El chaval de siempre, en el fondo del salón, pregunta por lo bajo:
-¿No podemos faltar por fatiga sexual extrema?
La clase entera hace su mejor intento para contener las risas (con poco éxito). Cuando el silencio volvió al salón, la profesora sonrió simpáticamente al estudiante, sacudió su cabeza, y dulcemente le contestó su pregunta:
- No, no es una excusa. En ese caso, escriba con la otra mano... y si no se puede sentar... ¡puede contestar de pie!











