Dice el angélico santo Tomás ", que el-religioso debe ponerse á dar cumplimiento al precepto del superior, aun cuando sea en cosa que le parezca imposible ; porque no es el súbdito el que debe decidir si aquello está ó no marcado con el verdadero sello de la imposibilidad : sobre lo que escribe san Bernardo : Perfecta obedientia est indiscreta18. La obediencia perfecta, por parte del súbdito, no busca discrecion.
Y en otro logar tambien dice : NoviÜum prudentern in congregatione durare impossibile est. Un novicio que para obedecer quiere regularse por su propia prudencia , no es posible que permanezca en la comunidad.
Y la razon que el Santo da para esto es, el que aquel manifiesta con esto una soberbia insufrible, queriendo abrogarse el oficio que solamente pertenece al superior: Discernere superioris est, subditi obedire. El discernir lo que conviene hacerse corresponde al superior, y al súbdito no pertenece otra cosa sino obedecer. Diciendo san Ignacio de Loyola un dia que si el Papa le hubiese mandado hacer un viaje por el mar en una barca, sin árbol, ni remos, ni velas, él inmediatamente á ciegas le hubiera obedecido, respondióle al Santo uno que oyó su expresion, que el ponerse voluntariamente en tal peligro de muerte no debería ser prudencia: á lo que el Santo le replicó sabiamente , que la prudencia se necesita en el superior; pero que la prudencia del súbdito consiste en obedecer sin prudencia.
's Epbes. vi, 7. - 11 l,2,q. 83, a. 5 ad 3. - 1« Be Vit. sollt.
11 Nadie podrá dudar que estas máximas están conformes con la siguiente expresion del Espíritu Santo: Quasi lutum figuli in mam ipsius ". Ha de ponerse el súbdito en las manos del superior como un pedazo de barro, para que haga de él aquello que tuviere á bien. Numquid, preguntó Isaías, dicet lutum figulo: Quid facis í0? ¿Tendrá acaso el barro la temeridad de preguntar al alfarero : ¿Qué es eso que estais haciendo de mí? Y si, vencida tal imposibilidad, llegase á suceder esto, responderíale el alfarero: Calla tú, cieno miserable, pues que á tí no te corresponde indagar las disposiciones mias, y solamente es de tu incumbencia el obedecer, dejando que yo forme de tí la vasija que mejor me parezca. Y esta misma es la contestacion que merecen oir aquellas religiosas que quieren saber por qué se les impone la tal obediencia, ó se les confiere aquel oficio, y no el otro. Esto fue tambien puntualmente lo que escribió san Gerónimo al monje Rustico, diciéndole: Nec de majorum tentia judices, cujus officium est obedire. Tu oficio es el obedecer, guárdate por lo tanto de entrometerte á juzgar las disposiciones de los superiores. Se lee tambien en las vidas de los monjes trapenses s l, que habiendo hecho el abad de un monasterio mejorar su iglesia, le vino al pensamiento á un buen religioso, llamado D. Arsenio, que aquel gasto de la obra habia sido su perfluo ; mas considerando él después que el tal pensamiento hubo de ser un juicio contra lo dispuesto por su prelado, fué corriendo á acusarse llorando amargamente , como si hubiese cometido un gran delito; y aunque el abad le hubiese respondido que no le parecía aquel defecto de tanta gravedad como él se lo figuraba, no pudo sin embargo de eso conter el curso de sus lágrimas, y tuvo al fin que dejárselo llorando.
12 Esta es la obediencia ciega que ha merecido tantos encomios de los Santos; el creer que va bien todo cuanto los superiores determinan; primeramente , porque ninguno debe fiarse de las ideas que son propias de su juicio; pues como dice el proverbio: Nemo rectus judex sui ipsius. Ninguno es buen juez sobre aquello que mira á sí mismo, por causa del amor propio , que apenas nos permite distinguir lo verdadero de lo falso. En segundo lugar, porque el súbdito solamente sabe las cosas de su incumbencia, mas el superior tiene delante de los ojos otras muchas cosas; y por lo tanto habrá de ser mejor su juicio. En tercer lugar, porque el súbdito no mira frecuentemente mas que su bien particular, pero el superior se halla obligado á proporcionar el bien comun. En cuarto lugar,
"Prodigii della Graz. lora. 2, p. t4.
porque los superiores, segun afirmaba santa María Magdalena de Pazzis, son asistidos por Dios de un modo particular acerca del gobierno de sus comunidades, y por lo tanto tienen aquellas luces, de lasque carecen los súbditos.
13 Nos dicen las divinas letras de san Pablo, que cuando se convirtió á Dios, Aperlis oculis nihil mdebat, admanus autemtrahebatur ". Tenia los ojos abiertos, pero nada veía; por lo que fue necesario que otros lo condujesen por la mano. Es verdad que algunas religiosas quieren obedecer, mas antes quieren tambien ver si es bueno ó malo para ellas aquello que se les ha ordenado; y si después llegan á persuadirse que no les conviene, ó bien repugnan la obediencia, ó bien cumplen con ella de mala gana, llegando tambien algunas veces hasta el atrevimiento de censurará la superiora de imprudente, de parcial ó de indiscreta. Todos estos desórdenes nacen de no obedecer á ciegas, sino de querer,-por el contrario, examinar el motivo que tienen los superiores para ordenar esto ó aquello. Imperfecti cordis indicium est, dice san Bernardo, exigere de quibusvis rationem 23. Da señales detener una voluntad muy imperfecta aquel que exige la razon ó causa de aquellas cosas que le son demandadas. De este medio se valió el demonio para tentar á Eva, y consiguió vencerla á que prevaricase. Cur praecepit, le dijo, vobis Deus, ut non comederetis ex omni ligno Paradisi'í ? ¿Por qué Dios os ha mandado que no comais de todos los frutos del paraíso? Si entonces Eva desde un principio le hubiese respondido: á nosotros « Act. ix, 8. - "De Discip. et Praec. — "Gen. ni, 1.
no nos toca el examinar el por qué; lo que solamente nos corresponde es el obedecer, no hubiera la miserable caido en su desgracia; mas se fué enredando, por cuanto ella comenzó á indagar el por qué, respondiéndole: «Nosotros podemos comer de todos los frutos; «el de un árbol solo nos está, vedado, para que tal vez «no muramos :» ne forte moriamur. Luego que la serpiente vió que Eva comenzaba á poner en duda el castigo que se le habia impuesto con aquello de tal vez, le dijo al instante: No temas, porque no moriréis, Nequaquam morte rnoriemini: y de esta manera la indujo á quebrantar el precepto.
14 Veamos, por el contrario, como las monjas que son verdaderas obedientes no se entrometen á indagar la razon ó motivo de las preladas: ellas es verdad que tienen los ojos abiertos, como san Pablo tambien los tenia : es decir, tienen el entendimiento para poder juzgar sobre aquello; pero no ven nada, sometiendo su juicio al dictámen de la que preside, en obsequio de la obediencia. Dice acerca de esto san Juan Clímaco, que deben los religiosos desechar los pensamientos que les acometan contra la obediencia de los superiores, como se desechan los que vienen contra la castidad; es decir, al instante, y sin formar discursos ; y en lugar de someter á aquellos á la crítica, deben andar mas bien buscando justos motivos para defender siempre su justicia. Tampoco ha dejado el Señor de hacer ver muchas veces, y aun con prodigios , lo mucho que le agrada la obediencia ciega en las personas religiosas. Refiere Severo Sulpicio*s, que habiéndose presentado cierto jóven en un monasterio solicitando tomar el hábito, el abad para hacer prueba de su vocacion y obediencia, mandóle que entrase en un horno que en aquel entonces estaba allí ardiendo; el jóven al oírle lanzóse inmediatamente al fuego; mas sucedió el prodigio que no recibiese daño alguno ni aun tampoco en sus vestidos. Es célebre tambien el suceso de san Benito, y que refiere san Gregorio " : Dice, pues, que habiendo caido en el rio el jovencitosan Placido,-mandóle san Benito á san Mauro que acudiese á sacarlo; pero que por muy pronto que estuviese en obedecer, ya lo extrajo de la mano caminando sobre las aguas. Estos ejemplos bien conocemos que no son imitables, porque nacen de ciertos impulsos extraordinarios del Señor, el cual asegura en tales ocasiones á los superiores y á los súbditos de su voluntad divina; pero sirven á lo menos para hacernos conocer lo mucho que Dios se complace de la ciega obediencia sin discursos. En no pocas ocasiones, por experimentar los superiores esta misma obediencia ciega, ordenan cosas impertinentes y aun contrarias a la razon natural. Sabemos que san Francisco hacia plantar á sus frailes las berzas con las hojas para abajo y las raíces para arriba ;"y que tambien le mandaba á fray Mateo dar vueltas y mas vueltas hasta caer en tierra. Igualmente santa Teresa usaba con sus hijas desemejantes experimentos ó pruebas. Pero podrá decir tal vez alguna: ¿ de qué sirven estas cosas? A la que yo respondo, preguntándole tambien: ¿ De qué sirve que para domar los potros les obliguen ya á correr, ya á pararse, ó y a á caminar para atrás, sin haber alguna necesidad para ello? Pues sin embargo, sabemos que esto aprovecha mucho para hacerlos obedientes al freno. Para conseguir efectos semejantes y con la debida proporcion, sirve igualmente el ejercitar á los súbditos en cosas que parecen desordenadas é inútiles; pues que con ellas se consigue el acostumbrarlos á quebrar su propia voluntad, y á someter el juicio bajo la obediencia.
*' Dial, de vita S. Mart. c. li.
*6 Dial. lib. 2,c. 7.

15 Decía san José de Calasanz: No es obediente aquel que sigue su propio juicio obedeciendo. Por lo tanto, guardaos vos, mi bendita hermana, de querer aseguraros, en ninguna de las operaciones de vuestra vida, sobre vuestro propio dictámen ó juicio, contra aquello que os hayan dicho los superiores que tengais. Para precaver este escollo san Felipe Neri advertía, que no hay cosa mas peligrosa que el querer gobernarse por el propio parecer. Y antes que el Santo lo dejó escrito Pedro Blesense en estos términos: Sibi solum credere, pessimum est. No hay, pues, mayor peligro de ruina para un alma, que el querer dirigirse por sí sola : asegurando tambien Casiano ser imposible que aquel que se fia de su propio juicio no llegue á verse engañado por la astucia del demonio: Impossibile est, qui proprio fidit judicio, diaboli illusione non decipi ". Y por esto decía tambien san Juan Crisóstomo : Nihil est quod Ecclesiam Deiita destruere pottst, ut quando discipuli magistris non cohaerent ss. No hay cosa que mas pueda arruinar la Iglesia de Dios, que el tener los discípulos sentimientos contrarios á lo que juzgan los verdaderos maestros. Y yo digo tambien, que no hay cosa que arruine mas á las comunidades, que el que los religiosos sean de parecer contrario al de los superiores.
ORACIÓN.
¡Oh Jesús mio! Vos, Señor, jamás habeis abandonado á una alma que os busca: Non dereliquisti quaerentes te, Domine. Yo he dejado el mundo, por venir á buscaros en este santo lugar en que vivo; pero ¡ ay qué desgracia! que después me he buscado mas bien á mí y á mis gustos con tanto desagrado vuestro. Olvidaos ya, Señor mio, de lo pasado, y perdonadme todas las ofensas que os haya hecho, supuesto que yo las detesto con todo mi corazon. Yo me siento con un grande deseo de hacerme santa y de complaceros en todo. Veo ya al mismo tiempo que este mi deseo es un don que viene de Vos. ¡Ah Esposo mio! ¿Cómo habeis podido tener la dignacion de visitar con tanto amor esta alma mía tan ingrata, y de favorecerla con particulares beneficios, después de tantos disgustos como yo os he dado? Yo con este mi corazon enternecido y confuso os doy repetidisimas gracias: bendito, pues, seais mil y mil veces. Vos con eficacia me llamais á vuestro amor, y yo solo quiero obedeceros. Conozco algun tanto la singular gracia que ine dispensais , y no quiero ser mas desconocida, como hasta aquí lo he sido en mi vida pasada. Os amo ya, sumo bien mio ! os amo, Dios de mi vida; Vos sois mi único tesoro y el único amor mio. Dadme, Señor, fuerzas de gratitud para corresponder debidamente con mi afecto al mucho amor que me teneis. Haced, finalmente, que yo siempre os ame, y que tambien os ame mucho; y nada mas os pido. ¡ Oh María santísima y mi dulce Madre! dad Vos tambien gracias por mí á vuestro divino Hijo; y alcanzadme al mismo tiempo eficaces auxilios para manifestarle una agradecida correspondencia en todos los dias de vida que me restan; y pues que sois tambien verdadera madre de mi Dios, en Vos deposito mi confianza.
CAPÍTULO VIII.
DE LA MORTIFICACION EXTERNA DE LOS SENTIDOS.
1 No hay remedio: nosotros, pobres hijos de Adan, hemos de vivir en una continua guerra hasta la muerte. Caro enim concupisci t adcersus spiritum, spiritus autem adversus carnem1. La carne apetece aquello que no quiere el espíritu, y el espíritu apetece aquello que desagrada á la carne. Mas si es propio de los brutos el procurar satisfacer los sentidos, y delos Ángeles el atender al cumplimiento de la voluntad divina, con razon asegura ún sabio doctor, que si nosotros rijamos nuestra atencion en cumplir la voluntad de Dios, nos convertirémos en Ángeles; pero que si procuramos dar gusto á los sentidos, nos volverémos brutos. Ó el alma ha de dominar al cuerpo poniéndolo bajo sus plantas, ó el cuerpo ha de señorearse imperiosamente
« Gai..v, n.
sobre el alma. Debemos r por lo tanto, nosotros tratar á nuestro cuerpo á la manera que un prevenido jinete se porta con un caballo brioso, sujetándolo siempre con la brida tirante para que no llegue á precipitarlo; ó tambien como el médico trata á un enfermo, á quien le receta aquello que su naturaleza rehusa ; es decir, los remedios; ó le prohibe los manjares y bebidas dañosas que la misma naturaleza apetece. Y ciertamente que seria un médico cruel el que no procurase hacerle tomar al enfermo las medicinas porque eran amargas, ó le concediese algunas cosas que le fueran nocivas, atendiendo á que le fuesen agradables al paladar : y esta tambien es la gran crueldad de que usan los sensuales con sus propias almas, mientras' que por no hacerle sufrir al cuerpo un pequeño trabajo en la presente vida, abandonan sus almas y tambien sus cuerpos á un gran peligro de hacerles padecer tormentos infinitamente mayores por toda una eternidad. Ista caritas, dice san Bernardo, destruit caritalem; talis misericordia crudelitate plena est: quia Ha cor[)ori servitur, ut anima jucfitletur '. Esta falsa caridad destruye la caridad verdadera de que nosotros debemos usar para con nuestra propia naturaleza; una tal compasion acerca del cuerpo está llena de crueldad; porque se condesciende con este de una manera que se le ocasiona la muerte al alma. Por eso, hablando el mismo Santo á aquellos hombres carnales que se burlan de los siervos de Dios porque mortifican su carne, les dice de este modo : Simus nos crudeles, interimnonparcendo, et vos parcendo crudeliores \ No5 ln Apol. ad Guillel. - » s. Ber. Serm. 10 in Psalm. Qui hab.
sotros estamos contentos de ser crueles con nuestro cuerpo afligiéndolo con las penitencias; pero aun mucho mas crueles sois vosotros complaciéndolo en la vida presente; porque en la otra habréis de condenarlo, juntamente con el alma, á padecer mucho mas, y esto por una eternidad indefectible. Bien penetrado de estas verdades aquel buen solitario de quien habla el P. Rodríguez, que se maceraba sus carnes con terribles penitencias, habiéndole preguntado por qué afligiese tanto su cuerpo, respondió sabiamente: Vexo eum qui vexat me. Yo atormento á aquel enemigo que á mí me atormenta, y pretende darme la muerte. Así igualmente respondió el abad Moisés á uno que le reprendía por sus penitenciales asperezas, diciéndole: Quiescant passiones, quiescam et ego. Luego que esta mi carne cese de molestarme, entonces dejaré yo tambien de mortificarla.
2 Por lo tanto, si queremos salvarnos, y al mismo tiempo dar gusto á Dios, conviene mudar de paladar : es necesario que nos gusten aquellas cosas que desagradan á la carne; y que nos desagraden aquellas que la misma carne apetece. Y esto es puntualmente lo que el Señor le dijo un día á san Francisco de Asis por estas palabras : Si tú me deseas d mi, estima las cosas amargas por dulces, y las dulces por amargas. No, no sirve el decir, como acostumbran expresar algunos, que no consiste la perfeccion en afligir el cuerpo, sino en mortificar la voluntad. Responde el P. Pinamonti á los que hablan de esta manera: «Tampoco consiste el fruto de una viña en que tenga «al rededor un vallado de espinas, y no obstante eso, «el cercado es el que guarda el fruto de ella; y fal«tando aquellas espinas, no se le cogería fruto alguno, «segun afirma el Eclesiástico:» Ubi non est sepes, diripietur possessio ". En donde no hay vallado, la posesion llegará á arruinarse. San Luis Gonzaga, no obstante que disfrutaba de poca salud, era tan aficionado á macerar su cuerpo, que no buscaba en todas partes otra cosa fuera de mortificaciones y penitencias : y á cierta persona que en una ocasion le dijo que la santidad no consistía en ellas, sino en la abnegacion de los propios deseos, respondióle sabiamente con estas palabras del santo Evangelio : Ilaec oportet facere, el illa non omitiere". Queriendo darle á entender, que aun cuando es necesario mortificar la voluntad propia, no es menos preciso el mortificar tambien el cuerpo para poder tenerlo obediente á freno y á la razon. Por eso decía el santo Apóstol: Castigo corpus rneum, et in servitutem redigo i; porque cuando el cuerpo no está mortificado, difícilmente habrá de someterse a la ley. Y san Juan de la Cruz, estando bien persuadido de esto, y hablando de algunos que aman poco las penitencias y al mismo tiempo se hacen maestros de espíritu de otros, los que no tan solamente desprecian las mortificaciones exteriores, sino que tambien disuaden de ellas, se expresaba de este modo: A cualquiera que se atreva á enseñar doctrinas de indulgencia acerca de la mortificacion de la carne, no se le ha de dar cíe dito á sus palabras, aunque las confirmase con milagros. 3 No puede ponerse en duda, que son grandes enemigos de nuestra salud eterna el mundo y el demonio; pues á pesar de eso, nuestro mismo cuerpo es el mayor «nemigo que tenemos, porque es un adversario que se halla dentro de casa, y como observa san Bernardo : Magis nocet domesticus hostis \ Una plaza sitiada no tiene mayores enemigos que aquellos que tiene dentro, porque es mas difícil el guardarse de los tales que de los otros que están de la parte de afuera. Dice tambien acerca de esto san José de Calasanz: No conviene hacer mas caso del cuerpo que un andrajo de cocina. Y con efecto, esta reputacion han hecho los Santos de sí mismos. Y así como los hombres mundanos no piensan en otra cosa que no sea satisfacer á su cuerpo con placeres sensuales, así tambien, aunque en un sentido contrario, aquellas almas que son amantes de Dios, no procuran sirio mortificar su carne siempre que pueden hacerlo. Oigamos ahora lo que san Pedro de Alcántara hablaba acerca de esto: «Cuer«po mio, decia, consiéntete en que yo no quiero darde en esta vida ningun reposo, y que de mí no ha«brás de recibir sino tormentos : cuando después estemos en el paraíso, allí descansarás con aquel dul«ce reposo que jamás ha de acabarse.» Esta misma senda siguió santa María Magdalena de Pazzis, llegando á decir en los últimos momentos de su vida, no acordarse ella de haber tenido jamás algun placer sino tan solamente en Dios. Leamos además las vidas de los Santos, y allí verémos las grandes penitencias que en todos tiempos han hecho, y avergoncémonos después al considerar que nosotros hayamos de ser tan delicados y tan escasos en afligir nuestra cara*
7 De Anima, c. 15.
18 TOMO I.

Se lee en las vidas de los Padres antiguos 8, que habia muchas monjas en un monasterio, las que no probaban las frutas ni el vino: que algunas no comían sino una sola vez por la tarde de cada dia : que otras no tomaban ningun alimento sino después de pasados dos ó tres días de rigorosa abstinencia; y que todas, además de esto, estaban vestidas de cilicio sobre el cual tambien dormían. Yo,. pues, no pretendo tanto de las religiosas de estos tiempos: pero ¿qué mucho es que una monja á lo menos se dé la disciplina repetidas veces en la semana? que se ciña cualquiera cadenilla sobre la carne hasta la hora de comer? que llegado el invierno no se acerque á la lumbre en alguno de los días de la semana y en tiempo que haga las novenas de su devocion? que se abstenga de frutas y de dulces; y que en el sábado, en obsequio de la Madre de Dios, haga el ayuno á pan y agua, ó á lo menos se contente con una sola vianda?
4 Pero acaso me contestará alguna: «Yo estoy «enferma, y por eso mi director me tiene prohibidas «loda&las penitencias.» Está muy bien, obedecedle; pero ya que otra cosa no sea, abrazad con paz y resignacion todas las molestias de vuestras enfermedades, y los padecimientos é incomodidades que traen consigo las estaciones, ya de calor, y ya de frio. Y supuesto que no podeis mortificar á vuestro cuerpo con penitencias positivas, privaos á lo menos de cualquiera placer lícito. San Francisco de Borja, cuando salia á cazar con halcones, aun antes de su vida penitente, en el acto de embestir á la presa, bajaba los ojos y se privaba de la satisfaccion de mirarla. San Luis Gonzaga se abstenía tambien de dirigir la vista a los espectáculos mas curiosos, en los festines en que llegó á encontrarse. Estas y otras mortificaciones semejantes ¿por qué no habeis vos tambien de poderlas practicar? Debemos aquí advertir, que cuando al cuerpo se le niegan los placeres lícitos, no tiene atrevimiento para reclamar los que son ilícitos: y por el contrario aquellos que quieren disfrutar de todas las satisfacciones inocentes no tardarán en caer bajo la red de los gustos pecaminosos. Acerca de esto decia aquel gran siervo de Dios, llamado P. Vicente Caraffa de la Compañía de Jesús, que el Señor nos ha concedido las delicias de la tierra, no solamente para que las disfrutemos, sino tambien con el fin deque nosotros encontrásemos algunos medios con que mostrarnos agradecidos á sus repetidos beneficios, devolviéndole como por via de ofrenda sus mismos dones, con la privacion de ellos, para que así le demostremos nuestro amor. Aunque tambien es verdad que ciertos placeres inocentes parece que ayudan á sostener esta nuestra debilidad humana , y que nos hacen mas aptos para la continuacion de los ejercicios espirituales; pero es necesario estar tambien persuadidos de que los placeres sensuales, hablando en general, son venenos para el alma, porque mezclados con las criaturas la inficionan-, por lo cual deberá usarse de tales placeres, segun que en ocasiones se echa mano del mismo veneno. Nadie ignora que este alguna que otra vez sirve de medicina para el cuerpo humano, cuando está bien dispuesto, y se toma con toda la moderacion correspondiente; mas al fines un remedio compuesto de veneno, y por lo mismo se debe echar mano de él con la mayor cautela y moderacion. Pues con iguales prevenciones conviene usar de los placeres lícitos, sin que haya el menor exceso ni aficion desordenada á ellos; sino disfrutándolos solamente por necesidad, y con el recto fin de poder en seguida servir mejor á Dios.
s Lib. 1 in vita S. Euphros.
5 Es necesario, además de esto, que vivamos con la mayor atencion, para que no suceda que por librarnos de las enfermedades del cuerpo vengamos á contraer alguna indisposicion en el alma; la cual habrá de estar enferma, siempre y cuando ella no vea á la carne mortificada. Decia hablando de esto san Bernardo: Compatior infirmitatibus corporum, seddmplius metuenda infimitas animarum9. Me compadezco de las enfermedades del cuerpo, pero me dan mayor sentimiento las dolencias de las almas, que son mucho mas peligrosas y temibles. ¡ Ah! ¡y cuántas veces alguna enfermedad del cuerpo nos sirve de pretexto para tomarnos cierta libertad que no es necesaria! Previniendo santa Teresa á sus monjas acerca de este abuso, les escribe: Dejamos de asistir al coro, un dia porque nos duele la cabeza, otro porque nos ha dolido, y después otros tres para que no nos duela 1". Por lo que la Santa , después en el capítulo siguiente les hace á sus mismas hijas estas advertencias: Habeis venido al concento no á disfrutar caricias, sino á morir por Jesucristo. Si no nos resolvemos á resistir la falta de salud, no haremos jamás cosa alguna. ¿ Qué importa que lleguemos d morir?. ¿Cuántas veces se ha burlado de nosotras este
¡. Epist. 321. - i» Comm. di Perf. c. 10.
cuerpo? ¿ Yno hemos de burlarnos en alguna ocasion de él? Decía tambien san José dé Calasanz: / Ay de aquel religioso que mas ama la sanidad que la santidad! San Bernardo, poseido del mismo espíritu, decía que juzgaba ser una cosa indecente para los religiosos enfermos el tomar medicinas de valor, añadiendo que les bastaba el usar de las yerbas cocidas. Yo no pretendo tanto de las monjas; pero sí diré que difícilmente puede ser muy espiritual una religiosa que con frecuencia acude á los médicos y á las medicinas, y no contentándose algunas veces con lo que dispone el médico ordinario de la comunidad, llega con sus impertinencias á inquietar todo el convento. Tambien dice Salviano: ffomines Christo dediti infirmi sunt, et volunt esse; si fortes fuerint, sancti esse vix possunt: Las personas dedicadas al amor de Jesucristo, especialmente las religiosas que viven en santidad, por lo general padecen enfermedades: así lo dice la historia acerca de las vidas de santa Rosa, santa Teresa, santa María Magdalena de Pazzis y de otras, habiendo ellas querido tener la salud quebrantada; pues que de otro modo, como acaba de decirnos Salviano, difícilmente podrán llegar á hacerse santas. La venerable Beatriz de la Encarnacion, primera hija espiritual que tuvo santa Teresa, encontrándose llena de enfermedades y de dolores, decia que no hubiera cambiado la suerte en que se hallaba con la princesa mas feliz de la tierra. Y á pesar de sus graves padecimientos, jamás se quejaba: por lo que en una ocasion le dijo otra religiosa por género de chanza: «Me pareceis vos, her«mana mía, uno de aquellos pobres que se mueren «de hambre, pero que mas bien quieren padecer aquel «gran trabajo que pasar la vergüenza de manifestar «sus miserias.» Infiérese de lo dicho, que en el caso de que no podamos practicar muchas mortificaciones corporales, á causa de tener la salud quebrantada, debemos abrazarnos con aquellas enfermedades que el Señor nos envia: pues que sufridas estas con la debida paciencia, acaso habrán de conducirnos ala perfeccion del espírku, mejor que las penitencias voluntarias. Decia con discrecion santa Srnclética: Asi como por medio de las medicinas se curan las enfermedades del cuerpo, así tambien por las enfermedades del cuerpo llegan á curarse los vicios del alma ".
6 ¡ Oh y cuántos bienes atraen al espíritu las mortificaciones del cuerpo! Ellas son las que nos desprenden de los deleites sensuales, tanto mas temibles, cuanto que hieren con halago, y con frecuencia ocasionan después la muerte al alma: Vulnera caritatis, decia Orígenes, non faciunt sentire vulnera carnis 14. Además de esto, las mortificaciones nos proporcionan en esta vida la satisfaccion por la pena de nuestros pecados. Al que ha ofendido gravemente á Dios,- sabemos que aunque se le haya perdonado la culpa, le queda sin embargo la obligacion de satisfacer la pena temporal, y el que no ha cumplido con este deber en la vida presente, ha de verlo enteramente satisfecho en la otra por medio del purgatorio. Mas allí habrán de ser las penas sin comparacion mucho mayores: In tribulatione maxima erunt, nisi poenitentiam egerint ,3. Aquellos que no hayan hecho penitencia por sus pecados, padecerán los mayores tormentos en el otro mundo. Cuenta san Antonio que á un enfermo que se lamentaba de sus padecimientos, le propuso su Angel si quería ir al purgatorio por tres dias, mas bien que continuar en el lecho eon la enfermedad que padecía, por otros dos años que le faltaban para cumplir el decreto divino. Eligió el enfermo desde luego los tres dias de purgatorio ; pero apenas habia estado allí una hora, cuando le daba quejas al Angel diciéndole que en vez de los tres dias llevaba ya muchos años de terribles tormentos. A lo que el Angel le respondió: ¿ Qué es eso que dices de muchos años? Tu cuerpo todavía está caliente sobre el lecho en donde espiraste, ¿y te quejas de tanta duracion de purgatorio?... En vista de esto, si vos quereis padecer con paz y constancia, figuraos que os quedan solamente quince ó veinte años de vida, y decid : Este tiempo es el de mi purgatorio: no ha de vencer ya el cuerpo, sino el espíritu.
11 In Vit. Pat. llb. 5, c. 26. - 1« in Cant. c, 3. - 1> Ap. n, ti.
7 Además de esto, las mortificaciones «levan el alma á nuestro Dios: por lo que san Francisco de Sales decía, que no podrá jamás el espíritu estar unido con Dios, si la carne no se halla mortificada y sujeta. Y santa Teresa proferia diversas y bellas sentencias acerca de esto, como: Es un despropósito el pensar que Dios admita á su familiaridad gente de comodidades. Regalos y oracion no se avienen entre sí. Aquellas almas que de veras aman á Dios, no pueden buscar el descanso.
8 Agrégase á lo dicho, que las mortificaciones nos proporcionan una grande gloría en el cielo. Oigamos como nos exhorta el santo Apóstol: Si los luchadores se abstienen de todas aquellas cosas que pueden disminuir sus fuerzas, é impedirles la victoria de una miserable corona temporal; ¿con cuánto mayor motivo deberémos nosotros mortificarnos para conquistar otra corona, que es inmensa y eterna? lili quidem ut corruptibilem coronam accipiant, nos autem incorruptam l*. Sabemos que san Juan vió á todos los bienaventurados con palmas en las manos. Et palmae in manibus eorum ,6. Y con esto debemos entender, que para salvarnos todos hemos de ser mártires; ó bien sea padeciendo tormentos por medio de los tiranos , ó bien sufriendo las mortificaciones de nuestra mano. Mas conviene entender al mismo tiempo, que por mas trabajos que experimentemos aquí en el mundo, todo ello es nada en comparacion de la eterna gloria que nos está preparada en el paraíso: Non sunt condignae passiones hujus temporis ad futuram gloriam, quae revelabitur in nobis ,6. Estas pequeñas y breves mortificaciones habrán de proporcionarnos finalmente una felicidad eterna y completísima: Momentmeum et leve tribulationis nostrae aeternum gbriae pondus operatur in nobis ".
9 Avivemos, pues, nuestra fe. Poco tiempo nos queda ya que estar sobre esta tierra. La eternidad es nuestra casa, en donde habrá de gozarse mas, el que mas se haya mortificado en la vida presente. Recordemos las palabras de san Pedro cuando dice , que los bienaventurados son piedras vivas, de las cuales se forma la Jerusalen celeste; pero que es
i*1 Cor. ix, 25. - i» Apoc. Tu , 9. - 1« Rom. vnt, 18. - "II Cor. iv, 17.
tas mismas piedras deben ser labradas aquí en la tierra con el cincel de la mortificacion, segun tamhien lo canta la Iglesia: Scalpri salubris icíibus, et tmsione plurima, Fabri polita molleo hanc saxa molera construunt. Figurémonos por lo tanto que cualquiera acto de mortificacion es una cincelada, ó llámese mas bien un aumento de perfeccion para el paraíso. Este pensamiento deberá hacernos dulce toda pena y toda fatiga. Aquel que supiese llegaba á adquirir legítimo dominio de todo el terreno que anduviese en un dia, ¿cuán dulce y apetecible no fuera para él el cansancio de aquella jornada?... Cuéntase en el Prado espiritual, que cierto monje trataba de cambiar su celda por otra que estaba mas cerca del agua; pero que yendo una vez desde aquella su estancia á proveerse de la misma agua, sintió que por detrás una persona le iba contando sus pasos; por lo que volviendo la cabeza, vió un jovencito que le dijo: «Yo «soy tu Angel que voy contando todos tus pasos para «que ninguno de ellos quede sin premio.» Oyendo esto aquel monje, no volvió mas á pensar en mudarse de su celda, sino que antes mas bien deseaba que estuviese mas léjos de la fuente, para poder adquirir mayores merecimientos.
10 Mas téngase ahora presente, que no tan solo en la otra vida, sino tambien en esta, gozan de paz y celestiales contentos las religiosas mortificadas. ¿ y qué mayor contento puede tener un alma que es amante de su Dios que saber de cierto que le agrada con sus mortificaciones ? En verdad que la misma privacion de los gustos sensuales, y hasta la misma pena, llega á servir de delicia á un alma amante de lo divino; pero no ya es esta una delicia de los sentidos, sino del espíritu. Sabemos que «1 amor no sabe estar ocioso; y así el que de veras ama á Dios, no sabe vivir sin estar continuamente dándote contraseñas de su afecto. Y no puede el alma presentar á su Dios una prueba mayor de que lo ama, que privándose voluntariamente de los placeres temporales, y ofreciéndole sus padecimientos. ¡Ah! ¡y cómo uu alma enamorada de Jesucristo llega á aficionarse tanto á la penitencia que no tan solo no la siente, sino que padece indeciblemente en no mortificarse! El que ama no sufre trabajos, dice san Agustín : Qui amat, non laboral 1S. «¿Y quién habrá, pregunta santa Teresa, que « viendo á Jesucristo cubierto de llagas, y afligido con «las persecuciones, no abrace y aun tambien desee «los padecimientos?» Por eso decia san Pablo, que él no quería otra gloria ni otra delicia que la de abrazarse con la cruz de Jesucristo: Mihi autem absit glorian, nisi in cruce Domini nostri Jesuchristi19. Y esta es la contraseña, añadia el mismo Apóstol, que sirve para conocer á los que aman ó no á Jesucristo: Qai autem sunt Christi, carnem suam crucifixerunt cum vitiis, et poncupiscentiis ". Aquellos que son del mundo, fijan su atencion en dar gusto á su carne; mas por el contrario, los que pertenecen á Jesucristo se afanan en macerarla y crucificarla... Concluyamos con respecto á vos, mi querida hermana. Reflexionad que ya se acerca la hora de vuestra muerte, y que hasta ahora bien poco habeis hecho para conseguir el paraíso. Procurad pues, siquiera de hoy en adelante, mortificaros cuanto os fuere posible, privándoos á lo menos de aquellas satisfacciones en que se interesa vuestro amor propio : y no dejeis pasar ninguna ocasion que tengais de hacer bien, como os lo previene el Espíritu Santo : Partícula bonidoni non te praetereat*1. Persuadios que aquella ocasion que se os presenta de mortificaros es un don especial que Dios quiere haceros, para que podais adquirir mayores méritos en la adquisicion de la vida eterna; y considerad qire aquello que. está en vuestra mano el practicarlo en el dia dé hoy, no habeis de poderlo hacer mañana, porque el tiempo que pasa ya no vuelve mas.
11 Quiero al concluir este capítulo poneros á la vista, para animaros á la penitencia, lo que vió san Juan Clímaco en aquel monasterio que se llamaba cárcel de penitentes, y os lo referiré en los mismos términos que él lo describe ": «Vi, dice el Santo, que algu«nos de ellos estaban toda la noche puestos de pié y «á campo descubierto, combatiendo con el sueño. Ob«servé que otros tenían sus ojos fijos en el cielo, y que «llorando imploraban la piedad de Dios. Que otros, «teniendo las manos atadas por la espalda, presenta«ban su cabeza baja, considerándose indignos de al«zar sus ojos para mirar al cielo. Que otros estaban «sobre la ceniza, con la cabeza junto á las rodillas, y «dando golpes en la tierra con la frente. Que otros «inundaban el pavimento con sus lágrimas. Que otros «permanecían expuestos á los rayos del sol mas ar«diente. Que otros abrasándose de sed, se contenta11 Eccli. xiv, 14. - "m Scala Parad. Gradu...
«ban con un solo sorbo de agua para no morirse. Que «otros, después de tomar un bocado de pan, lo arrobaban, diciendo que no merecía alimentarse con el «manjar de los hombres aquel que habia vivido co«mo las bestias. A otros con las mejillas socavadas «de las continuas lágrimas que vertían. Otros con los «ojos descarnados y reconcentrados en el cráneo. Otros «que se golpeaban el pecho hasta arrojar esputos de «sangre. Y á todos generalmente les noté sus rostros «tan pálidos y macilentos que parecían cadáveres.» Finalmente, concluye el Santo diciendo que él consideraba por mas felices á aquellos penitentes, que después de haber caido en desgracia de Dios se maceraban con tantas austeridades, que á otros que se hallaban sin tales caídas, pero tambien sin hacer penitencia. Y en vista de esto, ¿qué deberá decirse de infinitos pecadores, que se encuentran sumergidos en la culpa, y al mismo tiempo, sin acudir á la misma penitencia, único remedio para curar las llagas del alma, como que es la segunda tabla después del naufragio espiritual?
ORACIÓN.
Esposo mio, ayudadme con eficaces auxilios y dadme fuerzas, porque yo quiero desde este mismo dia serviros de otro modo muy distinto que lo he verificado hasta el presente. Confieso que en el tiempo pasado he fijado mi consideracion en satisfacer mis sentidos y al amor propio, sin atender á lo que con esto os desagradaba; mas ya estoy resuelta á cuidar solamente en el tiempo venidero de contentaros, pues que bien mereceis todo mi amor. Vos, Señor, por el mucho amor que me. teneis, hicisteis eleccion de una vida toda llena de afanes y de penas: Vos, en fin, nada habeis omitido para atraerme á que os amase; y yo en vista de esto, ¿hahré de continuar viviendo tan ingrata como lo he sido por tantos años? No, Jesús mio, no ha de ser así de manera alguna; baste ya tanta ofensa contra Vos. Perdonádmelas, perdonádmelas todas; mientras yo, poseida de una profunda pena, de todo corazon me arrepiento de cuantas amarguras os he ocasionado con esta vida tan desconcertada. Ahora tambien os amo con todo el corazon, y quiero hacer, sin la menor reserva, cuanto yo pueda para complaceros en todo. Dadme á conocer por medio de mi director cuanto querais de mí, que propongo desde ahora que todo habré de hacerlo; para lo que espero la ayuda de vuestra divina gracia. Amado Redentor de mi alma, llenad de santos pensamientos esta mi memoria, á fin de que tambien me acuerde de continuo de los terribles dolores que Vos, Dios mio, habeis padecido por mí: inundad al mismo tiempo esta mi voluntad con santos afectos, para que ella no atienda ya á otra cosa que no sea daros gusto; ni quiera nada, sino solamente aquello que Vos quereis, sin poder tener mas libertad que para ser toda vuestra. Haced, Señor, que yo os ame, y que este amor llegue aun sumo grado, porque bien sé que todas las penas me serán dulces y apreciables, si de veras os entrego etaorazon. ¡ Ó Virgen santa María y mi piadosa madre, ayudadme Vos tambien para dar gusto á Dios en todo, por el tiempo que me queda de vida: en Vos deposito toda mi confianza.
§ I. — De la mortificacion de la vista y de la modestia en general.
1 Cási todas las pasiones que hacen la guerra á nuestro espíritu tienen su origen en los ojos poco recatados; porque con el acto de mirar se mueven por lo general en nosotros las pasiones y .los afectos desordenados. Por eso dice Job hablando de las pasiones impuras: Pepigi foedus cum oculis meis, ut ne cogitarem quidem de virgine 1. Yo tengo hecho un pacto con mis ojos de no pensar en las mujeres. Mas ¿por qué- dice de no pensar, pues que parece que debia mas bien háber expresado he hecho pacto de no mirar? Pero no, que está bien dicho de no pensar-, pues que de tal modo va unido el pensar con el mirar, que no puede estar lo uno sin lo otro; y ved ahí por qué el Santo, para no verse molestado del pensamiento, formó la resolucion de no mirar el rostro de mujer alguna. Tambien dice san Agustín: Visum sequitur cogitalio, cogüationem delectatio, delectationem consensus. De la mirada resulta el pensamiento, del pensamiento el deseo, pues que-, como dice san Francisco de Sales, lo que no se ve no se desea, y al deseo le sucede después el consentimiento. Si Eva no se hubiera detenido á mirar la manzana prohibida, tampoco hubiera caido; mas por cuanto se puso á observarla, y á su vista le pareció buena y bella, por eso mismo la cogió del árbol, y prevaricó miserablemente. Vidit quod bonum esset lignum, et pvlchrum... et tulit *. De
1 Job, Xhi, i. — sGen. ,„c
todo lo cual se infiere que el demonio primero nos tienta á mirar, después nos mueve el apetito sensitivo para desear, y últimamente nos inclina á consentir.
2 Dice acerca de esto san Gerónimo, que el demonio no necesita de nuestra parte sino que le concedamos solamente los principios: Nostris tantum initiis opus habet. Para él es muy bastante que nosotros comencemos á abrirle la puerta,porque después él mismo acabará de abrirla. Una sola mirada con advertencia, dirigida al rostro de una persona de distinto sexo, ocasionará una chispa libidinosa de infierno que llegará á precipitar nuestra alma en una eterna ruina. Dice por lo tanto san Bernardo: Per oculos intrat ad mentem sagitta amoris s. Las primeras saetas que hieren las almas castas, y que con frecuencia las conducen ála muerte, tienen su entrada por los ojos. Por ellos cayó un David, no obstante que era tan amado de Dios; se precipitó por ellos un Salomon, que antes habia sido pluma del Espíritu Santo. Y ¿cuántos y cuántos otros no han llegado á perderse por causa de los ojos? Cierre, pues, los ojos aquel que no quiera algun día anegarlos en llanto, diciendo con Jeremías: Ocuhtsmeus depraedatus est animara meam". Mis ojos han sido la causa de que yo pierda mi alma por medio de los malvados afectos que han introducido en ella. Por eso advierte san Gregorio: Deprimendi sunl oculi, quasi raptores ad culpam 6. Deben cerrarse los ojos, pues de lo contrario ellos vendrán á ser como unos garfios infernales, con los que el alma se verá arrastrada por fuerza y violentada al pecado, cási sin quererlo. El que mira un objeto peligroso, añade el mismo Santo, Incipit velle quod noluit, comienza á querer aquello que no quería. Y esto mismo nos pone á la vista la sagrada Escritura, cuando dice, que mirando Holofernes á Judith: Pulchritudo ejus captivam fecit animam ejus6; la hermosura de Judith le cautivó su alma.
3 El convencimiento que tuvo Séneca acerca de estas verdades le hizo decir: Pars innoeentiae caecitas, ayuda mucho el ser ciego para ser inocente. Por eso tambien un cierto filósofo gentil, como refiere Tertuliano , voluntariamente se arrancó los ojos, proponiéndose con su ceguera libertarse de la impudicicia. Esto no es lícito á nosotros los fieles de la Iglesia cristiana , pero sí deberémos entender, que si deseamos que la castidad se conserve en nosotros, es indispen sable que nos hagamos ciegos por la virtud > absteniéndonos de mirar objeto alguno que pueda sugerirnos pensamientos de impureza. Oigamos lo que nos dice el Espíritu Santo acerca de esto : Ne circumspieias speeiem alienam... ex hoc corwupiscentia quasi ignis exardescif. No mires la hermosura de otros,porque después de las miradas vienen las matas imaginaciones con las cuales se inflama el fuego impuro. Por eso decia san Francisco de Sales: El que no"quiere que los enemigos entren en la plaza, es preciso que cierre sus puertas.
4 A este fin se han manifestado los Santos tan cautelosos para con la vista, que por el temor de que se les escapase para mirar cualquiera objeto peligroso,
» Juditb, xvi, ii. — T Bccl. ix, 8.
han procurado tenerla fija en la tierra casi de continuo , absteniéndose de dirigirla ni aun á los seres inocentes. San Bernardo no sabia, después de un año de noviciado, si el techo de su celda estaba construido con vigas ó abovedado. En la iglesia del monasterio en donde el Santo entró de novicio habia tres ventanas, mas él ignoraba cuántas fuesen; porque en todo aquel tiempo jamás alzó la vista de la tierra. Habiendo caminado en una ocasion casi un dia entero por la orilla de un lago, y oyendo después á los compañeros que hablaban acerca de este, les preguntó que en dónde lo habian visto, pues que el Santo no advirtió que hubiese lago alguno en el camino. De la misma manera tenia san Pedro de Alcántara los ojos tan inclinados al suelo, que ni siquiera conocía á sus compañeros los frailes con quienes conversaba; y si podia dar noticia de alguno era por la voz, y no por su semblante. Pero aun mucho mas cautelosos todavía han sido los Santos para no mirar á otras personas de diferente sexo; pues sabemos que el obispo san Hugo, viéndose obligado á tratar con mujeres, no miró jamás á ninguna al rostro. Y que santa Clara igualmente no quiso nunca mirar á la cara de ningun hombre; quedando la Santa muy afligida en una ocasion en que levantando los ojos para ver la sagrada hostia elevada en la santa misa, miró involuntariamente la cara del sacerdote. Tambien sabemos que san Luis Gonzaga no se airevia á dirigir la vista ni aun tampoco al rostro de su propia madre. De san Arsenio se cuenta el lance gracioso, de que estando el Santo en el desierto fué á visitarle una noble matrona con el 19 Tomo i.
fin de suplicarle que la encomendase á Dios; mas luego que llegó á aproximarse en disposicion que el Santo notó ser una mujer, inmediatamente le volvió la espalda; entonces la matrona alzando la voz le dijo: Arsenio, ya que no quieres verme ni oírme, á lo menos acuérdate de mí en tus oraciones. — No, respondióle corriendo el Santo, lo que le pediré á Dios será que me conceda el olvidarme de tí, para que los pensamientos de tu venida no me atormenten.
5 De aquí se infiere cuán grande sea la necedad y mejor diré la temeridad de algunas monjas, las cuales estando muy léjos de ser unas santas Claras quieren sin embargo mirar libremente desde la miranda, desde el locutorio, y aun desde la iglesia, á cualquiera objeto que se les presenta, aun cuando sea del otro sexo; y luego después desean hallarse exentas de las tentaciones y de los peligros de cometer pecados. Y ¿cómo es posible que lo consigan? El abad Pastor, por haber mirado curiosamente á una mujer que estaba espigando, fue atormentado por el espacio de cuarenta años con tentaciones de impureza. Escribe tambien san Gregorio8 que la tentacion que obligó á san Benito á revolcarse entre las espinas para vencerla , tuvo su origen de haber mirado una vez incautamente á una mujer. Aunque san Gerónimo estaba en la gruta de Belen orando continuamente, y macerándose con las penitencias, era molestado de un modo terrible con los recuerdos de las matronas que habia visto en Roma mucho tiempo hacia. Considerad ahora, ¿cómo quieren verse libres de semejantes moless Dial. i...c. 20.
tías aquellas religiosas que miran y vuelven á mirar á los hombres sin la menor reserva ni cautela? Y no tanto el mirar como tambien el observar es lo que mas nos daña, como decia san Francisco de Sales. Por eso nos hace san Agustín la siguiente advertencia: Et si oculi nostri jactantur in cdiqmm, defigantur in nulla ". Si por casualidad se nos escapa la vista dirigiéndose a alguna persona, guardémonos á lo menos de no fijarla ó detenerla. San Ignacio de Loyola corrigió al P. Manareo, porque al tiempo de despedirse de él para ir á otro lugar distante le habia fijado los ojos en la cara l0. Aprendamos, pues, por todos estos ejemplos ser cosa indecente á las religiosas el fijar sus ojos en el rostro de cualquiera persona, aun cuando fuere del mismo sexo, especialmente siendo jóven. Digo tan solo que es cosa indecente, hablando en general; mas el dirigir la vista con atencion al semblante de personas jóvenes del otro sexo, yo no sé como pueda excusarse de pecado venial, y aun tambien de Guipa grave cuando hubiese un peligro próximo de consentimiento. Intueri non licet, dice san Gregorio, quod non licet concupiscere. No es lícito mirar lo que no es lícito desear; porque aun cuando lleguen á deshacerse los malos pensamientos, que en el mismo acto de 'mirar entran ordinariamente a turbar la mente, siempre han de dejar alguna mancha en el alma. Habiéndole preguntado una vez á Fr. Rogerio, franciscano, el cual se hallaba dotado de un singular don de pureza , por qué se portaba con tanta prevencion para no mirar las mujeres, respondió de este modo: «Cuando
9 In Reg. 3, c. 21. — ««Lancls. Ep. i, n, 301.
«el hombre huye de las ocasiones Dios lo defiende; «mas cuando él se pone voluntariamente en el peli«gro, por un acto de justicia, el Señor lo abandona, «y entonces él cae fácilmente en cualquiera culpa gra«ve ".»
6 Aunque la perniciosa libertad de los ojos no ocasionase ningun otro mal, á lo menos priva al alma del recogimiento espiritual en los actos que ella está en la oracion; porque en el tiempo de este santo ejercicio habrán de ponérsele delante todas aquellas especies que se han visto, y que están impresas en-la mente, y le ocasionarán mil distracciones. Y si en la misma oracion se halla con algun recogimiento, luego que principie á divagar con las miradas, al instante lo habrá de perder. Tambien es indudable que la religiosa que no está recogida poco puede atender al ejercicio de las virtudes, como son, la humildad, la paciencia, la mortificacion y otras semejantes; y por lo tanto es necesario que se guarde mucho de no dirigir la vista por curiosidad á los objetos externos que puedan distraerla de los santos pensamientos: «Mire «solamente aquellas cosas que la conducen á Dios, de«cia san Bernardo; pues que los ojos puestos en la «tierra ayudan á poner el corazon en el cielo.» Y san Gregorio Nacianceno nos dejó escrito: Ubi Christus est, modestia ". Donde habita Jesucristo con el amor, allí está tambien la modestia. Y no se entienda que yo pretendo con esto persuadir que no se hayan jamás de alzar los ojos, ni que nunca se mire ninguna cosa; diríjase desde luego la vista, repite el mismo Santo, á aquellos objetos que nos conducen á Dios, como son las sagradas imágenes, y aun tambien las campiñas, las flores, y otras cosas por este órden; porque estas bellas producciones de la naturaleza elevan nuestro, espíritu para que contemple al soberano Criador del universo. Fuera de estos casos, la religiosa devota debe tener por lo comun los ojos bajos, y especialmente en aquellos lugares en donde las miradas pueden encontrarse con algunos objetos peligrosos; y en la conversacion precisa con los hombres no deberá por ningun concepto alzar los ojos para mirarlos, y tanto menos para observarlos, como queda antes advertido con san Francisco de Sales.
7 Además de todo lo dicho deberá advertirse que la modestia de los ojos no solamente es necesaria para el aprovechamiento propio, sino tambien para la edificacion de otros. Dios es el que solamente ve nuestro corazon; los hombres no pueden advertir mas que nuestras acciones exteriores, por las que, ó se edifican , ó se escandalizan de nosotros: Ex visucognoscitur vir l\ Por el exterior se deja conocer el hombre cnal sea en su interior. Por eso está obligado el religioso á ser lo que afirma el Evangelio que era el Bautista, lucerna ardens, etlucens ii. Debe aparecer como una lámpara que arda en su corazon con el amor divino, y que al mismo tiempo con su modestia esparza, bellos resplandores en la presencia de todo el que lo observe. Y especialmente á los religiosos es á quienes pertenece ser del modo que el santo Apóstol escribió á sus discípulos: Spectaculum facti sumus mun
u Eccli. ix, 20. - »* Joan, v, 35.
do, et Angelis et hominibus 1". Y añade tambien en otro lugar: Modestia vestra nota sit omnibus; Dominusprope est1". Las personas religiosas son observadas atentamente de los Ángeles y de los hombres; y por eso debe ser conocida de todos su modestia: no siendo así, sino que lleguen á dejarse ver inmodestas, en la hora de su juicio habrán de dar á Dios una terrible cuenta. Mas por el contrario ¡oh qué bella edificacion que ofrece, y cuánto mueve tambien á devocion un religioso ó una religiosa modesta que tiene siempre sus ojos inclinados á la tierra! Es á la verdad célebre aquel hecho que se refiere de san Francisco de Asis, el cual proponiéndole á su compañero que fuese con él, porque iba á predicar, salieron ambos del convento; y después de haber dado una vuelta por la ciudad, llevando siempre los ojos muy bajos, determinó volver á su celda: lo que advertido por el compañero, le preguntó: ¿Y el sermon cuándo ha de predicarse? A lo que respondió el Santo: «El sermon ya se ha pre«dicado con la modestia de los ojos que hemos pre«sentado á la observacion de esta gente que nos ha »visto.» Se lee tambien en la vida de san Luis Gonzaga, que viviendo el Santo en Roma, se detenían de intento los estudiantes en su colegio, esperando cuando tenia que ir ó venir de alguna parte, para poder observar y admirar su gran modestia.
8 Dice tambien acerca de esto san Ambrosio, que la modestia de los hombres santos es para los mundanos una poderosa admonición para que lleguen á enmendarse. Plerisque justi aspectus admonitioest". ¡Oh
1»I Cor. iv, 9. - is pbn. ITi 5- — iT ln psaim, cxviu.
qué bella cosa es, añade el Santo, el que tú con solo dejarte ver sirvas de aprovechamiento á otros! Quam pulchrum ergo, ut videaris, et prosis! Cuéntase á este propósito, que siendo todavía seglar san Bernardino de Sena, con sola su presencia refrenaba la vida licenciosa de los otros jóvenes sus compañeros, los cuales al verlo asomar se avisaban inmediatamente los unos á los otros, diciendo: chiton, que viene Bernardino , y al instante callaban, ó mudaban de conversacion. Refiere igualmente san Gregorio Niceno, que san Efren movia á devocion con solo hacerse presente , de tal manera que ninguno podia mirarle sin conmoverse y mejorar de conducta. Asimismo dícese tambien de san Bernardo, que habiendo ido Inocencio II á Claraval con el fin de visitarle, y que viendo el Papa y los cardenales que le acompañaban la modestia del Santo y la de sus monjes, los cuales todos tenían los ojos fijos en la tierra, no pudieron contener las lágrimas de devocion á la vista de ellos. Cuenta ademas de esto Surio ,8 una cosa aun mas admirable acerca de Luciano, monje y mártir, y es, que este Santo movia á los paganos para que abrazasen nuestra fe, con solo ver su modestia; de tal modo, que sabiendo ya esto el emperador Maximiano, cuando le hacia comparecer á su tribunal, por el temor de no ser tambien él aprisionado con su vista y tener que hacerse cristiano, no queria jamás mirarle; y para mejor precaverse mandó que pusiesen un velo en medio de él y del Santo, y de esta manera le hablaba. Pero antes que todos nos enseñó esta modestia de los ojos nuestro divino Salvador, porque, como observa una docta pluma, el decirnos los sagrados Evangelistas que en algunas ocasiones alzó el mismo Jesucristo los ojos para mirar, Elevatis oculis in discípulos 19: Cum sublevasset ergo oculos Jems *», fue para darnos á entender que continuamente los tenia inclinados al suelo. Por esta causa, alabando el santo Apóstol la modestia de Nuestro Señor, escribió á sus discípulos: Obsecro vos per mansuetudinem, et modestiam Christi, etc. "... Repetiré, para concluir, lo que san Basilio decía á sus monjes: «Hijos mios, si queremos te«ner el alma hácia el cielo, tengamos los ojos hácia «la tierra.» Hagamos á Dios, por lo tanto, desde que por la madrugada despertemos, y sin intermision, aquella célebre súplica del Profeta rey: Averie oculos meos, ne videant vanitatem.
18 Dia 1 januar.
De la modestia en general.
9 Conviene advertir ahora que no solamente es necesario observar la modestia en el mirar, sino tambien en todas las demás acciones que nos pertenecen, y especialmente en el vestir, en el andar, en el hablar, y en otras semejantes. Modestia en el vestir. Nadie habrá que entienda que para usar la religiosa de la justa modestia en el vestir deba aparecer sucia y andrajosa; pero ¿qué buena edificacion de modestia podrá ocasionar una monja que se presenta toda acicalada , con su busto sobre el pecho, con su toca al cuello, planchada y rizada con singular delicadeza; con maniguetes ó pulseras de tela de Holanda y sus i9 Luc. vi, 30. - so Joan, vi, s. — "II Cor. x, 1.
botones de plata? Reflexionad tambien ¿qué concepto hará formar de sí una religiosa que usa de anillos preciosos en sus dedos, y de empomados rizos en la frente? Si hablando san Cipriano solamente de las mujeres seglares dice: Auro, rnonilibus, et margaritis adornatae, ornamenta menlis perdunt ". Las mujeres que se presentan ataviadas con oro, gargantillas ^piedras preciosas, pierden todos los adornos de su alma; ¡oh, y con cuánta mayor razon debia el Santo dirigir tal sentencia contra algunas religiosas! Conozcan pues, las que por desgracia hayan llegado á tal grado de insensatez, que los adornos propios de las mujeres santas, segun la opinion de san Gregorio Nacianceno, deben ser los siguientes: Mulierum ornamentum est probtíate florere; colloquium cum divinis oraculis haberes fuso et lame operarn dare; oculis et labiis vinculum injicere ". Habrá de consistir, pues, su adorno en la bondad de una vida cristiana: en hablar continuamente con Dios por medio de la oracion: en atender á las labores de manos para huir de la ociosidad, y en dirigir rectamente los ojos y la lengua, esta con el freno del silencio, y aquellos con la regla de la modestia.
10 Digamos tambien alguna cosa de la modestia en el andar. Nos advierte acerca de esto san Basilio: Incessus sit nec segnis, nec vehemens **. Para que el andar sea modesto debe ser grave, no apresurado; pero tampoco demasiado lento. Modestia tambien al sentarse, procurando no tener el cuerpo como abandonado sobre la silla, evitando al mismo tiempo el tener los piés cruzados, y mucho menos el poner una pierna ó muslo sobre el otro. Modestia igualmente en el comer, usando de los manjares en la mesa sin ansiedad , y sin andar dirigiendo la vista á uno y otro lado , para observar lo que comen, y del modo de portarse que tienen los circunstantes.
11 Sobre todo, debe una mujer usar de modestia en el hablar, absteniéndose de proferir palabras poco modestas, ó poco decentes al estado religioso; y téngase aquí entendido, que todas aquellas expresiones que son del mundo son indecentes para una religiosa. Oigamos lo que nos dice san Basilio acerca de esto: De vulgo aliquis si scurriles voces emittat, haud quisquam attendit; at quivitae genusperfectum profitetur, hunc si latum unguern ab o/ficio suo recedere visus sit, omnes confestim observará ". Aunque una persona de las del siglo profiera cualquiera palabra descompuesta, nadie lo repara, porque semejantes expresiones son propias de tal clase de gente; mas si alguno de aquellos que aspiran á la perfeccion, como son las personas religiosas, llega á faltar en una uña al cumplimiento de sus deberes, al momento lo notan y lo censuran... Con respecto á las recreaciones comunes, es necesario observar con mas especial cuidado algunas reglas que sirvan para poder conservar la modestia en las conversaciones; y lo serán: Primera: Huir de toda suerte de murmuraciones, aun cuando sean de cosas públicas. Segunda: No interrumpir á las demás compañeras cuando estén hablando: In medio ser
»»In Reg. q. 21.
monum, dice el Espíritu Santo, non adjicias loqui w. Y ¿quién no dirá que es una detestable inmodestia el ver á una religiosa, que quiere ser ella sola en la conversacion, y que cuando las hermanas dicen cualquiera cosa, sale al pronto cortándoles la palabra en la boca, manifestando con esto su soberbia de querer saberlo todo, y hacerse la maestra de las que están en su compañía? Este es un defecto que no puede dejar de ocasionar gran molestia á quien está usando de la palabra. Conviene además, en el tiempo de la recreacion , decir alguna palabra de cuando en cuando, y especialmente en las ocasiones en que las demás callan ; porque si sucede que ninguna habla viene á quedar sin efecto aquel rato de inocente recreo que la regla previene: por lo restante, exígela modestia, especialmente á las jóvenes, que solo hablen cuanto fuere bastante para mantener las recreaciones, y que mas bien se ejerciten en oir que en hablar. Viene, pues, á concluirse, que la mejor regla que puede darse en estas ocasiones es, el callar cuando las otras hablan , y el hablar cuando las demás están callando.
La tercera de las reglas será el abstenerse de ciertas chanzas y burlas sobre algunos defectos verdaderos y conocidos que en cualquiera modo puedan ofender á otra, aunque esto se haga por un género de diversion burlesca, porque tales satisfacciones siempre desagradan á aquella con quien se tienen. Cuarta: No decir expresiones que redunden en alabanza propia; y al tiempo de oir que por otra se le hace algun elogio, alzar la mente á Dios, y mudar la conversacion
"Ecclt. xi, 8.
presente. Por el contrario, cuando veais que se os contradice, ó que hacen burla de vos, no deberéis indignaros , ni manifestar el menor resentimiento. Cuando san Juan Francisco Regís veia que sus compañeros se burlaban de él en el tiempo de la recreacion, él mismo continuaba el discurso concierta jovialidad, á fin de que á él tambien le sirviese de inocente recreo su propia derrision ó chanzoneta. Quinta: Pide tambien la modestia, que se hable en un tono bajo, sin levantar fuertemente la voz, de modo que lastime los oidos de los circunstantes: Ne cujusquam offendat vox fortior, dice san Ambrosio ". Sexta: Es asimismo conveniente usar de modestia y de moderacion en el reir. Refiere san Gregorio hablando sobre esto, que la Madre de Dios se apareció una vez á una doncella devota suya, llamada Musa, para advertirla que dejasela risa, si quería agradarla: lo que debe entenderse de una risa inmoderada, como escribe san Basilio: Cavendum est ab iis, qui pietati student, ne in risum effusi sint»s. Aquel que se dedica á la devocion, debe guardarse de reir inmoderadamente. Dice el mismo Santo, no ser contra el decoro ó la devocion una risa moderada, que demuestre al mismo tiempo la serenidad del ánimo, no siendo con exceso. Entiéndase, pues, que una religiosa debe dejarse ver modesta y devota, pero no afligida y triste; porque esta congojosa exterioridad deshonra la misma devocion, haciendo creer á otros que la santidad no lleva consigo la paz y la alegría, sino que nos conduce á la afliccion y á la melancolía. Por el contrario, el manifestarse una perso
« Lib. 1 de Offlc. c. 18. — «8 In Keg. q. 17.
na placentera y contenta anima tambien á otros á que abracen la devocion. De dos cortesanos de un monarca leemos, que por haber observado la alegría de que disfrutaba en su soledad un anciano monje, dejaron el siglo, y se retiraron á vivir en su compañía SD. Séptima y última : Es muy conveniente á una religiosa el no hablar de cosas propias del mundo, como de matrimonios, de festines, de comedias, ó de trajes pomposos: ni tampoco traer áia conversacion los manjares, bien sea alabando, ó bien censurando las viandas que se ofrecen á la mesa. Decia sobre esto san Francisco de Sales: Las personas de honor no piensan en la mesa sino cuando se sientan en ella. También las religiosas santas, cuando oyen discursos nocivos ó inútiles, procuran diestramente introducir conversaciones de cosas de Dios, haciendo oportunas preguntas sobre ello; ó tambien de la misma conversacion toman la ocasion de tratar sobre materias espirituales, como acostumbraba hacer san Luis Gonzaga, el cual todos los dias leia de intento por el espacio de media hora la vida de algun Santa, ó en otro libro devoto, para tener luego después en el tiempo de la recreacion materia sobre que poder discurrir de cosas espirituales; y cuando los compañeros eran inferiores, él introducía primeramente las santas conversaciones; pero si estaban presentes algunos sacerdotes ó mayores, se valia de la traza de proponerles alguna duda acerca materias de espíritu, como quien deseaba aprender , y de esta manera introducía las conferencias de las cosas de Dios: bien es verdad tambien que luego que los compañeros lo veían venir de cerca, entendiendo ya que él no gustaba hablar de otra cosa, le complacían en esto; y así, en el caso de que ellos estuviesen entonces tratando sobre otros particulares, los omitían, y principiaban á hablar de Dios por dar gusto al Santo. Suele decirse en forma de adagio, que la lengua bate donde duele el diente. Lo que aplicado á nuestro punto presente puede exponerse de este modo: El que profesa grande amor á una cosa, siempre está hablando de ella. Por eso san Ignacio de Loyola parecía que no sabia hablar sino de Dios, y así es que lo nombraban diciendo: El Padre que siempre habla de Dios.
19 Rosign. Veritá eter.
ORACIÓN.
Jesús mío, perdonadme por vuestra infinita piedad los innumerables defectos que he cometido con mis inmodestias , de las que con todo el corazon me arrepiento. Tambien es verdad que todo ha dimanado del poco amor que yo os he tenido. Y si miro mi vida pasada , confieso que no merezco tal piedad; pero vuestras divinas llagas y vuestra muerte animan mi tibieza, ó por mejor decir, me obligan á poner en Vos toda mi esperanza. ¡Oh Dios mio! ¡y cuántas veces os he disgustado, y Vos me habeis perdonado con paternal ternura! Yo en tanto os prometía fidelidad, y después mas rebelde volvía á ofenderos. Y en este caso, ¿qué es lo que espero? ¿Espero que al fin me abandoneis en manos de mi tibieza, á la que ciertamente debería seguirse mi condenacion? No, Señor mío, yo quiero ya enmendarme, y para ello deposito en Vos toda mi confianza, proponiendo continuar siempre implorando vuestros auxilios para mostrarme fiel. En el tiempo pasado confiaba yo en mis propósitos y me olvidaba de encomendarme á Vos; y esta ha sido la causa de que haya cometido tantos pecados. ¡ Oh eterno Padre! tened misericordia de mí, por los méritos de vuestro divino Hijo Jesucristo; socorredme y concededme la gracia de recomendarme siempre á Vos en todas mis necesidades. Os amo, sumo bien mio, y deseo tambien amaros con todas mis fuerzas; mas ya veis que sin Vos nada puedo. Dadme, pues, vuestro amor, y concededme igualmente la santa perseverancia. Yo todo lo espero de vuestra bondad infinita. ¡Oh María mi dulce madre! ya sabeis lo mucho que en Vos confio; ayudadme, pues, tened piedad de mí.
§ II. — De la mortificacion acerca de la gula.
1 Decia san Andrés Avecino que aquellos que quieran emprender el camino de la perfeccion deben principiar á mortificarse con mucha atencion respecto de la gula. Y antes que él ya lo había dicho san Gregorio con estas palabras: Non ad conflictum spiritualis agonis consurgitur, si non prius gulae appetitus domatur 1. Tambien escribe el P. Rogaccio en su tratado de Único necessario, que la mayor parte de la mortificacion externa consiste en oponerse á este sentido del gusto. Mas el comer podrá replicar alguno, deleita naturalmente al paladar, ¿y nos habrémos de privar por eso de los manjares? No, no se quiere decir eso; es preciso comer, pues que el mismo Dios quiere que de este modo conservemos la vida corporal, para poder tambien servirle todo el tiempo que tenga á bien conservarnos en este mundo. Lo que se pide de nosotros es, que atendamos á mantener el cuerpo, segun el dictámen del P. Vicente Caraffa, imitando á un monarca que poseyese la mitad del mundo, y estuviese obligado por las leyes á limpiar un caballo por su propia mano muchas veces al dia: este poderoso príncipe es verdad que cumpliría con aquella obligacion suya, pero ¿cómo seria? con una cierta náusea y compromiso, concluyendo la operacion lo mas pronto que le fuese posible. Dice á este propósito san Francisco de Sales: Se ha de comer para vivir, pero no se ha de vivir para comer. Parece ciertamente que algunos no viven para otra cosa sino para devorar manjares, imitando en esto á las bestias. Selluinusest homo, dice san Bernardo , amando talia qualm belluae. Puede llamarse brutal, y no ya espiritual, ni adornado de la razon, aquel hombre que ama la comida con aquella propension que los brutos; á la manera que tambien se condujo el infeliz Adan, que por comer de una manzana vino á quedar semejante á los jumentos. Dice por lo tanto el mismo san Bernardo, que si las bestias en aquel lance hubieran tenido razon humana, al ver que Adan por el miserable gusto de comer una fruta se olvidaba de Dios y de su eterna dicha, le hubieran insultado de este modo: Mirad a Adan como se ha convertido en bruto como cualquiera de nosotros: Puto jumenta dicerent, si toqui fas esse: Adam quasi unus ex nobis factus est *. Por eso decia santa Catalina de Sena: El que no se mortifica en la comida, es imposible que pueda conservar la inocencia, segun que Adam tambien la perdió por la gula. ¡ Qué miseria humana no se deja ver en algunos, los cuales, segun la expresion del apóstol san Pablo, llegan á tener á su vientre por su Dios: Quorum Deus venter est3.
1 Mor. 1. 30, c. 13.
2 [kh! y ¡ cuántos infelices han perdido tambien su alma por el abominable vicio de la gula! Cuenta san Gregorio en sus Diálogos *, que en un monasterio de Licaonia vivia un monje de una conducta muy ejemplar; y que llegándose la hora de su muerte, pusieronse a su rededor los demás religiosos sus hermanos, para oir de su boca algun documento edificante en aquellos últimos momentos de su vida. Pero ¿qué fue lo que entonces escucharon? Hermanos míos, dijo el moribundo, sabed que cuando vosotros ayunabais, yo á escondidas comia; y en castigo de esto estoy ya entregado al demonio, el que ahora me atormenta y se lleva mi alma. Y diciendo esto mismo espiró. Refiere además el mismo Santo, que viendo cierta monja en el huerto una hermosa lechuga, la arrancó, contra lo que la regla prevenía, y se la comió; pero que inmediatamente se vió obsesa ó poseida de un demonio que principió á maltratarla demasiado. Llamaron corriendo sus compañeras al santo abad Equicio, á cuya llegada gritó el demonio diciendo: ¿Qué mal he hecho yo ahora? yo no lie venido buscando á la paciente, sino que me hallaba sentado en una lechuga, y ella vino á convidarme con habérsela comido. No obstante eso, el siervo de Dios le obligó á salir de su cuerpo con la fuerza de los preceptos que le impuso. Tambien se cuenta en las historias cistercienses », que visitando san Bernardo una vez á sus novicios, llamó aparte á uno de ellos, que se llamaba Acardo, y le dijo que un compañero suyo, nombrándole quien era, en aquel mismo dia desgraciadamente iba á fugarse del monasterio; por lo que le encargó que luego que lo viese salir, fuera siguiéndole, y le volviese al noviciado. Con efecto, al llegar aquella noche, vió Acardo primeramente á un demonio, que acercándose al tal novicio, tentóle de gula, arrimándole un pollo asado á las narices. Entre tanto el infeliz se desveló, y cediendo al fin á la tentacion que lo molestaba violentamente cogió sus vestidos, y preparóse para salir del monasterio. Acudió entonces Acardo, y le hizo varias reflexiones para que desistiese de su fatal propósito; pero todas ellas fueron'en vano, pues que vencido el desventurado de la pasion de la gula. quiso obstinadamente volverse al siglo, en el que, segun añade el Santo, terminó sus dias con una vida desgraciada.
* S. Bern. Cant. Serm. 35. - » Phil. ni, 19. - * Lib. 4, c. 38. 20 TOMO I.

3 Procuremos, pues, con el mayor cuidado no dejarnos vencer de tan brutal vicio. Dice san Agustín sobre este punto,- que aunque es necesario para conservar la vida usar del alimento, debemos tomarlo segun se acostumbra echar mano de las medicinas; esto es, por cuanto ellas son necesarias, y no por otro fin; teniendo asimismo presente que la destemplanza en el comer ocasiona grandes daños al cuerpo y tambien al alma. En cuanto á lo primero, nadie negará
» Vincent. Spec. hist. lll'. T, c. 8.
que del vicio de la gula dimanan la mayor parte de las enfermedades humanas: las aplopejías, las diarreas, las obstrucciones, los dolores de cabeza, de entrañas, de costado y otros innumerables accidentes, no tienen generalmente otro origen que el exceso en la comida. Pero sabemos por la fe que los menores males son estos del cuerpo, y que es mayor que todos ellos la enfermedad que el alma llega á padecer. Con respecto á lo segundo, no se ignora que este degradante vicio de la gula, segun afirma el angélico Doctor', lo primero que hace es oscurecer la níente, y hacerla inepta para los ejercicios espirituales, y especialmente para la oracion; pues que así como el ayuno dispone al alma para la contemplacion de Dios y de los bienes eternos, de la misma manera sucede tambien por el contrario, que se mira imposibilitada para tan piadosos ejercicios con la pasion de la destemplanza. Dice á este intento el Crisóstomo que quien tiene el vientre repleto de viandas está como una nave cargada de mucho peso, con el cual puede adelantar poco entre las olas de las tentaciones, hallándose además en gran peligro de perderse, si le sobreviene cualquiera fuerte tempestad de ellas.
á Aconseja tambien san Bernardo sobre esta materia lo siguiente: Panera ipsum cum mensura sume, ne onerato ventre star e ad orandum taedeat 7. Procura tomar hasta el pan con moderada mesura, para que no suceda que cargado el vientre te ocasione fastidio para la oracion; pues que, segun dice el Santo en otro lugar: Si ad vigilias indigestum cogis, non cantum, sedplanctum potius extorquebis8. Si llegas á obligar á una persona á que vele y cante las divinas alabanzas, como ella se encuentre con el vientre cargado de mas, antes conseguirás que manifieste el llanto y el fastidio, que el sagrado canto que le recomiendas. Es necesario por lo tanto que los religiosos vivan con la debida atencion para comer poco, y especialmente por la noche al tiempo de tomar la cena; porque debe saberse, que el hambre que suele sentirse después de ponerse el sol es frecuentemente una hambre falsa, originada de los ácidos extráidos de»los manjares que a) mediodia se han tomado; por lo que sucede que cuando queremos á la noche satisfacer el apetito, fácilmente se comete algun exceso; encontrándose luego por la mañana el estómago indigesto y embarazado, como tambien la cabeza entorpecida, y tan ofuscada de los humos alimenticios que ni aun siquiera estará en actitud de rezar bien una Ave María. Considerad pues, dice san Bernardo, si habrá de querer el Señor consolar después en la oracion al que antes ha procurado recrearse en la mesa como las bestias cuando comen: Divina consolatio, dice el Santo, non datur admittentibus alienam 9. No se conceden las consolaciones divinas al que busca las terrenas.
B Además de esto, aquel que da libertad á la pasion de la gula, fácilmente habrá de darla tambien después á los otros sentidos; porque habiendo perdido ya el recogimiento, segun queda dicho, sin dificultad llegará á caer en otros defectos de palabras indecentes y de acciones descompuestas. Y aun el mayor de es
a S. Bern. Apol. ad Guiliel. Ab. — s Serm. C de Ascens.
tos males es, que con la destemplanza en los manjares y bebidas se pone á la castidad en gran peligro: Ventris saturnas, dice san Gerónimo, seminarium libidinis 10. La saciedad del vientre es un gran semillero de la incontinencia. Por lo que escribe Casiano ser imposible que no experimente tentaciones impuras aquel que ha llegado á hartarse de comida: Impossibile est satttrum ventrem pugnas non experiri 11. Por esta causa tambien los Santos, queriendo conservar la castidad, han vivido siempre tan atentos en mortificar esta pasion de la gula: sobre lo que dice oportunamente el Doctor angélico: Diabolus victus de gula non íentat de libídine. Cuando el demonio haya quedado vencido en la tentacion de la gula dejará de tentar acerca de la impudicicia.
6 Todo lo contrario sucede con aquellos que se dedican á mortificar el sentido del gusto ó paladar, los cuales van continuamente haciendo progresos en el camino del espíritu; porque es indudable que haciendo guerra á la gula, habrán tambien de mortificar fácilmente los demás sentidos, y se ejercitarán en las virtudes, segun lo canta la santa Iglesia en su prefacio: Deus quicorporalijejunio vitia comprimís, nientem elevas, virtutem largiris el praemia ". Por medio del ayuno concede el Señor fuerzas al alma para que pueda superar los vicios, elevarse sobre los afectos terrenos, practicar las virtudes, y adquirir méritos eternos. Bien sabemos que los que viven apegados á los placeres de la tierra dicen en el presente caso: Dios ha criado estos manjares tan gustosos para que nos regalemos bien "> In Jovfnian. - "Ind ílb. 9, c. 18. - ,» Praef. Quadr.
con ellos. Pero no se expresan los Santos de este modo, segun la observacion que hace el V. P. Vicente Carada de la Compañía de Jesús: El Señor, dice este religioso, nos ha concedido las delicias de la tierra, no tan solamente para delectacion de nuestros sentidos, sino también á fin de que con ellas tuviésemos otros tantos medios con que mostrarnos agradecidos al mismo Señor, manifestándole nuestro amor y reconocimiento con ofrecerle estos mismos dones que nos ha concedido, privándonos voluntariamente de gozarlos. Y así, con efecto, lo han practicado las almas santas de todos los tiempos; pues que los antiguos monjes, como refiere san Gerónimo, reputaban por gran defecto el alimentarse con manjares cocidos; reduciéndose toda su comida á un panecito diario del peso de una libra. San Luis Gonzaga hacia en la semana tres ayunos á pan y agua, no obstante que su salud fuese endeble. San Francisco Javier no se alimentaba en el tiempo de sus misiones sino con un puñado de arroz mal cocido. De una manera semejante, san Juan Francisco Regis, mientras andaba tambien ocupado en las misiones, tampoco usaba de otra vianda que de un poco de harina amasada con agua. Y todo el sustento que tomaba san Pedro de Alcántara se reducia á una escudilla de caldo. Y aun posteriormente en nuestros dias tambien se lee en la vida del venerable Fr. Juan José de la Cruz, alcantarino, á quien yo bien conocía, que por el espacio de veinte y cuatro años después de haber hecho su profesion este siervo de Dios, no se alimentó sino de solo pan con alguna otra yerba ó fruta, de las que tambien se abstenía en los muchos dias que ayunaba solamente á pan y agua; y viéndose después obligado por sus enfermedades y por la obediencia á tomar alguna comida caliente, no usó de otro manjar sino del mismo pan mojado en una taza de caldo. Y porque los médicos le mandaron que bebiese con precision un poco devino, él obedecía mezclándolo con el mismo caldo, haciendo así mas desagradable al paladar aquel escaso alimento que tomaba. Al presentar á la vista tan admirables modelos de abstinencia y templanza no se crea que yo pretendo obligar á ninguna monja á que los imite, para que llegue á hacerse santa; pero sí me atreveré á decir, que la que estuviere apasionada por este vicio de la gula, y no se decida con firme propósito á mortificarla con actos contrarios, no habrá de hacer jamás en el espíritu algun progreso que merezca la atencion. Y como esta accion ó práctica de alimentarse es tan usual, que se repite dos veces cada dia, de aquí viene á suceder que todos aquellos que se olvidan de mortificar el gusto habrán de cometer diariamente mil defectos.
7 Mas vengamos ahora á la práctica, y veamos en qué cosas habrémos de mortificar nosotros esta pasion de la gula; para lo cual nos basta aprender lo que enseña san Buenaventura acerca de esto. Dice pues: In qualitale, in quantitate, etmodoia. Por manera que viene á reducirse á la observancia de tres reglas el documento del Santo. Primera: In qualitate, ut non delicata requirat, sed Simplicia. Manifiesta estar poco adelantada en el espíritu, dice el mismo Santo en otro
"DeProf. Reí. 1. 2,c. 41.
lugar, la religiosa que no se contenta con aquellas comidas que se le ofrecen en el refectorio, sino que busca otras mas agradables al paladar, ó á lo menos dispone que las mismas se le guisen de otra manera. No se porta así la religiosa mortificada; ella se contenta con la vianda que le ponen delante; y cuando le llevan á la mesa diferentes platos, elige aquel que le es menos grato al paladar, con tal que no le dañe la salud. Esta era tambien la conducta que seguía san Luis Gonzaga, procurando siempre escoger aquello que le fuese mas contrario á su gusto. Y hablando especialmente de la carne y el vino, dice Clemente Alejandrino: Vinum, et carnes robur quidem adduamt corpori, sed animam reddunt languidam1*. El vino y la carne dan ciertamente fuerza al cuerpo, mas ponen enferma al alma. Con respecto á la carne, leemos en los sagrados cánones, que antiguamente no era permitido á los monjes ni aun el gustarla: Carnem Monacho nec sumendi, nec gustandi est concessa ticentia ". ¥ hablando san Bernardo de sí mismo decía: Ábstineo á carnibus, ne carnis nutriant vitia 16. Yo me abstengo de las carnes, para que ellas no fomenten los vicios de mi carne. Tambien, en cuanto al vino, dice la sagrada Escritura: Noli regibus dari mnum ". Y por estos reyes no se entienden solamente aquellos príncipes que gobiernan los pueblos, sino tambien y con especialidad las personas que dominan y sujetan á la razon sus malvados apetitos. Dice igualmente el Sabio en otro lugar: Cuivae ?... norme his quicommorantur invino, et student caHcibus epotandis 18? ¡ Ay! y ¡ ay por toda la eternidad! pues la palabra vae significa condenacion eterna en las Escrituras, como declara san Gregorio ¡ ay de aquellos que están viciados en el vino!
Y ¿por qué? El mismo Salomon da la respuesta: Lujuriosa res vinum 19. Con el vino se fomenta la incontinencia. Esto movió á san Gerónimo para que escribiese estas palabras á la virgen Eustoquio: Hoc primum moneo, ut sponsa Christi vinum fugias pro veneno. Vinum et adolescentia duplex incendium volupíatis estí0. Si quieres, le dice, conservarte casta, como debe serlo una esposa de Jesucristo, guárdate del vino como del veneno: este licor unido á la juventud es un doble incentivo para desear los placeres ilícitos. De todo esto debemos deducir que la que no puede abstenerse absolutamente de la carne y del vino, bien porque no tenga espíritu para ello, ó bien porque le falte la salud, debe á lo menos usar de una grande moderacion en estas dos cosas, par a que así no se vea muy acometida de las tentaciones de impureza.
8 Tambien será conveniente que la religiosa mortificada se prive de salsas ó condimentos superfluos que no sirven mas que para satisfacer el paladar. Los aliños que los Santos han acostumbrado poner en sus pobres viandas han sido solamente la ceniza, aloé y ajenjo. Yo no pido de vos ahora estas mortificaciones, ni tampoco pretendo muchos ayunos extraordinarios.
Y mediante á que no vivís solitaria en ningun desierto , sino que estais agregada á una comunidad, os conviene el huir, ordinariamente hablando, segun
isProy. xxni, 30. - i»Prov. xx,l. — *> Ep. Sí.
tambien lo aconseja Casiano, de todo aquello que no fuere conforme al uso comun del convento, pues que la singularidad se halla muy expuesta á vanagloria. Decia sobre esto san Felipe Neri: En la mesa en que otros concurren de todo debe comerse. Y por esto aconsejaba tambien el Santo á sus hermanos congregados: Huid de toda singularidad, como origen que por lo comun suele ser de soberbia espiritual. A mas de que, la persona que tiene espíritu para ello, bien sabe buscar los medios para mortificarse, sin que nadie lo entienda. Por hacerlo así san Juan Clímaco comia de todo lo que le ponian; pero mas bien podia decirse que era gustarlo que comerlo; y de este modo mortificaba el apetito, y al mismo tiempo sin peligro de vanidad. Decia san Bernardo acerca de esto, que aquel que vive en comunidad, algunas veces recibirá mayor complacencia por un ayuno que haga á la vista de los demás compañeros cuando comen, que de siete ayunos en ocasion en que tambien ayuna toda la comunidad. Sin embargo de lo dicho, no se os prohibe el hacer algunos ayunos rigorosos á pan y agua en aquellos dias propios de devocion, como lo son los viernes y sábados, las vigilias de las festividades de la Virgen santa María y otros semejantes; pues que tales ayunos son usados ordinariamente entre las religiosas devotas.
9 Pero si no teneis el espíritu que se requiere para hacer estos mismos ayunos rigorosos, ni vuestra salud tampoco os lo permite, á lo menos no habréis de lamentaros de las comidas que la comunidad os ofrece, sino que deberéis contentaros con solo lo que ella ponga á vuestra vista. Santo Tomás de Aquino jamás pidió manjar alguno particular, manifestándose siempre satisfecho con solo aquello que le ponian delante, y aun comiendo tambien con mucha moderacion de lo mismo que los demás. Igualmente se lee de san Ignacio de Loyola, que nunca despreció vianda alguna, ni se quejó tampoco en ninguna ocasion de que estuviese mal cocida ó mal guisada. Á las superioras es á quienes corresponde cuidar acerca de esto, para evitar en lo posible á la comunidad semejantes padecimientos; mas la religiosa no debe lamentarse si la racion viene cocida poco ó mucho; si está escasa, si sabe á humo, ó si al paladar se siente insípida ó muy salada. El pobre necesitado toma cualquiera cosa que le dan, sin desdenes ni quejas; antes por el contrario se alegra solamente al ver que tiene con que alimentarse y conservar su vida; así tambien la religiosa debe aceptar muy conforme y gustosa lo que le ponen á la mesa, considerándolo como una limosna que le viene mandada de Dios.

10 Segunda regla de las tres que da san Buenaventura, acerca de la cantidad: In quantitate, ut non nimium, et saepius quamdecet, ut sit refedio corporis, non onus. No debe la persona usar de la comida en mayor cantidad, ó con mas frecuencia que aquella que sea necesario; á fin de que con el alimento se facilite á la naturaleza un justo reparo ó alivio, y no una pesadez entorpecedora. Por eso es una regla general entre todas las personas que tratan de espíritu el no comer jamás hasta saciarse : Sit Ubi moderatus cibus, et numquam venter expletus, escribe san Gerónimo á la virgen Eustoquio ". Algunas monjas es verdad que suelen ayunar un dia, pero al siguiente comen hasta saciarse; y mejor seria, dice tambien san Gerónimo, usar de continuo de aquella moderada comida que es conveniente, que no hacer que al ayuno le suceda un exceso de gula. Advierte además de esto el mismo santo Doctor, que no solamente en las comidas delicadas haya de evitarse la saciedad, sino tambien en las que puedan llamarse viles y groseras: Sed et in vilissimis cibis vitanda sacíetas est ". ¿Qué importa, pues, que una monja no se sacie de perdices, si lo verifica con legumbres que ocasionan el mismo mal efecto que la carne delicada? Con respecto, pues, ála tal cantidad conveniente en la comida, nos da el repetido san Gerónimo esta regla: Que después de tomada, haya de quedar la persona tan ligera ó expedita, que pueda inmediatamente dedicarse á la oracion ó á la lectura: Quando comedis, cogita quod statim tibi orandum, et legendum est*3. Decia sabiamente sobre esto un Padre antiguo: El que come mucho, y aun se queda con fiambre, habrá de ser mas premiado que aquel que come poco, y llega á hartarse. Cuenta tambien Casiano ", que viéndose precisado cierto monje á sentarse en un dia muchas veces á la mesa para acompañar en ella á varios forasteros, y habiendo tenido que comer en todas aquellas ocasiones para cumplir con sus huéspedes, aun se levantó la última vez de la mesa sin haber quedado satisfecho. Este puede decirse que es el modo mas bello de mortificarse, y al mismo tiempo tambien el mas difícil; mediante á que es mas fácil privarse absolutamente de un manjar delicado, que poder contenerse comiendo poco de él, después de haberlo probado.
*' Bp. M. - "in Jovln. 1. 2. — « Bp. ad Furiam. — "Inst. 1. S,c. 15.
11 El que quiera llegar á conseguir una conveniente moderacion en la comida, será bueno que comience poco á poco á disminuir la cantidad de esta, hasta tanto que la experiencia le haga conocer la porcion determinada que moderadamente necesita para poder sostenerse sin notable incomodidad. De este modo san Doroteo consiguió conducir á una justa mortificacion á su discípulo san Dositeo. Mas para librarse cualquiera persona de toda duda y desazon acerca de los ayunos y abstinencias que deba observar, es una regla segura y cierta el que todo esto dependa del juicio ó dictamen del director; pues que segun el parecer de san Bernardo, aquellas mortificaciones que se tienen sin la oportuna licencia del padre espiritual respectivo, se imputan mas bien á presunciones acreedoras de castigo, que á obras que sean dignas de premio: Quod sine permissione Patris spiritualis fit, praesumplioni depulabitur, non mercedi 55. Sirva, no obstante , de regla general para todos, y con especialidad para las religiosas, el procurar, como ya queda antes recomendado, alimentarse parcamente de noche en la cena, por mas que parezca que el estómago se halla en grande exigencia; porque ya queda dicho tambien que el hambre de la noche suele ser frecuentemente falsa; por lo que con poco que una persona se exceda de aquella cantidad justa, se encontrará por la máñana llena de incomodidades, con la cabeza cargada, con dolor de estómago; y por consecuencia atolondrada, y casi inhábil para todo ejercicio espiritual.
12 Con respecto á la bebida, bien puede ejercitarse la mortificacion, absteniéndose de ella fuera de la mesa, sin que la salud se resienta; mientras no se presente alguna otra exigencia particular de la naturaleza , como puede suceder en el verano, habiendo contingencia de que esta reciba algun perjuicio con aguantar aquellos calores sin humedecerla ó refrescarla. Sabemos que san Lorenzo Justiniano no probaba el agua jamás fuera del tiempo de la comida, aunque fuese en la estacion mas calorosa: y á cualquiera que le preguntaba cómo le fuese posible el aguantar aquella sed, le respondia: ¿ Y cómo podré sufrir después los ardores del purgatorio, si ahora no procuro aguantar esta abstinencia? Y deberá tambien saberse que los antiguos cristianos en el dia de ayuno se privaban de beber agua ninguna fuera de la única comida, que acostumbraban tomarla solamente cerca de la noche. Y aun en el dia de hoy practican esto mismo los turcos en los dias de ayuno de su cuaresma. Á lo menos, obsérvese sobre esto la buena regla que umversalmente nos dan los médicos, de no beber hasta que hayan pasado cuatro ó cinco horas después de la comida del mediodia.
13 Tercera regla de san Buenaventura. Finalmente en cuanto al modo dice el Santo: In modo, ut non importune requiratur (cibus), etinordinatesumatur, sed religiose. Nótese que dice importune, con lo que quiere el Santo darnos á entender, que no haya de usarse de ningun otro manjar antes del que acostumbra tomarse en la mesa común. Este era el defecto de aquel penitente de san Felipe Neri, el cual no sabia abstenerse de comer cualquiera cosa entre dia; por lo que tambien el Santo le dijo: Hijo mio, si no te corriges de este defecto, no conseguirás jamás adquirir el buen espíritu. Leemos igualmente en el Eclesiástico: Beata terra, cujus principes veseuntur tempore suo ". Y yo digo que tambien es bienaventurado aquel convento, en donde las religiosas no se alimentan de cosa alguna fuera de su tiempo señalado; esto es, además de la comida y la cena. Habiendo entendido santa Teresa que en uno de sus conventos habian pedido ciertas monjas licencia al padre provincial para tener en su celda alguna cosa de comer, dióles una fuerte reprension diciendo: / Considerad qué peticion es la que habeis hecho! Asi llegará el caso de que venga todo á destruirse.
14 Aquel adverbio inordinate, de que usa el citado Padre san Buenaventura acerca del modo de comer, quiere decir que no se tome la comida con ansiedad y golosina; como es el masticar á dos carrillos, ó acaso con tanta precipitacion que un bocado no espere al otro: Noli esse avidus in omni epulatione, es advertencia que nos hace el Espíritu Santo ". Tambien importa que se haga uso de la comida con el recto fin de conservar las fuerzas corporales, para que de este modo pueda una persona servir al Señor con aquella actitud debida. Por el contrario, el comer por solo deleitar el gusto, á lo menos no puede excusarse de cul
«Kcc. x,n. — « Ibid. xxxvu, 32.

pa venial; habiendo sido ya condenada por el santo padre Inocencio XI la proposicion de aquellos que decian no cometerse pecado alguno cuando se comia ó se bebia por sola satisfaccion de la gula. Pero por esto no deberá entenderse, sin embargo, que quiera clasificarse de pecado el sentirse placer al mismo tiempo que se reciben los manjares; porque ordinariamente hablando, no es posible que al masticarse la comida deje de experimentarse aquella deleitable sensacion que naturalmente presta; lo que sí habrá de comprenderse es, que se comete culpa por alimentarse con solo el fin de recrearse con ese mismo deleite sensual, á semejanza de las bestias, que ningun otro fin honesto se proponen. De donde se infiere que nosotros podemos disfrutar de manjares aunque sean delicados, sin cometer la mas leve culpa cuando lo hacemos con un fin recto; y podemos tambien, por el contrario, usar de viles y groseras viandas gravando la conciencia, cuando estas se toman por apego ó afecto desordenado al mismo placer del sentido. Refiérese en las vidas de los Padres28, que estando todos los monjes en una ocasion comiendo en el refectorio, advirtió entre ellos un santo viejo, por una vision que tuvo, que aunque fuesen unas mismas las viandas que se ponían para todos en la mesa, no obstante notaba que algunos se alimentaban de miel, otros de pan, y otros de estiércol. Al mismo tiempo se le dió á entender con esta vision, que aquellos que comian la miel figuraban á los que usaban de la comida con santo temor de no ofender la templanza, teniendo entre tanto su mente elevada á
ss L¡b. de Prov. c. 2S.
Dios con buenos afectos; que los que se sustentaban con pan eran los que, experimentando al comer algun deleite, no daban al Señor las debidas gracias; y que los que finalmente engullían el estiércol, significaban á los que comian por solo el gusto del paladar y demás sentidos.
15 Importa además en cuanto al modo, que no se hagan ayunos indiscretos, de tal manera que la persona llegue á quedar imposibilitada de servir á la comunidad , y observar las reglas, á causa de la mucha debilidad que haya contraido, cuyo defecto es demasiado comun entre las principiantas; las que transportadas con aquel fervor sensible que Dios suele comunicarles en un principio, para que se animen á caminar por las sendas de una perfeccion conocida, se vuelven indiscretas en el modo de cargarse de penitencias y de ayunos; de donde proviene que lleguen á caer en alguna enfermedad, y entonces, ó tienen que rendirse confesándose inhábiles para continuar los ejercicios propios de la comunidad, ó acaso por razon de la misma enfermedad dejan lo uno y tambien lo otro. Siempre se ha dicho que es necesaria la discrecion para todas las cosas. El dueño que entrega á un criado suyo un caballo para que cuide de él, lo mismo lo reprenderá si ve que le da un pienso demasiado, como si advierte que no le suministra la comida suficiente, de manera que su mismo dueño no pueda servirse de él cuando quisiere ó lo necesite. Por esta causa decia san Francisco de Sales á sus monjas de la Visitacion: Una moderada y continua sobriedad es mejor que las violentas abstinencias, practicadas en diferentes ocasiones, enft-e las cuales tambien se introducen graves relajaciones. Además de que estas fervorosas de repente se hallan expuestas d reputarse por mas santas que las otras que no hacen sus ayunos. No tiene duda que conviene el huir de las indiscreciones penitenciales; pero tambien conviene , por el contrario, no olvidar aquello que un gran maestro de espíritu decia; á saber, que el espíritu raras veces engaña para hacernos exceder en las mortificaciones; mas el cuerpo con mucha frecuencia nos seduce, consiguiendo que le tengamos compasion, y que lo eximamos de aquello que á él no le agradó.
21 TOMO I.
16 Es absolutamente cierto que será buena mortificacion el abstenerse de manjares que agradan al paladar, pero que ofenden á la salud en alguna manera : asimismo el privarse de las primeras frutas, y tambien de alguna de las que son comunes en todo el año, sacándola por suerte: el no tomar absolutamente fruta alguna una ó dos veces á la semana, procurando dejar todos los dias parte de las que ponen á la mesa; el abstenerse de cualquiera vianda delicada, contentándose con solo probarla, y diciendo que no le agrada ó aprovecha, como hacia santa María Magdalena de Pazzis; el reservar en el plato cualquiera partecita delo quemas agrada al paladar, segun aconseja san Bernardo: Unusquisque super mensam aliquid Deo offerat ", el refrenar por algun tiempo la ansiedad de principiar á beber, ó á comer de la vianda que ya está puesta delante de la vista; y el privarse, especialmente siendo jóvenes, del vino, del aguardiente y de otras bebidas delicadamente compuestas. Toda esta clase de mortificaciones bien pueden practicarse sin peligro de soberbia, no siendo tampoco perjudiciales á la salud, ni mucho menos siendo necesario el practicarlas todas; sino ejercitándose solamente en aquellas que la superiora y el director permitieren. Con respecto á lo demás que pudiera decirse, ya'sabemos de cierto que es mejor dedicarse á pocas abstinencias ó privaciones, y que estas sean frecuentes, que el tener muchas, aunque fueren grandes y extraordinarias, negando á interrumpirse, y viviendo después sin ninguna mortificacion. Acerca de algunas otras mortificaciones que pueden tenerse en el refectorio, obsérvese lo que después se dirá en el capítulo XXV, en el que habrá de tratarse del reglamento de la vida religiosa.
ORACIÓN.
¡Amado Redentor mio! yo me avergüenzo de comparecer en vuestra presencia tan llena de defectos, y con tanta tibieza como estoy. Segun las gracias que en todos tiempos me habeis concedido, debería yo á estas horas encontrarme transformada en una serafina de amor. Pero ¡qué digo yo de serafina, si me veo al presente aun mas imperfecta que á los principios! ¡ Ay! ¡cuántas veces os he prometido hacerme santa, y ser toda vuestra, habiendo después llegado á ser todas mis buenas promesas unas repetidas traiciones. ¡ Oh qué ingratitudes tan abominables, Dios de mi vida! Mas en medio de esto me consuelo al considerar que he usado de esta mi pérfida correspondencia contra una bondad infinita como Vos lo sois. No me abandoneis, pues, Señor mio; continuad dándome fuerzas auxiliadoras, que yo pretendo enmendarme de veras, ayudada de vuestra gracia. Ya no quiero resistir mas al infinito amor que me teneis; veo claramente que Vos me quereis santa, y yo tambien quiero serlo, solo por daros gusto. Os prometo en este instante el mortificar mis sentidos, absteniéndome especialmente de... {especifique ahora aquello de que quiere privarse). ¡ Ah Jesús mio! bien conozco que habeis hecho mucho para obligarme amorosamente á que yo me decidiese á ser toda vuestra; y por lo tanto, os haria una grande injusticia, si ya os negase alguna cosa dmni parte, ó tambien si os amase poco. No trato, pues, de seros mas ingrata. Vos habeis sido siempre tan bueno para conmigo, no quiero yo tampoco ser tan escasa y tan desconocida con Vos, como en el tiempo pasado lo he sido. Os amo, Esposo mio dulcísimo, y con todo el corazon me arrepiento de todos cuantos disgustos os he dado. Perdonadme, y ayudadme á seros fiel eternamente. ¡Oh santísima María! Vos fuisteis fiel á Dios en todos tiempos; alcanzadme, pues, á mí tambien la no interrumpida fidelidad para todo el tiempo de vida que me queda.
§ lll. — De la mortificacion del oido, del olfato y del tacto.
1 En cuanto al oido, es necesario mortificarse no escuchando discursos inmodestos, ó murmuraciones, ú otras cosas propiamente del mundo, las cuales aunque no hagan en nosotros otro daño, nos llenan á lo menos la cabeza de mil pensamientos y fantasías, que después nos distraen é inquietan en la oracion y en los demás ejercicios devotos. Debeis, pues, cuando os halleis en donde se formen tales razonamientos ó conversaciones , procurar mudarlas con diestro modo, proponiendo entonces alguna otra idea que llame la atencion , como por ejemplo, haciendo alguna pregunta útil; y cuando esto no pueda ser oportuno, ó tratad de ausentaros de aquel lugar, si prudentemente es posible, ó á lo menos, ya que otra cosa no sea, entregaos al silencio, y bajad los ojos para demostrar con esto el ningun placer que teneis de que se hable de semejante materia. En órden al olfato, procurad huir siempre de los vanos perfumes de ámbares, de pastillas, de bálsamos, de aguas olorosas, y otras cosas semejantes; pues que tales delicadezas desdicen aun entre las personas mundanas. Antes mas bien esforzaos. por el contrario, á sufrir los malos olores que continuamente se experimentan en las enfermerías, á imitacion de los Santos, que animados del espíritu de caridad cristiana y de mortificacion al mismo tiempo, disfrutan entre el fetor de los enfermos de unas sensaciones odoríferas tan deliciosas como las que se gozan en los jardines de fragantísimas rosas. Con respecto al tacto, deberéis procurar tambien evitar con la mayor diligencia hasta el mínimo de los defectos; porque cualquiera falta que se comete en este sentido viene á servir al alma de peligro para la muerte eterna. En cuanto á esta materia del tacto no me es lícito explicarme con mas extension; y diré solamente que las religiosas deben usar de toda la modestia y cautela posible, no solamente acerca de otras personas, sino tambien consigo mismas, á fin de conservar intacta la bella joya de la pureza. Algunas, descuidadas en esta materia tan peligrosa, se ponen á juguetear neciamente y como por un divertimiento; pero ¿ quién hay que jamás juegue con el fuego? Estando san Pedro de Alcántara ya próximo á espirar, y advirtiendo que le tocaba un religioso que le servia: Retírese, le dijo, y no me toque , porque todavía estoy vivo y puedo ofender á Dios. Es indispensable, por el contrario, tener á freno este sentido, en todo cuanto fuere posible, con las mortificaciones exteriores, de las que conviene hablar ahora separadamente.
2 Estas mortificaciones externas se reducen á cuatro cosas, que son, ayunos, cilicios, disciplinas y vigilias. Acerca de los ayunos ya tenemos hablado antes lo bastante. Sobre los cilicios, sabemos que estos son de varias especies: unos son entretejidos de pelos, ó llámense cerdas; y estos podrán ser nocivos á personas de complexion delicada; porque, como dice bien el P. Scaramelli', inflaman exteriormente la carne, estragan el calor natural del estómago, y por consiguiente lo debilitan. Otros son formados de puntas de alambre ó de laton, en forma de cadenas ó de fajas, los cuales son menos dañosos á la salud, llevándolos en los brazos, en los muslos ó en las espaldas; pues que colocados sobre el pecho, ó á la cintura por los lados, tambien pueden ser dañosos. Estas especies de cilicios son las ordinarias, y que seguramente todos pueden soportarlas; además de esto los Santos han usado de otra clase de cilicios. D.a Sancha Carrillo, la célebre penitenta del P. M. Ávila, llevaba un cilicio de cerdas que le cubria desde el cuello hasta las rodillas. Santa Rosa de Lima usaba de otro largo, entretejido de agujas, con una gran cadena de hierro sobre sus lomos» Tambien sabemos que san Pedro de Alcántara tenia sobre las espaldas una gran plancha de hierro labrado ásperamente, la cual le habia puesto llagada toda aquella parte de sus carnes. Mediante todo esto, no seria, pues, gran cosa que vos usáseis de una cadenilla de hierro, á lo menos desde la mañana hasta la hora de comer.
1 Tom. 1 tract. 2, art. l, c. i.
3 Con respecto á las flagelaciones ó disciplinas, nadie ignora que esta es una especie de mortificacion muy alabada por san Francisco de Sales, y adoptada generalmente en todas las comunidades religiosas de uno y otro sexo. Y no se encuentra un Santo, á lo menos entre los modernos, que no haya usado mucho de esta penitencia. Cuéntase especialmente de san Luis Gonzaga, que por lo general se disciplinaba tres veces al dia hasta derramar sangre; y que hallándose en los últimos períodos de su vida, suplicó á su provincial, que ya que á él le faltaban entonces las fuerzas para manejar la disciplina por su propia mano, á lo menos le hiciese azotar de piés á cabeza por medio de otro/. No seria, pues, tampoco una gran cosa que vos usáseis de la disciplina una vez cada dia, ó á lo menos en la semana tres ó cuatro veces; entendiéndose esto siempre con el debido permiso de vuestro director de espíritu.
4 Finalmente, acerca de las vigilias, por medio de las cuales se entiende que una persona se priva de una parte del sueño, se lee de santa Rosa, que para poder pasar toda la noche en oracion, ataba sus cabellos á un clavo fijo en la pared, á fin de que cuando llegase á inclinar la cabeza oprimida del sueño el dolor la obligase á despertar. Tambien hallamos escrito que san Pedro de Alcántara no durmió por el espacio de cuarenta años mas que una hora, ó á lo mas hora y media cada noche; y para que el sueño no le venciese impidiéndole sus piadosos ejercicios, tenia su cabeza apoyada sobre una estaca clavada en la pared el poco tiempo que dormía. Aunque esta especie de vigilias no deben practicarse sin una gracia especial; por lo que yo aconsejo que la mortificacion del sueño ha de ser muy discreta y moderada; porque cuando no se duerme lo preciso, queda la persona ordinariamente inhábil ó menos apta para los ejercicios mentales, como son, el oficio divino, la oracion y las lecciones espirituales; aconteciendo lo que á san Carlos Borromeo, el que velando por la noche, luego al siguiente dia vióse alguna vez atormentado del sueño aun en las funciones públicas; por lo que después el Santo juzgó ser prudente alargar un poco mas el reposo de la noche. Pero debe tambien advertirse que no es necesario, en contraposicion de esto, ni tampoco conviene á las personas espirituales el permitir al cuerpo que goce de todo el sueño que desea, como practican las bestias, que dejan de dormir solo cuando ya no tienen mas gana para ello. Conviene, pues, entregarse al descanso aquel tiempo que fuere bastante, y nada mas que este. Las mujeres regularmente necesitan menos sueño que los varones; y ellas tendrán por lo comun lo suficiente con cinco, ó á lo mas con seis horas. To os ruego á lo menos, mi bendita hermana, que seais puntual para levantaros luego que por la madrugada oigais la señal de llamada, sin entreteneros, como suelen hacer algunas, en volverse de uno á otro lado en la cama por algun tiempo mas. Decia santa Teresa acerca de esto, que al momento que la religiosa oye sonar la campana debe saltar de su lecho.
5 Es tambien indudable que los Santos, además de privarse del sueño, han usado al mismo tiempo de otras mortificaciones en las pocas horas de su descanso. San Luis Gonzaga metía debajo de las sábanas pedazos de madera y tambien piedras. Santa Rosa de Lima reposaba sobre unos troncos de árboles, llenando los vacíos con pedazos de teja. La venerable sor María Crucifixa de Sicilia apoyaba su cabeza mientras dormía sobre una almohada de espinas. Acerca de estas penitencias repito lo mismo que ya he dicho antes; que son extraordinarias, y por lo tanto no convienen á todos; pero sí puede asegurarse que conviene á todas las religiosas no buscar delicadezas en la cama. Si alguna tiene bastante para dormir con el jergon de paja, ¿qué necesidad tiene de colchon de lana? Á lo menos, si tiene lo suficiente con un colchon solo, ¿por qué ha de procurar dos?
45 Tambien corresponde á la mortificacion del tacto el sufrir con paciencia el rigor de las estaciones, tanto la del frio, cuanto la del calor. Sabemos que san Pedro de Alcántara, además de andar siempre en tiempo de invierno descalzo de pié y pierna, y con la cabeza descubierta, no usaba de mas abrigo que de una túnica rota. Vos es verdad que no podeis hacer tanto; mas no seria tampoco gran cosa el que os abstuviéseis en el invierno de arrimaros á la lumbre, como lo hacia san Luis Gonzaga, no obstante que moraba en la Lombardia, region en que tanto domina el frio; á lo menos podeis usar de esta mortificacion alguno que otro dia de la semana; ó ya que otra cosa no fuere, sufrir siquiera, tanto el frio como el calor, con verdadera paz y paciencia, aceptandolo uno y lo otro como venidos de la mano de Dios. Habiendo llegado tarde una vez san Francisco de Borja á un colegio de la Compañía de Jesús, encontró la puerta ya cerrada; por lo que tuvo que sufrir toda aquella noche el mucho frio y la nieve que tambien estaba cayendo. Llegada la mañana, y viéndole los religiosos en disposicion tan penosa, afligiéronse de aquella grande molestia que el Santo habia sufrido; mas él entonces les respondia: Sabed que aunque es verdad que ha padecido el cuerpo, he estado sin embargo muy consolado interiormente en el espíritu; considerando entre tanto que Dios se complacía de que yo sufriese tanto frio; y aun me parecía tambien que el mismo Señor con sus propias manos del cielo me mandaba aquellos copos de nieve.
ORACIÓN.
¡Oh amado Redentor mio! la vergüenza y la confusion se apoderan de mí al considerar que voy á ponerme en vuestra divina presencia, viéndome tan afeetada á los deleites de la tierra. Vos que siempre misericordioso no habeis pensado en vuestra vida sino en padecer por mí; y yo que ingrata en el tiempo transcurrido no me he ocupado en otra cosa mas que en satisfacer mis sentidos, olvidándome de vuestras penas y del grande amor con que me habeis tratado. ¡Ay Señor de mi vida! ¿ Qué mas he tenido yo hasta ahora de religiosa y de esposa vuestra fuera del hábito y el nombre? Muy bien merecía ser arrojada de este santo lugar en que me hallo, y en el que Vos tantas gracias me habeis dispensado, é infundido tan repetidas luces celestiales, á las cuales yo siempre mas ingrata he correspondido. Es verdad que han sido muchos y buenos los propósitos que he formado, y que os he dado palabra infinitas veces de cumplirlos, mas después muy malamente los he puesto en práctica. Yo sí quiero, Jesús mio, hacer en vuestro servicio todo cuanto se presente, antes que finalice el tiempo de mi vida; dadme, pues, fuerzas auxiliadoras para ello. ¡Ah! si en este instante me sorprendiese la muerte, ¡qué descontenta exhalaría mi último suspiro! Bien veo que si Vos me concedeis mas larga vida, es para que yo me santifique. Pues sí que quiero ya hacerlo. Os amo, Dios mío y Esposo de mi vida; y quiero amaros del modo que corresponde á una fiel esposa; no pretendo pensar ya en otra cosa que no sea daros gusto. Perdonadme, pues, las muchas ofensas que en el tiempo pasado he cometido contra Vos; ya con todo mi corazon las detesto. ¡Oh Dios del alma mia! por satisfacer mis apetitos sensuales os he dado á Vos tantos disgustos; ¡á Vos, que sois mi tesoro y mi vida, y que tanto me habeis amado! Vuelvo, pues, á suplicaros que me concedais vuestros eficaces auxilios para ser de hoy en adelante toda vuestra. ¡Virgen santa María, y mi firme esperanza! socorredme tambien Vos, y alcanzadme las fuerzas necesarias para hacer por Dios todo cuanto convenga antes de que llegue la hora de mi muerte.
CAPÍTULO IX.
DE LA POBREZA RELIGIOSA.
§ I. — De la perfeccion de la pobreza.
\ Todas las reglas del mundo son diametralmente opuestas á las de Dios; las riquezas, á los ojos del mundo, son el fundamento de los grandes hombres; mas en la presencia de Dios es la pobreza el fundamento de los Santos, los únicos que en verdad pueden llamarse grandes. No es tampoco indefectible que los ricos hayan de condenarse, pero tambien es cierto que es muy difícil que un rico se salve; así como igualmente es difícil, segun afirma el santo Evangelio, que una gruesa cuerda pase por«l ojo de una aguja. Por esta causa todos los santos fundadores han procurado establecer en sus religiones una perfecta pobreza, como el apoyo del aprovechamiento comun. San Ignacio de Loyola llamaba á la pobreza de las religiones claustrales la muralla que conserva la plaza del espíritu. Y se ve, con efecto, que en aquellas comunidades religiosas en donde la pobreza se ha conservado, allí tambien se ha mantenido el espíritu; y que en las que ha faltado esta virtud, prestose ha seguido la relajacion. Por esta razon se fatiga tanto el infierno para conseguir que se mitigue el rigor de la pobreza en las religiones observantes. ¥ esto mismo puntualmente avisó santa Teresa desde el cielo á sus religiosas, diciéndoles: Procuren ser muy amigas de la pobreza, pues que mientras ella durare, el espíritu religioso habrá de mantenerse '. Con justicia, pues, los santos Padres llaman á la pobreza la guardado las virtudes, porque verdaderamente ella conserva en las religiosas la mortificacion, la humildad, el desprendimiento y sobre todo el recogimiento interno.
2 Contrayéndonos á la pobreza religiosa, es necesario distinguir lo que exige el voto de pobreza de lo que pide la perfeccion de ella misma. El voto obliga á la religiosa á no tener algun dominio de hacienda ni de dinero; ni aun tampoco el uso de ello, á no ser que medie dispensa de la superiora. Mas ¡ay! que este es un escollo en el que se precipitan infinitos religiosos. Vió santa María Magdalena de Pazzis á muchas personas religiosas condenadas por no haber observado el voto de pobreza. Cuéntase tambien en las crónicas de los Capuchinos, que en una ocasion se apareció un demonio, el cual en presencia de varios religiosos , y aun en medio de ellos, arrebató á un fráile, al cual en el acto de llevárselo se le cayó de la manga un breviario .que el miserable se habia apropiado contra la pobreza. Aun mas terrible que este es el caso que escribió san Cirilo á san Agustín 2. Habia en la Te
1 AtÍso 19. - 2 ínter Ep. S. Aug. ep. 206.
baida, le decia, un monasterio de doscientas monjas, las cuales no vivían segun la pobreza de la regla: por esta causa se le apareció un dia san Gerónimo á la mas observante de todas, y le dijo que avisase á la abadesa y á las demás compañeras que trataran de enmendarse, pues que de lo contrario les amenazaba un gran castigo. Expúsoles desde luego la buena monja el aviso que habia recibido, mas le fue despreciado con risa y burla. Estando otra vez la misma en oracion, se le volvió á mandar que repitiese la amenaza, previniéndole que en el caso de que entonces tambien la despreciasen, ella se saliese inmediatamente del monasterio. Cumplió tambien entonces la monja repitiendo su avisos pero la madre abadesa, en vez de aprovecharse de él, la amenazó con echarla luego del monasterio , si volviese a hablar otra palabra de semejantes paparruchas. Entonces respondióle la religiosa: No, madre; sin que vos me despidais quiero yo salirme de esta casa para no verme sumergida en vuestra comun ruina. Con efecto, apenas ella habia salido, cuando el monasterio se vino enteramente abajo, y dejó muertas á todas las monjas.
3 ¡ Ay de aquellos que introducen en los conventos la relajacion de la santa pobreza! Por lo tanto vos, mi bendita hermana, examinad bien si teneis dinero ó alguna otra cosa sin la debida licencia; y tened entendido que no vale esta misma licencia cuando recae sobre cosa injusta, porque tampoco puede concederla la superiora, mientras no medie la precisa circunstancia de la justicia. Todo cuanto vos tengais de dinero, de muebles, de vestidos ó de otras cosas, cuanto recibais de vuestros parientes en clase de libelo, ó de los extraños en satisfaccion de vuestro trabajo de manos , nada de todo esto os pertenece, sino que todo ello es del convento. Vos no teneis por vuestro otra cosa mas que el simple uso ó servicio de solas aquellas cosas que os conceda la superiora; de donde se infiere que si disponeis de algo sin licencia suya, cometeis un verdadero hurto, y un hurto sacrilego contra el voto de la pobreza. Entended tambien que acerca de este voto el Señor habrá de- exigir rigorosa cuenta á las religiosas y religiosos transgresores; y por eso los superiores observantes están siempre tan atentos y son tan rigorosos en castigar hasta el menor defecto contra la pobreza. Escribe Casiano acerca de esto 3, que una vez en un monasterio de los Padres antiguos habiendo el despensero dejado caer tres lentejas por desidia ó negligencia, el abad lo castigó privándole de las oraciones comunes, y no le admitió á la participacion de ellas sino después que hizo una penitencia pública. Cuéntase tambien que Rinaldo, prior de Dominicos en Bolonia, castigó á un converso ó lego con una penitencia ejemplar, solamente por haber tomado un pedazo de estameña para remendarse el hábito, sin haber pedido licencia para ello; y que á la presencia de todos los religiosos, y en medio del capítulo, le hizo quemar el tal retazo.
4 Lo que va dicho hasta ahora ha sido en cuanto al pecado contra el voto de la pobreza; pero hablando ya acerca de la perfeccion de esta santa virtud, es necesario que la religiosa se despoje de todo afecto á las cosas de la tierra, y que no se sirva de ellas sino en la menor parte que sea absolutamente necesaria para la conservacion de la vida. Y esto mismo quiso nuestro Salvador decirle á aquel jóven que queria saber lo que habia de practicar para conseguir la perfeccion cristiana : Si vis perfectos esse, vade et vende quae habes, et da pauperibus *. Con lo que le manifestó Jesucristo que debia despojarse de todo sin excepcion alguna; porque, como escribe san Buenaventura, cuando el espíritu está cargado con el peso de algunos bienes temporales no puede subir á unirse con su Dios: Cum sarcina temporalium spiritus ad Deum non potest ascendere ". Y dice tambien san Agustín, que el amor de las cosas terrenas es como una especie de liga ó de pez que impide al alma que pueda volar á Dios: Amor rerum terrenarum viscus est spiritualium pennarum. Y al contrario, dice el Santo, que la pobreza es una grande ala que presto nos hace volar al cielo : Magna paupertatis penna cito volatur ad coelum. Lo que tambien movió á san Lorenzo Justiniano á que escribiese: O beata paupertas voluntaria! nihil possidens, nihil formidans; semper hilaris, semper abundans, cum omne incommodum suo facit profectui deservire 6. ¡Oh feliz pobreza, que nada posee, y por eso nada teme! ella está siempre alegre, y siempre abundante; haciendo servir para su mayor provecho cualquiera incomodidad que le sobreviene.
3 Inst. cap. 20.
5 El fin que se propuso nuestro amable Redentor Jesucristo para querer ser pobre en este mundo, fue el de hacernos bien, y dejarnos un dignísimo ejemplo: * Mattb. xix, ri. — JMedit. c. 8. — » In. de Re. c. 1.
lo que movió á santa María Magdalena de Pazzis á llamará la pobreza la esposa de Jesucristo. Y dicesan Bernardo: Paupertas non inveniebatur in coelis, in terrisabundabat, etnesciebat homo pretium ejus. Hanc üague DeiFiliusconcupiscensdescendit, ut eam eligatsibi, et nobis faciat pretiosam7. La pobreza no se encontraba en el cielo; en la tierra, sí, abundaba; mas el hombre no conocía su valor: por lo que el Hijo de Dios, amando esta misma pobreza desconocida, quiso descender á la tierra, con el fin de elegirla para sí, y hacerla preciosa para nosotros. Por eso tambien escribió el Apóstol á sus discípulos: Propter vos egenus faclus est, cum essetdives, utillius inopia vos divites essetis*. Era, pues, Nuestro Redentor el Señor de todas las riquezas del cielo y de la tierra; mas sin embargo quiso ser tan pobre en este mundo, para que nosotros llegásemos á ser ricos con el admirable ejemplo de su pobreza, amando esta excelente virtud que nos proporciona la adquisicion de riquezas eternas, con solo despegarnos de los bienes temporales. Quiso el mismo Señor en la tierra ser pobre, y siempre pobre: pobre en su nacimiento, pues que no escogió para él otro palacio sino un establo desabrigado, ni otra cuna que un mísero pesebre, ni otro lecho que un poco de paja. Pobre tambien en los dias de su vida, y pobre de todo; pues que tampoco habitó mas que en una pobre casa, la cual consistía en una sola estancia; por lo que era preciso que sirviese de taller y al mismo tiempo de dormitorio. Pobre igualmente en sus vestidos, y pobre en los manjares: y dice san Juan Crisóstomo que nuestro divino Salvador y sus discípulos no comían de otro pan que de cebada, segun se colige del Evangelio de san Juan 0. Pobre, finalmente, en su muerte, porque no dejó en aquella hora mas que sus pobres vestidos; y aun estos los dividieron entre sí los soldados antes que espirase, siendo tambien preciso para enterrarlo que le diesen de limosna una sábana y un sepulcro.
6 Sabiendo, pues, Jesucristo el grande valor de esta virtud, quiso tambien dárselo á entender un dia á la beata Ángela de Foliño por estas palabras: 5» no fuese un gran bien la pobreza, ni yo la hubiera elegido para mi, ni tampoco la hubiera dejado por herencia á mis escogidos. De aquí ha dimanado que los Santos , viendo á Jesús tan pobre, han amado ellos tambien tanto la pobreza. Discurriendo entre sí un dia el P. Granada y el P. M. Ávila, y examinando el uno y el otro la razon por que san Franciscó de AsÍs hubiese amado tanto la pobreza, dijo el P. Granada que la causa que tuvo fue el que quería el Santo verse H-. bre de cualquiera cosa que pudiese impedirle el unirse perfectamente con Dios; mas el P. Ávila dió mejor solucion al argumento, diciendo que san Francisco amó mucho la pobreza, porque amó mucho á Jesucristo. Convengamos, pues, en que un alma que ama mucho á este divino Maestro no puede menos que decir con el Apóstol: Omnia arbitrar ut stercora, ut Christum lucrifaciam10. Yo miro todos los bienes de la tierra como estiércol, y por eso los desprecio todos, para tener la dicha de ganar á Jesucristo. Á este propósito decía chistosamente san Francisco de Sales, que cuans Cap. Ti. — '0 Phii. H, 3.
do se pega fuego en una casa, corriendo se despiden todos los muebles por las ventanas; con lo que daba á entender que luego que un corazon se enciende en el amor divino, abandona todas las cosas de la tierra. Y aun antes quiso decirnos esto mismo el Espíritu Santo por estas palabras: Si dederit homo omnem substantiam pro dilectione, quasinihil despiciet eam ». Los que aman de veras á Dios de buena gana desprecian todas las cosas por el amor que le tienen.
7 Las santas Escrituras nos aseguran con la mayor energía que el premio de los pobres, no solamente es muy grande, sino tambien muy seguro. Y esta seguridad se prueba con las mismas pabras de Jesucristo, diciendo: Beatipawperesspiritu, quoniamipsorumest regatan coelonm ». En las otras bienaventuranzas que el santo Evangelio nos refiere, está prometido el cielo de futuro, ó para después, como cuando dice: Beati mtes, quoniam ipsi possidebunt terram: Beati mundo corde, quoniam ipsi-Deum videbunt. Mas á los pobres de espír.tu se les promete la bienaventuranza desde el tiempo presente: Ipsorum est regnum coelonm; y esto debe entenderse que se verifica en razon de los eficaces auxilios que el Señor concede en esta vida á los que son por su voluntad verdaderos pobres; lo que hizo decir á Cornelio Alápide, que por decreto divino les está destinado á estos el paraíso desde los dias presentes ; así que, ellos tienen un pleno derecho para gozarlo, segun la verdad eterna se lo asegura en esta misma vida. Ex Dei decreto ad pauperes pertimt regnum coelorum, ipsi in illud plenum jus habent ". Pre11 Cant. vin ,1. - u Mattb. V, 3. - » Ibid.
mio muy seguro y muy grande. Acerca de esto decia tambien santa Teresa: Cuanto menos tengamos aquí en la tierra, tanto mas en la eternidad gozaremos; en donde las mansiones son conformes al amor con que hayamos imitado lavida-de Jesucristo -". Penetrado el Crisóstomo de estas verdades, exclamaba: O felix commercium, ubi datur luium, et colligitür anrum"! ;0h feliz comercio, en el que damos nosotros fango, como lo son los bienes de la tierra, y recibimos oro, en el que están significadas las gracias divinas y los premios eternos.
8 Además de lo dicho, habrán de tener los verdaderos pobres de espíritu el honor de sentarse á juzgar el mundo juntamente con Jesucristo; como este Señor declaró por sus divinos labios á san Pedro, cuando este santo Apóstol le preguntó diciendo: Ecee nos reliquimus omnia, et secuti sumus te; quid ergo erit nobis 16? Señor, nosotros todo lo hemos dejado perseguiros, ¿qué premio, pues, habrá de cabernos? Y el divino Jesús le dió por respuesta: Amen díco vobis, quod vos qui secuti eslis me, in regeneratione cum sederit Fílius hominis in sede majestatis suae, sedebitis et vos super sedes duodecim judicantes duodecim tribus Israel ". Mas debe asimismo notarse, que no solamente en la otra vida, sino tambien en esta, ha prometido Dios dar el ciento por uno al que por su amor deja los bienes terrenos: oigámoslo tambien de su divina boca : Etomnisquireliqüeritdomum... autagros propter nomen meum, centuplum accipiet, et mtam aeternam
'tFond. c. 18. - 15 ufo l,ep 1 — ««Matth. xa, n. — "Ibid. 29.
possidebit18. Y esto tambien vino á confirmarse con lo que dijo después el Apóstol; á saber, que los pobres voluntarios, por lo mismo que no quieren nada de la tierra, poseen todas las riquezas que hay-en ella: Nihil habentes, d omniapossidentes. Pero ¡cuán difícil es este desprendimiento! Con mucha razon asemejó Jesucristo las riquezas á las espinas "; porque cuanto mayores son estas, tanto mas punzan al alma y la atormentan con las inquietudes, con los temores y con los continuos deseos que nos mueven a acrecentarlas. Por eso .dice san Bernardo, que mientras los avaros se mueren de hambre como unos mendigos, pues jamas llegan á saciarse de los bienes que desean; los pobres de espíritu desprecian estos mismos bienes como señores de todo, supuesto que tampoco quieren nada. Avarus terrena esuritutmendicus, pauper contemnit ut dominas *0. ¡ Oh qué gran tesoro posee una religiosa que nada tiene, y nada desea en este mundo 1 Ella en este caso goza de la verdadera paz, que vale mas que todos los bienes de la tierra, los cuales nunca pueden satisfacer el corazon humano; pues que solo en Dios se encuentra una verdadera satisfaccion y pleno contento. 9 Convengamos, pues, en que los pobres de espíritu son muy premiados, tanto en esta vida cuánto tambien en la otra. Mas tropezamos ahora con la dificultad de poder encontrar una religiosa que verdaderamente sea pobre de espíritu. Examinemos, por lo tanto, y veamos en qué consiste esta verdadera pobreza de que se trata. El primer grado de ella consiste, no solamente en no poseer nada, sino tambien en no abrigar deseo de llegar á tener cosa alguna fuera de Dios. Oigamos la observacion de san Agustín acerca de esto: Ocurrü mihi pauper, et quaero pauperem* >. Con lo que el Santo quiere decirnos, que se encuentran muchos pobres de haciendas, pero pocos de espíritu y de deseo. Por esta causa hablando santa Teresa comparativamente sobre aquellas religiosas que se dejan ver pobres, pero que no son en verdad pobres de espíritu , decia que las tales engañan al mundo y tambien se engañan ásí mismas. Y efectivamente ¿dequé les servirá jamás á estas una pobreza que no se extiende mas que á la privacion de las cosas terrenas? Aquel que es pobre de bienes del mundo, y al mismo tiempo los desea, puede asegurarse que en él se halla la pena de la pobreza, mas no la virtud de ella. Bien penetrado de esta verdad san Felipe Neri, decia: El que desea bienes jamás habrá de hacerse santo. Yo os pregunto ahora, mi querida hermana, vos que habeis dejado el mundo, y habeis renunciado de todo, ¿por qué quereis después de esto, por cosas miserables de la tierra poneros á peligro de condenaros, ó á lo menos de no poder llegar á ser santa? Ea, contentaos ya desde luego con solo un pobre alimento, y solamente con un pobre vestido para cubriros; y atended con resolucion á llegar á la cumbre de la perfeccion cristiana; no queriendo ya jamás, por viles y despreciables bagatelas, exponeros á perder vuestra fortuna eterna: Habentes autem alimenta, et quibus tegamur, his contentí simus**. Porque, añade el mismo santo Apóstol: Nam quivoluntdivites fieri, incidunt intentationem, et in laqueum diaboli, et desideria multa imtilia, et nociva , quae mergunt homines in interitum et perditionem»s. Aquellos que desean bienes terrenos caen en el lazo del demonio y en muchos deseos, que los conducen después á la muerte y á la condenacion eterna.
10 El segundo grado que debe andarse para llegar á la pobreza de espíritu consiste en tener el corazon despegado, no solamente de las cosas grandes ó de mucho valor, sino tambien de las mas pequeñas. Por muy inferior que sea la parte de tierra con que esté pegada una pluma, no podrá sublevarse por los aires; así tambien, por mínima que fuere una cosa temporal que posea una religiosa, contra la perfeccion de la pobreza, no le será permitido jamás, ni el unirse perfectamente á Dios, ni tampoco encontrar una paz verdadera. Las espinas, como lo son las riquezas, segun queda ya demostrado, aunque pequeñas, punzan por una parte, é impiden por otra á los caminantes el andar expeditamente. Para que una religiosa llegue á ser perfecta no se crea que es necesario que deje cosas de mucho valor; es lo bastante que renuncie aquello poco que tuviere á su disposicion, pero ha de hacer esta renuncia con el afecto. Poco fue lo que dejó san Pedro, mas porque renunció de todo con el corazon, cuando dijo: Ecce nos reliquimus omnia, mereció oir de la boca del divino Maestro, que él estaba elegido por asesor en el juicio universal: Sedebitis et vos judicantes, etc. S*. Hay algunas religiosas que no conservan ya el afecto á las piedras preciosas, ó á los
«i iim. vi, 9. — i* Maitü. su, ri.
vasos de oro; pero sí lo tienen á ciertas cosas miserables , como v. gr., á aquel pequeño peculio, á aquel mueble, á aquel libro ó cosas semejantes. Estas no puede decirse que han separado el afecto de los bienes de la tierra, sino que lo han trasladado de las cosas grandes á las pequeñas; viniendo á suceder que su inquietud é imperfeccion por aquellas bagatelas, es la misma que lo seria por las cosas de mucha importancia. 11 Los seglares, si llegan á perderse, á lo menos buscan su perdicion por cosas preciosas ó de grande valor á los ojos del mundo; pero j qué compasion, dice Casiano, el ver que una monja, después de haber dejado el siglo, cuando tambien ha renunciado la parte de su herencia, y hasta su libertad misma, llega á perder luego la gran dicha de hacerse santa, por tener todavía su corazon apegado á cosas viles y miserables, aun segun el juicio de los hombres mundanos! Con razon dice acerca de esto san Euquerio : Exultat adversarius, quando videt nos maxima contempsisse ut in minimis vinceremur ". ¡Oh qué fiesta hace el demonio cuando ve que nosotros hemos renunciado de las cosas grandes, para dejarnos después vencer mas brutalmente en las pequeñas! De esto mismo se lamenta Casiano diciendo : Vemos algunos religiosos que han despreciado grandes posesiones, los que después pierden la paz por un alfiler, por una pluma; y que por tales miserias se ponen á peligro de perderse: Praediorum magnificentiam contemntntes videmus pro acu, pro calamo eommoveri, etinde occasiones mortis incurrunt ". Añade tambien el mismo san Euquerio una »» Hom. 5 ad Monach. - M cas. Co. 10, c. 6.
gran sentencia sobre esto, diciendo que el amor desordenado que tengan los religiosos para poseer, si enteramente no se destruye, habrá. de ser mas ardiente acerca de las cosas pequeñas que de las grandes: Habendi amor nisi ad integrum resecetur, ardentior est in parvis ". Siendo mas ardiente, será por consecuencia mas defectuoso; porque una religiosa que se aficiona á cosas 'viles, da indicio de estar mas deseosa de los bienes terrenos que si estuviese afectada á los objetos mas sublimes. Por eso nos declara el Señor, que no podrá ser jamás imitador ó discípulo suyo aquel que no renuncie á todo cuanto posea: *Qui non renuntiat omnibus quaepossidet, non potest meus esse discipulus M.
12 El tercer grado que constituye la pobreza de espíritu consiste en que no solamente haya de ser pobre el verdadero discípulo de Jesucristo, sino que debe tener un particular amor á la vida indigente. San Bernardo confirma esto mismo con las siguientes palabras : Non enim paupertas mrtus reputatur, sed paupertatis amor 49. Ño se considera virtuoso al que es pobre solamente, sino al que además de esto ama tambien la pobreza: consistiendo el amor de ella en apreciar sus propios efectos, como lo son el hambre y el frio, y sobre todo el desprecio que siempre la acompaña; por lo que dice santo Tomás, que si los pobres de espíritu habrán de tener el honor de juzgar al mundo , como queda dicho, será esto en recompensa de las humillaciones que lleva consigo la pobreza. Muchos religiosos, decía san Vicente Ferrer, se glorian del nombre de pobres, pero luego después huyen de los
"Hom. 4 aü Monacli. - «8 Luc. nv, 33. - « Ep. ad Dec. Conr compañeros de la pobreza, que son los padecimientos y los oprobios: Gloriantur de nomine paupertatis, et socios paupertatis fugiunt. Contra la conducta de estos decia tambien san Jose de Calasanz, que no es pobre el que no experimenta las incomodidades de la pobreza. La beata Salomé, monja de santa Clara, se expresaba de un modo semejante en estos términos: De los Angeles y de los hombres será burlada aquella monja que pretende ser pobre, y luego después quiere gozar de las comodidades; quejándose tambien cuando se ve privada de ellas. Porque ¿qué espíritu de pobreza, Dios mio, podrá decirse que muestran aquellas religiosas, que en el momento que ven la comida algo escasa, ó que no está bien condimentada, principian á lamentarse? ¿y qué si notan tambien que no se les da un hábito antes que el otro se rompa, ponen en conmocion todo el convento, murmurando de la superiora y de las oficialas? ¿Qué pobreza, podrá tambien preguntarse, observan aquellas otras que buscan las lanas y tejidos mas superiores para el mismo traje religioso; y que tambien se inquietan si la túnica no está bien aseada y hecha con elegante garbo, para poder presentarse como una bella dama? En suma, estas tales, segun expresion de san Bernardo, quieren ser pobres, pero que esto sea de modo que no les falte nada de aquello que apetecen: Pauperes esse volunt, eo tomen pacto, ut nihil eis desit".
13 Mas acaso vos replicaréis sobre esto, que en vuestro convento no se observa la vida comun, por lo que teneis que atender á todo, ya en la comida, en los vestidos, en las medicinas, etc.; y que por lo tanto os hallais en la necesidad de acudir al locutorio para tratar de vender vuestras labores de manos, y con el valor de ellas atender á la provision de las cosas que os son precisas. Á lo que yo respondo, que aunque vuestro instituto ó la presente costumbre del convento os permita semejante tráfico, no debeis, sin embargo, envileceros compareciendo como una mujer del siglo que vende sus mercaderías, portándoos tambien con la gente de afuera con poca modestia y mansedumbre. Este modo de traficar llega á ser con frecuencia en algunas religiosas, no ya una precision que la necesidad motiva, sino un pernicioso efecto de la codicia; la cual tambien las compromete no pocas veces á trasnochar ansiosas, á olvidarse de los deberes de su oficio, á dejar el coro, la oracion, los Sacramentos, y aun tal vez en algunas ocasiones á usar sin la debida licencia de las cosas propias del convento. ¡ Ah! que cuando en el corazon de una religiosa entra el verdadero amor de Dios, muy bien sabe ella encontrar los medios de practicar la perfecta pobreza, aunque en su convento no se observe la vida comun. Veamos en prueba de esta verdad lo que hizo la venerable Jacinta Marescotti cuando tuvo la dicha de salir del estado de su tibieza, y de entregarse enteramente á Dios; pues que al momento se aplicó á despojar su celda de cuanto en ella tenia; depositó al mismo tiempo en las manos de la superiora todo cuanto habia en su poder, dejó tambien la túnica que usaba, y vistióse de otra que estaba ráida y remendada, cogida de encima de una monja muerta.
14 Y ya que llegamos á hacer aquí mencion de la vida comun, habrá de permitírseme el decir alguna cosa acerca de este punto. Deberémos tener por una cosa cierta que todas las inquietudes, todos los disturbios y todos los digustos que continuamente experimentan las religiosas, como tambien todos los obstáculos que les impiden caminar á la perfeccion, ordinariamente provienen de poseer ellas en particular algunas cosas, y de querer conservar ó aumentar aquello mismo que poseen ó manejan. Esto de tener á su cuidado el proveerse de vestidos, de muebles y de medicinas, ¡cuántas cavilaciones y angustias ocasionan á las pobres monjas, y cuántas distracciones al mismo tiempo en la oracion y en las sagradas comuniones! Además de que, aunque es cierto no quebrantarse el voto de pobreza con tener ó gastar alguna cosa, precediendo las debidas licencias; habrá de entenderse que es necesario medie tambien la circunstancia de poseer aquello mismo con tal indiferencia, que estéla religiosa pronta á privarse de ello siempre que la superiora se lo indique solamente, y esto sin lamentarse y sin murmuracion alguna. Pero, por desgracia, esta total indiferencia es la misma que no se encuentra en todas las monjas. Hay algunas que aunque es verdad que han depositado su peculio ó asignacion, si vieran que la abadesa trataba de hacer uso de ella para atender á cualquiera necesidad del convento, alborotarían todo el mundo. Luego puede decirse que este mismo depósito para las tales es una mera apariencia y ficcion por otro nombre: declarémoslo mejor; es un querer engañar á los superiores y á Dios, pues que tales monjas son efectivamente unas propietarias. Á. este peligro , pues, están sujetas todas aquellas comunidades en las que se vive de particular: cuando por el contrario , el hacer vida comun en estas, libra y tambien preserva á las religiosas de tales daños y peligros; por lo que dijo san Juan Clímaco: Paupertas est abdicatio sollicitudinum saeculi, iter ad Deum sine impedimento, expúlsio amnis trislitiae 31. Esta puntualmente es la vida comun, en donde se observa la verdadera pobreza religiosa; ella es en verdad un camino llano que conduce á la union con Dios sin impedimento; siendo tambien un remedio contra toda tristeza ó disturbio del ánimo.
1S Y este ciertamente ha sido el designio y el intento que todos los santos fundadores han tenido para establecer la vida comun en las religiones; y todo el tiempo que esta ha durado, se ha conservado tambien en la comunidad el espíritu evangélico. Y adviértase aquí, aunque de paso, que es comun sentencia entre los teólogos, Suarez, Navarro, Lesio y otros, que el voto de pobreza obliga á los religiosos á estar con el ánimo preparado para entraran la vida comun, siempre que los superiores, después de haber examinado las circunstancias, lo juzguen oportuno. Sentado este principio. sépase que estaría en mal estado de conciencia aquella religiosa, la cual, queriendo los superiores restablecer la vida comun, lo rehusase aun cuando- no hubiese estado establecida cuando entró en el convento. Ni debe temer ella tampoco que con la terminacion de la vida privada habrá de faltarle lo necesario para sostenerse; oiga por el contrario lo que dijo el Señor á santa Catalina de Sena: Cuando las Órdenes estaban en pobreza, no padecían necesidad; mas aliora que viven en particular, sí la experimentan. ¡ Oh dichosa vos, si alguna vez podeis cooperar á establecer este gran bien de la vida comun en vuestro convento! 16 Por lo demás si en vuestra comunidad no se observa la vida comun, ni puede verificarse segun las presentes disposiciones, yo no pretendo obligaros á su cumplimiento; y en este caso os está permitido usar de una moderada atencion para proporcionaros vuestro sustento, medicinas y otras necesidades: bien podréis tambien, con las debidas licencias, vender vuestras labores de manos, procuraros la manutencion, y retener el dinero necesario para socorrer las indigencias cotidianas de la vida; colocando el restante en el depósito comun, y dejándolo á disposicion de la superiora para si quiere hacer de él algun uso: igualmente podréis sin reparo procurar la licencia para gastar y recibir hasta una cierta.y determinada cantidad. Y haciéndolo así, aun tambien vos podréis merecer el premio que está prometido á los pobres de espíritu.
31 Grart. n.
ORACIÓN.
¡ Oh Jesús mio! si en mi vida pasada he tenido el corazon apegado á los falsos bienes de la tierra, de hoy en adelante Vos habeis de ser ya mi único tesoro. ¡Oh Dios del alma mia! Vos sois un sumo bien infinitamente mayor que todos los demás bienes: Vos mereceis un amor infinito; pues yo os estimo y amo mas que ninguna otra cosa, y mas que á mí misma : Vos sois, pues, tambien el único objeto de todos mis amores. Yo, Señor mio, no deseo nada de este mundo; mas si hubiese de apetecer alguna cosa, quisiera tener en mi poder todos los tesoros y los reinos de la tierra, para renunciarlos absolutamente, y por vuestro amor privarme de todos ellos. Venid pues, amor mio; venid á destruir todos los afectos que en mí hubiere , y que no se dirijan á Vos. Haced tambien que en adelante yo no me encamine á ningun otro objeto fuera de Vos, no piense mas que en Vos, ni suspire por otra cosa sino por Vos. Aquel infinito amor, Jesús mio, que os hizo morir por mí sobre la cruz, aquel tambien me obligue á morir á todas mis inclinaciones, para no amar nada fuera de vuestra bondad infinita, y para no desear nada mas que vuestra gracia y vuestro amor. ¡Caro Redentor mio! ¿cuándo seré yo toda vuestra, así como Vos sois todo mio? Conozco que en mí consiste; y por lo tanto ya quiero que esto se verifique; pero tambien veis que yo no sé verdaderamente entregarme á Vos como debiera: ¡ah! conducidme Vos mismo, y haced que yo solo viva para complaceros. Todo lo espero de los infinitos méritos de vuestra divina sangre, ó Jesús de mi vida; y tambien de vuestra poderosa intercesion, ¡oh madre mia santísima María. .
§ II. — De los grados y de la práctica de la pobreza perfecta.
1 El primer grado de la perfecta pobreza religiosa consiste en que nada posea la monja como propio; por lo que cualquiera cosa que ella conserve en su poder, debe tenerla como prestada, para devolverla á la menor indicacion de la superiora, asemejándose en esto á una estatua, que vestida no se envanece, y desnuda no se aflige. Aquella monja que se resiente cuando la privan de algo de lo que tenia, mediante la . obediencia, da bien á entender que aquello no lo manejaba con un verdadero espíritu de pobreza, ó á lo menos que le tenia algun afecto desordenado. Y hablando con especialidad del peculio ó asignacion, debe pensar la religiosa que aquel dinero ya no es suyo, sino del convento, y por eso lo tiene en su poder como en depósito; y no puede ella expenderlo en objetos de vanidad, ó en regalos superfluos; no teniendo tampoco derecho para oponerse á la obediencia, en el caso de que esta, por algun incidente, determine que se invierta en el socorro de la comunidad, ó en alivio tambien de otra monja particular. ¿Qué concepto , pues, deberá formarse de aquella religiosa, que al ver que otra hermana suya hace uso de alguna de sus cosas, con la debida licencia de la abadesa, principia á alborotar y á revolver el convento? Examinad vos desde luego, mi bendita hermana, si os hallais desprendida «n el afecto de todo aquello que teneis en vuestro poder. Considerad si en algun caso os negase la superiora la licencia para practicar aquel dispendio, conservar aquel dinero ó aquel mueble, ¿cómo os portaríais? Y si llegais á notar que teneis afecto desordenado á alguna cosa, observad la conducta que tenia de costumbre la gran sierva de Dios sor María de la Cruz, monja descalza, la cual en el instante que advertía hallarse algo inclinada con aficion á lo que tenia en su poder, ó se privaba inmediatamente de ello, ó lo entregaba á la superiora para que le diese el destino que tuviera á bien. En suma, es necesario tener efectivamente el corazon desprendido aun de aquellas cosas que por la obediencia son permitidas.
2 El segundo grado estriba en que nada tengais que pueda ser superfluo; pues que cualquiera cosa, que no sea de necesidad para vuestro uso, os habrá de servir de impedimento para uniros perfectamente á Dios. Santa María Magdalena de Pazzis fue tan exacta en esta parte, que hasta quitó todos los adornos de su altarico, no dejando en él mas que el Crucifijo. Tambien cuenta santa Teresa de sí misma, que cuando tenia alguna cosa que le parecia superflua, no podia en la oracion recoger el.espíritu hasta que se hubiese desprendido de ella; sabiendo la Santa lo muy celoso que Dios se muestra acerca de la observancia de la pobreza religiosa. En vista de esto, procurad no ser omisa en un deber de tanta trascendencia; y si en vuestro convento no se halla una comunidad perfecta, á lo menos procurad imitar la pobreza que practican aquellas hermanas vuestras mas ejemplares y mas observantes , tanto en los vestidos, como respecto á las comidas, los muebles, etc.Mas acaso mediréis: Pues lo que yo tengo, todo ello es con licencia. A lo que yo respondo: que las licencias para tener cosas superfluas es verdad que impedirán que seais propietaria; pero no podrán impedir que perdais el mérito de la perfecta pobreza. Diréis tambien á esto: Yo no le tengo afecto á aquello que poseo. Y yo os replico: siempre que cual23 Tomo i.
quiera cosa que tengais no os fuere necesaria, ella habrá de bastar para impediros la perfeccion de la pobreza religiosa. Me podréis decir por último: Mas aquel dinero ó provision me sirve para socorrer á los pobres, ó á otras de mis compañeras. Á cuya réplica yo tambien respondo: que no causa edificacion aquella monja que tiene para dar. sino la que nada tiene de que disponer. Dice santo Tomás sobre esto: Bonum cst facultates pauperibus erogare, sed melius 'est egere cum Christo '. Es cosa buena el distribuir las propias facultades ó bienes entre los pobres, pero es aun mejor el ser pobre con Jesucristo, sin tener nada que dar. Decia tambien la venerable sor María Amadea, salesiana, que la buena religiosa no debe desear tener que distribuir otros bienes, sino solamente aquellos que el mismo Dios le concede á ella; esto es, los buenos ejemplos, las oraciones, los consejos cristianos, y demás cosas que sirven de auxilio para la vida del espíritu evangélico.
3 Por lo tanto, hermana mia, si quereis dar gusto á vuestro divino Esposo, procurad desde luego separar de vuestra vista hasta la menor cosa que conozcais seros superfina; y en el caso de que, impelida del amor propio, vos misma no sepais conocer esto, suplicad á la abadesa ó superiora que tenga la bondad de revisar vuestra celda, y que mande quitar de ella cualquiera cosa que encuentre que no fuere de necesidad. Y si amais así verdaderamente la pobreza, yo no os diré por esto que en el convento os hagais singular, mas tampoco deberéis mirar con indiferencia que una de vuestras compañeras sea mas pobre que vos; y por lo tanto es necesario que procureis ser tambien pobre en todo: pobre en los vestidos, pobre en los muebles, pobre en la comida, y pobre de dinero. En cuanto á los hábitos procurad hacer uso de toda la pobreza que os sea posible, teniéndolos segun el estilo de vuestra comunidad, y procurando que estos solo os sirvan por necesidad, y no por vanidad la mas leve; porque ¿de qué otra cosa sirven á una monja los vestidos finos, sino de hacer ostentacion, ó contentar su vanidad, y hacerse tambien estimar de quien la mire? pues que ninguno procura ponerse ropas preciosas, como dice san Gregorio, en donde no puede ser visto de otros: Curn nemo velit ibi pretiosis vestibus indui, ubi ab aliis non possit videri. La belleza de una persona, segun expresion del Espíritu Santo, no consiste en aquello que manifiesta por defuera, sino en lo que conserva por dentro: Omnis gloria ejus filiae regis ab intus *. Aunque tambien es cierto que las cosas externas dan á conocer aquello que se halla escondido dentro del alma: Exteriora signa produnt quid in anima lateat intus; como está escrito en las Revelaciones de santa Brígida 3. Así que, todo traje ú otro cualquiera adorno vano da bien á entender que es tambien vana el alma de quien lo lleva. Por eso nos dice el Crisóstomo en sus escritos, que una religiosa que atiende á adornar su cuerpo, hace que se conozca claramente la deformidad de su espíritu: Studium in ornando corpore internam indicat deforrnitatem*. De un modo semejante escribió tambien san Bernardo, diciendo »Psalm. Xliv. — 3 Rev. 1. 4, c. 13. - * Hom. 5T
1 Tom. 2, q. 32, a. 8.

que cuanto mas se adorna el cuerpo, otro tanto mas llega el alma a afearse: Quanto amplius corpus ornatur, tanto interius anima foedatur5. Santa María Magdalena de Pazzis 6 vio condenadas á muchas monjas por sus defectos cometidos contra la pobreza, y especialmente por la vanidad que tuvieron en el vestir.
4 Yo no pretendo con tales doctrinas que vos hayais de llevar vestidos despedazados y sucios; pues que bien conozco que esto no conviene á una religiosa; pero llevar cualquier remiendo, bien conviene á la que tiene hecho voto de pobreza: convengo en que no está decente presentarse con un velo manchado, pero tampoco está bien visto el usarlo con aquella blancura afectada, que algunas se procuran con frecuencia. Y ¿ qué concepto de virtud podrá formarse de aquella otra monja, que se pone maniguetes ó pulseras de tela de Holanda con botones de plata, anillo precioso en el dedo, y rosario de singular valor al costado? ó tambien de aquella que no usa mas velos que los finos, y que si advierte en ellos alguna pequeña rotura, al momento los desecha? Mas sepan estas mismas, que á Dios le desagrada mucho el desprecio que ellas están haciendo de la pobreza. Á la venerable sor Constancia de la Concepcion, carmelitana, se la apareció Jesucristo en ocasion en que estaba arrojando un velo andrajoso, y le dijo: ¿Así desprecias las insignias que yo te doy de que eres mi esposa? No se portan de esta manera las religiosas que aman á Jesucristo. Sor Margarita de la Cruz, hija del emperador Maximiliano II, descalza de santa Clara, presentándose en una ocasion
» Serm. sup. Mis. - « Vita, c. 64.

al archiauque Alberto, su hermano, con un hábito viejo y remendado, no pudo menos este de manifestarle la admiracion que le causaba el verla en una disposicion tan pobre; pero ella le respondió lo siguiente: Hermano mio, mas contenta estoy yo con este andrajo, que todos los monarcas de la tierra con sus reales púrpuras. Esto que desprecia el mundo es lo que Dios aprecia, y mucho lo remunera. Violante Palombara, dama nobilísima, no usaba mas que un vestido de tela grosera, una esclavina de lana para dormir, y un rosario de cuentas de madera; y estando ya para morir exclamó diciendo: ¡ Oh qué es lo que yo veo! mi vestido con rayos resplandecientes! mi cubierta ó esclavina hecha de oro! y mi rosario de diamantes!
5 Procurad tambien, además de esto, ser pobre en los muebles y utensilios de la celda. Se lee en las crónicas de san Gerónimo, que cuando los superiores encontraban entre los monjes alguna cosa fina ó curiosa, al momento la arrojaban al fuego, llamándola ídolo de los religiosos. La gran sierva de Dios sor María Magdalena de Caraffa, que antes habia sido duquesa de Andria, y después monja en la Sapiencia de Nápoles, no queria tener en su celda ni cuadros, ni regalos, ni tampoco muchos libros, porque decía: Para leer hay lo bastante con un libro, y aun este tambien es superfino si no se pone en práctica. Y muy bien decía con esto, para confusion de ciertas monjas, que tienen la celda llena de libros espirituales, y en nada cumplen con lo que ellos previenen. Santa Teresa tambien pasaba revista todos los dias en su celda, para ver si encontraba alguna cosa superfina, y en hallándola al instante la echaba fuera. Vos, bendita hermana , que acaso veréis muchas cosas demás en la vuestra ¿por qué tambien no las quitais? ¿De qué sirven aquellas pinturas que no son de cosas sagradas? aquellas molduras doradas? aquellos ricos baules? aquellas alhajas de plata, y aquella multitud de cristales, propio todo ello mas bien de una dama del siglo que de una pobre monja? Pensad bien, os digo yo en este momento, que cuando llegue la hora de la muerte, eso que ahora agrada á vuestros ojos, entonces causará tormento á vuestro corazon; y que en la otra vida, á lo menos en el purgatorio, habréis tambien de sufrir por ello grandes penas. Refiere Mons. Palafox, que un superior se apareció en un convento á cierto religioso, y le dijo que acerca del voto de pobreza tomaba Dios estrechísima cuenta en la otra vida, aun de ciertas cosas de las que aquí no se hace caso; y especialmente le añadió que él estaba padeciendo mucho en el purgatorio por algunos escritorios de nogal que habia tenido en su celda. Hay tambien otras religiosas que no saben privarse de tener siempre la celda provista de frutas, de aromas, de conservas y de otras provisiones de boca. La venerable madre María Juana de la Anunciata, habiéndole recetado los médicos la conserva de rosas, no permitió que se tuviese en su celda; sino que cada tarde hacia que se le llevase solamente la porcion necesaria para entonces.
6 Procurad sobre todo ser pobre de dinero; no olvidando que san Pablo asemeja á la idolatría la codicia pecuniaria, diciendo: Avarus, qxiod est idolorum servitus '. Y con razon, pues que el avaro hace que el dinero llegue á ser su Dios, es decir, su último fia: lo que hizo exclamar á san Juan Crisóstomo: Contemnamus pecunias, ne contemnamur a Christo 8. Despreciemos el dinero, si no queremos ser despreciados de Jesucristo. Por esta causa los primeros cristianos, después de haber vendido sus haciendas, ponían á los piés de los Apóstoles el precio de ellas 9; denotando con esto, como observa san Gerónimo, que ios dineros no deben estar en el corazon del hombre, sino debajo de las plantas. No faltan algunas religiosas que con el dorado pretexto de atender á sus necesidades, no dejen de acumular siem pre alguna suma pecuniaria; contra las cuales decía santa Catalina de Sena: Queremos abundar de bienes temporales, pareciéndonos-siempre que si no los tenemos habremos de sufrir necesidades. Pero no siguen estos pasos las religiosas que aman la perfeccion; porque ellas nada mas quieren que lo que es absolutamente necesario; y por lo tanto se reservan solo aquel poco peculio que apenas puede bastarles. ¥ ¿para qué otra cosa podrá servirles á las que lo tienen en mayor cantidad, sino para hacerlas mas soberbias , mas dadas á las comodidades, mas vanas y menos mortificadas; pues que tienen con esto para satisfacer todos los caprichos que se les antojan? Por lo cual, si alguna vez teneis vos mayor peculio que el que módicamente necesitais, será bueno que lo entregueis á la abadesa, suplicándole tenga á bien disponer de aquella cantidad á su arbitrio; ó á lo menos podréis invertirlo en socorrer á las monjas mas pobres, pero 'Eph.v, 5. — s Hpm 1 in c. 3 ad Rom. - 9 Act. Iv, 34,33. no con el fin de hacerlas dependientes de vuestra voluntad, sino por solo un efecto de caridad verdadera. ¡Qué confusion es el ver, dice lamentándose santa Catalina de Sena en una de sus cartas10, que algunas religiosas, que por su estado deberían ser espejos de pobreza, vivan en tantas ó mayores delicias que si estuviesen en el siglo! ¥ á la verdad ¿qué mayor desórden que el que una monja pretenda luego tener en el convento aun mas de aquello que hubiera disfrutado permaneciendo en el mundo?

7 Es necesario tambien usar de mucha cautela acerca de lo que se gasta, para no ofender la pobreza religiosa. Hay ciertas monjas que se envanecen de tener un espíritu grande y generoso, especialmente en nuestros tiempos, en los que ha crecido con demasía el exceso en los dispendios, las cuales dicen: cuando se presenta la ocasion, es preciso gastar. Esta podrá llamarse bella proposicion, y parecerá que está bien en la boca de una persona de mundo, pero no en una religiosa. Ni basta el que quiera paliarse bajo el pretexto de que tales dispendios por el amor de Dios se hacen en las solemnidades del convento. Clemente V ", prohibió expresamente á los religiosos todo gasto superfluo, aunque fuese con respecto al culto divino. En cumplimiento de esta disposicion pontificia ordenó expresamente san Cartos Borromeo, que los aparatos en las festividades de las monjas fuesen sí devotos, pero no suntuosos. ¥ pregunta tambien san Bernardo: Quid putas? in kis quaeritur poenitentia, compunctio, aut intuerdium admiratio "? Como si dijera: ¿ Pensais acaso '» Ep. 18. —.» Exivi § Rursus de Verb. Sign. - '»Serm. ad Guliel.
que aquella monja en hacer esa funcion pomposa busque el honor de Dios, con el fin de mover á otros á devocion ; ó que mas bien busque su vanidad, para que el público reciba impresiones de admiracion, celebrando su buen genio y esplendidez religiosa? Y el mismo san Bernardo se pone esta objecion después contra lo que acaba de decir: «Pues los señores obispos no tienen retí pugnancia en hacer grandes dispendios en las fiestas «de la Iglesia. D Y luego responde: Alia causa est episeoporum, alia monachorum; nos qui mundi pretiosa reliquimus, iri his devotionm excitare intendimus. Una es la condicion de los obispos, y otra la de los monjes que profesan pobreza: nosotros que hemos dejado los bienes del mundo, tambien en las festividades debemos demostrar que somos pobres, y excitar la devocion de otros con las mismas señales de la pobreza. ¡ Ay Dios! ¡ y cuántos defectos cometen hoy dia las religiosas por estas benditas fiestas! No se contentan solamente con el dispendio en la abundancia de luces, en los aparatos, en la música; sino que tambien quieren hacer ostentacion de su vanidad en regalar á los que vienen convidados á la misma funcion. Y ¡qué mayor desconcierto que el hacer pasar á los sacerdotes inme diatamente que la misa se concluye, del sagrado altar al locutorio y aun á la sacristía á tomar el refresco, el chocolate y los dulces!
8 Pero podrá contestar alguna sobre esto : ¿ Qué hemos de hacer? así lo practican las demás, asi tambien es menester que yo me porte. Á lo que yo deberé deciros: que ya que otra cosa no sea, no procureis vos exceder á las otras, y avanzar mas y mas de aquello que ya se halla establecido en tales abusos; pues que si vos os adelantais, la monja á quien habrá de corresponder después hacer aquella misma funcion, no se excederá ciertamente menos que vos, para no ser tenida por mas miserable; á lo menos, replico, no introduzcais ya mas abusos, sino que os basten aquellos que por desgracia están establecidos; pues que no procurando hacerlo así, habréis de dar una estrecha cuenta á Dios, mediante á que aquellos de esta manera se han introducido, y después han ido creciendo hasta que han llegado á un grado tan escandaloso; una monja principió á excederse un poco en el gasto y pompa, otra vino después, y se excedió un poco mas que la anterior; y de esta manera ha venido á llegarse en el dia á tal exorbitancia, que ya no se sabe cómo habrá de poder aumentarse mas; y aun puede tambien decirse, que por tales desórdenes han perdido tantas comunidades enteras el espíritu religioso y la observancia. Porque á la verdad ¿cuántas monjas, á causa de estos dispendios, no se ven distraidas, toda su vida en inquietudes, sin tener recogimiento ni devocion, llenas tambien de defectos y vanidad mundana? Y sin embargo.de que los sumos Pontífices y las sagradas congregaciones de Roma han tratado tantas veces de remediar este grande desconcierto, muy poco, ó por mejor decir, nada han adelantado. ¿Qué quiero ya añadir mas? No me resta otra cosa sino exclamar: ¡ Ay de aquella monja que introduce abusos y vanidades en su convento! Con respecto á los demás gastos ordinarios será conveniente advertir, que la religiosa á cuyo cargo esté la administracion ó manejo de los bienes de la comunidad, debe poner mucho cuidado en que no se hagan algunos otros gastos fuera de los precisos, y que jamás puedan tener por objeto su propia conveniencia; porque en esto ofende gravemente el voto de la pobreza. Tambien se advierte que las licencias para expender ó gastar algunos bienes de la casa, no han de obtenerse del confesor, sino de la superiora, pues que en los negocios temporales á esta es á quien todas las monjas están obligadas á obedecer. Además de esto, téngase presente que la licencia que se haya concedido para hacer dispendios sobre un objeto, no puede servir para ningun otro, sin que se ofenda la pobreza. Adviértase tambien, que va contra esta misma virtud la monja que hace regalos sin que medie una justa razon para ello; no siendo solamente por capricho y vanidad, y á personas que ninguna necesidad tienen: Pars sacrilegü est rem pauperurn dare non pauperibus l3. Es un sacrilegio contra la pobreza el dar los bienes de los pobres, estoes, de los religiosos que nada propio tienen , á los que no son pobres. Adviértase, últimamente, que los decretos apostólicos prohiben á los confesores el recibir regalos de las monjas, especialmente si son de mucho valor; y con mayor motivo si se hacen en forma de recompensa. Sobre lo cual dice san Gerónimo: Crebra munusculo,, et sudariola, etfasciolas, et degustatos cibos, blandasque litterulas sanctus amor non habetlk. No se conforma con el amor santo la frecuencia de regalos, aunque sean bienes pequeños; ni tampoco con agasajos de telas, de manjares delicados, ó de dulces; y mucho menos de i3 Ep. ad Pamacb. — 1t Ep. ad Nepot.
escritos afectuosos. Pero acerca de este punto se tratará mas particularmente en el capítulo que sigue ". 9 El tercer grado acerca de la pobreza religiosa exige que no prorumpáis quejas de sentimiento, aun cuando alguna vez llegue el caso de que os falte hasta lo necesario. Un dia dijo la divina Madre á una monja francisca, devota suya, estas palabras: «Hija mia, si «tú tienes todo aquello que te haga falta, no seras «verdaderamente pobre; pues que la pobreza verda«dera consiste en tener menos de lo que es necesario.» Y decía tambien la beata Juana de Chantal16: El lamentarse de la pobreza desagrada á Dios y á los hombres. Yo nunca me considero mas feliz que cuando tengo alguna divisa de pobreza. La gran sierva de Dios doña Batista Vernazza, canonesa regular, decía de un modo semejante, que ella experimentaba un gran gusto cuando llegaba á entender que le amenazaba alguna necesidad, y no encontraba arbitrio para socorrerla. Y santa María Magdalena de Pazzis se afligia al verse provista por la priora de aquello que necesitaba. Faltándole en una ocasion el pan en la mesa, complacióse en tanto grado, que después se acusó del mucho gusto que tuvo con esta falta, haciéndole exclamar de esta manera: ;Oh qué gracia tan especial seria para mi, si fuese á comer, y no encontrase manjar alguno! ¡si fuese á dormir, y tampoco Miase camal ¡y si fuese á vestirme, y no pareciese ninguna ropa! ¡ Oh si todo me faltase! Decidme, hermana mia, ¿hablais y obrais vos tambien de esta manera? Aunque se os conceda que hayais dejado de tener afecto al mundo y á las cosas 1»cap. 10, §m. — 1« vita, 1.3, c. 13.
superfluas y vanas, yo temo, sin embargo, que aun esteis apegada á aquello que juzgais ser necesario, mostrándoos demasiado solícita para que no os falte el vestido, la comida, el lecho y otras cosas semejantes, del modo que vos lo deseais; y por esta causa os inquietais luego después, cuando llegáis á echar menos estas mismas cosas.
10 Mas pregunto yo ahora, ¿de qué manera vos quereis ser pobre? ¿Deseais por una parte gozar del premio de la pobreza, y procurais por otra que nada os falte? ¿Qué pobre hay, y aun cuando sea rico, que todo lo que quiere en el siglo lo tenga? Si vos tambien hubiérais permanecido en el bullicio del mundo ¿de cuántas cosas no careceríais? Y ¿después quereis que en el convento, á donde habeis venido á padecer, y a profesar pobreza, no llegue á faltaros ninguna cosa? Oportunamente se expresaba san Francisco de Sales en estos términos: El querer ser pobre, y no recibir ninguna incomodidad, es querer los honores de la pobreza, y la comodidad de las riquezas. Mas acaso me diréis : si yo me hallase en buena salud, todo lo sufriría; pero estoy enferma, y por lo tanto me es insoportable el ver que la superiorano tenga presente mi situacion, para mandarme como si me encontrase robusta. Pues ahora permitidme que yo os pregunte: Vos os quejais.de que las demás se olviden de vuestro estado, y al mismo tiempo ¿vos misma os olvidais de que habeis venido á la religion á padecer? La monja debe convencerse de que está obligada á abrazar los padecimientos, no solamente cuando se halla sana, sino tambien cuando está enferma. En las constituciones de conventos teresianos se lee con especialidad esta advertencia : Si les falta alguna cosa á nuestros frailes enfermos, acuérdense que han abrazado la pobreza de Jesucristo; y por lo tanto, no quieran, ni estando sanos, ni hallándose enfermos, ser tratados como ricos. Tambien santa María Magdalena de Pazzis da á este propósito un bello documento á las religiosas, diciendo: Por enferma que os halleis, no emprendais ni practiqueis cosa que no sepa á pobreza. Por este motivo san Bernardo queria que sus monjes enfermos no se valiesen de otros remedios, que no fueran simples cocimientos de yerbas; diciendo que á los enfermos pobres no les convenían las medicinas de mocho precio. Y yo no sé si habiendo permanecido vos en el siglo, hubiéráis podido tener todos estos remedios y médicos que ahora la religion os proporciona; y vos ¿ pretendeis todavía mas? Ea, contentaos ya, no solo de vivir, sino tambien de morir como pobre; y alegraos al considerar que cuando la muerte venga á quitaros de este mundo, os encuentre en ua estado de verdadera pobreza. Por lo tanto, (¡a todas las ocasiones en que se os presente padecer una necesidad cualquiera, poned á vuestra vista este bello sentimiento de la beata Juana de Chantal; la cual decía que son muy raras las ocasiones de ejercitar la pobreza, y por eso conviene aceptarlas coa alegría cuando se presenten.
11 El cuarto y último grado de la pobreza religiosa consiste en que no solamente se contente la monja ton que sean pobres las cosas de su servicio, sino que entre todas ellas elija las que tengan mayor grado de pobreza, la celda mas pobre, la cama mas pobre, los hábitos mas pobres, y la comida mas pobre. Santa María Magdalena de Pazzis se deleitaba con alimentarse de la comida que sobraba á las otras monjas; y llevaba tambien un hábito tan viejo y remendado, que la priora tuvo que mandarle por obediencia que tomase otro. Y decía sobre esto la beata Juana de Chantal, que aconseja la perfeccion de la pobreza que donde hay lo bastante con el estaño no se use de la plata; y en donde baste el plomo no se adopte el estaño. Y esta es la regla que proporcionalmente debe seguirse en todas las cosas que ocurran á una monja que quiere hacerse santa.
12 Será conveniente referir ahora en el final de este capítulo una excelente instruccion que el Padre D. Antonio Torres, de quien antes hemos hablado, dió acerca de la pobreza á una monja á quien dirigia en el confesonario; dice, pues, así: «Amará como un «tesoro la pobreza, habiéndola amado tanto el Espo«so. En todas las cosas habrá de practicarla, glorián«dose mas de ella que del adorno mas excelente. No « permita ver en el convento ninguna monja ó conver«sa que fuere mas pobre que ella. No llevará en su «cuerpo nada de adorno ó que no sea de extrema ne«íesidad ; ejercitando la pobreza basta en los velos, «usando de los mas bastos y remendados, y aun en «el mismo rosario que lleva pendiente al lado. Tam«bien se complacerá de llevar el hábito pobre y re«mendado, no desechándolo basta tanto que ya no «pueda servir; y evite cuanto le fuere posible tener «dos hábitos, ni otra ropa blanca ó interior que no «sea como la que se pone la mas miserable entre las «hermanas conversas. No habrá de poseer, ni de bus«car cosa alguna, aun cuando le parezca necesaria, «sin considerar primero á su Esposo desnudo en la «cruz, y sin antes pedirle licencia á él mismo. Si le «piden alguna cosa, por mínima que sea, no habrá «de darla; ni tampoco la reciba, sin que haya pre«cedido la oportuna licencia de la superiora. En la «celda no tendrá nada mas que su pobre lecho, con «sábana y manta pobrísimas; dos sillas de paja, el «Crucifijo, cuatro estampas de papel, algunos pocos «libros que el director le hubiere señalado; y tan so«lamente, en fin, aquello que por necesidad deba ser«virle, y nada mas. Puesta con frecuencia á los piés «del Crucifijo, examinará su vida acerca de esta vir«tud , y si advirtiere que hay en su poder alguna cosa «superfina, la llevará sin tardanza á la superiora. No « habrá de pedir á sus parientes cosa alguna para ella « en particular; aunque podrá hacerlo por las necesi«dades del convento, pero sin reservar cosa alguna « para sí ".»
13 Por caridad, pues, os pido, mi bendita hermana , á vos que habeis renunciado al mundo y á todas las cosas que le pertenecen, que no querais, después de esto, preferir el lodo al mismo Dios. Cuando Diocleciano presentó á san Clemente, obispo de Ancira, la plata, el oro y las piedras preciosas, ofreciéndoselo todo con tal que renegase á Jesucristo, exhaló un gran suspiro del dolor mas vivo, al ver á su Dios comparado con el lodo. Refiérese tambien de san Basilio mártir, que cuando el tribuno le ofrecía de parte 17 Vita, 1.1,c. 11.
del emperador Licinio la dignidad de primer pontífice y de cabeza de todos los sacerdotes, siempre que dejase de ser cristiano, le respondió : Decid al Emperador, que aun cuando quisiese darme todo su imperio, nunca podria darme tanto, cuanto me quitara privándome de mi Dios para hacerme esclavo del demonio. Y esto mismo es lo que yo os digo á vos ahora: ya que todo lo habeis dejado por Dios, no permitais que ninguna cosa miserable de este mundo os exponga al doloroso peligro de perderlo. Figuraos que en este momento se os pone el mismo Dios á la vista por la una parte, y que por la otra están todas las criaturas, y que después os repite lo que puntualmente dijo en un caso semejante á la venerable sor María Crucifixa i8, por estas palabras : Escoge de ellas ó de mi, ó aquello que te agrade. No, Señor y Dios de mi vida; retírense todas las criaturas de mi presencia; porque el tesoro de una religiosa no ha de ser otro que Vos mismo. Concluyo con las palabras de santa María Magdalena de Pazzis: ¡Oh afortunados aquellos religiosos, que desprendidos de todo, por medio de la santa pobreza, pueden decir: Dominus pars haereditatis meae! Dios solo es la porcion de todo cuanto yo deseo en esta vida y en la otra: por lo que tambien se oia á la Santa que exclamaba: Nada, nada, sino Dios; ni tampoco quiero á Dios sino por Dios.'
ORACIÓN.
¡ Jesús mio! en Vos lo encuentro yo todo, y fuera de Vos ni quiero ni deseo ninguna cosa. Atraedme,
i» Vital. l,c. 9.
24 TOMO I.
pues, toda á Vos, para que me inflame con vuestro amor, en el cual quisiera verme toda consumida. Amado Redentor de mi vida, ahora veo los muchos años que me habeis estado llamando, porque me queríais toda vuestra; pues ya que Vos teneis tanto cuidado de todo mi bien, haced tambien que de hoy en adelante yo no tenga otra atencion sino solamente la de amaros y complaceros. Ea, libradme de todos los afectos que me alejan de Vos. Haced que todos mis pensamientos no tengan otra ocupacion que la de precaverme en no daros el mas pequeño disgusto, y en hallar los modos de complaceros lo mas que pueda. ¡ Oh Verbo encarnado! Vos habeis venido al mundo para inflamar en vuestro amor los corazones: ea, encended tambien el mio, enamoradlo todo de Vos; iluminadlo y hacedlo obediente y pronto á todas vuestras santas disposiciones; unidlo, en suma, todo á Vos, y Vos solo poseedlo. Unios Vos á mí, y unidme á mí á Vos con un amor tan perfecto que no haya jamás de separarnos eternamente. Haced que yo no sea nunca mas mia, sino siempre vuestra, y toda vuestra, ya que sois mi dulce Esposo, mi tesoro, mi amor y todo mi bien. Santísima María, y mi poderosa madre, en vuestra intercesion están depositadas todas mis esperanzas.
371 CAPÍTULO X.
DEL DESPRENDIMIENTO DE LOS PARIENTES, Y DEL DE OTRAS PERSONAS.
§ I. — Del desprendimiento de los parientes.
1 Si el afecto carnal tenido á los parientes no ocasionase un gran daño, no nos hubiera prevenido Jesucristo con tanta eficacia que nos desprendamos de ellos. Este Señor nos dice en una de las páginas de su santo Evangelio, que aquel que no aborrece á sus parientes no puede ser discípulo suyo: Si quis venit ad rne, et non odit patrem suum, etmatrem, etc., nonpotest meus esse discipulus1. Y en otro lugar nos dice, que él habia venido á separar al hijo del padre, y a la hija de la madre: Veni entrn separare hominem adversus patrem suum, etfiliam adversus matrem mam 5. Mas ¿por qué tanto odio para con los parientes1 y tan grande empeño en separarnos de ellos? Nuestro mismo Salvador nos da la contestacion de esta pregunta, diciendo: Etinimici hominis domestici ejus 3. Porque en el negocio mas importante, que es el de la salud eterna, no tienen los hombres, y especialmente los religiosos, enemigos peores que sus parientes; pues ellos son los que con especialidad les impiden el aprovechamiento espiritual, como santo Tomás lo dejó escrito ': Frequenter amici carnales adversantur profectui spirituali;
1 Luc. xIy, S6. - * Matttl. x, 35. - 3 Ibid. 36. - * 2, 2, q. 189,
a. 10.
propinqui enim carnis in hoc negotio amici non sunt, sed inimici. Y esto bien nos lo hace ver la experiencia. Aun el mismo san Carlos Borromeo, no obstante de proceder con tanta cautela en sus negocios, y hallarse tan desprendido de sus consanguíneos, confesaba de sí mismo que cuando iba á visitarlos, no dejaba de volver resfriado en su espíritu, y distraido de las cosas de Dios. Por esta causa todos los maestros de conciencia no dejan de exhortar á los que quieren caminar por las sendas de la perfeccion á que huyan de los parientes, y no se enreden en sus negocios; y aun tambien á que ni tampoco quieran tener noticia de ellos, cuando se hallan distantes.
2 Y á la verdad ¿qué espíritu podrá tener jamás aquella religiosa que quisiera tener siempre á su lado los parientes, y si no puede verlos manda repetidas cartas ó frecuentes recados llamándolos; y en el caso deque no vayan, se inquieta y repite nuevos escritos dando sus quejas? ¿Qué estrecha union con Dios habrá de tener jamás una monja de esta clase? Oiga, pues, para que se avergüence, lo que dice san Gregorio: Extra cognatos quisque debet fieri, si vultparenti omnium verius jungi"'. Es necesario que huya con efecto de los parientes aquel que quiera unirse en realidad al Padre comun, que es nuestro Dios. Y diciendo san Bernardo que habiendo perdido la santísima Virgen á Jesús cuando era niño, fué á buscarlo por espacio de tres dias entre sus parientes, y no pudo encontrarlo, concluye el Santo afirmando que en medio de estos jamás puede hallarse á Jesucristo: Non invenitur Jems intercognatos. Á lo que añade Pedro Blesense, que el amor de la sangre presto nos privará del amor de Dios: Carnalis amor extra Dei amorem cito te capiet. Y estando ya Moisés para morir, nos dejó este bello documento, el que se dirige especialmente á las personas religiosas: Qui dixit patri mo, et matri suae, nescio vos, et fratribus suis, ignoro vos, hi custodierunt eloquium, et pactum tuum servaverunte. Cuyas palabras pueden aplicarse á aquella monja que dice á sus progenitores, yo no os conozco, y tambien á sus hermanos, yo no sé quien sois; pues que entonces ella corresponde á la divina vocacion, y cumple aquel pacto que hizo con Dios en su profesion religiosa, en cuyo acto el mismo Señor le hizo percibir aquellas palabras, que dice á todas las almas que se consagran á su amor, y son las siguientes : Audi filia, et vide, et inclina aurem tuam: et obliviscere populum tuum, et domum patris tui, et concupiscet rex decorem tuum7. Oye, le dice, hija mia, mi voz, y conoce el gran bien que te espera si me obedeces ; y por lo tanto pon mucha atencion en lo que voy á decirte: sabe que has de olvidarte de tu patria y de la casa de tus padres, y entonces yo que soy tu Rey y tu Esposo amaré tu hermosura. Grande praernium est, exclama aquí san Gerónimo, parentis oblivisci, quia concupiscet rex decorem tuum8. Muy grande será el premio que te se habrá de conceder; pues que llegarás á ser amada de tu Señor, el que te hará dichosa en esta vida y en la otra. Y esto puntualmente significó nuestro Salvador cuando dijo: Omnis qui reliqueritdomum, velfratres, autpatrem, autmatrem, etc., "Deut. xxsm,9. — 'Psalm. Xuv, 12. - a in Reg. Monacü.
propter nomen meum, centuplum accipiet, et vitam atternam possidebit9. La que deja sus parientes, no solo con separarse de ellos, sino tambien con el afecto, poseerá en la otra vida la eterna bienaventuranza, y recibirá en esta el ciento por uno; porque dejará en su casa pocas hermanas, y encontrará muchas en el convento : dejará un padre y una madre, y tendrá por su amoroso padre á Dios, y por su madre á la santísima María, de los cuales será muy amada y tratada como hija.
3 Por lo cual, entendiendo los Santos el placer que daban á Dios con el desprendimiento de los parientes, han procurado alejarse de ellos todo lo mas que han podido. Dirigiéndose san Francisco Javier á las misiones de las Indias, y pasando cerca de su patria, no quiso llegar á ver á su madre y á los demás parientes que allí tenia, aunque estos se lo habian suplicado con muchas é importunas instancias, á pesar de que supiese que ya no volvería mas á verlos. Habiendo tambien ido en otra ocasion á ver á san Pacomio una hermana suya, le mandó un recado despidiéndola con estas palabras: Ya has sabido que estoy vivo, retírate en paz. Algunos otros Santos no han querido ni tampoco leer las cartas de sus parientes. Refiere san Juan Clímaco, que después de haber estado san Antonio, abad, muchos años en el desierto, recibió unas cartas de sus parientes; y que entonces hizo reflexion, y dijo consigo mismo: «De leer yo estas cartas ¿qué otra cosa «puedo esperar, sino inquietarme y perder la dulce «paz de que gozo?» Per lo que las arrojó al fuego di
»Matlti. xix, 29.
ciendo: «Retiraos de mí, pensamientos de mi patria, « para que yo no vuelva á recordar aquellas cosas que «ya he dejado ; quedad, vosotras cartas, consumidas «al fuego, para que yo no sea después quemado por «vosotras.»
4 Oigamos ahora las expresiones de santa Teresa acerca de esto: Yo por mí, decía, no comprendo qué consuelo pueda encontrar una monja con sus parientes. Prescindiendo del afecto carnal que á Dios tanto desagrada , ella no puede gozar de las diversiones que le cuentan, y viene al mismo tiempo d tomar parte en sus trabajos. ¡Qué reflexion tan bella, mi bendita hermana, es para vos esta de la Santa! Cuando vuestros parientes vienen al locutorio no pueden ciertamente haceros participante de sus recreaciones mundanas, porque estando vos encerrada no podeis asistir á ellas. Pues ¿qué vienen á hacer con visitaros? No vienen á otra cosa mas que a referiros sus desazones, sus enfermedades y sus trabajos. Y esto á vos ¿de qué os sirve? No sirve para otra cosa sino para llenaros la cabeza y el alma de inquietudes, de distracciones y de defectos; viniendo a suceder que por cada visita que os hagan , habréis de estar luego muchos dias toda distraida é inquieta en la oracion y aun en las comuniones, pensando entre tanto sobre todas aquellas cosas que los benditos parientes os han contado. Y ¿cómo, pues, podeis vos que haheis dejado el mundo para haceros santa , desear tanto que vayan con frecuencia vuestros parientes á visitaros? ¿Para qué es esto? ¿Es para que tambien con frecuencia os hagan perder vuestra paz interior y vuestro aprovechamiento? Y ¿qué locura mayor que el creer que no podréis vivir contenta sin ver á menudo á vuestros consanguíneos? ¡Oh! si os alejaseis bien de ellos, ¡cuánto mejor os consolaría y os tuviera contenta Jesucristo! Bien conocía estas verdades santa María Magdalena de Pazzís cuando decía, que el fruto principal que las monjas deben sacar de las sagradas comuniones ha de ser el aborrecimiento al locutorio. Y ciertamente que no hay lugar en donde adelante tanto el demonio con las religiosas como en este recinto propio de las visitas, segun un dia se lo dijo uno de estos espíritus malignos á la venerable sor María Villani. Convencida tambien de esto la misma santa María Magdalena, huia hasta de pasar por el sitio del locutorio; y lo aborrecía de tal manera, que no podia tampoco oir que lo nombrasen; y cuando en alguna ocasion se veia obligada á comparecer en él, se ponia á llorar, y decia á sus novicias: Hijas mias, pedid d Dios por mí, que soy llamada al locutorio, y les dejaba encargado que fuesen pronto á llamarla con alguna excusa ó pretexto.
5 Mas acaso vos podréis replicarme: Pues yo ¿qué hé de hacer? ¿no he de ver á mis parientes? cuando vengan á visitarme, ¿habré de despreciarlos y no podré tampoco bajar al locutorio? Escuchad: esto no es lo que yo pretendo; pero si lo hiciérais, ¿obraríais mal? ¿practicaríais por ventura alguna cosa perjudicial , y que jamás se haya ejecutado por alguna religiosa? Mas de una monja han formado esta resolucion, y la han puesto en práctica. Se refiere al fin de la vida del P. Torres,0, que D." Gerónima Sanfeliz,
«LU). 6,c. 1,§4.
monja en el convento de D." Alvina, se hallaba á los principios tan apasionada por sus parientes, que siempre estaba pensando en ellos, queria que continuamente fuesen á visitarla, y todos los dias mandaba una visita á su padre. En el mismo tiempo vivia tambien en aquel convento una hermana suya, llamada D.' María Antonia, la cual era tan fervorosa, que habiendo pedido á Dios que le mandase muchos trabajos, oyóla el Señor, enviándole una llaga que con desmayos mortales le roia las carnes; pero ella enfervorizada entre tanto exclamaba: Apretad, Esposo mio, apretad. Estando, pues, esta hermana próxima á su muerte, dijo á doña Gerónima, que en hallándose en la gloria, como esperaba , iba á alcanzarle la gracia de verla mudada en una santa. Murió con efecto, y sucedió que la repetida D." Gerónima mejoró de vida, y entre las demás piadosas resoluciones que hizo, fue una de ellas, no volver ya nunca á ver á sus parientes; y en cumplimiento de este buen propósito, por el espacio de cuarenta años que vivió después, no llegó el caso de que jamás apareciese en el locutorio. Sucedió un dia, que habiendo ido de fuera dos sobrinos suyos que deseaban verla, les mandó recado despidiéndolos, y ella se fué á la reja de la iglesia para ponerse delante del santísimo Sacramento. Fueron entonces los sobrinos á la misma iglesia para poder á lo menos distinguirla entre los claros de la verja; mas ella echó á huir al momento y se escondió detrás de la portera ; y fue tanta la violencia que en esta ocasion se hizo, que se vió privada del uso de los sentidos: (la que no se hace violencia, nunca llegará á santificarse): después de aquel acto tan heróico, practicó tan repetidos y fervorosos afectos en el amor divino, que al fin vivió y murió santa. Después de su muerte fue retratada; y abierto tambien luego su cadáver, se le encontró sobre el corazon una cruz de carne, en señal del grande amor que ella habia tenido á Jesúscrucificado. Y ¿ por qué no podréis tambien vos hacer esto mismo, de despediros del locutorio para siempre?
, 6 Mas acaso me diréis que si vos formais esta resolucion , ni la abadesa, ni el confesor habrán de aprobarla. Y ¿ por qué no os la han de aprobar, viendo por una parte que vos la haceis por inspiracion divina, y por otra que es un propósito en sí mismo tambien de mucha edificacion para las otras hermanas, á lo menos para que no estén tan apasionadas á los parientes y al locutorio? Pero en el caso.de que lasuperiora no accediese á vuestra resolucion, y os obligase á comparecer ante vuestros parientes, yo os aconsejo que la obedezcais; pero al mismo tiempo también os ruego, que antes le digais lo que dijo el beato Teodoro á su abad, cuando este quería que fuese á ver á su madre que habia ido á visitarle; hablóle pues, de este modo: «Padre, vos me mandais que vaya á con-«versar con mi madre; ¿me asegurais empero que de « esta entrevista no habrá de seguirse algun daño á mi «espíritu? Entonces el abad entró en temores y alzóle el precepto de obediencia. Y adviertan aquí las abadesas y los confesores, que cuando sin causa justa, sino por un capricho y por respetos humanos indiscretos ó por interés propio, ó tambien por excusar el trabajo de tener que dirigirla, impiden su mayor aprovecha
miento á una religiosa que trata de correr hácia Dios, tendrán ciertamente que dar una estrecha cuenta al Señor. Por regla general y con respecto á vos, mi bendita hermana, cuando os manden los superiores presentaros á los parientes, obedecedlos: y repito lo que tengo dicho, de que yo no os obligo á que no los trateis nunca; pero siempre que tengais que ir á hablarles , os exhorto á practicar las siguientes cautelas ó prevenciones. Primera : Antes de presentaros en el locutorio, encomendaos al santísimo Sacramento ó al Crucifijo, para que os asista en aquel tiempo y os libre de todo defecto. Segunda: Guardaos de imitar áaquellas religiosas que van al locutorio con el fin de divertirse y por saber cuanto pasa en el mundo, y después lo refieren á todo el convento. Tercera: Precaveos de publicar á los de afuera los acontecimientos interiores de vuestra comunidad, y acaso, como lo hacen algunas , aun con descrédito de la superiora y de las demas hermanas. Cuarta: Luego que los concurrentes se pongan á discurrir sobre cosas inútiles, y mucho mas siendo negocios del siglo, como de matrimonios, bailes y correspondencias amorosas, cortad, cortad corriendo la conversacion ; é introducid con destreza en ella alguna máxima cristiana ó cualquiera suceso que haya acontecido, del cual podais deducir algun sentimiento espiritual. La venerable sor María Crucifixa se desmayaba en oyendo hablar de matrimonios. Y vos es neeesário que conozcais que en semejantes casos no habeis de acomodaros al lenguaje de los mundanos, sino que por el contrario, deberéis procurar que ellos se acomoden al vuestro, el cual habrá de ser de Dios solamente. Todo el tiempo que se está en el locutorio y no se invierte por el bien del alma, es un tiempo perdido; y por lo tanto, habrá de darse después cuenta de él al Señor que allí está presente. Quinta: No soliciteis jamás de los parientes que vayan á visitaros; y cuando se presenten, procurad abreviar el discurso, y despediros con buenos y corteses pretextos, ya de tener que acudir al cumplimiento de vuestro oficio, ya de haber de ir á obedecer cualquier precepto, ya de ser preciso asistir á alguna enferma, y de otras cosas semejantes; bien conoceis que á la que quiere no le faltan nunca pretextos justos para retirarse. Con semejante conducta de vuestra parte ellos conocerán que no gustais mucho de sus conversaciones, y comparecerán con menos frecuencia á distraeros é inquietaros. Y estad cierta de que cuanto menos durare la visita, tanto mas os libraréis de cometer defectos; y que cuanto menos frecuentes fueren tambien las entrevistas. otro tanto mas estaréis vos recogida en el interior y consolada de Jesucristo. La venerable sor Catalina Cisterciense, la cual se veia abandonada de sus padres porque se metió monja á disgusto de ellos, decia: Yo no envidio á mis hermanas que sean visitadas muchas veces al año por sus padres; porque siempre que yo quiero voy á visitar tambien á Jesús, que es mi verdadero padre, y á la Virgen María, que es mi querida madre, y ellos entonces me llenan de consolaciones.
1 Además de lo dicho, guardaos últimamente sobre todo de no entrometeros en negocios temporales de vuestros parientes, como de matrimonios, de contratos , de dispendios ó de semejantes quehaceres, que os harían perder la paz del todo, el recogimiento y acaso tambien el alma. Sobre lo que se lamenta san Gerónimo, diciendo: Quantimonachorum,dumpatris matris que miserentur, suas animas perdiderunt M! ¡Cuántos religiosos, dice, por haber tenido compasion de sus consanguíneos, han llegado á perder sus almas! Por este motivo dice tambien el Santo en otro lugar, que cuanto mas piadosa fuere una religiosa acerca de los suyos, otro tanto mas impía llegará á ser para con Dios: Grandis in suos píetas, impietasin Deum est ". Y ¡ qué mayor impiedad en una monja que aquella detestable preferencia que hace, cuando por servir á los parientes deja de servir á Dios, omite la oracion, los Sacramentos, y se enreda en miles distracciones, como ciertamente sucede á la que se entromete en semejantes negocios! San Bernardo llama diabólicos á tales cuidados, por lo que exhorta á los religiosos, diciendo: Fugiat illorum cura tanquam diabolicaní'3. San Ignacio de Loyola no quiso entender en el matrimonio de una sobrina suya, á pesar de ser ella la heredera de su casa. Ni san Francisco de Borja quiso tampoco escribir al Papa, pidiendo la dispensa, que hubiera obtenido fácilmente, para que su hijo se desposase con una parienta, no obstante que mediaba la herencia de un grande Estado' *. Nemo mittens manum ad aratrum, et respiciens retro, aptus est regno Dei ".
8 Concluyamos ya de pruebas y temblemos, supuesto que el mismo Dios acaba de decirnos, que ninguno que se haya puesto á servirle, y después se ha
"In Menoch. — "S. Hier. Ep. 28 ad Paulam. — '3 In Cons. Mon. c. 43. — "Vitalib. 4,c. 6. - »Lnc. ix,6S.
dedicado á las cosas del mundo, es bueno ya para el paraíso. Luego, pues, que los parientes quieran enredaros en negocios del siglo, hacedles un bello besamanos. Atended á la preventiva respuesta que Jesucristo dió á aquel jóven, que cuando le llamó para que*le siguiese, propúsole que antes quería ir á enterrar á su padre: Sine, le dijo el Señor, ut mortui sepdiant mortuos suos 16. Lo mismo digo yo á vos, mi bendita hermana ; dejad que los mundanos, llamados propiamente muertos, se entiendan ellos solos con los negocios del siglo; el único cuidado vuestro debe ser amar áTDios y haceros santa. Excusaos por lo tanto con los parientes, diciéndoles que tales atenciones no son para vos, y que tampoco convienen á vuestro estado. Cuando la santísima Virgen dijo á Jesucristo, al encontrarle en el templo: Fili quid fecisti nobis sic? ego et paler tuus (Mentes quaerebamus te; Jesús le respondió: Nesciebatis, quia in his quaePatris mei sunt, oportet me esse"? ¿No lo sabiáis que yo no debo atender á nada mas que a los intereses de la gloria de mi Padre? Así tambien vos, cuando los parientes se quejen alguna vez de la repugnancia que manifestais en servirlos, aunque lleguen á decir que sois desnaturalizada y enemiga de la propia sangre, respondedles entonces con fortaleza, que vos .estais ya muerta al mundo, y que no debeis atender mas que á servir á Dios y al convento. Concluyo repitiendo lo que decia san José de Calasanz: No está fuera del mundo una religiosa que vive apegada á sus parientes.
ORACIÓN.
Sí, Dios mio y Esposo de mi vida, á Vos solo quiero amar y servir de hoy en adelante; y solamente quiero servir á Jas criaturas cuando conozca que Vos así lo quereis. Dadme á entender, Señor mio, todo aquello que fuere de vuestro agrado, que yo quiero cumplirlo totalmente. Ea, inflamadme toda en vuestro santo amor, para que no busque en adelante sino vuestra voluntad soberana. Haced, pues, que nada me agrade, sino aquello que complace á Vos. Ordenad tambien que yo siempre os diga con un verdadero afecto : Dios mio, Dios mio, á Vos solo quiero y ninguna otra cosa. ¡ Oh Rey mio y Esposo mio, Jesucristo! reinad Vos solo en mi alma, y poseedla toda; vuestro amor es lo que yo pido; él me enseñe lo que tengo de hacer, de lo que tengo de huir y lo que tengo de querer; y este mi espíritu no me haga obedecer á nadie, sino a Vos en vuestra divina ley y en la persona de mis superiores. Oidme, amado Redentor mio, por los méritos de vuestra pasion dolorosa. ¡ Oh Reina del ciclo! en Vos pongo mi confianza, ayudadme con vuestra intercesion poderosa.
§ II. —Sobre el desprendimiento de los seglares, y del de las mismas hermanas.
1 Dice san Agustín, que la persona que no quiere huir de las conversaciones peligrosas, pronto habrá de caer en algun precipicio: Qui familiaritatem non wlt vitare suspectam, cito labitur in ruinam1. Debe ser bastante para hacernos temblar á todos el infeliz ejemplo de Salomon, el que habiendo sido antes tan amado de Dios, y tambien puede decirse, sublimado para ser pluma del Espíritu Santo, por el trato que tuvo después , siendo viejo, con las mujeres gentiles, llegó hasta el abominable extremo de adorar los idolos ». Pero ¿ qué hay que maravillarse de esto, dice san Cipriano, si es imposible estar en medio de las llamas y no quemarse? Mas contraigámonos á nosotros mismos, esposa bendita del Señor, hablando acerca de los seglares; y persuadios ante todo, que el aire del locutorio es un aire inficionado para las religiosas. Así como en el coro ellas respiran un ambiente saludable del paraíso, así tambien por el contrario, respiran por lo comun en el locutorio un aire pestífero del infierno. ¡ Cosa admirable! ¡ aquella monja, que si permaneciese en la casa de sus padres no tendría ciertamente valor para estarse de conversacion dos ó tres horas con un jóven, después no escrupuliza de hacer esto mismo en la casa de Dios, como lo es en donde se halla! Pues qué ¿ la casa del Señor ha de tratarse con menos decoro que la casa comun del siglo? Pero podrá acaso replicar alguna: Mas por la gracia de Dios, aquí no se hace mal á nadie. ¿No se hace mal á nadie? Aquella que así hable oiga tambien lo que le digo: todas las amistades que se fundan en el genio natural j en el amor sensible hácia los objetos agradables, cuando otro mal no causen, sirven á lo menos de grande impedimento para llegar á la perfeccion. Ellas, aunque no sea otra cosa, hacen per
i Serm. 2 in Dom. í9. — J m Heg. xI.
der al alma el espíritu de oracion y de recogimiento: aquella pobre monja que ya se siente ligada con cualquier afecto, estará sí en la iglesia con el cuerpo, mas con el pensamiento y con la vista habrá de dirigirse hácia el objeto amado. Pierde en este caso el amor á los Sacramentos. Pierde para con el confesor la sinceridad debida, porque avergonzándose de manifestarle su pasion, ó temiendo acaso que el mismo confesor le ordene romper aquella amistad, omite descubrirle la raíz de su tibieza, y así de un mal en otro peor, va la miserable caminando á su ruina. Pierde tambien la paz , porque si alguna vez oye hablar en contra de la persona amada, toda se conturba, y aun se indigna contra quien se expresa de aquel modo. Pierde la obediencia; pues que si la superiora le previene que se aparte de aquella amistad, se excusa con mil pretextos y al fin no la obedece. Pierde, por decirlo de una vez, el amor á Dios, el cual quiere poseer nuestro corazon todo entero, y no le permite á este ningun otro amor que no sea el suyo; por cuyo motivo en viendo un corazon aficionado á otros objetos, se retira de él y lo priva de su especial asistencia. La venerable sor Francisca Farnesia decia á sus monjas: Hermanas mías, nosotras nos hemos encerrado aquí entre cuatro . paredes, no para ver y ser vistas, sino par a conservarnos intactas á los ojos divinos. Cuanto mas nos escondamos de las personas del mundo, otro tanto mas se descubrirá Dios á nosotras, en esta vida con su gracia, y después con m gloria en la otra.
2 Mas debe tenerse tambien presente, que no solo es grande el daño para el alma que se deja llevar de 25 Tomo i.
estos afectos, fundados en ciertos dotes externos que se hallan en una persona del otro sexo a quien se ama, sino que tambien es grande el peligro de perderse que le amenaza. Tales afectos suelen parecer al principio indiferentes, luego poco á poco se van haciendo defectuosos, y finalmente conducen y precipitan un alma á cualquiera caida mortal. Homo et rnulier, dice san Gerónimo, ignis et palea, et diabolus nunquam mfjlare cessat, ut accendatur a. Así como'es fácil que arda la paja que se encuentra junto al fuego, del mismo modo tambien es fácil que lleguen á inflamarse respectivamente, con la mucha familiaridad, las personas de uno y otro sexo; y aun'puedeafirmarse que es mas contingente esto que aquello, porque al lado de las personas está el demonio, que no desiste de soplar la llama. Vióse santa Teresa * un dia colocada en el infierno, y Dios le dió entonces á entender, que los demonios le tenían preparado aquel lugar, si no hubiese dejadotierta amistad, no digamos impura, sino solo genial, que con un pariente suyo tenia.
3 Si vos que estais leyendo sentís alguna vez en vuestro corazon una aficion semejante hácia alguna persona, será el único remedio para cortarla el hacer una resuelta y absoluta retirada; no haciéndolo de este modo, sino queriendo alejaros poco á poco, creedme, que nada adelantaréis. Tal especie de cadenas, como que son fuertes y difíciles de quitar, si no se rompen con un salto impetuoso, jamás habrán de soltarse. Y no sirve el decir que hasta el presente no se ha tenido cosa desordenada; habeis de saber que el demonio no 3 In Ep. Euseb. ad Dam. - *Vita,c. 4.
comienza por los males mas considerables, sino que paulatina é insensiblemente va conduciendo á las almas descuidadas hasta el borde del precipicio, y después con un simple empujon las hace caer en la sima del pecado. Por esta causa es una máxima comun entre los maestros de espíritu, con respecto á la presente materia, que no hay otro remedio mas que huir y evitar las ocasiones. Decia san Felipe Neri, que en esta guerra solamente vencen los cobardes; es decir, aquellos que huyen de la ocasion. Y antes lo habia dicho tambien san Gerónimo por estas palabras: Cum ceteris mtiisquis posset resistere, huic lamen non potestnisi per fuga 8. Los demás vicios podemos resistirlos en las ocasiones, haciéndonos violencia; mas acerca de la pasion que combate la pureza, no hay otro remedio mas que huir de las ocasiones y romper de una vez la aficion que se tiene.
4 Si acontece, pues, como yo me presumo, que vos esteis libre de semejantes aficiones, guardaos sin embargo todo cuanto os fuere posible; porque todavía os veis expuesta á caer en cualquier lazo criminal, en el cual miserablemente han caido otras, por haberse conducido con poca cautela. Practicad con preferencia el aviso que da santa Teresa; la que nos dejó escrito que una monja debe preciarse de ser grosera antes que cortés, al expresarse, no haciéndose prolija en las conversaciones, y en tener cumplimientos con los seglares. Y santa Catalina de Sena vino á escribir de un modo semejante á una sobrina suya, diciéndole: Con los seglares condúcete con modestia, teniendo la cabeza baja; »In Reg. Mong en la conversacion con ellos, pórtate como salvaje, á semejanza de un erizo. Cuando esteis vos en el locutorio , absteneos tambien de mirar y de reir con inmodestia, y especialmente de presentaros teniendo el hábito entallado con afectacion. Aun mayor defecto seria si os dejáseis ver con algun rizo en la frente, ó tambien con flores en el pecho, con abanico de dama, ó con perfumes que huelen á mundo. Con respecto á lo demás, aunque no se han de cometer tampoco groserías, si quereis huir, por regla general, todo peligro, procurad alejaros, en cuanto os sea posible, de la conversacion con los seglares. Sede solitaria sicut tur tur, os exhorta san Bernardo, nihil tibi et turbise. Estaos sola, amad el coro y vuestra celda, y huid al mismo tiempo como peste del locutorio: ¿qué teneis que ver con la gente del mundo, vos que ya lo habeis dejado, para ser toda de Dios? Decia la venerable sor Juana de san Esteban, franciscana : Si sois esposa del Rey de los reyes, no volvais los ojos á los esclavos. Comete delito un esclavo, si fija la vista en la esposa del rey; como tambien seria rea del mismo crimen la esposa del rey, si llegara á complacerse de que el esclavo la mirase. Y santa Catalina de Sena ', tratando de las monjas, escribe estas palabras: Nosotras no somos esposas, sino adúlteras; porque buscamos los placeres del amor propio, somos enemigas de la celda, y gustamos mucho de la conversacion con los seglares. Todo esto movió á san Gerónimo á que os previniese, que si alguna vez, cuando esteis conversando con algun sugeto sentís nacer en vuestro corazon algun afecto desordenado, procureis hacerle morir ¡n
6 Serm. in Cant. - i Epist. u».
mediatamente, antes que llegue á hacerse un gigante: Dumparms esthostis, interfice 8. Es cosa fácil matar al leon cuando es pequeño; pero es muy difícil y moralmente imposible el quitarle la vida cuando ya es grande.
5 Aun mayor error y desacato seria, si permitiéseis á algun seglar que se propasase á chanzas burlescas , no digo con las manos, porque no quiero suponer tan grande exceso, sino con palabras indecentes. Y no os lisonjeeis, si esto aconteciere, de que quedaríais exenta de culpa porque calláseis, estando solamente oyendo; pues que con sola la omision de no apartaros al momento de aquel insolente, ya cooperábais con él y os hacíais rea del mismo pecado: añadiéndose á esto, que no retirándoos pronto de tal conversacion de infierno, presto tambien llegaríais á ser peor que él, y de esposa de Jesucristo vendríais á ser esposa del demonio; y además, fácilmente seríais la causa de la ruina del convento; porque una monja que con semejante conducta mantiene una tal correspondencia, es lo bastante para que con su mal ejemplo atraiga y pervierta á muchas otras á que hagan lo mismo. Especialmente debeis estar alerta y cautelosa, si alguna vez fuere á visitaros algun hermano ó pariente vuestro, llevando en su compañía algun otro amigo suyo, el cual indicase por algun concepto la menor aficion hácia vuestra persona; podrá ser quizá que ellos hagan llamar tambien al mismo tiempo á vuestra tia; pero vos seréis el principal papel en esta escena. Si alguna vez, digo, llegais á advertir tales indicios, bajad los ojos á tierra al instante, entregaos al silencio, y manifestaos austera: y aun seria lo mejor, que con una modesta vuelta de espaldas inmediatamente os retiráseis; y que cuando se os llame en lo sucesivo, sabiendo que está allí aquel personaje, respondiéseis que teníais una ocupacion precisa y no podíais bajar. Estad alerta; pues que si no lo haceis de este modo, sino que le dais audiencia, yo os lloro ya perdida. De la misma manera, si recibis de alguno cualquiera escrito en donde exprese la menor palabra de afecto, rasgadlo sin demora, y aun entregad al fuego los pedazos, y no le contesteis. Y en el caso de que fuere preciso responderle , por alguna ocurrencia urgente, hacedlo con pocas y graves palabras; sin darle señales de agradecimiento, ó de que hayais entendido aquellas afectuosas indicaciones. Mas si otra vez este tal os llamase al locutorio , despedidle al momento; porque si después del escrito aun volveis á conversar con él, os veréis perdida. Además de esto, sabed que os haríais vos cómplice del mismo delito, si por complacer á cualquiera de vuestras hermanas, no temiéseis ofender á Dios, cooperando á alguna de sus aficiones. Y si por falta de precaucion os enredais en esto, esperad un notable castigo, como el que le vino á cierta monja, que hallándose de sacristana, por complacer á una compañera suya se encargó de entregar una esquela que le dió para un sacerdote con el cual tenia cierta correspondencia no muy santa: pero ¿ qué sucedió? sucedió que al entregar ella la esquela al mismo clérigo, este, que llevaba mucha priesa, volvió al recibirla el torno de la sacristía con tanta violencia, que le oprimió y cortó la mano enteramente; y la infeliz murió entre los desmayos al cabo de pocos dias.
8 Bpist. 22.
6 Advertid tambien, además de esto, que deberéis usar de esta misma cautela con los religiosos ó eclesiásticos, cuando entendais que vaná visitaros, no por Dios, ni por el bien de vuestra alma, sino por algun afecto particular que os profesen. Especialmente seria bueno que no tratáseis á vuestros confesores mas que en el confesonario; y teniendo que hablarles en otro sitio, que fuese por el torno, huyendo siempre del locutorio. Con vuestros directores es necesario que os porteis aun con mayor reserva; pues que atendida la confianza que os merecen por razon de los secretos de vuestra conciencia que les manifestais, media siempre cierta simpatía, la cual si no se modera, puede degenerar después en un fuego del infierno. Para evitar tal contingencia, yo os aconsejo que eviteis en lo posible con el confesor todo tráfico de negocios, de regalos, de tomar á vuestro cargo guisarles la comida, de coserles la ropa blanca y de otras cosas semejantes. Decia santa Teresa : ¡Oh cuánto impiden á las religiosas estos tráficos mundanos! ¡y quiera el Señor, que al fin no les impidan tambien el ver á Dios! Y hablando particularmente de regalos, si ellos están ya en uso desde tiempos antiguos en vuestro convento, será lo muy bastante que dos ó tres veces al año les regaleis alguna corta friolera, la cual sea mas bien una señal de atencion que de afecto. Por lo demás, guardaos siempre con el mayor cuidado y cautela de que no salga nunca de vuestra boca la menor palabra de afecto, por cualquiera ocasion que se presente.
7 Y no seais tan dócil que andeis diciendo: con aquel sacerdote no hay que tener cuidado, porque es un santo. Oid lo que dice santo Tomás de Aquino : afirma este Doctor de la Iglesia, que cuanto mas santas fuesen las personas hácia las que sintamos alguDa aficion , tanto mas deberémos precavernos en su trato; pues que el buen concepto que formamos de sus virtudes habrá de servir para excitarnos mas á amarlas: Nec quia sanctiores fuerint, ideo minus cavendae; quo enim sanctiores, eo magis alliciunt*. Oid tambien ahora lo que decia el venerable P. Sertorio Caputo, de la Compañía de Jesús, á saber: que el demonio primeramente procura que amemos la virtud del sugeto, luego su misma persona, y después nos arroja al precipicio. Escribe igualmente el citado angélico Doctor, que bien sabe el enemigo conocer un tal peligro, y por eso no dirige al principio saetas que parezcan envenenadas , sino solamente aquellas que encienden el afecto y que ocasionan pequeñas heridas en el corazon; mas en breve tiempo, inflamada que se halle la aficion, no habrán de tratarse entonces las personas como Ángeles y segun habian comenzado, sino como miserables criaturas vestidas de carne humana; las miradas serán con frecuencia y mutuamente; las palabras saldrán afectuosas: de aquí principiarán los deseos de verse y tratarse á menudo; y de esta manera vendrá á convertirse la devocion espiritual en un afecto carnal y abominable. Todos estos son sentimientos propios del mismo Santo.
8 Y para que podais precaveros mejor en una materia de tan penosa trascendencia, os pondré aquí las cinco señales que da san Buenaventura para conocer cuando el afecto no está adornado de la pureza; y son: Primera: Cuando se tienen conversaciones largas é inútiles, advirtiendo que siendo demasiado prolijas, siempre habrán de ser de poco ó de ningun provecho. Segunda: Cuando median miradas ó elogios de una á otra parte. Tercera: Cuando el uno excusa los defectos del otro. Cuarta: Cuando se manifiestan ciertos pequeños celos. Quinta: Cuando en la ausencia se experimentan inquietudes. Añado yo tambien, cuando se celebran mucho la hermosura y gracias de la persona amada; cuando se desea que ella corresponda en el afecto, y cuando se advierte repugnancia en que otros la miren, la escuchen, y hablen con ella. ¡Oh qué bien decia el P. Pedro Consolini, del Oratorio, afirmando que á las personas santas del otro sexo es necesario tratarlas de léjos y sin mirarlas, como á las almas del purgatorio. Algunas para entretenerse mucho con sus padres espirituales, usan del pretexto de que su mira es principalmente enfervorizarse oyendo sus discursos; mas ¿ qué necesidad hay de tales conversaciones ó razonamientos familiares tan prolongados, y en los que puede haber peligro de que quedeis ligada ó cautiva con alguna pasion perniciosa? Si media un verdadero deseo de enfervorizarse, bastan para ello tantos libros espirituales como se tienen en cada convento; bastan las lecciones que preceden á la oracion y que acompañan á la mesa; bastan los sermones que se oyen en la iglesia; y aun, prescindiendo deestos auxilios, será lo suficiente para santificarse solas las reglas y constituciones de la Orden religiosa, siempre que se lean con atencion y que se pongan en práctica.
9 Lo que hasta aquí va dicho bien se entiende que ha sido con respecto á las personas de afuera; mas es necesario advertir que el amor desordenado puede introducirse tambien entre las mismas religiosas que se hallan dentro de un convento, especialmente siendo jóvenes, y entablando estas alguna familiaridad excesiva. Escribe al intento san Basilio las siguientes palabras : Juvenis aequalium tuorum conmetudinem defugito: quantos illorum opera adversarias plerosque sempiterno igni cremandos addixit10! Jóven, dice el Santo, huye de la familiaridad con tus iguales; porque á muchos ha condenado el demonio á arder en el fuego eterno por causa de estas amistades. Un crecido número de estos desgraciados, continúa el mismo san Basilio , aunque en un principio estrecharon su amistad con cierto afecto que parecía de caridad. sin embargo, después de algun tiempo el enemigo los ha precipitado en grandes males: Spirihiales primo caritatis quadam specie ülectos, postea in voraginem praeápites déturbamt". Tambien decía, con mucha semejanza á lo anterior, la beata Ángela de Foliño ": «No obs«tante que en el amor se encierra todo bien, el miste mo amor tambien puede ser la causa de todos nues«tros males. Y no hablo yo ahora del afecto pernicioso, «que ya es bien sabido que debe extinguirse; me di«rijo á este amor mutuo de uno á otro prójimo, el que «tambien puede degenerar en un afecto desordenado: »el mucho conversar entre sí dos personas, manifes
10 Serm- de Ab1»c. rer., etc. - 11 Ibid. - i« Vita, p. 2, c. 1.

CAPÍTULO X. 395
«tándose recíprocamente el afecto que se profesan,
« hace que este amor llegue á ser nocivo, uniendo para
«ello los corazones demasiado; por manera, que cre-
eí ciendo el afecto principiará tambien á ir oscurecién-
«dose la razon; el uno deseará aquello que quiera el
«otro, hasta tanto que ya la pasion en su colmo, mue-
«va al uno de ellos para que invite á obrar el mal al
«que siendo cómplice en la obcecacion criminal de las
«voluntades,, no sabrá ya contradecirle, y ambos se-
«rán perdidos miserablemente.»

10 Y aquí es necesario entender, que si las amistades exteriores con los seglares son mas escandalosas, las internas ó que acontecen entre las mismas monjas, llevan el carácter de ser mas peligrosas que las otras; lo uno porque son mas difíciles de cortarse, y lo otro porque la ocasión es tambien mas próxima. Y no permita Dios que llegue á caer jamás ninguna infeliz religiosa en alguna falta contra la castidad, viviendo en la santa casa del Señor; pues á la que tuviese tal atrevimiento , el profeta Isaías la declararía condenada por estas palabras: In terra sanctorum iniqua gessit, non videbü gloriam Dominii3. Por lo tanto, las maestras de las educandas son las que especialmente deben estar siempre con los ojos abiertos sobre ellas acerca de esta delicadísima materia; no teniendo escrúpulo de sospechar siempre lo peor en este punto. Cuando llegue á observar alguna aficion ó familiaridad entre dos, procure cortarla inmediatamente, no dejándolas tampoco á las dos solas; y esté siempre en sospecha, á fin de que consiga evitar de este modo cualquiera mal que
13 Isai. xxvi, 10,

V
pueda acontecer. Exhórtelas tambien de cuando en cuando, hablando en general, para que se guarden como de la misma muerte de callar jamás en la confesion algun pecado por vergüenza; y procure á este fin referirles algun funesto ejemplo de personas miserablemente condenadas por haber hecho confesiones sacrilegas.
11 Hablando tambien san Basilio sobre este particular y dirigiéndose generalmente á todas las monjas, ordenó que fuesen castigadas en su Orden todas aquellas que tuviesen amistades particulares, llamadas con razon por san Bernardo, amistades envenenadas, y enemigas de la paz comun; porque, a decir verdad, aun cuando ellas no trajesen consigo otro daño y peligro, son á lo menos un semillero de disturbios, de murmuraciones y desconciertos ; sucediendo tambien que estas sociedades amistosas son las que después forman las facciones y los partidos, y hacen que en la eleccion no se dén los votos á las mas dignas, sino á las mas parciales. Sed vos por lo tanto amiga de todas, amadlas á todas y servidlas á todas; de modo que ninguna piense que deja de estar con vos en buena armonía; pero al mismo tiempo, guardaos de tener familiaridad particular con ninguna; vuestra intimidad habrá de ser solamente con Dios. Y precaveos con especialidad de aquella que indique estar apasionada hácia vos. Considerad que caminais por una senda oscura y resbaladiza , cual es la vida presente; y si. luego después de esto llegais á tener una mala compañera que después de conduciros al precipicio tambien os empuje, os veréis desgraciadamente perdida.
12 Para que no se verifique en vos tal desgracia, desechad todos los respetos humanos y aquel temor maldito ¿qué dirán? Vos podréis acaso hacer la reflexion siguiente: Si yo despido aquella persona seglar, rompiendo la amistad que con ella tengo, y me doy al retiro, ala oracion y á las mortificaciones, ¿qué dirán de mí? se burlarán de mi devocion, y vendré á ser el objeto de irrision de todas mis compañeras. ¡ Oh á cuántos religiosos y religiosas no ha conducido á una eterna condenacion esta maldita enfermedad del respeto humano! Oh quot detrusit ad inferos infirmitas haec! exclama san Agustín. Y san Francisco deBorja, como maestro en este punto , decía que el que pretenda darse á Dios, es necesario que antes de todo ponga debajo de sus piés este infernal respeto del ¿qué dirán? ¡ Ay Dios! ¿y por qué no pensamos en qué dirá Jesucristo, qué dirá la santísima Virgen? Pues oigan también ahora lo que dice el Señor: Hortus conclusus soror mea ^ponsa ''. Con estas palabras hace saber el Redentor del mundo á las religiosas, que si quieren ser verdaderas esposas suyas, es necesario que sean sus corazones unos huertos cerrados, de manera que no baja de entrar en ellos otro afecto que no fuere por Dios. Y adviertan que entre todos los defectos que una monja puede cometer, no se encontrará acaso alguno que mas desagrade al diviao Esposo, que el de nutrir en el corazon cualquiera aficion á otra persona. Dios quiere para sí todo el corazon de su esposa. Aun los consortes humanos vemos que cualquiera otra cosa la sufren con menos indignacion, que el ver que sus mujeres amen á, hombre ninguno fuera de ellos. Doy fin á este punto con exhortaros que en tratándose de amores, os imagineis que no existe en el mundo otra cosa mas que vos y el mismo Dios, á quien solamente debeis amar. 13 Antes de terminar este capítulo, y aun la misma materia, diré que no puedo dejar de vituperar la pueril conducta de aquellas monjas que acostumbran tener un tierno amor á los animales, como v. gr. a gatos y perritos. Los quieren siempre consigo, en la mesa, en la cama; los llevan con frecuencia en la falda, los besan, y aun llegan tambien á decirles palabras de tierno afecto: si tales animalitos enferman, ellas se afligen; y mayormente si se les mueren, lloran inconsolables, y se incomodan no poco contra la persona que pueda haber sido la causa de que vano puedan tener aquel pasatiempo. Bastará, pues, decir acerca de este exceso, que tal afecto desordenado á las bestias es en sí bestial, aun entre los seglares; ¿cuánto mas lo será en una esposa de Jesucristo?
ORACIÓN.
Jesús mio, ya entiendo vuestras inspiraciones: Vos quereis todo mi corazon, todo mi amor, y yo quiero dároslo todo. Después de tantos disgustos como os he ocasionado, merecía ser abandonada de vuestra clemencia; mas á pesar de esto, siento que Vos continuais llamándome á vuestro amor, y diciéndome al corazon: Diliges Dominum Deum tuum ex toto carde tuo. Sí que me resuelvo á obedeceros, y de hoy en adelante solamente á Vos quiero amar. ¡Oh si yo pudiese, Jesús mio, sacrificarme toda por Vos, que lleno de misericordia os sacrificásteis todo por mí! Vos por mi amor derramásteis toda vuestra sangre, é invertisteis toda vuestra vida en el gran negocio de mi salvacion; y yo en vista de esto, ¿habré de andar escasa para con Vos? Sabiendo que no solamente un corazon es muy poco para amaros, sino que tambien lo son mil corazones; ¿habré yo de ser tan mezquina é ingrata, que quiera dar una parte de este mi corazon miserable a las criaturas? No, vida mia : Vos lo quereis todo, y yo todo entero quierodároslo. Aceptadlo pues, Jesús mio, amor mio y Esposo mio; yo soy ya vuestra y toda vuestra: disponed de mí segun y como fuere de vuestro mayor agrado. Santísima María y esperanza de mi vida, ligadme indisolublemente con Jesús vuestro Hijo, y hacedme toda suya. De Vos quiero alcanzar esta gracia, y por vuestra intercesion espero conseguirla.
CAPÍTULO XI.
DE LA SANTA HUMILDAD.
§ I. — De los bienes que produce la humildad.
1 Con razon han llamado los Santos á la humildad la basa y la guarda de todas las demás virtudes; porque aunque es cierto que esta virtud de la humildad no sea la primera de todas en excelencia, dice no obstante santo Tomás que ella ocupa el primer lugar, considerándola como fundamento de sus compañeras1;
1 J,í,q. 161, a. 5.
pues que así como en los edificios domésticos debe preceder el cimiento á las paredes y los techos, aunque estos llegasen á ser de oro; así tambien en la vida espiritual es necesario que preceda la humildad, á fin de abatirla soberbia, á la cual Dios siempre resiste: Humilitas primum locum tenet, in quantum expellit superbiam, cui Deus resislit*. Por esta razon dice san Gregorio en sus escritos, que á quien practica muchas virtudes, careciendo de la humildad, le sucede loque á uno que conduce el polvo hácia la parte contraria del viento, que muy pronto aquel desaparece: Qui sine humilitate virtutes congregat, quasi in ventum pukerem portat3.
2 Refiérese en un libro devoto ', que vivía en un desierto cierto ermitaño, que era tenido en muy buena opinion por sus virtudes; conociendo este que ya se acercaban los últimos instantes de su vida, mandó llamar á su abad para que le administrase el santísimo Viático. Hízolo con Afecto su prelado, y fué tambien acompañando á su Majestad un cierto ladron público, el que compungido en aquella devota procesion, no se consideró digno de entrar en la celda del solitario, sino que humillado desde la puerta exclamaba : ¡Oh si yo fuese como tú eres! Oyólo entonces el monje, y envanecido de sí mismo, el infeliz le respondió : ¡Dichoso tú ciertamente sifurses como yo soy! Pero ¿qué sucedió? el ladron, concluida la religiosa ceremonia, fué corriendo á coafesarse, y cayendo en un precipicio murió al instante: espiró tambien el ermitaño enfermo, des
« S. TU. loc. cu. a. 4 ad 2. - > In Psalm. Poenit. 3. — * In Spec cxempi. Uist. 9, exempl. 199.
pués de poco tiempo. Mas otro monje compañero suyo y verdaderamente virtuoso lloraba amargamente la muerte de su hermano, manifestando al mismo tiempo un grande júbilo por la desgracia del ladron despeñado. Al conocer esta variedad de sentimientos, preguntáronle la causa, y él respondia que el ladron se habia salvado, por la humilde contricion que hubo tenido de sus pecados; y que su compañero por la soberbia estaba ardiendo en el infierno. Mas no deberá nadie creer que aquel desventurado fuese solamente soberbio á la hora de su muerte; porque semejante modo de hablar que tuvo en los últimos momentos de su vida, dió bien á entender, como señal cierta, que mucho tiempo antes estaba radicada en su corazon la soberbia, y por esto se perdió miserablemente de aquella manera. Dice finalmente san Agustín, que si la humildad no precede y acompaña las operaciones del hombre hasta el fin, le será arrebatado por la soberbia todo el bien que hiciere: Nisi humilitas praecesserit, etcomitetur, et consecuta fuerit, totum extorqnetde manu swperbia5.
3 Era esta .bella virtud de la humildad poco conocida , y de consiguiente poco amada en la tierra; ó por mejor decir,eraaborrecida de los hombres, entre quienes generalmente reinaba la soberbia, la que ocasionó la ruina de Adan y de todos sus descendientes: vino por.esto del cielo el Hijo de Diosá enseñárnosla no solamente con su doctrina, sino tambien con su ejemplo ; y á este fin se humilló hasta hacerse hombre y aun hasta tomar la forma de siervo: SeMetipsum exinanivit formam serví accipiens*. Y quiso tambien, además de
» Kp. 58 ad JMoscor. — « Pbif. n,T
26 • TOMO I.
esto, ser tratado entre los hombres como el mas vil de todos ellos, y en tanto grado, que lo llamó Isaías Despectum, et novissimum virorum \ el desprecio y el último entre todos los hombres. Y con efecto, mirémosle en Belen, nacido en un establo y colocado en un pesebre de bestias; si es en Nazaret, viviendo en un taller pobre y desconocido, haciendo el oficio de aprendiz de un miserable artesano. Observémosle luego después en Jerusalen, y lo hallarémos sufriendo azotes como un esclavo, abofeteado á la manera de un hombre vil, y coronado de espinas cual rey de burlas; y finalmente sentenciado á morir en una cruz, á semejanza de los malhechores. Y después de haber considerado todo esto, oigamos tambien lo que nos recomienda. Estas son sus divinas palabras: Exemplum ego dedi vobis, ut quemadmodum ego feci, ita et vos faciatis \ Como si nos dijese: Hijos mios, la causa de haber yo abrazado tantas ignominias, ha sido para que vosotros, viendo el ejemplo que os he dado, no las desecheis. Y hablando también san Agustín de la humildad de Jesucristo, dice: Haec medicina si superbiam non curat, quid.eam curet nescio. Si esta medicina no nos libra de nuestra soberbia, yo nó sé qué otro medio mas poderoso pueda encontrarse para desterrarla. Por eso escribiendo el Santo á Dióscoro, le dice: Sí quereis saber, amiga mio, cuál es la virtud que principalmente nos hace discípulos de Jesucristo y que es mas propia para unirnos á Dios, Los soberbios, por el contrario, son el odio y la abominacion de Dios: Abominatio Domini est omnis arrogans 10. Y con mucha razon debe ser de este modo , supuesto que el soberbio es á un mismo tiempo ladron, falso y ciego. Es ladron, porque se apropia á sí mismo aquello que solamente es de Dios. Quid habes quod non accepisti? pregunta el Apóstol ". Usando tambien de una comparacion; si un caballo alguna vez se halla enjaezado con una cubierta bordada en oro; aun cuando á este animal se le concediese el uso de la razon, ¿podría jamás gloriarse ó envanecerse con aquel adorno, sabiendo que á la menor señal de su dueño debería verse despojado de él? Es tambien ciego, segun se dijo á aquel prelado del Apocalipsis: Lias, ddves sum, et ñeseis quia tu es miser, et caecus ". ¿Y qué otra cosa-tenemos que proceda de nosotros, sino la nada y los pecados? Aun aquel poco de bien que hagamos, si queremos exactamente escudriñarlo, no se encontrará en él otra cosa que desórden y defecto , segun observa san Bernardo. Si distincte jxidicetur, injustitia invenietur omnis justitia nostra. Es, en fin, tambien falso; porque todos los dotes que el hombre tiene, ya sean de naturaleza, como salud robusta, buen entendimiento, hermosura, habilidad y otros semejantes; ó ya sean de gracia, como son los buenos deseos, un espíritu dócil, y un ilustrado entendimiento, todos ellos ciertamente son dones que el Señor ha concedido. Por eso decia san Pablo: Lo que yo soy, lo soy por la gracia de Dios: Gratia Bei sum id quod sum13 -
,1. Prov. xvi, s. —11 I Cor. Iy, T - 1* Apoc. vm, 11 - 131 Cor. xv, ie.
siendo cierto, como afirma el mismo santo Apóstol, que no podemos tener de nosotros mismos ni un pensamiento bueno: non quod suficientes simus cogitare aliquid a nobis 'í.
5 ¡Desgraciada aquella monja que es soberbia! mientras este detestable vicio reine en su corazon no podrá jamás entrar en él el espíritu divino; sucediendo, por el contrario, que el demonio hará lo que quiera de ella. Á este intento decia san José de Calasanz: Usa el demonio de los religiosos soberbios como de una peloln de juego. Y refiere Cesario ", que habiendo sido llevado en cierta ocasion un obseso á un monasterio, el prior de aquella casa llevó consigo á otro monje jóven que era tenido por santo, y preguntando el prelado al demonio: si este religioso que viene conmigo te mandare salir, ¿habrás de obedecerle? le respondió el espíriu maligno: Yo nole tengo miedo á este.—¿Por qué razon? replicó el prior; y Satanás entonces le contestó: Porque es soberbio. Debemos tambien advertir aquí que el Señor, con la mira de que nos veamos libres de! abominable vicio de la soberbia, permite muchas veces que sus queridos siervos se hallen afligidos de vergonzosas tentaciones, como lo son las de impureza; dejándolos tambien padecer en ellas, por mas que pidan y rueguen al mismo Señor que se las quite, como sucedió con san Pablo, el cual escribe de este modo: Datus est mihi stimulus carnis meae, angelus Satanae qui me colaphizet; propter quod ter Dominum rogavi, vt disceder-eta me; et dixit mihi: sufficit tibi gratiamea1S. Luego no quiso el Señor librar á san Pablo de la mo"II Cor. ni, s. - .«Lib.4,c. S. - i« II Cor. xii.T
leslia de aquella tentacion impura, para que permaneciese humilde, concluye san Gerónimo. Y aun es mas todavía: en algunas ocasiones permite Dios tambien que alguno caiga en ciertos pecados, á fin de que aprenda á ser humilde; como le aconteció á David, el cual confiesa que por no haber sido humilde hubo de experimentar su caida: Priusquam humiliarer ego de'liqui ".
6 Continúa san Agustín escribiendo sobre tan interesante materia y dice: Altus est Deus, humilias te, etdescendü ad te, erigís te, etfugit a te 18. Cuando tú te humillas, baja Dios á unirse contigo; pero huye tambien de tí, cuando te ensoberbeces. Y dice el real Profeta : Vominus humilia respicit, et alta a longe cognoscit". Mira el Señor con ojos amorosos a los humildes; mas á los soberbios, desde léjos los observa con su vista; y á la manera que si nosotros vemos á alguno de léjos no le conocemos, así tambien parece que dice Dios acerca de los soberbios, que no los conoce. Habia en cierto convento una monja tan soberbia, que en una ocasion se atrevió á decir á otra religiosa estas palabras: « Ea pues, habeis de saber que el hábito que «las dos vestimos hace que nos sentemos en un mismo «banco; porque no siendo así, ni tampoco mereceríais «estar por sierva en mi casa.» Y ¿cómo pensais que Dios miraría á una monja tan altanera? Nunca pueden los soberbios avenirse con el mismo Señor, pues que no le es posible tolerarlos; apenas estuvieron los Ángeles poseidos de soberbia un momento en el paraíso,
"Psalm. cxvin, 67. - 1« Serm. de Ascens. — 1» Psalmus cxxxvn, 0.
al segundo instante ya Dios los habia arrojado de su divina presencia, y mandádoles alejarse hasta el infierno. Ni podrá en ningun tiempo dejar de cumplirse esta divina sentencia: Qui autem se exaUaverit, humiliabiturso. Cuenta san Pedro Damiano ", que un cierto hombre soberbio, pero devoto en la apariencia, antes de emprender con su rival el duelo á que estaba desafiado para disputar con la espada el derecho de una posesion que ambos querían, entrándose á oir misa , y oyendo en el santo Evangelio aquellas palabras: Quise exaUaverit, humiliabitur, dijo entre dientes ó en secreto: «Esto sí que no es verdad; porque si yo me «hubiese humillado, hubiera perdido mis bienes y la «mucha reputacion que tengo.» ¥ qué le sucedió á tan grande hipócrita? Que cuando emprendió la lucha con su enemigo, este le hirió con la espada cabalmente en la boca, y le traspasó aquella lengua sacrilega, cayendo al instante muerto en tierra.
7 Deus superbis resistit, humilibus autem dat gratiam ".El Señores verdad que tiene prometido oirá cualquiera que le suplique: Omnis. qui petit, aceipit"; mas sin embargo á los soberbios no los oye; pues como asegura Santiago, Dios resiste á sus oraciones. Al contrario sucede con los humildes, con quienes siempre se muestra liberal: Humilibus autem datgratiam; abriendo sus divinas manos y dándoles cuanto piden y desean: Humiliare Deo, et expecta muráis ejus, dice la sagrada Escritura 8i. Humíllate á Dios, y espera después de su liberalidad infinita cuanto le hubieres
»Matth. 1x111,12. - !i iract. de Cuello. - « Jac. iv, 6. - "I.uc.M.1. _ «Eccl. xv,9.
suplicado. Por eso san Agustín se expresaba de este modo: Domine, da mihi thesavtrum humititatis. Es la humildad un tesoro, porque el Señor hace que los humildes abunden en todos los bienes. Cuando el corazon del hombre está lleno de sí mismo, no puede verse lleno de los divinos dones: es necesario que para gozar de estos se vacíe primero de aquel con el conocimiento de su propia nada. Oigamos á David que nos dice: Qui emittis fontem in c<mvallibus, ínter medium montium pertransibunt aquae TM. Dios hace que las aguas abunden en los valles; esto es, que sus gracias sean abundantes en las almas humildes; pero no en los montes, que significan los espíritus soberbios; bien que pasen por estos las gracias, mas no se detienen. Tambien podemos oir, para mayor prueba de tan interesantes verdades, aquel celestial cántico de la divina Madre, en el que dijo: Quia respexit humilitatem ancittae suae.... fecit mihi magna qui potens esfs. Me ha dispensado el Omnipotente grandes dones, mirando la humildad de esta su esclava; es decir, mirando el conocimiento que yo tengo de mi propia nada. Refiere igualmente santa Teresa de sí misma, que las mayores gracias que recibió de Dios le vinieron cuando ella estaba humillándose mas en la oracion y en la presencia del mismo Señor adorable. Y dice además de esto el Eclesiástico, que la oracion del humilde penetra los cielos y no se retira de allí hasta que Dios la oye: Oratio humiUantis se, nubespenetrabit... etnon discedet, donee Altissimus accipiat". Y así sucede que los humildes alcanzan de Dios todo cuanto le piden. No, no hay que temer que la persona humilde se mire confundida y desconsolada. Ne avertatur humilis factus confusus *8. Por eso decia san José de Calasanz: Si quieres ser santo, sé humilde; // si quieres ser muy santo, sé muy humilde. Este fue tambien puntualmente el consejo que un santo varon dió á san Francisco de Borja, cuando aun era seglar, diciéndole que si queria hacerse perfecto, no dejase ningun dia de pensar en sus miserias;. y en cumplimiento de tan sabio documento, invertía el Santo en lo sucesivo las dos primeras horas de la oracion diaria en el conocimiento y desprecio de sí mismo.
8 Ya no deberá extrañarse de que san Gregorio escribiese, que así como el ser soberbio es una señal de reprobacion, así tambien, por el contrario, el ser humilde es igualmente una señal de ser predestinado. Evidentissimum reprobarum signum superbia, ac contra humilitas electorum M. Mostrándosele á san Antonio abad, en una vision que tuvo, el mundo lleno de lazos tendidos por el demonio, suspirando entonces exclamaba: ¡ Ah! ¿ quién habrá de poder escaparse de ser aquí enredado? Y oyó entonces una voz que le dijo: Antonio, la humildad solamente es la que pasa segura por cana de tantos peligros: el que va con la cabeza baja, no tiene que temer quedar preso. Baste, en suma, el habernos dicho nuestro Salvador, que si no llegamos á hacernos párvulos, no de edad sino de humildad, no conseguirémos nuestra salvacion: Nisi efficiamini sicut parvuli, non intrabitis in regnum coelorum M. Refiérese en la vida de san Palemon, que andando cierto
*» Psalm. Lxjuii, ai. — «9 s. Greg. 1. 8í in Job Lvi. — '» Matth. xviu, 3.
monje, por una gracia especial, sobre las ascuas, se vanaglorió de esta, diciendo envanecido á sus compañeros: Mirad ¿quién de vosotros se pasea sobre la lumbre sin quemarse? Entonces san Palemon le reprendió esta vanagloria; pero el miserable no se enmendó, sino que quedó pagado de sí mismo: de donde provino, que cayendo después desgraciadamente en varios pecados, vino á finalizar sus dias en mal estado. •
9 Á los humildes, que aquí en el mundo son despreciados y perseguidos, es á quienes está prometida la bienaventuranza: Beati estis, cum maledixerint vobis, et persecuti vos fuerint... quoniam merces vestra copiosa est in coelis ". Aun hay mas: no solamente los humildes son felices en la otra vida, sino que tambien lo son en eSta. Discite á me, dice tambien nuestro Redentor, quia mitis sum, et humilis corde, et invenietis requiem animabus vestris ". Aprended de mí á ser mansos y humildes, y hallaréis la paz en vuestras almas. El soberbio nunca puede encontrar la paz verdadera; porque tampoco consigue jamás verse estimado y atendido segun aquel vano concepto que él se tiene formado de sí mismo; ni aun cuando vea que le rindan muchos respetos, llega á estar contento, al mirar que tambien otros son mas atendidos: siempre á lo menos habrá de faltarle alguno de los honores ó respetos que desea, y esta falta le dará mas tormento que el consuelo que pueda resultarle de todos las condecoraciones y atención que hubieren de tributarle. ¿Quién se ha visto mas respetado y engrandecido que Aman en la corte de Asuero, llegando hasta sentarse
« Mattb. v, 11. — "IJwd. xi, 29
á la mesa de aquel poderoso monarca? Mas porque solamente Mardoqueo no quería saludarle, decía que se reputaba por un infeliz: Cum haec omnia habeam, nihil me haber e puto, quamdiu videro Mardochaeum sedentem ante fores regias ". Pero ¿qué honores son tampoco aquellos que reciben los soberbios? no son honores que puedan alegrar al corazon, mediante á que se dan con violencia y por solo respeto humano. Bien instruido san Gerónimo en este punto, escribió diciendo , que la verdadera gloria virtutem quasi umbra sequitur, et appctitores sui deserens, appetit contemptores. La verdadera gloria, repito, huye de quien la desea, y sigue á quien la desprecia; sucediendo en esto puntualmente lo que con la sombra, la cual va siguiendo al que huye de ella, y huye de aquel que pretende alcanzarla.
10 Muy al contrario es todo lo que se verifica con el humilde, pues que siempre está contento, mediante á que cualquiera honor que recibe lo reputa por mayor que sus méritos; y cuando se presenta el caso de tener que sufrir desprecios, considera que merece mas por sus pecados, y dice entonces con Job: Peccavi et vere deliqui, et ut eram dignus, nonrecepi ". San Francisco de Borja nos dió acerca de esto un beHo documento: debiendo el Santo emprender en una ocasion un largo viaje, le hicieron otros hermanos la advertencia de que mandase, antes de llegar á los pueblos, un aposentador, para que luego á su arribo encontrase ordenado el alojamiento en donde debiera estar; y de esta suerte evitaría la incomodidad que tendría que sufrir si
«Esther,v, 13. - s*Job,xxxm,21.
llegase allí improvisamente: á cuya propuesta el Santo les respondió: Ya lo entiendo; y en cuanto á esto, sabed que yo no dejo jamás de enviar con anticipacion á mi aposentador; pero ¿sabeis quién es este? pues es el pensamiento del infierno que tengo bien merecido; y por esto cualquiera habitacion que encuentro á mi llegada, me parece un real palacio, comparándola con el lugar horroroso en donde yo merecía estar.
ORACIÓN.
¡Dios mio! ¡Quién creyera que después de tantos pecados pudiese haber en mí tanta soberbia! Pero ya veo que mis culpas, después de haberme hecho tan ingrata para Vos, me han llenado tambien de altanería. Ne projicias me á facie. tua. Señor, no me arrojeis de vuestra presencia, segun yo lo merecia. Tened piedad de mí; concededme vuestra luz divina y hacedme conocer lo que soy, y lo que tambien merezco. ¡ Oh cuántos con menos pecados que los míos están ardiendo en el infierno, sin poder ya tener esperanza de ser perdonados! cuando veo que Vos mismo me estais ofreciendo el perdon, si yo lo quiero. Pues sí que lo quiero, amado Redentor de mi vida; perdonadme, en tanto que me arrepiento con toda el alma mia de todos los actos de soberbia que he cometido, con los cuales, no solamente he despreciado á mi prójimo, sino que tambien os he mirado con indiferencia á Vos, sumo bien mió. Os diré, pues, con santa Catalina de Génova: Dios mio, no mas pecados, no mas pecados. Baste ya lo mucho que os he ofendido, no quiero abu
sar mas de vuestra paciencia. Os amo, Señor mid, y quiero emplear los dias.de vida que me restan solamente en amaros y complaceros. Vos, Jesús de mi vida, asistidme y amparadme. Pero, Señor, cuanto mayor viere ahora el infierno que es el deseo que yo tengo de ser toda vuestra, otro tanto mas habrá de aumentar contra mí las tentaciones. Socorredme, por tanto, socorredme, y no me dejeis sola en manos de mi consejo. ¡Virgen santísima María! Ya sabeis que en Vos, después de mi Jesús, tengo colocadas todas mis esperanzas; no dejeis, pues, de ayudarme siempre con vuestra intercesion poderosa; pues que vuestras súplicas siempre tambien alcanzan de Dios cuanto le piden.
§ U.—De la humildad de entendimiento, ó sea de la del juicio.
1 Después de haber tratado hasta aquí de los grandes bienes que produce la humildad, pasemos á hablar ahora acerca de la práctica de esta santa virtud, y á ver al mismo tiempo qué habrá de hacer el que quiera adquirirla. Convengamos ante todo, que una es la humildad del entendimiento, y otra la de la voluntad. Discurramos aquí de la primera, sin la cual no puede obtenerse la segunda. Consiste, pues, la humildad del entendimiento en el sentir ó pensar bajamente de nosotros mismos, y en tenernos por viles y miserables, como efectivamente lo somos. Humilitas, dice san Bernardo, est virtus, qmhomosui agnitione sibi vilescit1. La humildad, pues, es un acto de verdad, como escrihe santa Teresa; y el Señor ama tanto á los humildes , porque ellos aman la verdad manifestándolo con sus acciones. Y todos deberíamos conocer tambien ser una verdad incontestable, que no somos nada, aunque sí somos ignorantes, ciegos^ incapaces para obrar algun bien; que no tenemos otra propiedad fuera dei pecado, el cual nos hace peores ó mas viles que la nada, y ninguna otra cosa podemos ejecutar sino,el mal. Por manera que todo el bien que tengamos ó practiquemos absolutamente es de Dios, y de Dios nos viene. El verdadero humilde tiene siempre esta verdad delante de sus ojos, y por eso nada se apropia á sí mismo, sino lo malo, y se considera digno de todo desprecio : por esta misma razon tampoco puede sufrir que otros le atribuyan aquel mérito que él no tiene; sino que al contrario, se complace en verse despreciado y tratado de la manera que se merece: por cuyos medios el humilde se hace tan agradable á Dios: Tanto quisque fit Deo pretiosior, quanlo sibi vilior, dice san Gregorio \ Por eso tambien decia santa María Magdalena de Pazzis, hablando de las monjas, que las dos basas en que estriba la perfeccion de una religiosa son el amor hácia Dios, y el desprecio de sí misma; añadiendo tambien después, que aquella que mas se hubiere abatido aquí en la tierra, verá mas claramente á Dios en el cielo.
. 2 Es necesario, pues, en vista de todo esto, estar continuamente repitiendo Gon san Agustín : Noverim me, noeerim te, ut arnern te, et contemnam me3. Haced, Señor, que yo conozca lo que soy, y quien sois Vos. » Lib. 18 Moral, c. 10. - 'Uh. de Vita beat.
Vos sois el conjunto de todos los bienes, y yo soy la misma miseria; que de mí nada tengo, nada soy, nada puedo, y para nada valgo, sino para hacer mal. Y es tan agradable al Señor el conocimiento y la confesion de estas verdades, que segun afirma el Eclesiástico , no es Dios honrado sino de los humildes: Deus ab humilibus honoratur"; porque solamente ellos lo reconocen como al único y sumo bien, que lo es en sí. Si quereis, pues, tributar á vuestro Dios el honor debido, tened siempre delante de los ojos vuestras pro-, pias miserias, confesad con un verdadero convencimiento , que de vos misma no teneis otra cosa mas que la nada y la malicia, y que Dios es el todo; persuadios, por lo tanto, que no sois digna de experimentar sino injurias y castigos, ofreciéndoos con entera resignacion á aceptar todos aquellos que él tuviere á bien permitir y dirigiros.
3 Por esta causa os exhorto en primer lugar, á que de nada os glorieis; pues ¿qué comparacion podrá haber entre lo que vos habeis hecho, y lo que han practicado los santos en el camino de la perfeccion cristiana? Por eso tambien acostumbro yo siempre aconsejar que la leccion espiritual sea sobre las vidas de los Santos; porque leyéndolas, á lo menos deberá desaparecer nuestra soberbia, al ver cuán grandes y extraordinarias cosas han obrado por Dios sus verdaderos amigos, en consideracion de las cuales, con razon podrémos avergonzarnos de lo muy poco que hemos hecho y aun hacemos nosotros. Además de esto, ¿cómo podremos gloriarnos de nada, sabiendo que si
* Eccli. ni, 3, II. »
acaso hay en nosotros alguna cosa de virtudes, todo ello es un don solo de Dios? Sí ylorientur nubes, dice san Bernardo, -quod genuerint imbres, quis non irrideat3? Si las nubes quisieran gloriarse de la lluvia que despiden ¿quién no se reiría de ellas? Esta misma risa mereceríamos tambien nosotros, si llegásemos á envanecernos de algun pequeño bien que hayamos practicado. Refiere el P. M. Ávila, que habiéndose desposado un gran Señor con una pobre labradora, á fin de que ella no se ensoberbeciese después, al mirarse asistida de criados y ataviada de vestidos preciosos, quiso que conservase y que tambien continuamente tuviese á' su vista aquel miserable vestido suyo que en otro tiempo usaba. Siendo vos igualmente esposa de Jesucristo , debeis hacer lo mismo, cuando alguna vez noteis en vuestras obras alguna cosa buena: mirad entonces vuestro traje antiguo, y recordad lo que fuisteis en algun tiempo; y después de esta consideracion, concluid que todo aquello bueno que tengais todo ello es realmente una limosna que Dios ha tenido á bien haceros.
4 Bien penetrado de unas verdades tan interesantes el máximo doctor san Agustín, decia: Quisquis tibi enumerat mentó sua, quid tibi enumerat nisi numera tuas'1 Señor, aquel que os presenta sus méritos, ¿qué otra cosa os ofrece sino vuestros propios dones? Tambien cuando santa Teresa practicaba alguna obra buena ó la veia hacer por otra persona, inmediatamente se ponia á alabar á Dios, conociendo que todo aquel bien dimanaba del mismo Señor: aunque tambien sa
» Sera. 13 in Cant. - » Lib. 9 Conf. c. 13.
biamente advertía, que no impide la humildad el que se reconozcan las gracias especiales que el Señor se ha dignado concedernos con mayor abundancia que á otros. Esto dice, la Santa, no es soberbia, sino que este mismo reconocimiento ayuda á nuestra humildad y gratitud, para que al mismo tiempo que nos veamos mas indignos que otros, nos confundamos con un temor santo, al conocer que tambien somos mas favorecidos que ellos. Y aun añade la misma Santa, que nunca se animará un alma para hacer grandes cosas en el servicio de Dios, si no reconoce tambien haber recibido del mismo Señor grandes favores. Toda la dificultad, pues, sobre esta materia consiste en distinguir siempre lo que es de Dios, y lo que es nuestro. San Pablo aseguraba sin escrúpulo de conciencia que él habia trabajado por Jesucristo mas que todos los otros Apóstoles: Ábundanlius illis omnibus laboram1. Pero luego después confesaba que todo cuanto él habia hecho, no era obra suya, sino de la divina gracia que le hubo asistido: Non ego autem, sed gratia Dei metum 8.
8 En segundo lugar: deberéis no olvidaros de que supuesto que sin Dios nada podeis, no habréis de confiar por lo tanto jamás en vuestras fuerzas, sino que os conviene imitar á san Felipe Neri, el cual vivía desconfiado de sí mismo. Observemos que el soberbio confia en su valor, y por eso cae; como puntualmente le sucedió á san Pedro, el que protestó que sufriría la muerte antes de tener atrevimiento de negar á Jesucristo: Etiamsi oportueritme morí tecum, non te nega
i \ Cor. xv, 10. — s ibid.
6o9. Mas por cuanto se expresó de este modo, confiando en sus propias fuerzas, apenas llegó después á la casa del pontífice, cuando dijo con juramento que no conocía á su divino Maestro. Guardaos, en vista de esto, de no confiar nunca en las resoluciones que hagais, ni en vuestra buena voluntad presente, sino depositad en Dios toda vuestra confianza, diciendo siempre con el Apóstol: Omnia possum in eo qui me confortat10. Yo todo lo puedo, no por mí, sino por Dios que me da fuerzas. Y haciéndolo así, tened esperanzas de que llegaréis á la práctica de heróicas virtudes, porque, como dice Isaías: Qui sperant in Domino, mittabúnt fortitudinem ". Los humildes que confian en Dios adquieren fortaleza, pues que desconfiando de sí mismos, dejan ya de ser débiles como antes lo eran, y adquieren la fortaleza de Dios; lo que movió tambien á decir á san José de Calasanz: El que quiere que Dios se sirca de él para cosas grandes, procure ser el mas humilde de todos. Imitad acerca de esto á santa Catalina, la cual, cuando era tentada de vanagloria, al punto se humillaba, y cuando después se veía tentada de desconfianza en Dios, ponia su esperanza en el mismo Señor; por lo que el demonio, lleno de rabia le dijo un dia: Maldita seas tú, y el que te ha enseñado este modo de vencerme, pues queya no sé como pillarteia. Luego, pues, que advirtais que el demonio os dice que no tengais temor de caer, temblad; y conoced que por un solo momento que Dios os deje, habréis de ser perdida; cuando después por el contrario os acometa con tentaciones de desconfianza, decid con David animosamente : In te Domine speravi, non confundar in aeterrmm13. Yo, Señor, he puesto en Vos toda mi esperanza , -y yo confio que no habré de llegar jamas á verme confundida, privada de vuestra gracia, y hecha una esclava del infierno.
6 En tercer lugar os prevengo, que si por desgracia alguna vez llegais á caer en cualquiera pecado ó defecto, no desconfieis; sino que humillándoos mas, deberéis arrepentiros, y conocer entonces mayormente vuestra debilidad, abandonándoos al Señor con mayor confianza. El indignarnos contra nosotros mismos, á causa de haber cometido algun defecto, no es acto de humildad, sino de soberbia; la que hace que nos maravillemos de haber caido en semejante falta, pareciéndonos ajena de nosotros; repito que es acto de soberbia esta desazon; y tambien es arte del demonio, que pretende abandonemos el camino de la perfeccion, desconfiando de que podamos proseguir en él con tales caidas, y por este medio precipitarnos después en mayores pecados. Pero no, nada menos que eso; confiemos entonces mas en el Señor, valiéndonos de nuestra misma infidelidad para tener mayor esperanza en su divina misericordia. Y de esta manera es como se.entiende aquello del Apóstol: Omnia cooperantur in bonum 1*; y hasta los pecados, etiampeccata, añade tambien la Glosa. Dijo el Señor á este propósito á santa Gertrudis: «Cuando á alguno le ha caido una mancha «en la mano, se la lava. y queda entonces mas limpia «que antes; así el alma, purificándose con el arre
» Psalm. nx, i. _ u Rom. yji, J8.
«pentimiento después de su caida, se hace mas agra« dable á mis ojos que antes lo era.» Dios permite tambien otras veces, especialmente á aquellas almas que no están bien afirmadas en la humildad, que caigan en alguna falta, á fin de que aprendan á desconfiar de sí mismas, para confiar solamente en su poderosa ayu* da. Al momento, pues, que hayais caido, mi bendita hermana, en algun defecto, procurad levantaros con un acto amoroso de Dios y de contricion perfecta, proponiendo la enmienda; y aumentad tambien vuestra confianza en el mismo Señor. Decid entonces humillada con santa Catalina de Génova: «Señor, estos son «los frutos de mi huerto; y si no me sosteneis con «vuestra mano, habré de hacer otras cosas peores; «pero yo espero que con vuestra gracia, no habré de «caer en adelante, como tambien lo propongo.» Y si después vol veis á caer en aquel ú otro defecto, repetid siempre lo mismo, y no dejeis nunca la resolucion de haceros santa, por mas que se reproduzcan las caidas. 7 En cuarto lugar os advierto, que cuando sepais que alguna persona ha caido en alguna grave falta, no por esto llegueis á ensoberbeceros, ni os admireis tampoco ; sinocompadecedla, y temblad de vos misma, diciendo humildemente con David : Nisi quia Dominus adjuvit me, paulo minus habitasset in inferno anima mea ". Á no haberme el Señor tenido de su mano, yo estaría á estas horas en el infierno. Estad muy atenta, por lo mismo, para no vanagloriaros jamás por veros exenta de aquellos defectos que notais en otras; pues que no haciéndolo así, permitirá el Señor en castigo
1» Psalm. xcm, n.
que tambien vos llegueis á caer en ellos. Refiere Casiano 16, que viéndose cierto monje jóven acosado por mucho tiempo de una fuerte tentacion deshonesta, fué á consultar con uno de los padres ancianos, para que en tan gran conflicto le ayudase con sus buenos consejos; mas aquel viejo en vez de animarle y darle algun consuelo, le conturbó y afligió mas con los muchos improperios que le dirigia, diciéndole: ¡Cómo es eso! ¡ tener un monje atrevimiento para pensar en semejantes inmundicias! Pero ¿ qué pensais que sucedio? permitió el Señor después, que el viejo fuese acometido tan fuertemente del espíritu de impureza, que iba corriendo por el monasterio como un loco. Entonces el abad Apolo, que estaba ya informado de la indiscrecion que habia usado con aquel pobre jóven, se dirigió á él y le dijo: Sepas, hermano mio, que Dios ha permitido en tí esta tentacion, en castigo de haberte admirado de aquella manera de la que sufría el pobre jóven que á tí acudió para que le ayudases á salir de ella; y para que tambien así aprendas á compadecerte de otros, cuando se hallen en semejantes lances. Esto igualmente advirtió el Apóstol á sus discípulos; á saber, que cuando tuviesen que corregir á otro no lo hiciesen con desprecio del pobre que se viese tentado; sino que antes de dar principio á la correccion, ellos se considerasen tambien miserables del mismo modo, y dispuestos á caer como le habia sucedido á aquel su hermano; porque no haciéndolo de esta manera, Dios permitiría que ellos tambien fuesen asaltados de las tentaciones, y que acaso tambien se vieran precipita
« Goliat. 2, c. 18.
dos en aquella misma culpa, en que tanto se maravillaban de ver caido á su prójimo: Fratres, el si praeoccupatus fuerit homo in aliquo delicio... hujusrnodi instruite in smritu lenitatis, considerans te ipsum, ne et tu fenteris l7. Y refiere á este propósito el mismo Casiano 18, que un cierto abad, llamado Maguete, confesaba de sí mismo, que acerca de tres defectos, de los cuales él habia juzgado ó criticado á sus hermanos, en todos tres él llegó á caer después miserablemente.
8 En quinto lugar: será muy conveniente que os reputeis por la mayor pecadora que vive sobre la tierra. Las almas que son verdaderamente humildes, como se encuentran mas iluminadas con la luz celeste, de la misma manera que ellas conocen de un modo especial las divinas perfecciones, así tambien ven de un modo especial sus miserias y sus pecados. Y de aquí proviene que los Santos, á pesar de haber tenido una vida tan ejemplar y tan diferente de la de los hombres mundanos, con todo, se han llamado los mayores pecadores que existían en el mundo; y esto no por exageracion , sino por un verdadero y propio sentimiento.
Y tal era el nombre ó título que san Francisco de Asis se daba. Santo Tomás de Villanueva vivia en un espanto continuo por la cuenta que tenia que dará Dios de su mala vida, segun él decia. Santa Gertrudis consideraba como un milagro que la tierra no se abriese debajo de sus piés y no se la tragase por sus pecados.
Y san Pablo primer ermitaño lloraba diciendo: ¡Ay pecador 4e mi, que con tanta injusticia me dan el nombre de monje! Cuenta tambien á este propósito el Padre
"Gal. vr, 1. - ísLib. 3,delnst. Gen. 2,30.
M. Ávila 19, que habiendo pedido á Dios una persona de gran virtud que le permitiese ver cuál era el estado de su alma, le fue otorgada esta gracia; y á pesar de que no estaba manchada con mas pecados que veniales , la vió tan disforme y abominable, que exclamó horrorizada : Señor, apartad por vuestra misericordia de mi presencia la figura de este monstruo.
9 Por lo tanto os encargo, que os guardeis de preferiros jamás á alguna otra, por defectuosa que parezca. Es lo muy bastante el considerarse mejor que algunas , para llegar á ser peor que todas, segun la expresion de Tritemio.Oidla: Ceteros contempsisti, ceteris pejor factus es. Así tambien del mismo modo, basta que alguno crea tener grandes méritos, lo uno para que no los posea jamás, y lo otro para perder al mismo tiempo lo que ya tenga adquirido. Por manera, que el mérito principal de nuestra humildad verdadera ha de consistir en que sinceramente creamos que ninguno tenemos, y de no merecer otra cosa que no sea reprensiones y castigos. Con el bien entendido, que los mismos dones y gracias que Dios ha tenido á bien concederos, no habrán de servir mas que de fiscales, para que en el dia del juicio se os condene con mayor rigor, siempre que vos abuseis de ellos con preferiros á las demás. Pero no es lo suficiente el no anteponerse á alguna otra, sino que tambien es necesario, segun ya hemos dicho, que os juzgueis la última y la peor de todas las restantes hermanas vuestras. Y acaso me direis ¿y por qué? á lo que yo respondo : primeramente , porque vos conoceis ya con toda certeza los muchos pecados vuestros, mas ignorais las culpas de la otra; y además de esto, no teneis un conocimiento de las virtudes ocultas que acaso tenga aquella misma persona á quien vos despreciais. Por otra parte, debeis tambien persuadiros, que á proporcion ó segun las luces celestiales y demás dones que el Señor os ha concedido en tanto tiempo, deberíais á estas horas ser ya una santa. ¡ Ah! ¡que si las gracias que vos habeis recibido las hubiese Dios dispensado á uno de los infieles, tal vez este hubiera ya llegado á ser un serafín en el amor divino, y vos todavía os encontrais de esa manera tan miserable y llena de defectos! Este pensamiento de vuestra detestable ingratitud es el que debe haceros estar siempre con la cabeza debajo de los piés de todo el mundo; porque habréis de considerar que el pecado, segun el sentir del Angélico, se hace tanto mas grave, cuanto mayor fuere la ingratitud del que lo comete; por manera, que puede suceder que una sola culpa de las vuestras tenga mayor gravedad en la presencia de Dios, que cien pecados de alguna otra persona que no se haya visto tan favorecida y colmada de gracias como vos lo habeis sido. Pero bien sabeis que no ha sido uno, sino muchos los que habeis tenido el atrevimiento de cometer; pues que no ignorais que toda vuestra vida no ha sido otra cosa mas que un tejido de culpas voluntarias; y que si alguna vez habeis practicado cualquiera obra buena, ha estado tan llena de defectos y de amor propio, que acaso haya merecido castigo mas bien que premio.
10 Por todos estos motivos y otras reflexiones que se omiten, os debeis considerar indigna hasta de begun mal de cualquiera humillacion; pero sí deberá temerse, por el contrario, el mas mínimo acto de soberbia, pues que esta puede precipitarnos en todos los males del mundo.

*» Serm. 3 ln Cant.
ORACIÓN.
¡ Dios del alma mia! os doy gracias porque me habeis hecho conocer que todo cuanta el mundo estima no es otra cosa mas que necedad y locura; dadme por lo mismo valor para desprenderme de él antes que por la muerte tenga que dejarlo. ¡ Ay miserable de mí! que después de haber estado tantos años en vuestra casa. y de haber dejado el siglo para hacerme una santa, hasta el presente ¿qué aprovechamiento espiritual he tenido? ¡Oh ! y ¡cuántas llagas asquerosas miro en mi alma! Tened compasion de mí, Jesús mio, y curádmelas. Vos ciertamente podeis y quereis sanarme, siempre que yo me resuelva á mudar de vida: pues sí que en verdad quiero ya enmendarme. Recuerdo que Vos habeis. prometido olvidaros de cuantas ofensas hayais recibido luego que el pecador se arrepienta: Si impius eyerit poeniteiitiam, omnium iniquitahtm ejus non recordabor ". Á mí, pues, me pesa, sobre todos los males, de haber despreciado vuestro amor; olvidaos por lo tanto de cuantas amarguras os he ocasionado. En lo sucesivo quiero perder la vida antes que daros deliberadamente el mas pequeño disgusto. Quiero ya amaros , Dios mio. Y si á Vos no írato de amar, ¿qué otra cosa quiero amar en este mundo? Sí, Dueño amoroso de mi vida, á Vos solo entrego mi corazon; á Vos que
21 Ez. xvni, 21.
sois tan digno de ser amado: á Vos que me habeis criado: á Vos que me habeis redimido con vuestra muerte, y que me habeis llamado á la religion en que vivo. Vos pues, Señor, que me habeis colmado de tantas gracias, sois ciertamente el único que merece todo mi amor; y por lo tanto, nada quiero amar sino á Vos. Santísima María, mi reina y mi grande abogada, ayudadme con vuestra intercesion poderosa, áfín de que ya no sea mas ingrata á vuestro divino Hijo.
§ III. — De la humildad de voluntad, ó sea de la de afecto.
1 La humildad de entendimiento ya hemos visto que consiste en juzgarse la persona digna de los desprecios. Ahora vamos á tratar de la humildad de voluntad, la que se extiende hasta desear la persona ser despreciada de otros, y aun en complacerse en los mismos desprecios. Y aquí está el mayor mérito de esta excelente virtud; por cuanto nosotros adelantamos mucho mas con los actos de la voluntad que con los del entendimiento. Por cuya causa, hablando san Bernardo de la humildad de voluntad, dice de esta manera: Primus profectus nolle dominan, secundus velle subjici, tertius in ipsa subjeclione injurias aequanimiter pati1. El primer grado de esta humildad en una religiosa está en no querer mandar; el segundo en querer someterse á otros, y el tercero en sufrir con ánimo tranquilo todas las injurias que se le hicieren en la misma sujecion. Y esta tambien es propiamente la humildad de corazon que con su ejemplo quiso enseñarnos Jesucristo, cuando nos dijo: Discite a me, quia mitis sum, et humilis corde*. Porque muchos son humildes de boca, pero no de corazon: los tales, dice san Gregorio que son ciertamente aquellos que manifiestan con sus expresiones que son unos malvados, dignos tambien de cualquiera castigo; mas con todo, ellos no lo creen así; porque si después alguno los reprende, al momento se alteran, y niegan haber cometido ó tener aquel defecto sobre el que se ven corregidos. Esta falta tenia, como refiere Casiano, un cierto monje, el cual decia de sí mismo que era un gran pecador, y que no merecía estar sobre la tierra: mas habiéndole después corregido el abad Serapion sobre el grande defecto que le notaba de ir corriendo ociosamente de celda en celda de los otros religiosos, en vez de estar retirado en la suya segun ordenaba la regla,- conturbóse mucho, manifestando la soberbia á su prelado que tan justamente le reprendia. Por lo que entonces el abad no pudo menos de decirle. Hola, ¿cómo estamos, hijo mió? Vos basta el presente habeis estado diciendo que éráis un malvado, ¿y ahora tanto os indignais por una amonestacion de caridad que se os hace? ¡ Oh y cuántas veces sucede esto mismo en nuestros conventos! Dice aquella religiosa ser la mayor pecadora del mundo y merecer mil infiernos; mas si después de esto la abadesa ú otra de las compañeras le advierte dulcemente cualquiera falta en particular, ó bien seahablándole generalmente de su tibieza, ó ya del poco buen ejemplo que da á sus hermanas, al momento toma la espada de la defensa y mudando de tono dice altanera: ¿Y qué cosas malas ó de escándalo habeis visto en mi? mejor hicierais en corregir á otras que hacen algunas cosas que yo no hago. Pero ¿cómo es eso? vos que poco hace habíais dicho que por vuestros pecados merecíais mil infiernos, ¿ahora no podeis sufrir una palabra? Luego vuestra humildad es una mera humildad de boca, mas no aquella de corazon y tan recomendada de Jesucristo.
2 Oigamos ahora lo que acerca de esto nos dice el Espíritu Santo: Est qui nequiter humiliat se, et interiora ejus plena sunt dolo 3. Sabemos que hay quien se haga humilde, pero sus humillaciones son maliciosas, no para ser reprendido y anonadado, sino para ser tenido y alabado por humilde. Mas debe este tal tener entendido, que segun escribe san Bernardo, el buscar alabanzas por humillarse no puede ser humildad, sino destruccion de ella misma *; porque en semejante caso la humildad verdadera pasa á ser un objeto de soberbia. Por eso dijo con mucha razon san\icente de Paul, que en la especulativa tiene la humildad una bella cara, pero que después es horrorosa en la práctica: siendo así que la verdadera humildad consiste en amarlas abnegaciones y los desprecios. De aquí vino á conocer san Juan Clímaco, que no es humilde el que solamente dice que es un malvado, sino aquel que tambien se goza en ser tenido por tal entre otros, y de ser despreciado como si efectivamente lo fuese. Es bueno, escribe el Santo, que tú hables mal de ti, pero es mejor que cuando oigas que eso lo dicen otros, tú lo confirmes no manifestando ningun resentimiento, sino antes por el contrario complaciéndote en ello. Y aun antes que el referido san Juan lo habla escrito tambien san Gregorio por estas palabras: Cum se peccatorem dicit, id de se discenti alteri non contradicit. El verdadero humilde cuando se confiesa pecador, no lo niega tampoco á quien le reprende sus defectos, sino que él mismo lo confirma con su expreso consentimiento. Dice en suma san Bernardo: Verus humilis, humilis mili reputan, non humilispraedicari6. El verdadero humilde no pretende ser alabado como tal, sino que quiere ser tenido por vil, defectuoso y digno de desprecios; complaciéndose al verse humillado y al ver que se le trata del modo que él juzga que se merece; de donde resulta, que aquellas mismas vejaciones que recibe vienen á hacerlo mas humilde, como observa el citado san Bernardo, diciendo: Humiliationem convertit in humilitatem. Decia últimamente san José de Calasanz : El que ama á Dios no procura parecer santo, sino hacerse santo.'
3 Eccl. xix, 23. - t serm. 16 In Cant.
3 Por lo tanto si quereis, mi bendita hermana, ser verdaderamente humilde de corazon y de voluntad, es necesario en primer lugar, que huyais de proferir la menor palabra en vuestra alabanza, no tan solamente en órden á vuestra conducta, talentos y operaciones virtuosas, sino tambien con respecto á vuestra casa, tratando de nobleza, de riquezas y de sublime parentela: Laudet te alienus, et non os tuum6. Si quieres conservar la humildad, alábente otros y no tu propia boca, dice el Sabio. Además de que es bien sabido aquel comun proverbio que dice, que la alabanza en boca pro
s Serm. 16 in Cant. — e Prov. xvn, 2.
pia no produce honor, sino mas bien envilecimiento. ¿Qué pensaríais vos, ó qué concepto deberíais formar de una monja que dijese que su familia no tenia en que ceder á ninguna otra genealogía? ¿ó que acaso expresase que en cuanto al desempeño de los oficios de la comunidad, ella merecía tener preferencia sobrelas otras compañeras? Pues creed tambien que las demás pensarán esto mismo de vos, si en alguna ocasion os vanagloriais acerca de esas cosas. Por lo tanto, siempre que tengais que hablar de vuestra persona ó de la casa paterna, procurad humillaros, y jamás expresar palabras de ensalzamiento; conociendo que en anonadaros no podréis perjudicaros; mas por poco que os ensalceis mas de lo verdadero, podeis ocasionaros grande daño, como dice san Bernardo por estas palabras: Grande malum si plus vero rnodice te extollas '. El que entre por una puerta, aunque baje la cabeza mas de lo preciso, no puede hacerse daño alguno; pero si no la inclina todo lo necesario, con un solo dedo que se exceda pegará con la frente y se lastimará la cabeza. Cuando, pues, hablais acerca de vuestra persona, procurad mas bien decir lo que teneis de malo que de bueno; estando mas pronta para descubrir los defectos propios, que aquellas acciones en las cuales os encontreis con la menor apariencia de virtud. Aunque será lo mejor que cuando converseis con otras, no hableis mucho ni en favor ni en contra de vos misma. Reputaos por una persona tan vil, que ni aun siquiera merece que se haga mencion de ella: porque sucede muchas veces que tratándose de cosas que deberían servirnos de confusion, se introduce no obstante una oculta y refinada soberbia; mediante á que al mismo tiempo que publicamos nuestros defectos, se levanta interiormente en nosotros de aquella propia confusion voluntaria un vano deseo de ser alabados, ó á lo menos de ser tenidos por humildes. Mas esta reticencia no deberá entenderse que se habrá de observar para con el confesor, al cual siempre conviene que le descubrais vuestros defectos y malas inclinaciones, y, como suele decirse, hasta los malos pensamientos que pasan por la mente. Pero tambien ocurre en algunas ocasiones el deber manifestar á otras personas ciertas cosas que habrán de redundar en vilipendio vuestro; y en semejantes casos no excuseis el hacerlo; por ejemplo: el P. Villanueva, de la Compañía de Jesús, no se avergonzaba de hacer saber á todos que su hermano era un pobre trabajador. Igualmente el P. Sacchini, tambien jesuíta , encontrándose una vez en un lugar público con su padre, que era un pobre arriero, fué corriendo á abrazarle, diciendo : / Oh! mirad mi padre.
'Serm. 31 in Cant.
4 Mas si llegase á suceder que alguna vez, sin haber tenido vos culpa en ello, advertís que os tributan algun elogio, procurad entonces confundir al amor propio á lo menos interiormente, dando una ojeada á los muchos defectos que teneis. Dice san Gregorio acerca de esto, que los soberbios se alegran de las alabanzas que les hacen, aun cuando sean falsas; y que los humildes por el contrario, si ven que se les tributa algun elogio, aunque fuere verdadero, se confunden y entristecen; á semejanza del rey David, que dice hablando de sí mismo: Exaltatus autem humiliatus sum, et conturbatus8. Sí, dice tambien san Gregorio, el humilde se conturba al oir que se le alaba, porque ve que no posee aquellas buenas cualidades que le atribuyen; como tambien porque teme que si tiene ya adquirido algun mérito para con Dios, puede llegar á perderlo todo con gozar de complacencia en este caso; pues que podrá decírsele lo que al rico del Evangelio: Recepisti bona in vita tita 9. ¿Te has complacido con que te alaben? pues ya tienes recibido tu premio; no tienes otra cosa que esperar. Tambien el Sabio se expresa en estos términos: Quomodo probatur in fornace aurum, sic probatur homo ore laudantium 10. Así como el oro se prueba en el fuego, así tambien se prueba el espíritu humano con las alabanzas de otros; es decir, se advierte si él, oyendo aquellos elogios, no se complace ni se envanece, sino que se confunde y se aflige, como les sucedia á san Francisco de Borja y ásan Luis Gonzaga cuando se veían alabados. Por lo tanto, lue-» go que advirtais que se os dirigen algunas palabras de honor, ó cualquiera de los actos propios de distinciones , meteos debajo de la tierra y temblad, no sea que suceda que aquel obsequio llegue á seros causa de caída y de perdicion eterna. Persuadios de que la estimacion de las personas es acaso la mayor desgracia que puede aconteceros, mediante á que ella puede tambien contaminaros el corazon, después de haber fomentado vuestra soberbia, y llegar de este modo á ser la causa de que os perdais para siempre.
5 Tened, pues, delante de los ojos de vuestra consideracion aquellas excelentes palabras de san Francisco de Asís, cuando decia: Vo solamente soy aquello que soy delante de Dios. ¿Pensais vos acaso que al veros mas estimada de los hombres, seríais tambien entonces mas amada de Dios? Pues tened entendido que cuando os complaceis y os gloriais de las alabanzas que os dan, juzgándoos por ellas mejor que las otras compañeras, entonces tambien, mientras las criaturas os elogian, debeis creer que Dios os estará apartando de su beneplácito. Persuadios, pues, desde luego que con las alabanzas de otros no habeis de llegar á ser mas virtuosa. Dice á este intento san Agustín, que del mismo modo que los oprobios de los que nos injurian no pueden quitarnos los méritos adquiridos por las virtudes, así tambien los aplausos de quien nos encomie, tampoco habrán de hacernos mejores de aquello que seamos: Necmalam conscientiam sanatpraeconium laudantis, nec bonam mlnerat conviciantis opprobrium ". Por lo mismo siempre que llegueis á entender que os alaban, decid con el citado Doctor: Melius me ego novi, quam Mi; sed melius Deus, quamego ia. Aunque estos me alaban, yo que me conozco mejor que ellos veo que son falsos estos elogios; y Dios lo ve mejor que yo, el cual tambien sabe que no merezco ningunos honores, sino que por el contrario debería sufrir todos los desprecios de la tierra y del infierno.
6 En segundo lugar; supuesto que debeis guardaros de envaneceros con las alabanzas ajenas, aun con mayor cautela deberéis precaveros en no pretender honores y oficios decorosos en vuestro convento, siguiendo el consejo de sania María Magdalena de Pazzis, cuando decia: Debemos huir de todo ejercicio que tiene apariencia de honores, porque allí se oculta la soberbia. Y no tan solamente es necesario huir de ellos, sino tambien tenerles horror. En el convento de la santísima Trinidad de Nápoles habia una religiosa de una vida cjemplarísima, llamada sor Arcángela Sanfeliz, á la que un dia le dijo su confesor: Sor Arcángela, las monjas osquieren elegir por abadesa. Al oir ella tal propuesta, respondió asustada: Padre ¿qué decís? Y luego añadió: Pero Dios me socorrerá; y al decir esto, le sobrevino al punto un accidente apoplético que le privó de accion la mitad de su cuerpo; en vista de lo cual las monjas tuvieron que elegir á otra. Escribe tambien san Hilario : Omnis saeculi honor diaboli negotium est 13. Es negocio del demonio todo honor del mundo, por el cual gana muchas almas para el infierno. Y si la ambicion de los honores ocasiona en medio del siglo mucha ruina, mucha mayor sin comparacion la origina en medio de los conventos. Dice igualmente san Leon hablando de esto, que la Iglesia queda deshonrada y vilipendiada con las contiendas de los religiosos y eclesiásticos ambiciosos, los cuales deberían ser ejemplo de humildad cristiana: Corpus Ecclesiae ambienlium contentione foedaturii. Y santa Teresa, tratando especialmente de las monjas, dejó escrito ": En donde hay puntillos de honor no habrá jamás buen espíritu. Tambien la misma Santa en otro lugar nos dice: Téngase por perdido y arruinado aquel convento en donde lleguen á tener entrada puntillos de honor y de preferencias, y crean que kan apartado ya de él á su Espo13 In MaUh' yI> 3- - 1*s. Leo, Ep. i. - w cam. de perí. c. 13.
"S. Aug. lib. 3 -contra Petil. - »' In Psalm. Xxt.
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40. Y después añade, contrayéndose á sus hijas: Si alguna vez se halla entre vosotras algun Judas, arrojadlo corno si fuera peste: á lo menos que no salga de la cárcel aquella monja que pretendiese ser superiora de las otras. Quisiera que antes que entrase en ese concento la ambicion, entrase mas bien un fuego que os abrasara á todas. Iguales sentimientos abrigaba en su corazon la beata Juana de Chanta!, cuando decia: Quiero ver derribado mi convento antes de ver entrar en él la ambicion y el deseo de los empleos.
7 Mas detengámonos ahora con gusto para oir lo que sabiamente escribe Pedro Blesense sobreeste punto en una de sus cartasiS; pues que en ella nos describe los pestíferos efectos de la ambicion, y la ruina que esta ocasiona en las almas. «La ambicion, dice este «autor, se hace imitadora de la caridad, pero todo al « revés de esta virtud ; porque la caridad todo lo pací dece,- mas por la adquisicion de los bienes eternos: «la ambicion tambien lo padece todo, pero por la con«secucion de los miserables honores de este mundo. La «caridad es toda benigna, mas con las personas po«bres y despreciadas: la ambicion tambien es toda «benigna, pero solamente con las personas poderosas «que pueden complacerla. La caridad todo lo sufre, «mas por dar gusto á Dios: la ambicion tambien lo «sufre todo, pero por la vanidad de conseguir aquel «honor ó aquel destino. ¡OhDios! ¡y cuántas espinas «de incomodidades, de fatigas, de temores, de dis— «pendios, y aun de reprensiones y ultrajes, no ha<i brá de sufrir aquella monja para llegar á conseguir
,« EpiSt. 14.
«la dignidad que pretende! La caridad, finalmente, «cree y espera todo cuanto tiene tendencia con la eter«na gloria; la ambicion tambien cree y espera todo « aquello que mira á la propia estimacion en esta vida.» 8 Mas al fin de todo esto, ¿qué es lo que quiere conseguir aquella pobre monja con aquel honor que tanto pretende, sino un poco de humo, que ya recibido no sacia, y que en vez de honrarla la hace otro tanto mas vituperable á los ojos de los que la miran? Sabiamente decia santa Teresa : El honor se pierde con solo desearlo; y cuanto mayor fuere el honor recibido, tanto mayor habrá de ser tambien el vituperio de la que se lo ha procurado; pues que cuanto mas ha hecho para conseguirlo, tanto mas indigna de él se ha manifestado. Decia tambien la beata Juana de Chantal: Aquellas que se consideran mas dignas de los empleos, son las mas indignas; porque les falta la humildad, que es la mejor disposicion para desempeñarlos. Y quiera Dios que aquella dignidad que al fin han conseguido no llegue á ser después la causa de su condenacion eterna! El P. Vicente Caraffa, de la Compañía de Jesús, estando eu una ocasion de visita en casa de un amigo suyo enfermo , el cual habia obtenido un empleo de mucha renta , pero tambien de mucha responsabilidad, el tal eafermo le suplicó que pidiese á Dios por su salud; á lo que contestó el P. Vicente: No, amigo mio, no quiero hacer traicion al amor que os tengo: Dios os llama á la otra vida ahora que estais en su gracia, porque quiere salvaros; y si os dejase mas tiempo en el mundo, no sé si con este nuevo empleo alcanzaríais tal dicha. Al oir el amigo enfermo esta reflexion, aceptó la muerte con resignacion y paz de conciencia; y con efecto espiró del todo conforme con la voluntad divina, y lleno de consuelos celestiales: Vix fieripotest, dicesan Buenaventura, quod qui delectatur honore, inpericulo magno non sit". Es muy difícil que quien se complace en los honores, especialmente siendo dignidad que lleve consigo responsabilidad de conciencia, como el ser abadesa, vicaria ó maestra de novicias, no se ponga en grande peligro de perderse. Pero sin duda estará en mayor peligro aquella que estimulada de la ambicion hubiere pretendido tales empleos; pues que la miserable no tendrá después valor para negar á las súbditas que la han favorecido con su voto aquello que le pidan, sea justo ó injusto; y así fácilmente habrá de perderse. Agrégase á esto, que Dios no está obligado á darle los auxilios que necesita para el buen desempeño de un destino, á la que se lo haya procurado por medio de los empeños y compromisos; y abandonada la infeliz de la proteccion divina, ¿cómo habrá de poder desempeñarlo en la manera y forma que le es debida? ¡Oh cuántas abadesas verémos condenadas en el dia del juicio por haberse procurado este destino! 9 Por lo tanto, si quereis, mi bendita hermana, conservaros humilde, no os dejeis seducir jamás del menor deseo de gloria mundana. Pues hablando en verdad, ¿ qué espíritu de humildad podrá tener aquella monja que en el oficio que se le ha dado de comunidad quiere hacer alarde de rica y de galante, practicándolo todo con pompa y vanos dispendios? ¿Qué espíritu tambien de humildad podrá hallarse en aquellaotra, que siendo religiosa pretende y se complace en que se le dé el tratamiento de excelencia? Esta misma, si fuese verdaderamente humilde, debería decirles á todos, y aun á los criados de sus padres, que Do quiere ni tampoco le conviene ese título del mundo; y en realidad de verdad, hallándose ya vestida con el hábito de monja, le hace mas honor el dictado de reverencia que el de excelencia; pues que aquel lo tiene como esposa de Jesucristo, y este se le da como á dama del mundo. No se engañaba san Francisco Javier'" en afirmar que es cosa indigna de un cristiano, el cual debe tener siempre á la vista las ignominias de Jesucristo, el desear y complacerse de hallarse honrado. Y ¿cuánto mas indigno deberá ser esto en una religiosa , que se ha consagrado al mismo Jesucristo, el cual vivió en el mundo por tantos años tan desconocido y despreciado? Tambien santa María Magdalena de Pazzis estaba bien instruida en estas verdades cuando decía : El honor de una. monja consiste en someterse á todas sus hermanas, y en tener horror á ser preferida . á ninguna de ellas. Y segun escribe santo Tomás de Villanueva, la apuesta que debe reinar entre las religiosas ha de ser, sobre la que haya de portarse con mas humildad, y por este medio hacerse mas agradable á Jesucristo: In hoc ad invicem zelate, quae humilior, quae sponso carior existat. Acordaos tambien, que con haber entrado en la religion dijisteis con el Profeta rey : Elegí abjectus esse in domo Dei mei, magis quam habitare in tabernaculis peccatorum '6. Yo he elegido vivir humillada en la casa de mi Dios, mas bien que i» Vita, lib. 2, c. 3. - i» Psaim. imui.
vivir en el mundo cercada de honores; pues siendo esto así, ¿ por qué estais ahora tan aficionada á las etiquetas y vanidades del mundo? Sabed que os advierte san Buenaventura, que si quereis haceros santa, es necesario que deseeis vivir desconocida y que os tengan por nada: Ama nesciri, et pro nihilo reputan: de tal manera que no se haga de vos ningun caso en el convento.
10 Tambien os encargo que no tengais envidia de aquellas religiosas que os excedan en conocimientos y habilidad, ni tampoco de las otras que se han adquirido mayor estimacion en el convento: solamente envidiad á las que aman mas á Dios, y que tambien son mas humildes; pues que debeis conocer que la humillacion vale mas que todos los honores y aplausos que puede ofrecer el mundo. La ciencia, pues, mas bella y apreciable para una monja consiste en saber humillarse , en tenerse por nada y en complacerse de que la tengan por tal. Dios no ha querido daros mayor talento, porque acaso, si hubiera sido así, vuestra sublime inteligencia os habría ocasionado la perdicion. Contentaos, pues, con aquel escaso que teneis, pues que esto mismo hará que ejerciteis la humildad, que es el camino mas seguro, ó por mejor decir, el único para salvaros y haceros santa. Si las demás os exceden en saber gobernar y granjearse la estimacion comun, procurad vos de aventajarlas á ellas en la humildad, sed in humilitate superiores, como dice el Apóstol*0. La que obtiene los honores del mando se halla en gran peligro de envanecerse y de perder la luz divina, ha
«» Pbll. íi, 3.
ciéndose semejanteálos brutos, los cuales, como dice David, solamente caminan tras de los bienes miserables de la tierra, y nada piensan sobre los verdaderos y eternos : Homo cum in honore esset, non intellexit: comparatus est jumentts insipientibus, et similis factus est illis ". Por lo tanto, si quereis adelantar por el camino seguro, huid de los honores, y abrazad los empleos y ejercicios mas despreciables. Una religiosa que quiere-hacerse santa no debe tener otra pasion que la de ser empleada en los oficios mas viles y bajos del convento, y por lo mismo debe tambien ofrecerse frecuentemente á las superioras y oficialas para hacer aquello que otras rehusaren. La esposa de los Cantares se presenta , bien como solitaria, bien como guerrera, ó bien como viñadera; pero en todos estos oficios aparece siempre como amante. Asi tambien una monja, todas las ocupaciones que tenga debe desempeñarlas por amor del Esposo; y por eso tambien en todas sus haciendas está obligada á. presentarse siempre como amante de Jesucristo, no desdeñándose por lo mismo de ningun oficio bajo ó de servidumbre. Para hacerlo de este modo no deberá olvidarse que aquellos destinos ó servicios que en el mundo se consideran por mas viles y degradantes son en los conventos los mas honrosos y sublimes, y tambien los mas deseados de los Santos; por cuanto ellos son igualmente los mas agradables para Jesucristo. Refiere Casiano , que el célebre abad Pafnucio, viéndose muy estimado en Egipto, huyó de allí y se fué al monasterio de san Pacomio, en donde, como no le conocían, le destinaron á cavar el huerto; "Psalm. xiviu, 13.
y que él se hallaba lleno de satisfaccion por verse ocupado en aquel oficio tan bajo y ordinario; mas habiendo después sabido quien era él, le quitaron del huerto y le trataban con la distincion que merecía; por cuya novedad lloraba continuamente el santo monje, lamentando entonces la pérdida de aquel tesoro que allí había encontrado en sus humillaciones.
11 Procurad tambien ejercitar esta excelente virtud de la humildad en la pobreza de muebles de vuestra celda y de vuestros vestidos. Segun refiere san Gregorio, eran tan pobres los que llevaba puestos san Equicío, que á no haberlo conocido, cualquiera hubiera tenido á menos el saludarle. ¡ Oh qué edificación nos dan los vestidos siendo pobres! Cuentan los dos Macarios ", que pasando ellos el rio Nilo en una barca, y yendo en ella tambien algunos seglares ricamente vestidos, uno de estos, al ver los hábitos tan pobres de estos dos monjes, se compungió de tal manera, que dejó el mundo, y él tambien se hizo religioso... Ayuda igualmente mucho para conservar la humildad el tener los ojos modestos, inclinados á la tierra, y el hablar al mismo tiempo en voz baja. Pero debe aquí advertirse que cuando estos actos externos y otros semejantes ayudan á la conservacion de esta virtud, es cuando van tambien acompañados de la humildad interna del corazon; pues que de otra manera vendrían á ser actos de soberbia la mas detestable, convirtiéndose realmente en este vicio, oculto bajo el vestido de la humildad. Multo deforrnior, dice san Gerónimo, est superbiet, quae sub humilitatü signis latet ". "tib. de Sig. n. 19. — "Bpist. ad Celantiam.
ORACIÓN.
Jesús mio, yo me avergüenzo de comparecer en vuestra presencia. Vos que habeis amado tanto los desprecios y los oprobios hasta haber llegado al extremo de morir en una cruz burlado y escarnecido; y yo ¡que aun no he podido sufrir una mínima afrenta que se me haya presentado! Vos, siendo inocente, movido del mucho amor que me teneis, padecisteis hasta la saciedad de las ignominias, y yo, siendo pecadora, ¡busco con tanto anhelo las alabanzas y los honores! ¡ Ay Esposo mio! ¡ cuan desemejante de Vos me encuentro! Esto me hace temer acerca de mi eterna salvacion, supuesto que los predestinados han de ser semejantes á Vos. Pero á pesar de esto, no quiero desconfiar de vuestra infinita misericordia: Vos por lo tanto habeis de socorrerme y de transformarme. Contando, pues, con vuestra ayuda, yo propongo querer sufrir de hoy en adelante por vuestro amor todos los desprecios é injurias que me hicieren. ¡Ah que Vos, Jesús mio, habeis hecho con vuestro ejemplo las ignominias muy amables para las almas que de veras os aman! Pues yo os amo, y para daros gusto quiero hacer cuanto pudiere. Perdonadme, dueño de mi vida, los muchos disgustos que os he dado con mi soberbia, de los cuales con todo el corazon me arrepiento; y dadme al mismo tiempo fuerzas para prestar un fiel cumplimiento á esta promesa que os hago en el presente dia, de no resentirme de cualquiera afrenta que se me origine. ¡ Oh María, mi dulce madre! Vos, Señora, que fuisteis tan humilde, alcanzadme la gracia de que yo os imite todo lo mas que pueda.
§ IV. — Sigue la misma materia, y se habla principalmente de la tolerancia de los desprecios.
1 En tercer lugar, es necesario para que os conserveis humilde que no os perturbeis en los casos en que fuéreis reprendida; pues la que se altera cuando la corrigen da indicios de no haber llegado todavía á ser humilde. Mas como no podemos tampoco llegar á este estado sin una especial gracia de Dios, por eso debeis suplicarle que os conceda tan necesaria virtud como lo es la santa humildad para la salud del alma. Escribe el P. Rodríguez que algunas religiosas imitan á los erizos cuando se traía de tocarles, que al momento levantan las espinas: con lo que quiere decir, que al instante que ellas oyen una palabra que puede serles injuriosa, prorumpen en contestaciones de impaciencia, de indignacion y aun de murmuraciones. Multos novimus, dice san Gregorio, qui arguente nullo peccat&res se confitentur; cum vero de culpa fuerint correpti, defensionis patrocinium quaerunt, ne peccatores videantur*. Hemos conocido á muchos, dice, que cuando no ha llegado el caso de que alguien los reprenda se han confesado por pecadores; pero si después de esto alguno les ha echado en cara cualquier defecto, han tratado á todo trance de defenderse, para no ser considerados como defectuosos. Esto mismo es lo que practican muchas religiosas: las cuales oigan ahora lo que
1 Mor. lib. 22, c. 10.
dice el Espíritu Santo: Qui odit correptionem, vestigium est peccatoris \ El que se indigna al verse reprendido, no va por el camino de los justos, sino por el de los pecadores; que es como si dijera, va por el camino del infierno.
2 í)ice acerca de esto san Bernardo: Medicarti irascüur, qui non irascitur sagittanti 3. No falta quien se indigne contra el que lo cura con reprenderlo, y que luego después no se resienta con quien lo hiere con adularlo. Pero tiemblen estos al oir el siguiente y funesto anuncio que el Sabio dirige a los que rehusan ser corregidos: Eo quod detraxerint universae correptioni, prosperitas stultorum perdet eos \ Aquellos que resisten á toda correccion, habrán de perderse con la prosperidad de los necios; la que consiste en no tener quien los reprenda, ó no hacer caso de las correcciones; por lo que miserablemente se condenan. Refiere el venerable Beda un hecho terrible de dos monjas, las cuales habiendo sido reprendidas por la superiora despreciaron sus avisos. De aquí provino, que continuando ellas en sus excesos, fueron precipitándose de un mal en otro mayor, hasta el extremo de fugarse del convento; pero como las hubiesen alcanzado y obligado á volver á la clausura, preguntándoles la abadesa, que era santa Borgontofora, por qué causa hubiesen cometido tal exceso, respondieron haber sido el motivo de ello el no haber hecho caso de sus reprensiones: poco después de esto ambas enfermaron de muerte, no quisieron confesarse, y estando ya en los últimos instantes de la vida gritaban diciendo: Esperad, esperad un poco; y
» lecl.ni, 7. - J serm. 3 de Nat. Dom. - * Prov. i,3S.
volviéndose hácia las monjas presentes, les preguntaban: ¿No veis allí aquella turba de etíopes negros que vienen á pillarnos? Y con efecto comparecieron ciertas sombras espantosas, que con horribles voces llamaban á las dos moribundas, las cuales en el mismo tiempo que continuaban con los gritos de esperad, esperad, dieron el último suspiro de su desgraciada vida, sin recibir ninguno de los Sacramentos.
3 Dice san Juan Crisóstomo acerca de esta materia 6, que cuando el justo ve que le reprenden algun defecto que ha cometido, gime por su caida; peroque el pecador, al notar que han conocido su exceso, gime tambien, mas no por el mal que ha hecho, sino porque han llegado á descubrirlo; y entonces no trata de arrepentirse de aquella falta, antes por el contrario procura defenderse y aun indignarse contra quien le corrige. ¿Qué decís á esto, mi bendita hermana? ¿habeis obrado tambien de esta manera en el tiempo pasado , contra quien movido de caridad os haya reprendido de alguna cosa? ¿Y habréis de seguir en lo venidero tan detestable conducta? No, os dice san Bernardo: Soror, multas age gralias illi, qui increpaverit te: non contristeris, cum monstracerit tibi viam salutis6. Debeis darle muchas gracias al que os reprenda cualquiera falta; siendo una cosa muy injusta el querer enojarse contra aquel que por este medio os manifiesta el camino de la salud. Antes bien fuera muy conveniente, como aconsejaba santa María Magdalena de Pazzis, pu diendo esto ejecutarse sin desórden, que procuráseis tener una fiel compañera, la que os advirtiese todas
3 Hom. £9 ¡n Matlh. — fi De Discip. c. 18.
aquellas faltas, de las que acaso vos no haréis mérito alguno. Bien podeis saber que estais llena de miserias y defectos: pues el único remedio que hay para sanar tantos males, es el humillaros cuando llegueis á conocerlos, y cuando tambien los demás os los hagan percibir. Oid lo que dice san Agustín: Ipsa estperfeciio riostra, humilitas '. Ya que seamos tan imperfectos en practicar las virtudes, seamos á lo menos perfectos en humillarnos y complacernos luego que se presenten las ocasiones de vernos confundidos, al conocer que se nos reprenden las faltas que cometamos. Y estemos tambien advertidos de que nuestra soberbia nos hace sufrir mas fácilmente las correcciones no merecidas, que aquellas en las cuales somos culpables; por cuanto en las primeras tiene mas parte el amor propio. Por lo mismo, cuando llegue el caso de que con justo motivo os reprendieren, estad alerta para ofrecer inmediatamente á Dios aquella confusion y vergüenza, en satisfaccion del tal defecto en que hayais caido. Aplastad al escorpion sobre la misma herida que él os ha hecho, sirviéndoos de aquella misma confusion para sanar la falta cometida; y estad segura de que cuanto mayor fuere la humildad con que acepteis aquella reprension que os dirijan, tanto mayor habrá de ser la misericordia del Señor en perdonárosla.
4 Procurad, pues, ejercitaros en este acto de humildad tan sublime y tan agradable á Dios, cual es el de no defenderos, ni excusaros con disculpas, luego que fuéreis reprendida. Dice santa Teresa, que cuando á una monja le atribuyen una falta que no ha come
? In Psalm. cxxx.
tido, gana mas con no defenderse ni excusarse, que si hubiese oido diez sermones. Por eso os encargo, que si en alguna ocasion aconteciere que fuéseis reprendida injustamente, dejeis de justificaros en honor de la santa humildad, á no ser necesario manifestar vuestra inocencia, para evitar el escándalo que pueda seguirse en la comunidad. Cierta religiosa escribió una vez al P. Antonio Torres, su director, para que tuviese á bien disculparla con una persona sobre cierta falta en que Ja inculpaban; mas oid la respuesta que le dió el mencionado Padre: «Me he maravillado de que V. R. ha«ya tenido valor para escribirle, á fin de que yo la «justifique para con N. N. La compadezco, y creo que «las ocupaciones de estos dias pasados le han hecho «olvidar repentinamente lo que en aquella semana do«lorosa sufrió su dignísimo Esposo, llamándolo tam«bien seductor. Es imposible, pues, que haya podido «tener esto presente, y escribirme al mismo tiempo «acerca su justificacion. Avergüéncese por lo tanto, «y puesta á los piés de su Crucifijo, descalza y con una «soga al cuello, pidale perdon de su infidelidad; pro« poniendo igualmente no querer ya justificarse ni ale«gar excusas, no solamente en la presente ocasion, «sino tambien en ningun otro caso; sino que confiese «siempre haber errado, aunque tuviese que morir re«ventando. Ya sabe que su Esposo murió por V. R. «en medio de las afrentas; pues así tambien V. R. ha «de procurar por este mismo camino llegar á la po«sesion del mismo Jesucristo.» También decia santa María Magdalena de Pazzis, que el disculparse, aun cuando fueren falsas las acusaciones, es cesar de ser religiosa; pues que la monja que verdaderamente es humilde , no solamente huye de excusar sus defectos, sino que por el contrario, procura mas bien hacerlos patentes á todo el mundo. En el libro titulado: Prodigios de la gracia hablándose de los monjes de la nueva reforma de la Trapa, se halla escrito, que uno de aquellos religiosos, cuando llegaba á cometer un defecto, primero iba á acusarse de él con el abad, después con el prior, y no contento todavía con esto, se acusaba tambien públicamente en el capítulo. Y la misma santa María Magdalena de Pazzis decia que la monja que descubre sus faltas, merece que Jesucristo la cubra con su divina sangre.
5 En cuarto lugar os prevengo, que si quereis llegar á conseguir una perfecta humildad, deberéis procurar aceptar con paz resignada todos los desprecios y malos tratamientos que os hicieren. Estos en verdad pueden sufrirse en la misma paz, por aquel que realmente está convencido de que merece todos los desprecios en pena de sus pecados: por lo que puede decirse que la humillacion es la piedra de toque de los Santos. Y asegura el Crisóstomo, que la señal mas cierta para conocer si un alma es verdaderamente virtuosa , es observar si cuando recibe afrentas se porta con mansedumbre. Refiere el P. Crasset en la Historia del Japon, que yendo disfrazado cierto misionero agustino en el tiempo de la última persecucion, recibió una bofetada de sus enemigos, sin manifestar el menor resentimiento por ello; al ver, pues, aquella serenidad de ánimo, llegaron al instante á inferir que era cristiano, y lo prendieron; argumentando al mismo tiempo aque
líos idólatras, que una virtud tan singular no podia encontrarse sino en el cristianismo. Algunos, dice san Francisco de AsÍs , hacen consistir su santidad en rezar muchas oraciones y en hacer penitencias; mas luego después no pueden sufrir una palabra injuriosa, no llegando á conocer cuánto mayor mérito tendrían sufriendo los desprecios: vos por lo tanto habréis de tener mas adelanto espiritual aceptando una afrenta con resignacion, que haciendo diez ayunos á pan y agua. Veréis, por ejemplo, que á otras hermanas se les concede aquello mismo que se niega á vos: que lo que dicen otras es oido con aprecio, y que lo que vos decís es despreciado con burla; que aquellas son alabadas en todo cuanto ejecutan, siendo tambien elegidas para el desempeño de los oficios decorosos; y que entre tanto no se hace ningun caso de vos, ó antes mas bien siempre están vituperando todas vuestras operaciones; entonces es cuando se conoce, dice san Doroteo , si sois verdaderamente humilde, si aceptais en paz todas estas vejaciones, y recomendais á Dios con mayor amor á aquellas hermanas vuestras que mas os maltratan: supuesto que las tales, portándose de esta manera, curan vuestra soberbia, que es la enfermedad de mayor maligna trascendencia que puede ocasionaros la muerte. Porque no tiene duda que las humillaciones que reciben los soberbios les sirven para aumentar mas su misma soberbia, por cuanto se consideran dignos de todos los honores; pero los desprecios que se hacen de los humildes, les sirven, por el contrario, para que su humildad reciba mas aumento, mediante á que ellos tambien se juzgan merecedores de los opro29 Tomo i.
bios. Est humilis, dice san Bernardo, qui humiliationem convertit in humilitatem \
& Son ciertamente buenas las humillaciones que nosotros hacemos por eleccion propia, como servir á los enfermos, besar los piés al que siente que le hemos ofendido, aunque no tenga motivo para quejarse, y otras semejantes; pero las mejores humillaciones son aquellas que nos vienen dirigidas por otros,-como son las reprensiones, acusaciones, injurias ó burlas, cuando las abrazamos con paz por el amor de Jesucristo. In igne probalur aurum, dice el Espíritu Santo, homines vero in camino humiliationis". Así como el oro se prueba en el fuego, así tambien se prueba con las humillaciones la perfeccion de los hombres. Sobre lo que decia tambien santa María Magdalena de Pazzis: La virtud sin prueba no es virtud. Y aquel que no sufre con ánimo tranquilo los desprecios, no podrá jamás tener espíritu de perfeccion: Nardus mea dedit odorem mum,0. El nardo es una yerba odorífica, mas cuando ella despide su olores luego que la aplastan y comprimen. ¡Oh qué bello olor de suavidad ofrece á Dios una monja humilde euando abraza con paz los oprobios, complaciéndose al verse maltratada y vilipendiada como la mas vil del convento! Habiéndole preguntado al monje Zacarías, qué debería hacerse para conseguir la humildad verdadera, tomó su cogulla, púsola debajo de sus piés, la oprimió repetidas veces con ellos, y después dijo: Aquel que llegue á complacerse viendo que lo tratan como yo acabo de tratar este paño, es el que puede llamarse verdadero humilde. ¡ Oh qué feliz será tambien la muerte de aquella religiosa, que ha vivido despreciada en su convento, habiendo sufrido siempre con paz tales vejaciones! Entonces sí que no aborrecerá á los que le han tenido semejante tratamiento, sino que mas bien les estará agradecida. Nos refiere san Juan Clímaco '', que un cierto monje, llamado A bario, después de no haber hecho nunca caso de él por espacio de quince años, y de haberle tambien vilipendiado sus compañeros, llegada que fue la hora de su muerte, les dió á todos ellos repetidas gracias por la caridad que con él habian usado en tenerle tan humillado; y diciendo esto espiró con una deliciosa paz del paraíso.
s Serni. »l in Cant. _ »Eccli.u, 5. - M Cant. i, 11
7 Hay algunas religiosas que se lisonjean de ser humildes, porque viven persuadidas de sus miserias, y porque tambien se duelen de las culpas cometidas en su vida pasada; pero después de esto no quieren verse humilladas, ni pueden tolerar que se les falte en la estimacion y respeto; por cuyo motivo huyen de los oficios bajos y de todo aquello que no corresponde á su soberbia. Y ¿qué especie de humildad puede ser esta? Confiesan por una parte que son dignas de todas las ignominias, y después por otra no pueden sufrir una mínima desatencion, sino que antes mas bien pretenden obsequios y honores! Est qui nequiter humiliat se, et interiora ejiisplena sunt dolo ". No falta alguno, dice el Espíritu Santo, que se humille exteriormente diciendo que él es peor que todos, mas al mismo tiempo pretende en su interior ser mas honrado y estimado que todos. Espero, pues, mi bendita hermana, que
i'DeOl). Gr. í. - "Eccll. xix, 13. vos no habréis de imitar semejante conducta; y si verdaderamente creeis ser la peor de todas las demás hermanas vuestras, contentaos tambien de ser tratada peor que todas ellas; y por esto mismo amad como á vuestras mas íntimas amigas á aquellas que os desprecien , ayudándoos por este medio á que os humilleis y á que os desprendais de la falsa gloria terrena, para que de esta manera podais tambien uniros mas estrechamente á Dios, y así no andeis buscando en la vida presente ninguna otra cosa mas que su santo amor.

8 Consideraos como un perro muerto y corrompido, mereciendo por lo tanto ser aborrecida de todos; y además de esto, ofreceos á Dios dispuesta á sufrir toda suerte de oprobios por su amor y en satisfaccion de los muchos disgustos que le habeis dado, sin permitir ya jamás á vuestro amor propio el resentirse. Considerad que otros desprecios mucho mayores merece la que ha tenido el atrevimiento de despreciar á Dios; pues que en verdad se ha hecho acreedora á estar debajo de los piés de los demonios. Sabed que decia san Bernardo hablando de sí mismo, que no podia encontrar un remedio mas eficaz para curar las llagas de su conciencia que las injurias y los desprecios. Ego plagis conscientiaemeae mllumjudico accommodatius rnedicamentum probris, et contumeliis13. Alegraos pues vos, esposa bendita del Señor, de veros envilecida, pospuesta á todas las demás hermanas vuestras, burlada de todas ellas, tenida en suma como la mas tonta y despreciable de vuestra comunidad. No os excuseis, aun cuando fuéreis delatada falsamente; ni tampoco procureis que otras os defiendan, á no ser que veais, como ya se ha dicho, que el defenderos sea necesario absolutamente para evitar el escándalo de otras. No impidais al mismo tiempo que se descubran vuestros defectos á los superiores. Cuando recibiéreis cualquiera humillacion, no trateis de indagar cuál de las hermanas haya sido la autora; y si después llegáreis á saberlo alguna vez, en nada la reprendais, ni aun tampoco le deis á entender que teneis noticia acerca de ella, ni lo descubrais á ninguna otra; y cuando en la oracion hayais de rogar por las demás, la primera que habeis de tener presente para encomendarla á Dios, deberá ser aquella que os desprecia y os persigue. Vivid tambien persuadida de lo quedecia el P. Álvarez, á saber, que el tiempo de las humillaciones es el mas á propósito para salir de las miserias propias y para juntar un grande tesoro de méritos. Tambien decia santa María Magdalena de Pazzis, que las mayores caricias que suele dispensar el Esposo celestial á aquellas almas que mas ama, son las cruces y las afrentas; por lo que, hablando la Santa de sí misma, aseguraba que toda se llenaba de consuelo cuando llegaba á tratar con personas despreciadas, sabiendo cuán amables son á Jesucristo. Por esta causa exhortaba con fervor á sus monjas, diciéndoles: Hermanas mias, no se halle vuestro reposo en lo que no fuere ser despreciadas. Pero debemos, sobre todo, tener siempre á la vista y en la memoria aquellas palabras de Jesucristo, por las cuales declara por bienaventurados á los que son aborrecidos de los hombres, á los perseguidos é injuriados; y cuyos nombres en el mundo son vilipendiados como
infames: Beati eritis, cum vos oderint homines, et ctim separaverint vos, et exprobraverint, et ejecerint nomen vestrum, tamquam rnalum, propter filium hominis 1\. A lo que añade el apóstol san Pedro : Si exprobramini i» nomine Christi, beati eritis: quoniam quod est honoris, gloriae, etvirtutis Dei, qui estejus spiritus, supervos requiescit". Cuando fuéreis afrentados por el amor de Jesucristo, entonces seréis bienaventurados; porque entonces tambien reposa sobre vosotros el honor verdadero , la verdadera virtud y el verdadero espíritu de Dios.
9 Debemos no olvidar que los Santos no llegaron al grado heróico de sus virtudes con los aplausos ni con los honores, sino con las injurias y los desprecios. San Ignacio mártir, después de haber sido prelado, querido y venerado de todos, fue conducido á Roma como un reo para sufrir el martirio, y no recibió en el camino sino injurias y malos tratamientos de los soldados por quienes era conducido; y entonces fue cuando lleno de júbilo exclamó diciendo : Nunc incipio esse Christi discipulus. Ahora comienzo á ser verdadero discípulo de Jesucristo, mi Maestro, que por mí fue tan despreciado. Siguiendo tambien estos pasos san Francisco de Borja, sabemos que estaba una noche acostado en un mismo aposento con el P. Bustamante , su compañero de viaje, y que este no cesó de toser y escupir en toda la noche, porque padecía de asma, estando creido que escupía en la pared de enfrente; pero sucedía que los esputos iban á parar sobre san Francisco , y muchas veces sobre su propio rostro; cuando
i« me. Yi , n. - .»j Pelr Iy, u
llegado el día, conoció el compañero lo que habia estado haciendo, se afligió mucho; mas el Santo le decia: No-, padre mío, no tomeis sentimiento alguno por esto, porque ciertamente en toda esta estancia no hay un lugar mas adecuado para los esputos que mi cara. ¡Oh Dios! ¿y qué diremos que sabe una religiosa, no sabiendo sufrir una afrenta por Jesucristo? Aquella monja, pues, que no puede soportar las injurias, da seguras muestras de haber perdido de vista al mismo Jesús crucificado. Estando una vez la beata María de la Encarnacion delante de un Crucifijo, se dirigió á sus monjas llena de admiracion diciéndoles: ¿Será posible, hermanas mías, que nosotras nos desdeñemos de abrazar los vilipendios, viendo d Jesucristo tan vilipendiado? Habia tambien otra buena religiosa, la cual cuando recibía alguna afrenta, se ibaá la presencia del santísimo Sacramento y le decia; Señor, yo soy una pobrecita, no tengo que daros; os ofrezco el regalito de esta injuria que he recibido. ¡ Oh con cuánto amor abraza Jesucristo á una persona despreciada, la cual tambien ha abrazado el desprecio! y ¡cómo la consuela sin tardanza, y la enriquece con sus gracias! Hablando el P. D. Antonio Torres de aquel tiempo en que fue humillado, tratado y perseguido como sembrador de falsas doctrinas, habiéndole por ello suspendido en muchos años las licencias de confesar, escribió á una persona las siguientes palabras: Sabed que en todo aquel tiempo en que fui calumniado fueron tan grandes las consolaciones espirituales que el Señor se dignó dispensarme, que puedo afirmar no haberlas tenido nunca semejantes. 10 Y hay que advertir, que el sufrir los desprecios

con ánimo sereno ayuda no solamente para adquirir grandes méritos, sino tambien para atraer á Dios á nuestros prójimos. Por lo que dice san Juan Crisóstomo : Mansuetus utilis sibi, et alus. El varon manso que sufre con paz las afrentas, se hace útil para sí mismo y para todos los demás que lo observan; porque afirma el Santo, que no hay cosa que edifique tanto al prójimo, como la mansedumbre de una persona que con rostro tranquilo recibe las injurias: Nihil ita conciliat Domino familiares, ut quod illum vident mansueludine jucundum. Refiere el P. Maffeo, que en el tiempo en que estaba predicando en el Japon un religioso de la Compañía de Jesús, recibió en el rostro un esputo que le arrojó un insolente; pero el tal predicador se limpió con su pañuelo y prosiguió el sermon, como si nada le hubiese acontecido; lo que fue bastante para que uno de los oyentes se convirtiese á la fe diciendo: «Una doctrina que enseña tanta humildad, no puede «dejar de ser verdadera y divina.» Así tambien con su mansedumbre san Francisco de Sales convirtió á muchos herejes, sufriendo sin turbarse las varias injurias que los protestantes le decían.
11 Conviene ahora tener presente que una religiosa que se halle en cualquiera convento de poca observancia, y quiera andar por el camino de la perfeccion, debe estar cierta de que en toda su vida habrá de ser continuamente burlada, murmurada, injuriada, perseguida y aborrecida. No hay remedio: Abominantur impii eos, qui in recta sunt vía, dice el Espíritu Santo '6. Aquellos que van por el camino ancho no es po
'8 Prov. xxix, n.

sible que dejen de aborrecer á los que marchan por el sendero estrecho. Y el motivo de esto es, que la vida de los buenos puede llamarse una continua reprension de la vida de los malos; los cuales, por el mismo hecho de serlo ellos, quisieran que todos vivieran desenfrenadamente á imitacion suya. El alejamiento del locutorio, la puntual asistencia al coro, la observancia del silencio, el desprendimiento de las amistades particulares y cási todas las demás acciones virtuosas de aquella buena religiosa, se ven censuradas con los nombres de singularidades, beaterías y aun tambien hipocresías; añadiendo que todo lo hace con el fin de que la tengan por una santa. Y si después de esto aquella pobre monja llega á cometer cualquiera defecto (porque al fin ella no ha dejado de ser frágil y estar sugeta á ellos), como si responde, por ejemplo, una palabra de poca paciencia; si alguna vez se defiende de alguna injuria que le hagan, etc., ¡ oh cómo entonces á todas las oye gritar, diciendo : mirad la santa! ¡ estas son las obras de la santa, de la que comulga todas las mañanas, que siempre guarda el silencio, que se pone sus cilicios, que está todo el dia en el coro para engañar al mundo! Y tambien algunas veces añaden cosas falsas con las verdaderas. Viva, pues, con mucha atencion la que trate de hacerse santa, estando resuelta á experimentar cuanto se ha dicho, y á sufrir y ofrecer á Dios todos estos improperios y desprecios: pues que como no quiera soportarlos, debe tener entendido que poco tiempo habrá de durar en aquel buen camino que ha emprendido: pronto lo dejará todo, y vendrá á quedar imperfecta como lo son las demás.
Hablándose en una ocasion de cierto religioso que era tenido por un santo, dijo san Bernardo: Él será santo, pero le falta lo mejor, que es el ser tenido por malo.
12 Entendamos, pues, desde luego que la principal divisa ó enseña de los Santos es el ser perseguidos en esta vida presente : Et omnes qui pie wlunt vicere m Christo Jesu, escribe san Pablo, persecutionem patientur ". Y nuestro Salvador tambiendice: Sime persecuti sunt, et vos persequentur ia. Pero acaso podrá replicar aquí alguna religiosa : Yo no atiendo sino á mis ocupaciones, no causo fastidio ánadie; pues ¿por qué han de perseguirme? ¿ Cómo por qué? Todos los Santos se han visto siempre perseguidos; Jesucristo, cabeza de todos ellos, fue tambien perseguido, ¿y vos no quereis serlo? ¿Y qué mayor gracia puede Dios dispensarnos, decia santa Teresa, que permitir ó hacer que se nos trate como quiso que fuese tratado su amado Hijo en este mundo? Persuadido de esto mismo el P. Torres, escribió á una monja penitenta suya, estas palabras: Crea lo que yo le digo, y entienda que entre las mayores gracias que el Señor puede concederle, lo es una principalísima el hacerla digna de que se vea calumniada de todas, sin encontrar apoyo en ninguna. Por lo tanto, mi bendita hermana, cuando os viéreis despreciada, y tenida, como suele decirse, por un trapo viejo, alegraos y tributad las mas cordiales gracias-al divino Esposo, que quiere que se os trate como él quiso tambien ser tratado en esta vida. Y á fin de poderlo hacer mas debidamente, procurad cuando esteis en la oracion figuraros todos los desprecios, contra
n II Tirn. iii,i8. - * Joan. xv, 10.
riedades y persecuciones que puedan sucederos, y ofreceos entonces con grande ánimo á sufrirlas todas por Jesucristo; pues que haciéndolo así, cuando después se presenten las ocasiones, ayudada de la proteccion divina, os encontraréis mas pronta para aceptarlas.
13 En quinto y último lugar deberémos advertir, que no tan solo es conveniente aceptar con paz y tranquilidad los desprecios, sino tambien experimentar en ellos contento y gozo: El buen religioso, decia san José de Cala?anz, desprecia al mundo, y se complace al verse despreciado del mundo. El venerable P. Luis de la Puente no llegaba á entender en los principios de su vida devota, cómo un alma pudiese encontrar gozo viéndose despreciada; mas después que llegó á ser mas perfecto, bien lo comprendió y experimentó. Ciertamente que con nuestras propias fuerzas no es posible conseguir esto, pero muy bien lo podemos con la ayuda de la divina gracia, como lo vemos en los santos Apóstoles , los cuales ibant gaudentes a conspectu concilii, quoniam digni habiti sunt pro nomine Jesu conlumeliam patiTM. En algunos, decia san José de Calasanz, se hallaba la segunda parte (contumeliam pati), de padecer cualquiera injuria, pero no se encontraba la primera (iban gaudentes), de encontrarse gozosos en el mismo padecimiento. Mas esto tambien fue lo que san Ignacio de Loyola vino desde el cielo á enseñar, después de su muerte, á santa María Magdalena de Pazzis, diciéndole que consiste la verdadera humildad en hallar gozo en todas aquellas cosas que pueden conducirnos al desprecio de nosotros mismos,
'» Act. v,il.
14 Podemos, pues, afirmar, que no se complacen tanto los mundanos con los honores que se les tributan, como los Santos en verse vilipendiados. Cuando Fr. Junípero , franciscano, recibia algunas injurias, agarraba su túnica por el extremo inferior y formaba un seno, como en ademan de recibir y guardar piedras preciosas. ¥ san Juan Francisco Regis, cuando advertía que se burlaban de él sus religiosos en alguna conversacion , no solamente se regocijaba, sino que tambien él mismo procuraba dar fomento á las irrisiones que le hacían. Parece en verdad que los Santos no sabian desear otra cosa en este mundo sino el padecer y ser despreciados por Jesucristo. Y bien dió una prueba de ello san Juan de la Cruz, en aquel dia en que se le apareció nuestro Salvador con la cruz á cuestas, coronado tambien de espinas, y en'tan lastimosa imágen le dijo: Juan, pídeme lo que quieras; y el Santo le respondió: Domine, pati, et contemni pro te: como si hubiese querido decirle : Señor, viéndoos yo de esa manera dolorido y despreciado por mi amor, ¿qué otra cosa puedo pediros sino los dolores y los desprecios? Tambien dijo Dios á la beata Ángela de Foliño; que la señal para conocer sí son verdaderamente suyas las ilustraciones que recibe un alma, es el ver si esta queda después con gran deseo de ser humillada por amor de su mismo Señor. En vista de todo esto, no deberá extrañarse que quiera Nuestro Señor Jesucristo que al recibir las injurias y las persecuciones, no solamente no nos perturbemos, sino que tambien nos gocemos en ellas, llenándonos de júbilo por el grande premio que el mismo Señor nos tiene ya preparado en el cielo.
Seati estis, cummaledixerintvobis, etpersecuti vos fuenhí... gaudete, etexultate, quoniam merces vestra copiosa est in coelis so.
15 Cuando una doncella se prepara para tomar el hábito en algun convento, y de consiguiente para consagrarse á Jesucristo, dos cosas son las que yo acostumbro recomendarle sobre todo; á saber, la obediencia y la tolerancia en los desprecios: y conociendo la importancia de ellas, he querido alargarme algun tanto al tratar de una y otra; porque estoy cierto de que sin ejercitarlas parecerá imposible que pueda ninguna religiosa adelantarse en la perfeccion; y por el contrario , como ella consiga abrazar con alegría los desprecios , tengo por indudable que habrá de hacerse santa. Humilis corde, decia san Paulino, cor Christi est. Aquella monja que es humilde de corazon, como lo es la que se goza en los desprecios que recibe, llega á ser el corazon de Jesucristo. Por lo tanto si quereis vos, mi bendita hermana, llegar á haceros santa, tened tambien por cierto, que habréis de ser muy humillada y vilipendiada: pues aunque viniese á suceder que todas vuestras compañeras se hubiesen ya santificado, habria de disponer el Señor que á pesar de esto vos, si no siempre á lo menos muchas veces, fuéseis puesta en contradicciones, pospuesta á las otras hermanas, tenida en poca consideracion, acusada y reprendida. Basta decir que Jesucristo bien encontrará el modo de que os veais despreciada, para haceros semejante á él por tales medios. Os suplico por lo mismo que no dejeis de practicar todos los dias aquel bello documento
«o Malth. T, 11,12.
que el P. Torres daba á sus hijas espiritules, que es el siguiente: Rezad diariamente un Padre nuestro y un Ave María en memoria de la vida despreciada de Jesucristo; ofreciéndoos al mismo tiempo á -sufrir por su amor, no solo con paz, sino tambien con alegría, todas las contradicciones y desprecios que él tuviere á bien ofreceros; pidiéndole siempre su ayuda para serle fiel tn el cumplimiento de tal propósito.
ORACIÓN.
¡ Jesús mió y amor mio! ¿cómo es posible, Dios de mi vida, que después de veros tan humillado hasta morir como un malhechor en un patíbulo, jo Viva tan soberbia? ¡Ay Señor! Haced que por los méritos de vuestros desprecios conozca yo las miserias y deformidad que me circundan, para que así me aborrezca á mí misma, y sufra con paz resignada por amor vuestro todas las injurias que se me ocasionaren. ¡ Ah cuan amables, Redentor mio, habeis hecho que sean los oprobios para aquellas almas que os aman! Ea, haced que yo conozca vuestra bondad y el amor que me teneis , para que no solamente os ame, sino-que tambien por daros gusto abrace todos los desprecios del mundo. Enseñadme á vivir desprendida de lodos les respetos humanos, no mirando otra cosa en todas mis operaciones que el cumplimiento de vuestro querer. Os amo, pues, Jesús mio, ya que fuisteis tan despreciado; y propongo, ayudada de vuestra gracia, no querer en adelante resentirme ni quejarme por cualquiera clase de ignominias que se me hicieren. De Yosr Señor, espero la fuerza para poder cumplir este mi propósito. Santísima María y mi tierna madre, socorredme con vuestra intercesion poderosa; rogad por mí al divino Jesús.
CAPÍTULO XII.
DE LA CARIDAD PARA CON EL PRÓJIMO.
§ I. — De la caridad que debe practicarse con los prójimos, especialmente en el modo de juzgar de sus acciones.
\ No se puede amar á Dios sin amar tambien á nuestro prójimo : el mismo precepto que nos impone el amor para con Dios, nos manda tambien amará nuestros hermanos: Et hoc mandatum habemus á Deo, ut qui diticjit Deum, diligat etfratrem suiím. Por lo que escribió santo Tomás de Aquino ', que de la misma caridad nacen el amor á Dios y el amor al prójimo; pues que á la manera que ella nos obliga á lo primero, tambien nos ordena lo segundo, mediante á que asi lo quiere el mismo Dios. Y de este modo puede entenderse lo que refiere san Gerónimo * de san Juan Evangelista, cuando preguntándole sus discípulos, por qué tantas veces les encargaba el amor fraterno, les respondió: Quiapraeceptum Dominiest, etsi solum fiat, sufficil: porque es precepto del Señor, y si llega á cumplirse, esto solo es bastante para salvarse. Por otra parte sabemos que santa Catalina de Genova, dicién1 2,2,q. 2f,a. 1. - » Cwnmcnt. ¡n Ep. ad Cal.
dole un dia al Señor: Dios mio, Vos me mandais que yo ame á mi prójimo; y yo no puedo amar á nadie mas que á Vos; le respondió nuestro Salvador: Hija mia, quien á mí me ama, tambien ama todas las cosas que son amadas por mi. Y efectivamente, cuando uno ama á cualquiera persona, ama tambien los parientes de ella, sus criados, sus retratos y aun hasta sus vestidos; ¿y por qué sucede esto? Porque todas aquellas cosas son amadas de la misma persona principal á quien se tiene el afecto. Y esta es la razon que hay para que nosotros debamos amar á nuestros prójimos, supuesto que ellos son tambien muy amados de Dios. Ni tampoco el apóstol san Juan tuvo otra causa para decirnos en una de sus cartas, ser un mentiroso aquel que dice que ama á Dios, y al mismo tiempo aborrece á su hermano: Si quis dixerit, quoniam diligo Deum, etfratrem suum oderít, mendax est*. Por el contrario nos previene Jesucristo, que la caridad que practiquemos con el menor de sus hermanos, que son nuestros prójimos, él la recibe como ejecutada en beneficio de su misma persona divina: Quamdiu fecistis uní ex his fratribus meis minimis, müii fecistis *. Bien persuadida de esta doctrina santa Catalina de Génova decia, que para conocer hasta qué grado cualquiera ama á Dios, basta ver antes cuánto ama á su prójimo.
2 Mas esta preciosa hija de Dios, cuj o dictado bien merece la santa caridad, viéndose despreciada en el mundo de la mayor parte de los hombres, viene á buscar su refugio en los conventos de religiosos. Y ¿qué sucedería si aun tambien ella se viese repudiada de a I Joan. iv, 20. _ * Mattu XXT' 40
estas sagradas mansiones? Es bien sabido que así como el infierno es el reino del odio, de la misma manera tambien el paraíso es reino del amor santo, en donde todos los bienaventurados se aman mutuamente y cada uno de ellos se complace del bien del otro, como si fuese suyo propio. ¡ Oh qué bello paraíso es aquel convento en el que reina la caridad! Él, pues, forma las delicias de Dios: Ecce quambonum, etquamjucundum habitare fratres in unum '/ Mucho es lo que el Señor se complace al ver que habitan en su casa los hermanos y las hermanas in wnum; es decir, unidos con una sola voluntad, para servir á Dios y ayudarse por caridad los unos á los otros, con el recto fin de justificarse; sabiendo que por este medio podrán tambien después verse algun dia unidos íntimamente en la patria de los bienaventurados. Y este es aquel excelente elogio que san Lucas hace de los primeros cristianos, cuando nos dice que todos tenían un solo corazon y una sola alma: Multitudinis autem credentium erat cor unum, et anima unae. Tan admirable union de sentimientos fue ya fruto de la oracion dirigida por Jesucristo al eterno Padre, antes de caminar á la muerte, en la que le pidió que fuesen sus discípulos una misma cosa por caridad, así como tambien él era una misma cosa con el Padre ; Pater sanete, serva eos... ut sint unum, sicut etnos'. Y este fue igualmente uno de los frutos mas principales de la Redencion, segun lo habia profetizado Isaías por estas palabras: Habitabit lupus cum agno, et pardus cum hoedo... non nocebunt, et non occident*.
» Psalm. cxxxi.1. — « Act. iv, 32. - 'Joan. xvu, 11. s isai. Xh, e.
30 TOMO I.
Habitarán juntos en paz, sin ofenderse, el lobo y el cordero; y el leopardo con el cabrito, y el uno no dañará ya al otro : con lo que quiso decir, que los secuaces de Jesucristo, aunque fuesen de diversos países , de diferentes humores y condiciones, deberían ya vivir en paz entre sí, buscando cada uno el modo de acomodarse á la voluntad y al genio del otro por medio de la santa caridad. ¿Y qué otra cosa significa la expresion de comunidad religiosa, como discurre un autor, sino como unidad de personas, es decir, que están tan unidas en las voluntades, como si todas ellas fuesen un solo individuo? La caridad, pues, es la que mantiene la union entre tantos sugetos; porque no es posible que en un convento todos sean de un mismo genio y de iguales inclinaciones; mas la caridad es como el lazo que une los ánimos y todo lo arregla, haciendo que el uno sufra al otro, y que cada uno se acomode á lo que apetecen los demás.
3 Refiere san Juan Clímaco, que habia un famoso monasterio cerca de Alejandría, en el que todos los religiosos gozaban de una paz propia del paraíso, porque todos se amaban cordial mente en santa caridad; si alguno se quejaba rara vez de otro, el primero que llegaba á notarlo, eon una simple señal los aquietaba; pero si acaso no llegaban á dar de mano á la contienda, eran los dos conducidos á una casa vecina, como si fuesen á un destierro, diciendo los compañeros que ya no estaban bien en el monasterio aquellos dos demonios : este era el nombre que les daban. ¡Oh qué bella cosa es ver que en un convento de religiosas la una alaba á la otra; que esta ayuda y sirve á aquella, y que todas se aman mutuamente como verdaderas hermanas! Y nótese que por eso se da á las monjas este mismo nombre de hermanas; pues que las hace tales, no la sangre, sino la caridad cristiana, la cual debe unirlas en el amor mucho mas que la carne y la sangre. La que no tiene caridad, decia la beata Juana de C han tal, es una monja de nombre, y no de hecho; es hermana de hábito, pero no de afecto. Por eso sucedía que cási todos los santos fundadores y fundadoras, segun lo leemos en sus vidas, estando ya próximos á la muerte, dejaban tan recomendada á sus hijos é hijas la santa caridad, comprendiendo bien que en donde no vivimos con union, tampoco tenemos á Dios.

4 Dice oportunamente acerca de esto san Agustín: Quando vides in aliqua fabrica lapides, et ligna bene sibicohaerere, securusintras, ruinam non times9. Cuando ves que en una casa están bien unidas entre sí las paredes con las techumbres, no tienes miedo de entrar, sin temor de ruina; nras si por el contrario adviertes que las piedras superiores de aquellas se han separado ya de las vigas, no tendrás ánimo ni aun de meter el pié dentro. Con esta comparacion nos da el Santo á entender, que es verdaderamente feliz aquella casa religiosa en donde todos sus individuos están unidos en caridad santa. Pero ¡desgraciado, por el contrario, aquel convento en donde reinan los partidos y las desuniones ! Monasteria sunt tártara, añade el Santo: pues que tales conventos no son ya casas de Dios, sino de Lucifer; no son casas de salvacion, sino de ruina eterna. ¿De qué servirá que un convento sea rico ó de magnífica construccion, que tenga una iglesia preciosa y un bello jardín? Mientras que en él no domine la caridad y la union, no dejará de ser un infierno; porque allí la una murmura de la otra; esta busca el modo de oprimir y desacreditar á aquella, teniendo siempre el temor de que se agregue al partido contrario: las sospechas y los rencores continuamente crecen ; ni se habla, ni se piensa mas que en las rivalidades: esto es lo que solamente se medita en la oracion mental, en la misa y aun en la sagrada comunion; por manera que bien podrémos aquí exclamar: ¡ Pobres oraciones! ¡pobres misas! ¡ pobres comuniones! En dos palabras; en donde no hay caridad no hay tampoco recogimiento, no hay paz, no hay Dios. Mi bendita hermana, si alguna vez sucede que haya partidos en vuestro convento, llorad en la presencia de Dios con lágrimas de sangre, y suplicad al mismo Señor que remedie tan grave daño con su mano omnipotente; pues que extinguir el fuego de los partidos, que ya han tenido entrada en un convento, solamente es obra de la omnipotencia de Dios. Y si entre tanto vos podeis contribuir á reparar algún daño, hacedlo á toda costa y aunque os cueste la mayor fatiga; mas en el caso de que nada podais adelantar, manteneos álo menos indiferente; y guardaos como de la muerte de cooperar en lo mas mínimo á semejante desgracia.
B Pero debeis advertir tambien, que al haceros estas prevenciones no me dirijo contra aquellas religiosas verdaderamente celosas, que defienden la observancia de las reglas, ó que se oponen á los abusos: pues que celando las tales el bien de la comunidad, son del partido de Jesucristo; y ¡ojalá que todas fuesen de semejante partido! Por el contrario, os exhorto á que si alguna vez advertís que se introduce algun abuso, debeis uniros con las observantes para combatirlo; y aunque llegue el caso que estas os dejen sola, no dejeis por eso de defender la justa causa de Dios. Vivid persuadida de que bien sabrá el mismo Señor daros la debida recompensa, porque ya á lo menos habeis puesto lo posible de vuestra parte para mantener la observancia: teniendo entendido que el ceder, y aun el mostrarse indiferente cuando se trata de defender esta, no es virtud ni humildad, sino una cierta pusilanimidad, una debilidad de espíritu y de amor para con Dios. Pero sí hablo y me dirijo contra aquellas religiosas que mantienen en pié los partidos para sostener sus propios intereses, unas veces defendiendo á las amigas parciales; otras formando un fuerte empeño en que no prevalezca el partido contrario, y aun acaso tambien tratando de vengarse de algunas afrentas que hayan recibido. Quiero que siempre os alejeis de los partidos de esta especie, aunque para ello tuviéseis que sufrir cualquiera desagradable reconvencion, tratándoos de ingrata, de mujer de poco seso ó de ánimo vil; y aunque por vuestra firmeza en no querer tomar parte hubiéseis de quedar arrinconada, sin ningun oficio y envilecida para siempre. Acerca de lo demás, volviendo ahora á nuestro propósito, aun prescindiendo de aquellos abusos que fueren contra las reglas de comunidad, bien debemos sacrificar tambien todos nuestros intereses por conservar la caridad y la paz comun de nuestros hermanos. Viendo san Gregorio Nacianceno que entre los obispos se movían contiendas por su causa, queriéndolo unos por patriarca, y oponiéndose otros, les dijo de este modo: «Hermanos mios, yo lo que « quiero es que esteis en paz, y si para que esta no se «altere es necesario que yo, aunque inocente, renun«cie mi obispado, estoy pronto á verificarlo.» Y en efecto, con el fin de conseguir tan laudable objeto se retiró de la iglesia de Constantinopla, de la que era obispo, y se fué á hacer vida solitaria.
6 Mas hablemos aquí en particular sobre lo que debe hacer una religiosa para conservar la caridad con todas sus hermanas. Habrá, pues, de poner en práctica lo que en pocas palabras enseñó el Apóstol á sus discípulos, cuando les dijo: Induite vos ergo sicut elecU Bei viscera misericordiae10. Notad que se dice induite, vestios de caridad; porque así como la "religiosa lleva siempre consigo el vestido y va toda cubierta de él; así tambien en todas sus acciones debe llevar consigo la caridad y estar toda cubierta de ella. Dice además: Induite viscera misericordiae: la religiosa no solamente debe estar vestida de caridad, sino tambien de las entrañas de la misma caridad; con lo que habrá de entenderse, que debe conservar un afecto tan tierno á sus hermanas, como si tuviese una particular pasion por cada una de ellas. Observad lo que sucede cuando una persona llega á amar apasionadamente á otra: como siempre está pensando bien de ella, como se goza en sus prosperidades, y se entristece en sus infortunios , lo mismo que si lo uno y lo otro le sucediese á ella misma; si luego, además de esto, la persona ama
i» Colüs. III, U.
da llega á cometer cualquier defecto, ¡ con qué empeño la defiende, ó á lo menos se afana para excusarla! y por el contrario, si esta misma persona practica alguna buena obra, ¡oh cómo la alaba y la ensalza hasta las estrellas! Todas estas exageraciones vemos que nacen de la pasion desordenada; pues esto mismo que la pasion ocasiona en otras, es lo que debe obrar en vos la santa caridad.
7 Procurad por lo tanto practicar siempre la caridad para con todos, y especialmente con vuestras hermanas, y que esto sea con los pensamientos, con las palabras y con las obras. En cuanto á los pensamientos , procurad ante todo desechar cualquiera juicio, sospecha ó duda temeraria contra el prójimo, sabiendo que es un defecto el dudar sin motivo del pecado de otro; que es mayor culpa el tenerle positiva sospecha, y mucho mayor, cuando lo consideramos por cierto, juzgando sin un sólido fundamento. Dice el santo Evangelio que el que se atreve á juzgar de este modo, él se verá tambien juzgado: Nolite judicare, et nonjudicabimini". He dicho sin un sólido fundamento; porque si alguna vez teneis motivos ciertos para sospechar y aun tambien para creer mal de otra persona, entonces no habrá culpa en pensar en contra de ella. Pero por regla general, siempre será cosa mas segura y mas conforme á la caridad cristiana el creer bien de todos, y abstenernos así de los juicios como de las sospechas: Caritas non cogitat malum, nos dice el Apóstol,s. Aunque tambien conviene advertir que esta regla tiene su excepcion con respecto á aquellas religiosas que se ha
"Mattb. vii, 8. — "»I Cor. xm, 8.
lian con el oficio de superioras ó de maestras; porque las tales, como ya hemos dicho en otro lugar, hacen bien en sospechar de las súbditas, y aun están obligadas á ello, para evitar el mal que puede suceder, si con tiempo no se acude con el remedio. No siendo así, que vos Do tengais oficio que os obligue á la correccion, procurad pensar siempre bien de todas vuestras hermanas; teniendo presente el consejo que daba la beata Juana de Chantal cuando decia: En el 'prójimo no debemos mirar el mal, sino solamente el bien. Y si alguna vez, cuando esteis hablando de alguna persona, cometeis cualquiera equivocacion, juzgando por bueno aquello que efectivamente es malo, dice san Agustín que no tomeis ningun sentimiento por tal error. Caritas, dice el Santo, non se multum dolet errare, curn bene credit etiam de malo 13. La caridad no se resiente considerablemente cuando haya errado, teniendo por un bien lo que era un mal. Tambien santa Catalina de Bolonia dijo un dia: Hay ya muchos años que soy religiosa; pero jamás he tenido un pensamiento que no haya sido recto acerca de mis hermanas; sabiendo que alguna que parecerá defectuosa, acaso ella sea mas agradable á los ojos de Dios que otra que se tenga de vida muy ejemplar. Guardaos por lo tanto de estar espiando los defectos y operaciones de nadie, como hacen algunas , especialmente aquellas que van preguntando qué se dice de sus personas, y después se llenan de sos. pechas, y luego de amarguras y de aversiones. Tambien conviene tener presente que muchas cosas se refieren adulteradas, y como suele decirse con franqueza; por cuyo motivo, cuando llegueis á oír que se dice alguna cosa de vuestros defectos, no os detengais á escuchar, ni andeis indagando el origen de tal noticia. Vuestro cuidado sea el obrar de manera que todas puedan hablar bien de cuanto practiqueis; y después dejad que digan lo que quieran : y cuando advirtais que os echan en cara alguna falta, respondedles: Eso que sabeis de mí, es el menor de mis males: ¡oh cuánto mas podrian decir, si todo lo supieran! Igualmente podréis responder entonces: Dios es el que ha de juzgarme.
8 En segundo lugar: cuando aconteciere que el prójimo sufra algun infortunio, como enfermedad, pérdida de intereses ó algun otro disgusto, nos obliga la caridad á entristecernos, á lo menos en la parte superior. Digo en la parte superior, porque cuando oímos referir algun contratiempo ocurrido á las personas que nos son contrarias, parece que nuestro sentido rebelde siempre ha de conmoverse con una cierta complacencia; pero en esto no hay culpa, siempre que la voluntad esté pronta á oponerse á ella. Por lo tanto, en semejante caso, luego que sintais que la parte inferior trata de arrastraros hácia el placer por aquella desgracia del prójimo, dejadla gritar, como se deja ladrar á una perra, conociendo que es un animal sin razon; y acudid con la parte superior á compadeceros del mal de aquel hermano vuestro. Aunque tambien es cierto que en algunas ocasiones es lícito alegrarse del buen efecto que se espera haya de producir algun trabajo temporal en ciertas personas; como por ejemplo , si conocemos un pecador escandaloso y obstinado, es lícito complacerse al verlo acometido de una enfermedad, coa el fin de que por este medio tema y se convierta á Dios, ó a lo menos, porque estando en cama no escandaliza á los demás. Á pesar de esto, cuando nos ha ocasionado algun disgusto la persona paciente, puede ser sospechosa tal complacencia.
9 En tercer lugar: la caridad nos obliga á alegrarnos del bien ajeno, combatiendo la envidia: consistiendo esta en cierta displicencia del bien del prójimo, porque este mismo bien suyo impide el nuestro. Y segun enseña el Angélico, de cuatro modos puede desagradarnos el bien de otro. Primeramente, cuando tememos que su prosperidad nos atraiga daño á nosotros ó á alguna otra persona; y en tal caso cuando el tal perjuicio que se recela es injusto, no será envidia; y aun podemos estar exentos de toda culpa, segun aquello que escribió san Gregorio : Evenire plerumque potest, ut non amissa caritate, et inimici nostri ruina laetificet, et rursus ejus gloria sine invidiae culpa contristet; cum et ruente eo, quosdam bene erigi credimus, et proficiente illo, plerosque injuste opprimi formidamus 14. Puede tambien suceder muchas veces, dice el Santo, que sin perder la caridad nos alegremos en la desgracia de nuestro enemigo, como cuando su caída ayuda á levantar á muchos de la miseria en que se hallan; y aun puede igualmente acontecer que nos aflijamos sin envidia en la prosperidad del mismo enemigo , siempre que temamos que su engrandecimiento haya de servirle para oprimir injustamente á otros. El segundo modo es, cuando viendo nosotros el bien de otras personas, no nos entristecemos ya de su prospe
l* i,it1 22i Mor. c. í.

ridad, sino que sentimos cierto desagrado, porque no disfrutamos tambien nosotros aquella felicidad; cuya displicencia tampoco es envidia; y aun mas bien será virtud, cuando esto suceda acerca de bienes espirituales. El tercer modo consiste, en que nos desagrade el bien del prójimo, porque lo consideremos indigno de poseerlo: tampoco será ilícita esta displicencia, cuando juzgamos que aquel beneficio, (que podrá ser, ya alguna dignidad ó bien algunas riquezas), ha de ocasionar mayor daño en el alma del mismo prójimo. El cuarto modo, finalmente, será, cuando nos disguste el bien de otro, porque nos impide el nuestro; y esta displicencia es propiamente la envidia de que debemos guardarnos : sobre lo que nos dice el Sabio, que los envidiosos imitan al demonio, el cual instigó á nuestro padre Adan á que pecase, por la displicencia que tenia de verlo destinado para el cielo, de donde él habia sido arrojado : Invidia autem diaboli rnors intravit m orbem terrarum; imitantur autem illum, qui sunt ex parte ejus l". La caridad, por el contrario, hace que nos alegremos del bien del prójimo como si fuese nuestro, y nos mueve á sentir como desgracias propias los acaecimientos contrarios á otro.
ORACIÓN.
¡ Ay Redentor mio! ¡ y cuán desemejante á Vos me encuentro! Vos todo caridad para con los que persiguen vuestra inocencia, y yo toda rencor y odio contra mi prójimo. Vos rogando con tanto amor por aquellos
"Sap. ii,«.
mismos que os crucificaban, y yo pensando vengarme inmediatamente de quien me hubiere ocasionado algun disgusto. Perdonadme, Jesús mio, que yo no quiero portarme ya como me he conducido en mi vida pasada; y dadme fuerzas para amar y hacer bien á los que me ofendieren. No me abandoneis, pues, en manos de mis pasiones. Ea, no permitais que yo jamás vuelva á separarme de Vos. ¡ Y qué infierno me esperaría, si después de tantas gracias como me habeis dispensado, yo volviese de nuevo á verme separada de Vos, y privada de vuestra deliciosa amistad! No lo permitais, amor mio, por la sangre que por mí habeis derramado. ¡ Padre eterno! libradme, por los méritos de vuestro divino Hijo, de caer mas en desgracia vuestra. Y si veis que ya en algun dia habré de volver á ofenderos, hacedme morir ahora que confio estar en vuestra gracia. ¡ Oh Dios de amor! dadme ese amor vuestro. ¡Oh potencia infinita! socorredme; ¡oh misericordia interminable! tened piedad de mí; ¡oh bondad sin límites! atraedme toda hácia Vos. Os amo ¡oh sumo bien mio! os amo mas que á todos los demás bienes. ¡Oh piadosa María, Madre del mismo Dios! rogad á Jesús por mí; vuestra proteccion es mi esperanza.
§ II. — De la caridad que debe practicarse con las palabras.
1 En cuanto á la caridad que debemos ejercitar para con el prójimo por medio de las palabras, estais obligada primeramente y sobre todo á absteneros de toda murmuracion, teniendo presente que dice el Espíritu Sauto: Susurro coinquinabit animam suam, etin omnibus odietur 1. Manchará el murmurador su alma y será aborrecido de Dios y de los hombres; los cuales, aunque alguna vez le aplaudan y le estimulen á la censura del prójimo para divertirse, sin embargo ellos mismos después habrán de huir y guardarse de él; pensando con razon, que del mismo modo que con ellos habla mal de los otros, así tambien con los otros habrá de hablar y murmurar de ellos. Y dice san Gerónimo, que aunque algunos hayan dejado ya otros vicios, no obstante parece que no pueden abstenerse de las murmuraciones : Qui ab aliis vitiis excesserunt, in illud lamen incidunt. ¡ Ojalá quisiese Dios que, aun en los mismos conventos, no se hallasen algunas religiosas con lengua tan maligna, que no sabe lamer sin arrancar la sacgre! quiero decir, que no saben hablar sin decir mal del prójimo; teniendo que tildar sobre toda persona de quien se trata ó se discurre. Deberían estas lenguas cortantes ser enteramente arrojadas de los claustros, ó á lo menos estar siempre encerradas en una cárcel; porque ellas son la causa que perturba el recogimiento, el silencio, la devocion y toda la paz de la comunidad; son, en suma, la ruina de los conventos. Y quiera Dios que á estas tales no les sobrevenga la muerte que acaeció á un cierto sacerdote murmurador , conocido de Tomás Cantimprano, el cual refiere* que murió el infeliz rabiando de furia y haciéndose pedazos la lengua con sus dientes. Á. otro murmurador que tambien se puso á hablar mal de san Malaquías, en aquel mismo instante se le hinchó la lengua, llenesele de gusanos, y de este modo murió infelizmente al cabo de siete días.
2 Al contrario ¡oh cómo es amada de los hombres y de Dios una religiosa que dice bien de todos! Decia santa María Magdalena de Pazzis, que si alguna vez hubiera conocido á una persona, la cual en toda su vida no hubiese hablado mal del prójimo, ella la hubiera canonizado por santa. Procurad, pues, en vista de esto, absteneros de toda palabra que tienda á murmuracion contra cualquiera persona, pero especialmente para con vuestras hermanas, y aun con mas particularidad acerca de vuestros superiores, como e\ prelado , la abadesa ó el confesor; pues que el hablar mal de los superiores, ademas del daño que resulta contra su fama, hace tambien que las otras pierdan el amor á la obediencia, ó á lo menos contribuye á la relajacion de su juicio; y si alguna vez las hermanas por vuestra causa llegan á conocer que los mismos superiores obran sin razon, después difícilmente habrán de obedecerles como se debe. Tambien se comete el vicio de la murmuracion, no solo cuando se procura denigrar la fama del prójimo, atribuyéndole cualquier defecto falso, ó exagerándolo maliciosamente ó descubriéndolo cuando está oculto; sino tambien interpretando mal sus acciones virtuosas, ó acaso se dice que han sido practicadas con mala intencion. Es igualmente murmuracion, el negar las buenas obras que alguna persona ejecuta, ó el oponerse á la justa alabanza que le tributan. Y ¿qué es lo que hacen algunas lenguas murmuradoras para presentar mas creibles sus maliciosos asertos? Comienzan con diabólica astucia alabando á una persona, y luego después acaban la expresion con la maledicencia acerca de la misma: la tal, dicen, es de mucho talento, pero es soberbia : es liberal, pero tambien es vengativa.
3 Procurad vos decir siempre bien de todas: hablad de los otros como quisiérais que ellos hablasen de vos ; y cuando la persona estuviere ausente, practicad la excelente regla que daba santa María Magdalena de Pazzis, cuando advertía: No debe decirse en ausencia , lo que no se diria en presencia. Luego, pues, que llegueis á notar que una de las hermanas habla mal de otra, guardaos de incitarla á continuar la conversacion , ó de manifestarle que estais dispuesta para escucharla , porque entonces llegaríais á haceros rea ó cómplice del mismo pecado. En tal caso debeis, ó reprender á aquella que murmura, ó cortar la conversacion , ó partiros de su presencia; ó á lo menos no la atendais. Sepi aures tuas.spinis, dice el Espíritu Santo, linguam nequam noli atulire 3. Cuando oigas que alguno murmura, pon en tus oidos un cercado de espinas para que la murmuracion no entre en ellos. Es necesario, pues, entonces que manifesteis que os desagrada un tal discurso, á lo menos con el silencio, ó con el aspecto triste, ó con fijar la vista en tierra. Portaos siempre en semejantes casos de tal manera, que ninguna de aquellas personas detractoras se determine en adelante á denigrar la fama de otro en vuestra presencia; y exige tambien la caridad, que cuando podais salgais á la defensa de la que se ve in
3 Eccl. xx\m, 28.
famada: Sicut villa coccinea labia tua v. Esposa mia, dice el Señor, yo quiero que sean tus labios como una venda de escarlata; es decir, segun expone Teodoreto, que tus palabras sean de caridad, las que cubran el defecto cuanto fuere posible; y á no haber otro remedio , que se excuse la intencion, ja que no se pueda interpretar bien la accion. Excusa intentionem, si opus non potes *. El abad Conestable, segun refiere Surio', era llamado, Operimentum fratrum, el cobertor de los hermanos; por cuanto este buen monje, luego que oia hablar de los defectos de otro, trataba siempre de cubrirlo. Lo mismo decían las monjas del convento de santa Teresa acerca de la Santa, asegurando que donde ella estaba teniau seguras las espaldas , porque sabian que habia de defenderlas. . 4 Además de esto, guardaos tambien de referir á alguna de las hermanas aquello que hayais oido decir á otra contra ella, pues que con esto nacen muchas veces disturbios y rencores tales, que duran meses y años. ¡ Oh qué cuenta habrán de dar á Dios aquellas lenguas susurradoras de los conventos! pues bien sabemos que llega á ser el odio de Dios el que siembra discordias. Recordemos que son seis cosas, como dice el Sabio, las que el Señor aborrece : Sex sunt quae odit Dominus; y cuenta en el último lugar: Eum qui seminal inter fratres discordias 7. Es en verdad muy digna d.e compasion la monja que apasionadamente habla mal de otra; mas aquella que sin pasion siembra discordias y perturba la paz comun, ¿cómo el Señor ha
* Canl' 1T'?• ~ » S. Ber. Serm. 401 in Cant. - «17 febr. Trov. vi, 10,19.
brá jamás de sufrirla? Por eso si vos oyéreis algunas expresiones contra cualquiera de las hermanas, cumplid con lo que dice el Espíritu Santo: Audisti verbum adversus proximum tuum, commorialur in te8. Aquella palabra que habéis entendido en contra del prójimo, no solamente esté encerrada en vuestro pecho, sino haced que tambien muera. Aquel que esta encerrado en algun lugar puede fugarse de allí y dejarse ver; pero el que ha muerto, ya no puede salir mas de la sepultura; con lo que se da á entender, que pongais mucha atencion para no descubrir con la menor señal aquello que hubiéréis oido; porque con cualquiera indicio que deis, como podrá ser una palabra á medio decir, ó un pequeño movimiento de cabeza, pueden ya las otras ir combinando circunstancias, y formar juicio, ó á lo menos sospechar afirmativamente quien haya sido la persona que se ha expresado mal. Hay algunas religiosas que en oyendo cualquiera cosa secreta , parece que padecen dolores de muerte, si no la revelan de algun modo, como si fuese aquel secreto una espina que les está punzando el corazon hasta tanto que la echen fuera. Podréis, no obstante, cuando llegueis á saber un defecto de trascendencia, cometido por alguna hermana, decirlo solamente á los superiores , en los únicos casos que es necesario hacerlo así, con el recto fin de evitar ó reparar el daño de la comunidad , y tambien de la misma hermana que faltare á su obligacion.
B Conviene además que cuando esteis en conversacion , pongais mucho cuidado en no motejar á ninguna hermana, aun cuando lo hagais por burla de confianza, ó en forma de diversion: pues que las burlas que desagradan al prójimo son contrarias á la caridad y á lo que nos ha dicho Jesucristo: Omnia quaecumque vultís, ut faciant vobis ¡tomines, et vos facite Mis *. ¿Os agradaría el ser burlada, y veros puesta por juguete delante de otras, como ejecutais con aquella hermana vuestra? Pues por igual motivo no deberéis hacerlo. Procurad tambien, en cuanto podais, huir de las contiendas; porque muchas veces por bagatelas que nada importan suelen suscitarse ciertas contradicciones que llegan á radicarse, y después producen disturbios y aun injurias. No puede dudarse que existen personas que tienen espíritu de contradiccion, las cuales sin necesidad ni provecho, sino por contradecir solamente, se entrometen á entablar ciertas cuestiones inútiles, y, como suele decirse, de lana de cabra, con las cuales se quebranta la caridad. De ea re quae te non molestat, ne certeris, dice el Sabio ". Replicará acaso alguna: Pero yo tengo razon; no puedo sufrir las cosas mal hechas ó injustas. Mas oid la respuesta que os da el cardenal Belarmino: Vale mas una onza de caridad que cien carros de razon. Cuando se conversa, especialmente siendo sobre cosas de poca importancia, decid vuestro parecer, dado caso que así lo juzgueis conveniente para seguir la conversacion; y después de esto, aquietaos, sin obstinaros en defenderlo; y aun mejor será que entonces cedais desde luego, y os conformeis con el dictamen de los demás. Decia el beato Egidio, que el que cede en tales controversias es el que vence; por quedar superior en virtud y conservar tambien la paz, que es un bien mucho mayor que la ventaja de haber hecho que triunfe la razon. Y por eso tambien san Efren afirmaba, que él habia cedido siempre en las contiendas, porque no se alterase la paz: igualmente san José de Calasanz daba esta advertencia: El' que quiera faz, que no contradiga á nadie.
6 Á mayor abundamiento, habréis de procurar ser afable y mansa con todo género de personas. Sabed que la mansedumbre se llama la virtud del cordero; es decir, la virtud predilecta de Jesucristo, el cual por igual razon quiso que se le diese el mismo nombre de Cordero. En el hablar y en vuestro trato usad de la dulzura, no solamente con la superiora y con las oficialas , sino tambien con todas : repito que con todas, y especialmente con aquellas hermanas que en algun tiempo os hayan ofendido, ó que al presente os miran de reojo, ó que son del partido contrario; ó tambien con aquellas otras que naturalmente os son antipáticas , por conducirse con trato grosero, ó por ser desagradecidas al bien que les hayais dispensado. Caritas patiens est, la caridad lo soporta todo; de donde se infiere, que no tendrá caridad nunca el que no quiera sufrir las faltas de su prójimo; porque es menester convencernos de que no hay sobre la tierra persona alguna , por virtuosa que sea, que no tenga sus defectos. Y ¿cuántos podrán contarse en vos misma? y quereis que las otras usen de caridad para trataros y que os compadezcan; pues del mismo modo, tambien es necesario que vos tengais caridad con las demás, y os compadezcais de sus imperfecciones, segun nos exhorta el Apóstol dicieDdo: Alter alterius onera portate ". Notad cómo las madres sufren las insolencias de sus hijos: ¿y por qué? porque los aman. Por aquí podrá tambien conocerse, si vos amais á vuestras hermanas con el amor de la caridad cristiana, el que siendo sobrenatural, habrá de manifestarse mas fuerte que el natural. ¿ Con cuánta caridad no sufrió nuestro Salvador las rusticidades é imperfecciones de sus discípulos en todo el tiempo que vivió con ellos? ¿Con cuánta caridad tambien no se-portó con Judas, hasta lavarle los piés para conmoverlo? Mas ¿para qué hablamos de ningun otro? Contraigámonos á vos misma. ¿Con cuánta paciencia no os ha estado aguantando el Señor hasta el presente? Y á pesar de todo esto, ¿vos no quereis sufrir á vuestras hermanas? Á !a manera que el médico aborrece la enfermedad, y al mismo tiempo ama al enfermo; así tambien vos, si teneis caridad, debeis odiar el defecto, pero sin dejar de amar á la persona que lo comete. Mas podrá acaso decir alguna acerca de esto: ¿Qué tengo de hacer? ¿cómo puedo yo remediar el tener una antipatía natural con aquella hermana, que no permite fiarme de tratarla? A lo que yo le respondo: Tened mas espíritu y mayor caridad, y desaparecerá toda esa antipatía vuestra.

7 Vengamos ahora á la práctica. Aquí deberéis procurar ante todo refrenar la ira lo mas que podais en las ocasiones que se presenten. Guardaos además de esto de proferir palabras desagradables, y mucho menos de usar de modos altaneros y ásperos; pues que á veces ofenden mas estas groseras exterioridades, que las mismas palabras injuriosas; y cuando las hermanas os dijeren alguna palabra de desprecio, no dejeis de sufrirla: sufrirla, repito, por amor de Jesucristo, el cual ha sufrido por vuestro amor otros desprecios mucho mayores. ¡Dios mio! ¡qué miseria es el ver á ciertas religiosas que van todos los dias á la oracion, y que comulgan con frecuencia; y después de esto son tan sensibles y delicadas al oir cualquiera palabra de poco respeto y el menor acto de poca atencion que se les tiene! Ya sabemos que sor María de la Ascension, cuando recibía alguna afrenta, se dirigia inmediatamente al santísimo Sacramento, y le decia: Esposo mio, os ofrezco este pequeño presente, suplicándoos que tengais á bien aceptarlo y conceder el perdon á la que me ha ofendido. Y ¿por qué no haceis vos esto mismo? Es preciso sufrirlo todo, antes que faltar á la caridad. Decia el P. Álvarez que la virtud es débil, hasta que se prueba con recibir malos tratamientos del prójimo; pues que en estas ocasiones se conoce si un alma tiene caridad verdadera.
u Gal. Vi, 4.
8 Cuando llegue la ocasion de que alguna os hable con ira, ó que acaso os injurie ó reprenda sobre alguna cosa, respondedle entonces con dulzura, y al pronto la veréis aplacada. Responsio mollis frangit tram''. Una respuesta dulce ahuyenta la indignacion. Y dice san Juan Crisóstomo: Igne non potest ignis extinguí, nec furor furor e '*. Así como un fuego no puede apagarse con otro fuego, de la misma manera no es posible aplacar una indignacion con otra. Si aquella os habla con ira, y con ira tambien la respondeis,
1! Prov. xv, 1. — '3 Hom. 93 in Gen.
¿cómo quereis aquiejfáfla? Sucederá que en ella aumentaréis esta pasion^f jvos tambien faltaréisá la caridad. Responded, pues, con dulzura, y veréis apagado el fuego. Refiere á este propósito Sofronio, que viajando dos monjes y habiendo perdido el camino, tuvieron que entrar por un sembrado para buscarlo; mas al ver el aldeano que guardaba aquel territorio en donde se habian metido, principió á injuriarlos agriamente con palabras, á las que ellos en un principio nada contestaban; pero viendo que el aldeano aumentaba su furor y que se encendía en ira para injuriarlos mas, le contestaron : Hermano, hemos hecho mal; por el amor del Señor perdonadnos. Luego que él oyó esta respuesta tan humilde, se compungió, y en seguida principió á pedirles perdon de las injurias que les habia dicho; y fue tanta su conmocion, que dejó el mundo , y tambien tomó el hábito de monje en el monasterio de ellos.
9 Tal vez en algunas ocasiones os parecerá oportuno y aun necesario el reprimir la insolencia de alguna hermana, y que deberéis reprenderla con aspereza , especialmente si os hallais de superiora, y ella os ha perdido el respeto. Pero habréis de advertir el engaño que podeis padecer en esto, y saber que en tal caso no seria la razon, sino mas bien la pasion la que os estimularia para hablar. Yo no negaré que, especulativamente hablando, sea lícito algunas veces airarse , con tal que esto se haga sin cometer defecto, como dice David: Irascimini, et notite peccare 1*. Mas aquí es donde está la dificultad, en poner esto en de
,l Psalm. It, 8.

bida práctica: porque el dejaros en manos de la ira es
k> mismo que montar un caballo furioso, que no obe-
dece al freno, y que por lo tanto, no sabeis á donde
habrá de conduciros. Persuadido san Francisco de Sa-
les de esta verdad, escribió en su Filotea ", que los
movimientos de la ira, por cualquiera justa causa que
ella los ocasione, siempre deben refrenarse: Es mejor,
escribe el Santo, que se diga de U que nunca te alteras,
que no que se diga que te alteras justamente. Y san
Agustín advierte, que cuando se le permite á la ira
que entre en el alma, después difícilmente se arroja de
ella; y por eso exhortaba que desde los principios se
le cerrase pronto la puerta. Se celebra la expresion de
cierto filósofo, llamado Agripino, el cual habiendo
perdido la hacienda, dijo: Si yo he perdido las posesio-
nes, no quiero perder tambien la paz. Esto mismo de-
beis vos decir cuando recibais cualquiera desprecio.
Si habeis sufrido ya la afrenta, ¿quereis perder tambien
después la paz con áiraros? Pues sabed que haciéndolo
así, habrá de ser mayor el daño que vos misma os bus-
queis con inquietaros, que el que haya de resultar á
vuestra estimacion con aquella injuria. Dice el mismo
san Agustín, que el que se incomoda al recibir las
afrentas, viene á imponerse el castigo consigo mismo.
Conozcamos, pues, que el perturbarse siempre oca-
siona daño, aunque haya dimanado de haber cáido en
alguna falta; porque, como dice san Luis Gonzaga,
en el agua turbia, es decir en el alma alterada, siem-
pre encuentra que pescar el demonio.
10 Os he dicho anteriormente que cuando alguna hermana os injuriase Apalabra, ó llegaseáhablaros con ira, debíais responderle con dulzura. Mas ahora os prevengo, que si contal injuria os veis perturbada, habrá de ser mejor que entonces calleis; porque con aquella alteracion os querrá persuadirla misma pasion, que es justo y razonable todo cuanto hableis; y así sucederá, que pasado ya el acaloramiento, advertiréis que estaba trastornado cuanto habiáis dicho. Nos advierte por eso san Bernardo que, Turbatus prae ira oculus, rectum non videt1S. El ojo ofuscado con la indignacion no ve distintamente lo justo y lo injusto. Figuraos, pues, que la pasion es como un velo negro, que poniéndose delante de los ojos, no os permitirá de manera alguna discernir entre lo torcido y lo recto.
11 Cuando llegase á suceder que la hermana que os ha ofendido se presentare, reconociendo su falta, á pediros perdon, guardaos de recibirla con semblante austero, ó de responderle una sola palabra brusca, ó de bajar los ojos al suelo, ó de dirigirlos á mirar las estrellas; pues que haciéndolo así, ofenderéis mucho la caridad, daréis tambien á ella ocasion de que aumente el odio contra vos; y á mayor abundamiento ocasionaréis un grande escándalo en todo el convento. No haya de ser así, mostradle entonces un afecto de corazon; y si acaso ella por humildad se arrodillase en vuestra presencia, arrodillaos tambien vos; y cuando comenzare á pediros el perdon, interrumpidla desde 'uego, diciéndole: ¡oh! hermana mia, ¿de qué sirve hacer esto? Vos sabeis cuánto os amo y estimo: ¿y venís á pedirme á mí perdon? Yo mas bien lo pido á
"lab. 1 de Cons. c. u.

vos de haberos enfadado con mi ignorancia \ tambien con mi descuido, no tratándoos con aquella atencion debida; vos, pues, compadeceos de mí y perdonadme. 12 Cuando, por el contrario, se verificase que vos hayais ofendido ó disgustado á cualquiera de las mismas hermanas, buscad desde luego todos los medios para apaciguarla y arrancarle de su corazon la menor sombra de rencor que os tuviere; trayendo á vuestra memoria esta sentencia de san Bernardo: Sola humilitas laesae caritatis reparatio est. No hay un medio mas acomodado para reparar la caridad ofendida, que el humillarse. Y esto deberéis ejecutarlo lo mas pronto que podais, haciéndoos violencia para vencer la repugnancia que habréis de sentir: y digo lo mas pronto, porque cuanto mas tardeis e.n verificarlo, tanto mas habrá de crecer vuestra repugnancia, y al fin nada haréis. Tened presente esto que nos dice Jesucristo: Si ergo offers munus tuum ad altare, et ibi rtcordatus fueris, quiafrater tuus habet aliquid adversus te, relinque ibi munus tuum ante altare, et'vade prius reconcilian fratri tuo; et tune veniens offeres munus tuum ". Si te hallas ya al pié del altar para ofrecer tu ofrenda, es decir, para comulgaré paraoir misa, y allí te acuerdas que tu prójimo está resentido contra tí, déjala en el altar, y vé á reconciliarte antes con tu prójimo. Aunque, á pesar de esto, deberá advertirse, que á veces no conviene usar tal acto de humillacion, como cuando se juzga que con él se ofrecería un nuevo disturbio ó enfado á la persona que se considera ofendida. En tal caso, ó bien podrá esperarse que llegue otro tiempo "Mattb. y, l3.

mas oportuno, ó bien hacer la diligencia de reconciliacion por medio de otra hermana prudente; procurando entre tanto demostrarle una particular atencion y respeto.
ORACIÓN.
¡Oh Dios mio! no repareis en mis pecados, sino mirad á Jesús vuestro Hijo, que para salvarme de ellos ha sacrificado su vida á Vos. Pues por el amor del mismo Jesús tened piedad de mí, y perdonadme todos cuantos disgustos os he dado, especialmente por la poca caridad que he practicado con mi prójimo. Destruid, Señor, en mí todo aquello que no os agrade á Vos, y dadme un verdadero deseo de complaceros en todo. ¡ Ay Jesús mio! yo no tengo mayor pena que ver que he pasado en el mundo tantos años, y conocer que en ellos os he amado tan poco. Ea, concededme una parte de aquel dolor que sufristeis en el huerto de Getsemaní por mis pecados. ¡ Oh si hubiese tenido la dicha de haber muerto antes que haberos ofendido! Me consuela no obstante el conocer que me dais todavía tiempo para que os ame. Sí que en verdad yo quiero emplear en amaros toda la vida que me queda. Os amo, pues, inmenso bien de mi vida; os amo, Redentor mio; os amo, único amor del alma mia. Ea, hacedme ya toda vuestra, antes que se me acerque mi muerte. Atraed hácia Vos todos mis afectos, á fin de que yo no pueda amar á ninguna otra cosa fuera de Vos mismo. Mas ¡ay, amor mio, que mientras tenga vida me encuentro en peligro de perderos! ¡ Cuándo llegará aquel momento en que yo pueda decir: Jesús mio, ya no puedo perderos jamás! Ea, ligadme á Vos, y ligadme de tal manera, que llegue a ser imposible ya nunca separarme de Vos. Hacedlo, dulce Dueño, por aquel amor que os obligó á dar la vida en una cruz por mí. ¡Oh Virgen santísima María! Vos sois muy amada de Dios; él nada os niega: alcanzadme la gracia de no volver mas á ofenderle, y que con todo mi corazon lo ame; y nada mas que esto os pido.
§ III. — De la caridad efectuada por medio de las obras, y de quiénes deberán ser favorecidos con ellas.
1 Finalmente, en cuanto a la caridad que deberéis practicar con las obras, habréis de procurar estar pronta á servir á vuestras hermanas en todas sus necesidades. No imiteis á algunas religiosas que dicen que aman á sus hermanas, y que en el corazon las tienen á todas, mas luego después de esto en nada quieren incomodarse por amor de ellas. Oigan, pues, las que siguen estos pasos, lo que escribió el apóstol san Juan á sus discípulos en una de sus cartas: Filioli mei, non diligamus verbo, neque lingua, sed opere, et veritate 1. No basta para llenar los deberes de la caridad amar al prójimo solamente con las palabras, sino que es necesario amarle tambien con las obras; Justi rnisericordes sunt3. Todos los Santos han estado llenos de caridad y de compasion para cualquiera que haya necesitado de sus obras. Se lee de santa Teresa, que procuraba poner en ejecucion todos los dias algun acto de caridad en beneficio de sus hermanas; y cuando terminaba el dia, y recordaba no haber podido cumplir este buen propósito, procuraba tambien que tuviese efecto por la noche, saliendo á lo menos á alumbrar con su candela á cualquiera monja que pasase á oscuras por delante de su celda *. Haced tambien cuando podais alguna limosna de vuestro peculio; recordando que dice la Escritura, que la limosna libra al hombre de la muerte , le purifica de sus pecados, y le proporciona la divina misericordia y la salud eterna: Eleemosymá morte liberat, et ipsa est quae purgat peccata, et facil invertire misericordiam etvitam aeternam''. Y reflexiona san Cipriano que ninguna cosa recomienda el Señor en la Escritura con mas frecuencia que la limosna: Dommus mí crebrms mandat, quam ut insistamus in eleemosynis ".
i I Joan, ni ,18. — « ProY. xra, lí.
2 Por el nombre de limosna no debe entenderse solamente la donacion del dinero ó de otros comunes utensilios, sino tambien todo alivio que se proporciona al prójimo necesitado de nuestro socorro. Sobre Jo que dice tambien san Juan: Qui viderit fratrem suum necessitatem habere, et clauserit viscera suaab eo, quomodo caritas Dei manet in eo 6? ¿Cómo podrá decirse que se halla la caridad en aquel, que viendo á su hermano en cualquiera necesidad, y pudiendo aliviarle, no le da socorro alguno? Sabed que es una limosna muy agradable á Dios el ayudarse en los conventos una hermana á la otra en sus fatigas. Santa Teodora, monja, procuraba trabajar con todas las compañeras en sus oficios y faenas, y por el contrario huia de que la ayudasen en sus quehaceres. Y santa María Magdalena de Pazzis cuando se presentaba la ocasion de tener que hacerse algun trabajo extraordinario, al momento se ofrecía á desempeñarlo ella sola; y al mismo tiempo ayudaba á otras monjas en los servicios mas penosos, por lo que era voz comun entre estas, que trabajaba mas la Santa que cuatro conversas. Procurad tambien vos hacer esto mismo en cuanto podais; y cuando os viéreis cansada, mirad entonces al Esposo divino con la cruz á cuestas, y abrazad con alegría aquel nuevo trabajo. Tened presente que el Señor habrá de ayudaros con iguales grados de caridad con los que vos ayudeis á vuestras hermanas: Qua mensura mensifueritis, remetietur voMs7. Por lo que dice el Crisóstomo, que el ejercitar la caridad con el prójimo es el arte de merecer grandes ganancias para con Dios. Eleemosyna est omnium artiumquaestuosissima. Y santa María Magdalena de Pazzis decia, que ella se hallaba mas contenta en el tiempo en que socorría al prójimo, que cuando era arrebatada en la contemplacion; y daba la razon con esta cláusula tan discreta como suya: Cuando yo estoy en la contemplacion, Dios me ayuda á mí; pero cuando estoy socorriendo al prójimo, yo ayudo á Dios: pues que en verdad nuestro Salvador nos dejó declarado , que el bien que hiciéramos al prójimo, á él mismo se lo hacíamos. Mas debeis advertir, que al obrar esto no habréis de pretender alguna recompensa ó agradecimiento de vuestras hermanas; antes mas bien alegraos, si en lugar de manifestar beneplácito, usan
'MattS. vil,í.
contra vos de desatenciones é improperios; pues que entonces conseguiréis doble ganancia. Es tambien acto de caridad el condescender á cualquiera honesta peticion que alguna hermana os hiciere. Pero esto habrá de entenderse siempre que tal condescendencia no haya de ocasionar menoscabo en vuestro aprovechamiento espiritual; como por ejemplo, si cualquiera de las mismas hermanas, sin que hubiese causa justa para ello, quisiese que dejáseis vuestras devociones, por estar conversando en su compañía, para una vana diversion suya; pues que en semejante caso mejor es que dejándola atendais á vuestros piadosos ejercicios. La caridad es ordenada, como dice la esposa de los Cantares: Ordinavit in me caritatem 8: por cuyo concepto, no es caridad verdadera aquella que ocasionare algun daño á vuestro propio espíritu, ó al de la dicha hermana vuestra.
3 El mejor de los actos ó efectos que tiene la caridad , es el de adquirir un verdadero celo por el bien espiritual de nuestros prójimos. Cuanto es eJ espíritu mas noble que el cuerpo, tanto mas acepta es para con Dios la caridad que se practica por el alma de nuestro hermano, que la que solo tiene por objeto socorrer sus necesidades corporales. Esta caridad, pues, del espíritu , se ejercita primeramente en corregir al que peca. El que convierte á un pecador, no solamente lo hace salvo a él, sino que tambien se salva ásí mismo; porque Dios habrá de perdonarle todos sus pecados, por aquella obra de caridad en favor de su hermano: así lo escribe Santiago ». Y san Agustín dice, que por el
»CMt.11,4. - »Bp.y,¿0.
contrario, aquel que ve á su prójimo perderse, v. gr., airándose con otro, maltratándole con injurias, etc., y no trata de socorrerle con buenos consejos ó de algun otro modo, viene á hacerse peor con su indiferencia , que el otro con las injurias: Tu vides eum perire, et negligis? pejor es tacendo, quam Ule convidando ". Ni podeis excusaros proponiendo que no sabeis corregir: el Crisóstomo os contesta diciendo, que para la correccion se necesita mas bien de caridad que de sabiduría. Procurad efectuarla á tiempo oportuno, con caridad y dulzura, y sacaréis provecho. Si acaso sois superiora, estais obligada á hacerla por oficio; y si no sois mas que una monja particular, estais tambien obligada por caridad, siempre que espereis sacar fruto de ella. ¿No seria un eruel, el que viendo que un ciego se acercaba á un precipicio, no se lo advirtiese para librarle de la muerte temporal? pues aun mas cruel es todavía la que pudiendo libertar ^ una hermana suya de la muerte eterna, por negligencia deja de hacerlo. Si, pues, juzgais prudentemente que vuestra correccion no habrá de servir á la otra, procurad álo menos avisar en secreto á la superiora, ó á alguna que pueda poner remedio; y no insistais en decir: pues esto no es de mi incumbencia, yo no quiero tener que alterarme: esta es la respuesta que tambien dió Cain, el que de un modo semejante dijo: Num custos fratris mei sum ego "? Entiéndase, pues, que cada uno está obligado, mientras pueda, á excusar su ruina al prójimo: Etmandavit Mis unicuiquede proximo suo ".
1»De Veri). Dam. Serra. 16, c. 4. — 11 Gen. rv, 9. - "í*eli
X TU , 12.

4 Decía sobre esto san Feli pe Neri, que cuando se trata de ayudar al prójimo, especialmente en sus necesidades espirituales, Dios se complace en que dejemos, si es necesario, hasta la oracion. Deseaba santa Gertrudis un dia ocuparse en orar algun tiempo, y sentia no poderlo hacer, si lo invertía en cierta obra de caridad que se le presentaba; en cuya ocasion el Señor le preguntó: Díme, Gertrudis, ¿qué es lo que quieres? ¿quieres que yo te sirva á tí, ó servirme tú á mí13? Decía tambien san Gregorio: Si ai Deum tenditis, curate ne ad Deum soli veniatis ". Y esto mismo quiso decir san Agustín en las siguientes palabras: Siamatis Deum, rapite omnes ad amorem Dei". Por lo tanto si vos amais á Dios, debeis procurar no ser sola en amarle, sino mas bien esforzaros á ocupar á todos en su amor; á todos vuestros parientes, á todas las demás personas con quienes trateis, y principalmente á vuestras hermanas. ^Ah que puede afirmarse que una monja santa es capaz de santificar á todo su convento, ya con las palabras, ya con su buen ejemplo; practicando tambien sus devotos ejercicios con el recto fin de estimular á las otras á que ejecuten aquello mismo. No tengais acerca de esto escrúpulo de vanagloria; sabed que las operaciones que nada tienen de extraordinario, sino que corresponden á toda religiosa que aspira á la perfeccion, segun está obligada, deben hacerse tambien con esta intencion de dar buen ejemplo, y de atraer por este medio á las hermanas á que sirvan mas á Dios: Sic luceat, dice Jesucristo, lux vestra coram homimbus, ut videant opera vestra bona, et glorificent
i» Vita, cap. 5. _ uHom. 6inET _ i» i, psaini. xxxiir.
Patrem qui in coelis est". No entendais ser un acto de vanidad, sino de caridad, que agrada mucho a Dios, el dejaros ver devota, mortificada, observante de las reglas, aplicada á la oracion, comulgando con frecuencia, y en fin dando buen ejemplo á las demás.
5 Procurad, pues, ayudarles á todos en cuanto pudiéreis, bien con las palabras, ó bien con las obras, y especialmente tambien con vuestras oraciones; sabiendo que todas las esposas de Jesucristo están obligadas á celar por su honor, como el mismo Señor lo dijo á santa Teresa, cuando la declaró por su esposa: Deinceps, ut vera sponsa, meum zelabis honorem ". Y si una esposa de Jesucristo no toma interés en esto, ¿quién habrá de tomarlo? Enseñan muchos doctores con la autoridad de san Basilio, que aquella promesa hecha por Nuestro Señor de oir á quien le niegue, (Amen, amen dico vobis, si quid petieritis Patrem in nomine meo, dabit vobis "), no solamente vale ó sirve para la persona que le suplica, sino tambien para todos aquellos otros por quienes se hace la peticion, mientras ellos no pongan algun impedimento positivo. Siendo esto así, vos no dejeis nunca en las oraciones comunes, en la accion de gracias después de la sagrada comunion, y en la visita al santísimo Sacramento, de encomendar á Dios á los pobres pecadores, á los infieles , á los herejes, y á todos los demás que viven sin conocerle y adorarle. ¡ Oh cuánto se complace Jesucristo con que le rueguen sus esposas por los pecadores! El mismo Señor dijo un dia á la venerable sor Serafina de Capri: Ayúdame, hija mía, á salvar las almas con tus oraciones. En igual forma le dirigió á santa María Magdalena de Pazzis las siguientes palabras: ¿No ves, Magdalena, como los cristianos están en las manos del demonio? pues sabe que si mis escogidos no los defendiesen con sus oraciones, quedarían devorados. Por eso la Santa decia á las monjas: Hermanas mías, Dios no se ha dignado separarnos del mundo, para que solamente hagamos bien á nosotras mismas, sino tambien para que lo proporcionemos á los pecadores. Y en otra ocasion tambien les dijo: Hermanas, nosotras tendremos que dar cuenta de tantas almas como se pierden; si las hubiéramos encomendado á Dios fervorosamente, acaso no se habrían condenado. En vista de esto, no es extraño que se nos diga en su vida, que no dejaba la Santa pasar una hora del dia, en la que no rogase por los pecadores. Y aquella otra gran sierva del Señor, llamada sor Estefanía de Sancino, estuvo haciendo ásperas penitencias por el espacio de cuarenta años, y todas ellas las aplicó por los pecadores. / Oh cuántas almas se convierten á veces, no tanto por los sermones de los sacerdotes, cuanto por medio de oraciones de los religiosos! Á un predicador le fue relevado que el fruto qae él sacaba de sus oyentes no era por efecto de sus sermones, sino de las oraciones de un hermano que le asistia en e! púlpito. No dejeis al mismo tiempo de pedir tambien por los sacerdotes, á fin de que atiendan afanados con verdadero celo á la salvacion de todas las almas.
6 No dejeis de rogar tambien por las almas del purgatorio. La santa caridad no solamente nos aconseja , sino que tambien nos obliga,como dice una docta pluma, á rogar por aquellas almas santas que tienen mucha necesidad de nuestras oraciones. Santo Tomás enseña que se extiende la caridad cristiana, no solo á los vivos, mas tambien á todos aquellos que han muerto en gracia. De donde se infiere, que así como estamos obligados á socorrer á los prójimos que viven sobre la tierra, y que tienen necesidad de nuestro auxilio, así de la misma manera está en el círculo de nuestros deberes el favorecerá aquellas santas prisioneras. Ellas es cierto que padecen tan grandes penas, que, como dice el Angélico, exceden á todos los trabajos de esta vida; y por otra parte tambien se encuentran en necesidad de nuestra ayuda, pues que no pueden auxiliarse á sí mismas; de este modo, pues, lo declaró un cierto monje cisterciense difunto, el cual apareciéndose al sacristan de su monasterio, le dijo: Ayudadme con vuestras oraciones; porque yo nada puedo alcanzar por mi mismo 19. Y si todos los fieles están obligados á socorrer á aquellas santas almas, ¿con cuánta mayor razon deben protegerlas con sus oraciones las religiosas , las cuales están puestas por Dios en los conventos, que todos ellos son casas de oración? No os olvideis, pues, de recomendar á Dios cada dia en todas vuestras oraciones á aquellas sus esposas que están pidiendo algun auxilio. No tengais á mal el ofrecer tambien por ellas algun ayuno ó cualquiera otra mortificacion. Aplicad sobre todo en alivio suyo las misas que oyéreis , pues que este es un grande sufragio para aquellas benditas almas, que no saben tampoco ser ingratas aun aprisionadas en tan penosa cárcel, alcanzándonos allí de Dios excelentes gracias, y mucho mejor habrán de ser agradecidas después, cuando lleguen á conseguir el paraíso.
1» Hist. del Ord. Cist.

7 De todo lo que hasta aquí se ha dicho ya podeis inferir cuán necesaria deba seros la virtud de la caridad , para poder haceros santa, y aun tambien para salvaros. Es indudable, como hemos visto, que es de vuestra obligacion el practicar esta superior virtud con todos vuestros prójimos, pero especialmente con aquellas hermanas vuestras de hábito. Esta misma virtud no os seria tan necesaria, si habitaseis en un desierto: viviendo sin compañía en aquella soledad, os bastaría para santificaros el atender únicamente á la oracion y á la penitencia; pero estando en un convento, en compañía de tantas otras hermanas vuestras, si no llegais a tener una grande caridad, habréis de cometer cada dia mil defectos, y acaso tambien os perderéis. Cuando se encuentra un navio en medio del mar, y en tiempo de una terrible borrasca ó tempestad, todos los que van á bordo no tratan de otra cosa sino de ayudarse los unos á los otros para librarse del naufragio. Figuraos, pues, que así tambien el Señor os ha colocado en ese convento como en un navio, en el que debeis mutuamente protegeros las unas á las otras, para li bertaros del naufragio de la muerte eterna y llegar al paraíso, en donde teneis la esperanza de veros después unidas alabando á Dios para siempre.
8 Procurad especialmente tener caridad con las hermanas enfermas, bien sean del coro, ó bien de obediencia. Acostumbraba decir el P. D. Antonio Torres: Si quereis conocer si en una comunidad hay espíritu de Dios, informaos de cómo son tratados los enfermos. Por eso cuando él estaba de superior, no obstante que era de un natural pacifico, si llegaba á advertir que se faltaba á la caridad para con los enfermos, severamente penitenciaba al que estaba encargado de ellos. ¡Oh cuan agradable es á Dios la caridad que se tiene con los enfermos! Y todas aquellas religiosas que aspiran á la perfeccion ejercitan de continuo esta excelente virtud, ó en el coro con sus oraciones, ó en las enfermerías alargando la mano á la dolencia. Santa María Magdalena de Pazzis, aun cuando no tuviese el oficio de enfermera , no dejaba de asistir y servir, siempre que podia, á las que se veian postradas en el lecho del dolor; y aun decía, que hubiera deseado estar siempre en algun hospital, para poder ejercitarse continuamente en este oficio que es tan agradable a Dios. Y adviértase que el mérito que se contrae sirviendo á las enfermas es mucho mayor que el de favorecer á las que están sanas; primeramente, porque aquellas tienen mayor necesidad de ser asistidas; a veces se hallan abandonadas delas otras, encuéntranse atormentadas con dolores, llenas de melancolía, y cercadas de temores. ¡Oh cuánto se complace Dios de que se procure consolarlas y ayudarlas en aquel estado de afliccion en que se miran! Se contrae tambien mayor mérito; porque para servir á las enfermas se padece mayor incomodidad; el mal olor, por lo comun, y la melancolía ha de notarse en sus habitaciones. Por lo tanto vos, hermana mia, no dejeis, siempre que podais, de visitar álas enfermas, aunque fueren las conversas mas despreciadas del convento; y aun á estas deberéis pres

tarlas mayor asistencia, porque ordinariamente son las mas abandonadas, y con mayor motivo cuando su enfermedad se prolonga. Consoladlas, servidlas, llevadles tambien algun regalito; y no busqueis los agradecimientos, sino sufrid con paciencia sus lamentos, sus quejas, sus impaciencias y modos groseros; que tanto mas habrá de premiaros el Señor la caridad que usais con ellas. Refiérese en las crónicas Teresianas, que la madre sor Isabel de los Ángeles se dejó ver en direccion recta al paraíso, al tiempo de su muerte, rodeada de una luz espaciosa y conducida por los Angeles: y añádese, que entonces ella dijo á la religiosa a quien se habia aparecido, que Dios le habia concedido aquella tan grande gloria por la candad que habia ejercitado con las enfermas.
9 Sobre todo os recomiendo, finalmente, la caridad con las hermanas que os fueren contrarias. Aquí parece que oigo decir á alguna monja: Yo soy agradable para la que se porta bien conmigo; pero no puedo sufrir las ingratitudes. Mas á esto responde el mismo Jesucristo, que hasta los infieles saben ser agradecidos con el que les hace algun bien: la virtud de un cristiano consiste en querer este mismo bien, y hacérselo al que nos aborrece y nos origina mal. Ego autem dicovobis, diligüe inimicos vestr'os, benefacite his gui oderuntvos, et orate pro persequentibus el calumniantibus vos s0. ¡Qué horror, pues, no causa el ver á una religiosa, que hace oracion todos los dias, que comulga con frecuencia, y que á pesar de esto conserve todavía rencor contra alguna hermana! y que tampoco se avergüence de manifestarlo! y \ que cuando se habla de ella, procure siempre desacreditarla en cuanto le es posible! y ¡ que si la encuentra no la salude! y ¡ que si la otra lo hace le vuelva la espalda! Pues tenga entendido, que al mismo tiempo que vuek ve la cara á su hermana, Dios se la vuelve tambien á ella. Considerad ahora ¿cómo habrá de mirar el divino Cordero á estas tigres del infierno? ¡Ay de aquella pobre y desgraciada monja que vive en el convento abrigando algun odio en su corazon! Padecerá la infeliz un infierno en el otro mundo, y otro en este; pues que sufrirá la pena de los condenados aun en esta vida, viéndose obligada á vivir siempre con persona que no puede ver.
10 Pero, Padre mio, podrá replicar aquí alguna, esta hermana es muy impertinente, y de ninguna manera puede sufrirse. Pues en eso está la virtud de la caridad, en sobrellevar á aquella que es ingrata y desatenta. Ella os desacredita, se opone á vuestros designios, y os quita tambien la fama: vos en tal caso, como si nada de esto supiéseis, debeis haceros violencia para no manifestarla el menor indicio de frialdad ó de interrupcion en su trato; habladle con serenidad, siempre que ocurra; y si ella se presenta como indiferente ó distraida al encontraros, prevenidla con saludarla pronto, y procurad ganarla con la dulzura. Entended que el hacer esto no es una vil bajeza, sino un modo de obrar el mas noble que está en vuestros alcances, y de los mas agradables á los ojos de Dios. Ni tampoco me alegueis que ella no tiene razon ni motivo para portarse de esa manera; pues que contra esta réplica, oid lo que santa Teresa os responde: Aquella que no quiera llevar la cruz, sino fundada en razon, que se vuelva al mundo, en donde podrán valerle estas excusas. La razon, pues, que debe prevalecer en vos, es el practicar la caridad, por dar gusto á Dios, aunque tengais para ello que reventar de pena.
11 Si además de esto aquella hermana aun tiene el atrevimiento de haceros algun daño positivo, vengaos entonces, pero con la venganza de los Santos. Oid á san Paulino, que él os dirá en qué consiste por estas pocas palabras: Inimicum diligere, vindicta coelestis est. Consiste, pues, en amar, alabar y hacer bien á aquel que haya hecho mal: así es como los Santos se han vengado. Sabiendo santa Catalina de Sena que habia caido enferma una mujer que la hubo infamado acerca de la honestidad, fué á asistirla como una criada todo el tiempo que le duró la enfermedad, que no dejó de ser muy larga. San Acayo vendió su hacienda para socorrer á uno que habia manchado su repujacion. San Ambrosio, á un asesino, que habia puesto asechanzas á su vida, le señaló una renta diaria con la cual pudiese vivir cómodamente. Venustano, gobernador de la Toscana, por causa de la fe hizo cortar las manos al obispo san Sabino; y viéndose en seguida el tirano atormentado de un terrible dolor de ojos, le suplicó le remediase en tan calamitoso accidente; por lo que el Santo, después de hacer oracion, alzó su brazo derecho, bañado todavía en sangre, le bendijo, y le quitó sus dolores; con cuya sanidad consiguió al mismo tiempo la salud de su alma, pues que reconociendo sus errores, se convirtió á la fe. Refiere

CAPÍTULO XII. 505
tambien el Crisóstomo, que san Melesio, cuando iba en el coche con el mismo Gobernador que le llevaba desterrado, viendo que el pueblo armado con piedras en defensa del Santo queria apedrear al tal Goberna- m i dor, él extendiendo los brazos le cubrió con ellos, y permaneciendo abrazado, le reservó la vida. Cuenta además el P. Señeri*1, que en Bolonia le mataron á una señora el único hijo que tenia, y que el asesino huyendo de la justicia, vino cabalmente á meterse en su misma casa: ¿qué hizo ella entonces? Le escondió para que los alguaciles no pudiesen encontrarle; y después le dijo: Ea, no temas; ya que he perdido mi hijo, de hoy en adelante tú habrás de ser ya hijo mio, y tambien mi heredero: toma entre tanto esta cantidad de dinero, y ponte á salvo en otra parte, porque aquí no estás seguro. A tales ejemplos podrá acaso replicarme alguna: esos han sido santos, mas yo no tengo tanta virtud. Á cuya objecion os responde por mí san Ambrosio: Si no teneis tanta virtud, pedidla á Dios, y el mismo Señor habrá de concedérosla : Si infirmus es, ora; tu oras, et Deus protegit.
12 Sobre todo lo dicho, aquel que perdona á su ofensor está seguro de ser él tambien perdonado de Dios, pues que el mismo Señor nos dice: Dimittite, et dimütemini". Decia la beata Batista de Varano, franciscana: Si yo resucitase muertos, no estaría tan segura de ser amada de Dios como lo estoy cuando me siento inclinada á hacer bien á quien me ha hecho mal. Tambien le dijo el Señor á la beata Angela de Foliño: La señal mas clara del amor mutuo que media entre
*1 Crist. istr. p. 1, Disc. 2», n. 20. - « Luc. vi,3T

506 LA MONJA SANTA.
Mí y mis siervos, es el amor que ellos tambien profesan á quien los ha ofendido. Por lo tanto, si vos no podeis hacer otra cosa, rogad á lo menos, y encomen, dad fervorosamente á Dios á todos aquellos que alguna vez os hubieren hecho daño, ó perseguido en cualquiera forma, como os lo manda Jesucristo, diciendo: Orate pro persequentibus, et cahmniantibus vos ". Bien penetrada de esta obligacion la beata Juana de la Cruz, no hacia mas que rogar por quien le hubiese ocasionado algun disgusto; de donde provino que las monjas de su convento acostumbraban ya decir: La que quiera tener las oraciones de la madre Juana, es menester que le baga cualquiera agravio. Y estando una vez santa Isabel, reina de Hungría, pidiendo por el bien de quien la habia ofendido, entendió que Dios le decía : Sabe, que nunca has hecho una súplica mas agradable á mí que esta; por ella te perdono yo todos tus pecados. Practicadlo tambien vos de esta manera, y seguramente conseguiréis el perdon de los que tengais , y tambien el afecto de vuestro divino Esposo.
ORACIÓN.
¡Jesús mio! conceded me el don de vuestro amor santo, el que me haga abrazar todas las penas y las afrentas para poder complaceros: dadme tambien fuerzas para negarme á mí misma todas aquellas cosas que no agradan á Vos, y para aceptar al mismo tiempo todo cuanto disgusta á mi amor propio, como los dolores, las persecuciones, la pérdida de mis parientes,
"Mattl). T, 44.
Sil
de mi salud, de mi propia reputacion. y todas las demás cruces que Vos hayais de ofrecerme. Yo, Señor, todo lo abrazo ahora como venido de vuestra mano; ,
acepto desde luego todos los trabajos de mi vida, y » A especialmente las penas que han de acompañar á mi muerte. Haced tambien Vos que yo viva con solo el objeto de daros gusto, y que al morir os presente el sacrificio de mi vida, acompañado este de todo el afecto de mi alma. ¡ Oh Dios mio! Vos me mandais que yo no os ofenda, y yo temo mas que la muerte el cometer cualquiera ofensa vuestra. Vos me ordenais que os i ame, y yo no deseo otra cosa sino amaros. Pero conozco por otra parte la debilidad mia. Ea, asistidme por lo mismo siempre con vuestra divina gracia; no me dejeis ya nunca en manos de mi consejo, porque volveré á extraviarme. Os amo, sumo Bien mio, y espero tambien amaros eternamente. ¡Oh María, esperanza de mi alma, y dulce Madre mia! alcanzadme Vos, Señora, la gracia de que yo sea fiel á mi Dios, y de que le ame, segun que merece ser amado un Dios de bondad infinita.
Viva Jesús, nuestro amor, y María, nuestra esperanza.
FIN DEL LIBRO

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