¿Qué tan sano es obsesionarse por las cosas sanas? A juzgar por los antecedentes, que incluyen a personajes tan disímiles como Hitler y el doctor Guillotin, inventor de la guillotina, el exceso de "bondad" puede esconder aspectos siniestros.
En esta "disertación" trataré de hacer tres cosas.
Primero, quiero ofrecer una perspectiva del elevado grado de interés (hay quienes lo llamarían obsesión) por la corrección en cuestiones de dieta, salud y modo de vida que caracteriza a las sociedades occidentales contemporáneas y en particular al Reino Unido y a Estados Unidos. Esta búsqueda de conceptos tan estrictos como novedosos sobre unas supuestas “salud” y “buen estado físico” nos ha llevado a crear una nueva casta de parias: quienes no se someten al creciente catálogo de prescripciones sobre lo que “más nos conviene”; quienes, oponiéndose a los consejos de aquellos que se arrogan el título de árbitros de la rectitud moderna, persisten en los malos hábitos.
En segundo lugar, deseo argumentar que este
"zeitgeist de la “salud” posee desagradables e infelices precedentes históricos, lo cual quizás podría servirnos de advertencia. Las fuerzas que conforman la raíz de lo que llamaré “sanitarismo” podrían ser bastante menos benignas de lo que se nos ha querido hacer creer.
En tercer lugar, deseo argumentar que ciertas tendencias que se manifiestan en nuestras culturas van en contra de la que podríamos suponer que es nuestra herencia evolutiva. La idea del supuesto deber de suprimir cualquier riesgo que atente contra nuestras vidas y cuerpos, evitando lo que anteriormente hubiera parecido placentero o “divertido”, bien podría resultar “insostenible” y conducir a regímenes de vida para los cuales nuestros cerebros, que provienen de la edad de piedra, simplemente no han sido diseñados todavía.
Por si esto pareciera prologar una descripción simplista, reduccionista o neodarwinista de la condición humana, desde un comienzo debo también dar fe del marco filosófico —si el término no es muy altisonante— en el que haré mis observaciones. En el Centro de Investigaciones sobre Asuntos Sociales [Social Issues Research Centre] han estado tratando, sin conseguirlo totalmente, hay que admitirlo, de revivir una perspectiva que parece haber desaparecido casi del todo en los últimos años: la posición de centroizquierda libertaria.
De la palabra “libertario” se ha apoderado en gran medida la extrema derecha política, especialmente en Norteamérica, en tanto que la izquierda se ha ido aproximando cada vez más a la coerción de los modos de vida y a lo que acertadamente se ha denominado “fascismo de
focus group”:.... si los
focus groups creen que algo es “malo”, hay que vetarlo entonces en aras de un fácil populismo, lo que constituye una concepción bastante novedosa de la democracia.
No hay persona ni grupo de personas autorizados para decirle a otro ser humano hecho y derecho que no puede hacer en beneficio de su propia vida lo que él decida hacer. Todos los errores que pueda cometer, a pesar de consejos y advertencias, pesan mucho menos que el mal de permitir que otros lo obliguen a hacer lo que consideran que es por su propio bien.
En este concepto originario del “liberalismo” no encuentro nada que sea incompatible con una sociedad justa y considerada, que crea en la redistribución de la riqueza y en la ayuda a sus miembros menos favorecidos. Y digo esto porque estoy harta de ser tildada de “conservadora” por pequeños burgueses que se nombran guardianes irrebatibles de lo que hoy por hoy pasa por ser la corrección política.
Que quede, pues, constancia de eso.!!!!!!!!!
En Occidente vivimos una época que es, según todos los criterios objetivos, la más segura que haya experimentado nuestra especie en su evolución y en su historia. Somos más sanos de lo que nunca fueron nuestros antepasados. Vivimos en promedio bastante más que nuestros propios progenitores inmediatos.
Al mismo tiempo hemos llegado, cosa irónica, a temer más que nunca al mundo que nos rodea. A falta de riesgos reales nos inventamos otros nuevos y con frecuencia totalmente fantasiosos.
En este perpetuo estado de inquietud irracional empezamos a perder la fe en todo lo que tenga visos de ciencia y preferimos depositarla en el “traje del emperador” de la homeopatía y otras formas de medicina “complementaria”, en tanto que retiramos a los niños de programas de vacunación racionales y seguros dirigidos a prevenir una epidemia de sarampión luego de un irresponsable alboroto de miedo .........!
