Y cuando empezamos a creer que una ligera dosis
de estupidez no es cosa tan temible, Tabori nos
previene que, en el trascurso de la historia humana,
la estupidez ha aparecido siempre en dosis abundantes
y mortales. Una ligera proporción de estupidez
es tan improbable como un ligero embarazo.
Más aún, las consecuencias de la estupidez no sólo
son cómicas sino también trágicas. Son reideras,
pero ahí concluye su utilidad. En realidad, sus consecuencias
negativas a todos influyen, y no sólo a
quienes la padecen.sic

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